Las relaciones de amistad son muy complejas. Por eso es difícil juzgar las actitudes de personas que consideramos incondicionales –o creemos deberían serlo- a la luz de nuestras necesidades afectivas. Por lo general, nos preparamos para elegir a las amistades entre aquellas personas capaces de aportarnos algo; para ello fuimos entrenados desde la infancia y rara vez fallamos el objetivo. A partir de esta visión, nos empeñamos por obtener un beneficio emocional o social de esa relación, aunque nunca se llegue a plantear como un asunto de conveniencia. Al desarrollarse la amistad e ir descubriendo, según su dinámica, aspectos nuevos que no estaban ahí originalmente, vamos seleccionando a las amistades que mantienen un nivel aceptable de compatibilidad con nuestras expectativas […]