“… Y cuando despertó, el dinosaurio seguía agonizando”

Estará en cada uno de nosotros no sólo el vigilar que se cumplan las promesas de campaña, sino que se involucre la gente para desarrollar dichas promesas.

“… Y cuando despertó, el dinosaurio seguía agonizando”
Andrés Manuel López Obrador

Fue un hecho sin precedentes. Desde la mañana del primero de julio se dio paso a la colocación de las casillas; las filas se iban formando lentamente, atravesando parques, calles, dando vueltas y doblándose cual serpiente para no obstaculizar el desarrollo de lo que sería la jornada electoral más importante en la historia del México moderno.

Con más de 1,000 cargos a elegir entre los tres niveles de gobierno, los ciudadanos se apresuraban para obtener un lugar en lo que vendría a ser “el desquite” ciudadano. En cada uno de los centros para emitir el voto existía una casilla especial, esa casilla era para todos aquellos que por distintas razones no se encontraban cerca de su sección o distrito electoral designado cerca de su domicilio; el problema no fue la casilla especial, ni las filas a veces más largas que la de las personas que sí residían en esa zona, sino la falta de boletas para que “los foráneos” pudieran votar… las 750 boletas en una casilla especial fueron insuficientes; estas casillas se cerraron mucho antes que las normales.

Hubo algunas en las cuales a las nueve de la mañana ya no había boletas disponibles para los foráneos y sin embargo, la fila seguía y seguía. El enojo se hizo presente y desembocó en manifestaciones, gritos, cierre de calles y protestas en la sede central del Instituto Nacional Electoral (INE).

Las horas fueron lentas, el estrés se sentía mientras el silencio reformador hacía su trabajo… las encuestas ya ofrecían una tendencia, aunque la gente dudaba del resultado, tal vez porque siempre había elecciones reñidas y los fraudes tenían pinta de recurso utilizado con frecuencia… el desencanto por la democracia dejaba entrever un panorama desalentador para el cambio.

A las 6 de la tarde las casillas comenzaron a cerras filas, los elegidos por el INE para llevar a cabo el proceso comenzaron a abrir urnas, contar votos, registrar las actas y subir los resultados al sistema. No obstante, los medios de comunicación y cada partido comenzaron a compartir los resultados “en boca de urna” que sus consultores habían realizado durante el día… todos se hacían acreedores a la victoria.

Sin embargo, la decisión de la ciudadanía comenzó a mostrar el resultado de más de 40 años de neoliberalismo hostil y rapaz en el país; ni siquiera fue necesario el reporte del INE para que dos de los cuatro candidatos declararan su derrota, aceptaran la ventaja de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y le desearan éxito en esta nueva etapa para el país.

Primero fue el partido histórico ¡Nadie lo podía creer! Ni los 70 años que el Partido Revolucionario Institucional (PRI), ni sus tácticas corporativistas, clientelares y compra de votos pudieron sostener un partido conocido coloquialmente como el “Dinosaurio” ante la mirada del electorado; su caída al tercer lugar como fuerza política le valió para regresar a sus oficinas y “reflexionar” la pérdida de confianza de la gente… Si tan sólo revisaran la historia y remembraran los grandes momentos que vivieron con el monopolio del poder y la falta de atención a las carencias sociales, tal vez se darían cuenta que se sirvieron en charola de plata y repitieron servicio de manera desmesurada y autoritaria.

Después fue el partido blaquiazul. El Partido Acción Nacional (PAN), de raíces conservadoras y cuya experiencia en el poder en dos sexenios contiguos dieron al país no sólo el énfasis del neoliberalismo en términos de falta de atención a la soberanía y seguridad alimentaria, por ejemplo, sino también el comienzo de una guerra ilusoria contra el crimen organizado que dejó un país en miedo, dolido y ensangrentado. Con la voz entrecortada, el candidato de este partido corroboraba su derrota, pero aseguraba que sería quien liderara la oposición ante el nuevo gobierno para bien de todos los mexicanos. Ellos también forman parte del dinosaurio (la cola, tal vez), aunque con una manía conservadora, pero con la misma voracidad neoliberal.

Los resultados comenzaban a salir y los votos contantes y sonantes se dirigían a quien contendía por tercera vez en las elecciones presidenciales; todos estaban atentos a que el “sistema no se cayera” como en 1988 o que los números comenzaran a “volverse locos” como en el 2006… En redes sociales se creó un evento que rápidamente tuvo a miles de asistentes; se llamaba a la conglomeración de simpatizantes de AMLO en el Zócalo (centro de la capital del país) y de unos cientos, pasó a miles que se reunieron allí para escuchar el primer reporte del INE a través de su plataforma.

La Alameda Central, la calle Madero y el Zócalo se asimilaban a los agujeros de las colonias de hormigas, repletos de gente; las muestras de pancartas, el ondeo de banderas y los cánticos del “cielito lindo” fueron pausados ante el reporte tan esperado… el conteo daba intervalos entre el 53% y 55% para AMLO, mientras que el segundo lugar iba “siguiéndola de cerca” con intervalos entre 22% y 23%.

La gente lloró, gritó, cantó y meditó sobre lo que acontecía… ellos sabían que no se trataba de venganza, sino de justicia; una justicia que se anhelaba desde el 2006, pero que había sido manchada por la corrupción. Se congregaron en el Zócalo donde el virtual ganador daría un discurso al pueblo de México.

En ese discurso se llamó a la “reconciliación nacional” y al trabajo en conjunto para hacer de este país el lugar que queremos; su función primordial estará garantizada por un Estado inclusivo y que visibilice las minorías que han sido desplazadas y calladas ante discursos conservadores y autoritarios.

Hoy se vive la fiesta de la patria grande; pero el reto lo es también; estará en cada uno de nosotros no sólo el vigilar que se cumplan las promesas de campaña, sino que se involucre la gente para desarrollar dichas promesas.

Así como la gente eligió, también podrá hacer los cambios necesarios para contrarrestar los estragos hechos bajo el discurso de la modernidad realizado por el Dinosaurio, que de paso está herido, pero con vida… habrá que tener cuidado con sus coletazos y mordidas.