¿Volver a la escuela o seguir con vida? Las clases pueden esperar…

El saber puede esperar, el conocimiento se puede desarrollar hasta cierto punto en casa.

Volver a la escuela
Volver a la escuela

Un tema ampliamente debatido en los últimos días ha sido la controvertida y desafortunada decisión del ministro de Educación el Sr. Figueroa, quien espera que profesores, niños y jóvenes retomen las clases presenciales el día 27 de abril del presente año.

Si bien, gracias a la presión de diversos colectivos como el Colegio de Profesores y por supuesto, la opinión pública, se ha rectificado la decisión dejando la última palabra al Ministerio de Salud, quien determinará si las clases serán presenciales o vía online. En dicha fecha.

Más allá de la forma, llama poderosamente la atención la falta de sentido común y el despropósito de una medida que no ayudará a Chile a paliar la pandemia; más bien aumentará el numero de casos de pacientes infectados y por otro lado, y la consecuencia más peligrosa de esta decisión es el potencial riesgo que nuestros niños, jóvenes y profesores se contagien y potencialmente puedan fallecer por causa de la pandemia.

Veamos más de cerca la problemática y lo ilustraré con un ejemplo que pos supuesto el Sr. Ministro probablemente desconozca : Una profesora de una escuela municipal o particular subvencionada con 40 estudiantes, todos hacinados en unos pocos metros cuadrados, en una sala de clases de precarias condiciones materiales, en donde el frío se cuela por cada rendija, en la que además el o la docente debe trasladarse en el transporte público una hora en promedio para llegar a la escuela, al igual que muchos de sus estudiantes; todos resultan ser potenciales vectores que van a multiplicar la infección. Una consecuencia lógica de esta situación sería la de aumentar el número de contagios y de potenciales víctimas fatales del COVID19. Entonces, ¿Cuáles serán los motivos para obligar al alumnado y al profesorado a volver a clases?

Pues bien, podríamos hipotetizar que la educación en Chile, como bien de mercado, como un producto, requiere que los operarios y reproductores del conocimiento oficial contenido en el currículum vuelvan a transmitir esos saberes fundamentales a niños y jóvenes quienes posteriormente como control de calidad, deberán regurgitar dichos saberes en evaluaciones estandarizadas (SIMCE, PSU), test que arrojarán la calidad de la educación que reciben los educandos, acción que además dejará satisfechos a los padres (clientes) y a la sociedad en general.

Si reconocemos y asumimos que esta es la educación que quieren que reciban nuestros niños, una educación que solo sirve para rendir evaluaciones estandarizadas, que certifica un mínimo obligatorio de saberes para que puedan ingresar con suerte al mundo laboral o para que estudien una carrera técnica o profesional, para que posteriormente sean cesantes ilustrados o con título, creo si esta es la formación que desean que nuestros educandos consuman, considero que es del todo pertinente dejar a nuestros niños y jóvenes en casa.

Si el Sr. Ministro, comprendiera que la educación es otra cosa muy distinta, y que no es algo que se compra en el Mall o en el supermercado, sino que más bien responde a una actividad cultural, que se da en el lenguaje, en la interacción entre personas y que por supuesto, produce formas de ser y estar en el mundo y que nos ayuda a comprender el valor de la vida humana, de su dignidad, de la cooperación, de la justicia, de nuestros derechos y deberes como ciudadanos críticos y participativos, los que en el futuro con esta formación ponen sus conocimientos, habilidades y actitudes al servicio de los otros, el Sr. Ministro entendería que no es necesario enviar a los niños y jóvenes a clases durante esta pandemia.

Pero, la tozudez y la ceguera de nuestras autoridades que, desde la racionalidad económica, no ve más allá que “profesores, niños y jóvenes que no están haciendo nada”, “que no son productivos y que no están aumentando el capital humano”, no están ponderando el potencial peligro que significa enviar anticipadamente a nuestros niños a clases.

La lección de todo esto es: dejemos a los profesores, niños y jóvenes en casa. El saber puede esperar, el conocimiento se puede desarrollar hasta cierto punto en casa. Es el momento para entender que la educación trasciende los pupitres y por ello, debemos aprovechar la contingencia para que aprendamos a cuidarnos, a protegernos, a ser solidarios, a crear nuevas formas de aprender y enseñar y para recuperar la humanidad que la educación a perdido desde hace ya varias décadas.

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Profesor de educación primaria, Magíster en educación mención dificultades del aprendizaje, Doctor (c) en Educación.

Temáticas de interés: Políticas educativas, Sociología de la educación, inclusión escolar, justicia social, derechos y desarrollo del profesorado.

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