Acciones climáticas

Ni las políticas ni nuestras acciones individuales salvarán al planeta, a menos que exista un cambio sistemático en lo económico y social.

Acciones climáticas
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Acciones climáticas

¿Pueden nuestros cambios de hábito y acciones individuales ser efectivos en mitigar el cambio climático? ¿Es el cambio climático un problema de individualidades? Y por otra parte, ¿cuán efectivos, consistentes, etc., son los acuerdo pro clima? ¿Es válido negociar las condiciones climáticas? ¿Es negociable el clima? Este ensayo recoge un análisis entorno al cambio climático (CC), su situación sociopolítica y las acciones a favor del clima, a partir del cual se procura responder a las preguntas inicialmente planteadas. Posterior a una breve explicación del CC, se detallan aquellas acciones que van en favor del clima, para luego exponer sobre los acuerdos mundiales. Finalmente se lleva a cabo un análisis y conclusiones.

El clima se define como el conjunto de condiciones atmosféricas propias de un lugar, establecidas en función del tiempo atmosférico para un intervalo de 30 años. Dichas condiciones se dan a partir del sistema climático, el cual está conformado por la biosfera, atmósfera, criosfera, hidrosfera y litosfera (UNCC, 2016; IPCC, 2013). Por citar un ejemplo y para una mejor comprensión, en la ciudad de Quito (Ecuador), el tiempo indica un día soleado con temperaturas máximas de 17°C para un determinado día, sin embargo, el clima de Quito es templado (por altitud) (Holdridge, 1967), lo que indica que sus temperaturas pueden oscilar entre los 5o y 20oC, que su precipitación media es de 1000 mm/año, etc., por lo que el tiempo puede oscilar entre estos valores (ver INAMHI, Ecuador).  Por tanto, el CC es el cambio de las condiciones atmosféricas. Un indicador de ello sería que la temperatura o precipitación media establecida de Quito aumente o disminuya por fuera de los valores señalados.

El CC ha sido provocado por el incremento de vapor de agua y de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera por acciones humanas (quema de combustibles fósiles y deforestación principalmente), los cuales impiden que parte de la radiación solar sea expulsado, aumentando así la temperatura global del planeta (IPCC, 2013). Como consecuencia, las condiciones climáticas continentales, regionales y locales han sido alteradas así como también la temperatura de los océanos.  En los últimos dos años se ha batido récord: la concentración de carbono (C) en la atmósfera ha alcanzado 410 ppm y la temperatura global 0,99oC. Para 1980, la concentración de C era de alrededor de 330 ppm y la temperatura global de 0,2oC. Para ese mismo año, el número promedio de días por año igual o por encima de 32oC en la ciudad de Guayaquil (Ecuador) era de 56. En el 2017, ese valor es de 76. De continuar la tendencia de emisiones de C a la atmósfera (escenario RCP4.5 de acuerdo a IPCC (2013)), es muy probable que para 2060 haya 141 días por año con temperaturas de 32oC o por encima de ésta (Popovich et al., 2018; Loria, 2018; Gillis, 2017). Si la situación global no cambia, es muy probable que para 2100, la temperatura del planeta alcance los 6oC (Plummer & Mcgoogan, 2017).

Dado su importancia, el CC desde el siglo XX ha estado sobre la palestra política mundial. En 1989, se estableció el IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) con la finalidad de contribuir políticamente y científicamente. Hacia 1992 se estableció el primer acuerdo internacional del ambiente, propuesto por United Nations Framework Convention on Climate Change, UNFCCC. En 1995 se da el primer COP (Conference of the Parties). A finales de 1997, se adopta el protocolo de Kyoto que procuraba la reducción de GEI, en el marco del COP3. En el 2001 se realiza el COP7 en Marrakech, donde se ratifica el citado protocolo. Reuniones, nuevas negociaciones, acuerdos y estatutos fueron progresando con el avance de los COPs. COP21 llevado a cabo en Paris (2015), ha sido el de mayor singularidad ya que de éste surgió el Acuerdo de Paris (Paris Agreement) el cual involucra e insta a 195 naciones a unirse por una causa común: el futuro de la humanidad y del planeta Tierra. EE.UU no es parte de este acuerdo, siendo el segundo país con más emisiones. De ésta manera, y tras negociaciones del caso, las naciones acuerdan combatir el CC y llevar a cabo acciones e inversiones de bajo carbono, que prometan un futuro más sostenible (UN, 2014; C2ES, 2018; Gupta, 2010). Vale señalar que las Naciones Unidas es la mayor organización del mundo que equivale a un gobierno global, el cual tiene como fin facilitar la cooperación en temas tales como el derecho internacional, la seguridad, el desarrollo económico, los derechos humanos, etc.

Lo previamente señalado está en el marco de lo (geo) político. No obstante, a nivel social-académico se ha procurado aportar con información, datos, políticas, propuestas, soluciones etc., que contribuyan en la mitigación del CC. En este contexto, dentro de la literatura académica existente se expone, explica y analiza cómo se comportan las sociedades y su repercusiones en el clima, en el marco de emisiones de C (Swim et al., 2011; Beckage et al., 2017). Así, se dan luces de qué habría que hacer para reducir emisiones de C. Clasificadas en bajo, moderado y alto impacto, las decisiones que tomamos tienen un determinado potencial de reducción de emisiones de C, por ejemplo, el cambio y uso de bombillas de bajo consumo contribuye a reducir anualmente hasta 200 kg CO2-eq (dióxido de carbono equivalentes); lavar la ropa con sólo con agua fría hasta 800 kg CO2-eq; llevar una dieta vegetariana, usar sólo la bicicleta como medio de transporte y tener sólo un hijo, contribuiría con una reducción de 800 hasta 60.000 kg CO2-eq (Wynes & Nicholas, 2017). Estos valores promedios han sido obtenidos para países desarrollados. Particularmente, Wynes & Nicholas (2017) concluyen en su estudio que “hay oportunidades para mejorar las estructuras educativas y de comunicación existentes para promover las estrategias más efectivas de reducción de emisiones y cerrar esta brecha de mitigación” En EE.UU ya existen incluso grupos de personas que se plantean el no tener hijos a razón del cambio climático (Astor, 2018).

Aunque política y académicamente se expongan formas  y vías de mitigación contra el CC, la solución (a largo plazo) de este problema global va más allá de la implementación de políticas públicas o de cambios de hábitos personales. La cuestión de fondo aquí es la contradicción en la que caen todas aquellas propuestas, acuerdos, políticas, acciones individuales etc., a favor del clima. Veamos por qué. El cambio climático es el resultado del sistema económico capitalista (Latouche, 2009; Koch, 2015) y todo lo que va en favor del clima, va en contra del citado sistema económico. Si aquello no fuese cierto, no habría cambio climático. Si los más de 7.000 millones de personas de repente sólo usaran transporte público (bus, tranvía, metro), bicicleta y caminar de manera combinada en la vida cotidiana, las industrias automotriz y petrolera tendrían un impacto negativo a nivel mundial que estaría al menos en el orden de miles de millones de dólares. Como consecuencia, el PIB mundial y sobre todo el de muchos países que dependen en gran medida de dichas industrias, caería en picado, lo que a su vez tendría repercusiones socioeconómicas tales como despidos e incremento de la tasa de desempleo, menores exportaciones y dinero público, etc. El PIB solamente crece si se aumenta el consumo de materia y energía, y ende las emisiones de C. Históricamente, estos elementos siempre han convergido y hasta la actualidad no se ha podido comprobar que pueden divergir (Jackson, 2009; Ward et al., 2016). Tras el citado ejemplo, ¿qué probabilidad hay de que 1 millón de personas decidan usar la bicicleta? ¿Y 1.000 millones? Lo cierto es que aunque usar bicicleta sea positivo, no será la gran mayoría que opte por dicha alternativa de transporte ya que el sistema es el que domina (véase Hegemonía, de Antonio Gramsci), a lo que se suman un sin número de factores socioeconómico y geoclimáticos.

Si bien es cierto que aquellos estudios como el de Wynes & Nicholas (2017) aportan con información y datos relevantes, se deja de lado elementos de trascendencia como por ejemplo las inversiones. Se analizan las personas pero no el sistema en sí. En el sistema capitalista (industrial), las inversiones juegan un rol fundamental; es lo que hace que el dinero circule y se reproduzca, con la finalidad de generar y acumular riqueza. De esa manera, las inversiones a su vez hacen que se consuma materia y energía. Por ende, mayores inversiones, mayor consumo de éstos elementos. La pregunta aquí es: ¿por cada dólar (USD) no invertido, cuántas emisiones se ahorrarían? Al realizar un análisis de acciones individuales, también se vislumbra otra problemática: la elección personal. Ante la presencia y dominación del  homo oeconomicus, esto implica que las personas actúan de la misma manera cómo actúan en el mercado, en dónde las decisiones están en función de la utilidad personal. Por tanto, ¿será en efecto por las decisiones individuales que se contribuirá con el cambio climático?

Así mismo, se evidencian contradicciones en el ámbito climático-político. A nivel local, cualquiera que fuesen las políticas pro climáticas, los efectos positivos no tendrían mayor incidencia, puesto que el crecimiento económico no pararía y por consiguiente el aumento de emisiones de C. Y aquí se evidencia la falacia de los acuerdos climáticos como el de Paris (COP21). Se cree que se podrá seguir creciendo económicamente con la implementación de tecnologías bajas en carbono, o que permitan su captura y almacenamiento, a través de las políticas del caso. Pero la realidad es que tal acuerdo no nos lleva a mantener la temperatura del planeta por debajo de los 2oC. De hecho, existe 1% de probabilidad de que logremos aquello. Se proyecta más bien que alcancemos los 3,2oC a final de siglo (Hickel, 2017; Raftery et al., 2017). El objetivo de los 2oC es simplemente antisistema. Se estima que si hasta el 2035 no se han hecho cambios significativos, estaremos en un punto de no retorno (Aengenheyster et al., 2018). Pero esto del CC tiene una connotación que va más allá de la posibilidad de revertir el daño ya hecho: el acto inmoral de negociar el clima y el futuro del planeta. Es muy cuestionable y sujeto de juicio que un reducido grupo de personas a título de todos los habitantes del planeta, se reúnan, conversen, negocien y acuerden (si acaso) sobre el clima y vida futura en la Tierra, como si se tratase de un objeto. Negociar las condiciones climáticas futuras es negociar la vida misma sobre la faz de la Tierra. En ese contexto, ya hemos visto como EE.UU no decidió firmar el acuerdo de Paris. A esto se suma la existencia de intereses particulares de ciertos países (y grupos económicos) que terminan inclinando la balanza en las decisiones finales.

Es concluyente que, tal y como está la situación mundial, ni las políticas ni nuestras acciones individuales salvarán al planeta, a menos que exista un cambio sistemático en lo económico y social. No por implementar más fuentes renovables de energía, tecnologías más eficientes o un mejor tipo de vaso desechable (Manbiot, 2018) lograremos mantener la temperatura global por debajo de los 2oC. Como señala Hickel (2017), nuestro futuro depende del decrecimiento.

Bibliografía

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