Indios, negros y otros indeseables. Capitalismo, racismo y exclusión en América Latina y El Caribe. De Paco Gómez Nadal.

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Universidad Complutense de Madrid
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Indios, negros y otros indeseables. Capitalismo, racismo y exclusión en América Latina y El Caribe.(2015, Milrazones, España)
Paco Gómez Nadal.

Que la matriz del poder hegemónico desde la conquista de América por los europeos se ha basado en la usurpación, el racismo y la exclusión de los pueblos originarios de Abya Yala, es algo de sobra conocido. En cambio, aún es insuficiente la profundización en el debate sobre la vigencia de la colonialidad del poder como estructura de control y exclusión de los pueblos latinoamericanos y caribeños en estos tiempos de globalización. Paco Gómez Nadal nos ofrece en este libro su aportación crítica a este debate sin ocultar, eso sí, su mirada comprometida, fruto de la reflexión y la experiencia sobre el terreno.

Estructurado en tres partes -las dos primeras más analíticas, la tercera más vivencial-, el eje argumental que atraviesa sus páginas consiste en el relato y análisis del racismo colonial y neocolonial como coartada y herramienta de exclusión de los pueblos originarios y afrodescendientes, una suerte de “disculpa cultural para justificar un proyecto económico de mayor envergadura”, en palabras del propio autor.

En la primera parte, El nudo racista, da razón de los mecanismos que, desde la época colonial hasta la actualidad, vienen produciendo la exclusión económica, política y cultural de unos 200 millones de latinoamericanos. Desde la obsesión cuantificadora de los censos étnicos -expresión clara del biopoder- a la victimización de las poblaciones a través de planes de ayuda condicionados, o la ‘inclusión capitalista’ mediante lo que Harvey (2006) llama acumulación por desposesión. Lo que lleva a interrogarse por lo que hay detrás de la estructura del poder y los procesos históricos y sociales que han llevado a la dominación de los llamados “pueblos sombra” por el autor.

Para responder a esta cuestión, en la segunda parte, Los prejuicios y los juicios de la historia, señala los mecanismos de dominación y de usurpación simbólica llevados a cabo a través de manifestaciones concretas, como la legitimación de las relaciones dominante- dominado por medio de la idea de raza; el fundamento económico del racismo y la esclavitud, o el control de la población mediante su distribución en grupos. Realiza un lúcido y documentado análisis del proceso histórico y socio-político que ha llevado a los pueblos originarios a la dislocación de su cultura, a la asimilación cultural que induce a los oprimidos a servirse del discurso del opresor frenando la construcción de un relato indígena propio, suplantado por una narrativa de la hibridación, donde las culturas indígenas quedan relegadas.

En el encuentro de Gómez Nadal con personas como Isaías -el sabio uitoto de la Amazonia colombiana-, va constatando como la cosmovisión espacio-temporal, la lógica del “pancoger” (solo se cultiva lo que se necesita), el modo de vida de estos pueblos, en definitiva, se ve amenazada por la lógica mercantilista del modelo occidental, impuesto por el poder neocolonial y favorecido por el blanqueo intelectual y social de las élites intelectuales criollas formadas en universidades europeas o yanquis. La adecuación al modelo económico capitalista, basado en el dinero, la acumulación, el lucro y la explotación de los otros, rompe la idea de gestión del tiempo y el espacio, subvierte el modo de relación basado en la confianza, la colaboración, la reciprocidad y el trabajo comunitario, pilares de las culturas de estos pueblos.

Para Gómez Nadal las propuestas de resistencia a la regresión neocolonial de los movimientos indígenas forman parte de la unidad en la lucha contrahegemónica de diferentes movimientos y grupos de resistencia mundiales (“indignados”, colectivos de autogestión, etc.) enfrentados al común objetivo de reivindicar la autonomía para la gestión de sus vidas y hacer frente a la crisis civilizatoria que atravesamos. Lo cual permite mirar al futuro con esperanza y sitúa al Abya Yala como un laboratorio político de la Humanidad.

Un espacio desde donde “cambiar el mundo creando algo diferente”, propone el autor citando a Raúl Zibechi (2014).

En la tercera parte, Los encuentros, nos acerca a distintos lugares y gentes que ha conocido en su periplo vital por el Abya Yala. Lo hace con el respeto y la humildad necesarios, lejos de la mirada entrometida e inoportuna del reportero en busca de su reportaje, o de la mirada “entomológica” del antropólogo. Nos lleva a las riberas del IgaraParaná colombiano para conocer a Víctor, el cacique uitoto de alma verde como el Amazonas, dejándose utilizar por él como eventual taxista o telefonista (¡el hombre blanco al servicio del indio, por una vez!). A cambio, Víctor le confiará su visión del conocimiento: lejos del que ofrece la escuela occidental, donde se enseña el valor del éxito más que el de la búsqueda, la paideia de Víctor viene de su relación con los bosques, con los ríos, con la tierra, con sus semejantes. Su mirada siempre atenta al flujo universal de la realidad (Heráclito en la Amazonia colombiana). Se trata de buscar “conocimiento nuevo” compuesto de razón, emoción, espiritual, llevado a la práctica, coincidiendo con el concepto de conocimiento de María Zambrano (2004), o del sentipensar que propone Arturo Escobar (2014).

El relato La colonia satelital, nos cuenta cómo la Guyana francesa sigue siendo una colonia, destino privilegiado para los técnicos y burócratas franceses, donde lo que importa son los euros que proporciona la Central Espacial Guayanesa a Paris, pero “favela de Francia” para los guayaneses, anécdota para la población indígena y cárcel para el tráfico de reclusos ¿Liberté, égalité, fraternité?

En ¿Quién mató a nuestro Ankoré? el autor relata su acercamiento al pueblo emberá, en el Chocó colombiano, donde el aprendiz de jaibaná (chamán) Jaime Jumí le confiesa su incomprensión hacia el desencuentro de los blancos con la naturaleza. Para un emberá como él “vivimos para cuidar la madre tierra” y le sorprende que a los blancos “les gusta tener más y más” sin conciencia de compartir, de vivir con los demás. Su desconfianza hacia la escuela de los blancos, un lugar donde importa más la respuesta que la pregunta, no le impide mandar a sus hijos a ella “para que se defiendan”. Y es que el problema de este pueblo con el mundo de los blancos no es la modernidad, sino la exclusión. Por ello considera necesario indigenizar la modernidad.

En Los marrons y la fiebre del oro, nos acerca a las orillas del río Surinam para contar la lucha de la pequeña comunidad cimarrona de Nieuw Koffekamp que se debate por sobrevivir en medio la explotación minera canadiense que la circunda y la dureza de unas vidas que se dejan por un gramo de oro. “Todo por el dinero” -cuenta Gómez Nadal que reza un letrero de un camión- aunque el coste sea la destrucción de la naturaleza. Para la comunidad cimarrona de los Saramaka la defensa del territorio es la clave para sobrevivir. Por ello su lucha les ha llevado a reivindicar ante la Corte Internacional de Derechos Humanos el reconocimiento de sus territorios y el freno a las concesiones madereras y mineras, con sentencia favorable.

En El país que se desconoce nos descubre al pueblo Ngäbe y a la comunidad Guacamaya donde más que pobreza, lo que se percibe es la exclusión y el abandono que empuja a los nativos a irse de sus territorios para ganarse la vida como recolectores de café. La propaganda oficial hace gala de Panamá como crisol de culturas, cuando lo que hay realmente es discriminación racial, desprecio e invisibilización de estos pueblos salvo como imagen exótica para el turismo. “Yo no tengo raíces sino tengo alas. (…) creo en el mestizaje como biodiversidad”, recoge Gómez Nadal en su conversación con el pensador y escritor Inawinapi del pueblo Guna. Defienden su identidad, sin por ello idealizar lo indígena. La imagen de victimización de los indígenas y los afrodescendientes, como pobres, desnutridos, mendicantes, infantiles, violentos es una construcción occidental que se propaga y alienta desde la escuela y los medios de comunicación. Pero no todo está perdido. El pueblo Ngäbe Buglé, o los Naso Tjër Dji mantienen su lucha de defensa por la participación política y cultural en Panamá. Cerrando el libro, en Cacao, el refugio hmong nos habla de la diáspora de este pueblo desde los confines asiáticos hasta la Guyana Francesa, donde llegó Siong Txeo René junto a otros quinientos refugiados en 1977, dejando atrás los campos de refugiados en Tailandia para asentarse finalmente en “un lugar donde no había nada”. Así surgieron rarezas geopolíticas como Cacao y Javouney, incomunicadas con el país.

El conocimiento y la reflexión que transmite este libro se ha ido fraguando durante más de dos décadas, mientras el autor pateaba las tierras de América Latina y El Caribe haciéndose preguntas. Sin embargo, no se puede clasificar con la etiqueta simplificadora de libro de viajes o de relato periodístico. Surge de los encuentros del autor con la gente, más para darles voz que para forzar respuestas, pues para Gómez Nadal, como para Kapuscinski (2000), no tiene sentido escribir sobre gente con quien no se ha compartido como mínimo algún momento de su vida. Por esto su trabajo se puede enmarcar en lo que el escritor polaco llamó periodismo intencional: aquel que se fija un objetivo y que intenta cambiar algo. Su acercamiento a las comunidades y a las gentes es un acto de aprendizaje y de autoconocimiento, consciente de ser un “blanquito” y del significado de esto para sus interlocutores; con humildad, pero sin idealizar al nativo como sucede, a veces, en estos encuentros. Le importa más vivirlo que contarlo: “No sé si estoy contento, quizá me hubiera gustado que la prueba se alargara, nunca tener el material para escribir. (…) Sigo con la pregunta en el pecho y en los labios”, nos confiesa Gómez Nadal.

Con un lenguaje claro sin menoscabo del rigor conceptual, su lectura nos hace reflexionar sobre los procesos de usurpación simbólica (Guerrero, 2004) y real a que han sido sometidos estos “pueblos sombra”, indeseables para el poder colonial, al mismo tiempo que despierta un sentimiento de hermanamiento con esta otra parte de la Humanidad, colonizada por nuestros ancestros y que hoy lucha por deshacerse de las nuevas formas de colonialidad. La amplia documentación manejada por el autor refuerza la verosimilitud del relato de los procesos de exclusión de que han sido objeto estos pueblos. Detalladas notas y referencias a pie de página amplían y precisan los fenómenos tratados, facilitando la profundización en los temas que trata.

Referencias

Escobar, A. (2014). Sentipensar con la tierra. Medellín, Colombia: Unaula. Guerrero, P. (2004). Usurpación simbólica, identidad y poder. Quito, Ecuador: Universidad Andina Simón Bolívar/Corporación Editora Nacional.

Harvey, D. (2003). The New Imperialism. Oxford: Oxford University Press.

Kapuscinski, T. (2000). Los cínicos no sirven para este oficio. Barcelona: Anagrama. Zambrano, M. (2004). Filosofía y poesía. México: FCE.

Zibechi, R. (2014). Descolonizar el pensamiento crítico y las prácticas emancipatorias. Santiago, Chile: Quimantú.

Para citar este artículo: Gómez, P. (2016). La donación de sangre en México: elementos para un debate. Iberoamérica Social: revista-red de estudios sociales (dossier), pp. 163 – 166. Recuperado de: http://iberoamericasocial.com/indios-negros-otros-indeseables-capitalismo-racismo-exclusion-america-latina-caribe-paco-gomez-nadal