Villa 31 en Tiempos de Pandemia

Villa 31 en Tiempos de Pandemia
Villa 31 en Tiempos de Pandemia

DescargarMariano Montilla1
Universidad Central de Venezuela, Caracas, Venezuela
montilleo@gmail.com

 

Desde 1932, datan los primeros asentamientos de éste lugar que ha tenido innumerables nombres, hoy día se le conoce como Villa 31. Siempre ha sido habitada en su mayoría por migrantes, su población actualmente está sobre los 43.000 residentes, en contraste con los 3 millones que tiene el resto de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.  Inicialmente fue poblada por europeos y argentinos del interior del país; en la actualidad, el grueso de su población es proveniente y descendiente de países como Paraguay, Bolivia y Perú.

La Villa 31, se localiza entre dos barrios muy ricos, al noreste de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; por su trayectoria histórica y ubicación geográfica es una de las más nombradas e importantes de la Ciudad, sin embargo, por su condición de Villa, es una de las menos visitada y más estigmatizada.

La cuarentena pandémica arrancó en otoño; inicialmente no había mayor comprensión del virus, solo se hablaba de las estadísticas de muchas personas muriendo alrededor del mundo, del llamado a quedarse en casa del Gobierno Nacional y lo que la TV decía.

Llegó el invierno con sus bajas temperaturas, aunado a la cada vez más pesada incertidumbre sobre la duración de las restricciones; el encierro empezó a fortalecer malestares y preocupaciones vinculadas a la economía familiar. La angustia en la población se resumía en preguntas como: ¿Cuándo llamarán para ir a laburar?, ¿Cuándo podremos abrir las puertas de los comercios?, ¿Cuándo podremos ir a vender las mercancías a los locales de la Ciudad?, ¿Cuándo podremos ir al Mercado Central para comprar mercadería y vender en la Villa?

No me atrevo a decir que el temor a perder el trabajo, era superior al de infectarse con el virus, pero sí eran las principales fuentes de preocupación en La Villa.

Recuerdo haberme reunido con comerciantes del Sector el Playón, y estaban angustiados por no estar generando ingresos para pagar el alquiler de local que tenían allí, que sí bien mantenían buenas relaciones con el propietario, no deseaban adquirir deudas. Situaciones similares, enfrentaron empleados de restaurantes, de oficinas, del sector construcción, que tenían que pagar alquiler de vivienda y temían no solo perder su sueldo por el tiempo de cuarentena, sino también su laburo y todo lo que ello implica.

Con el pasar de los meses, empezaron a abrir los negocios, aumentó el tránsito interno, y actualmente es común ver un pequeño porcentaje de personas sin tapabocas. Es una nueva anormalidad, y todos conseguimos mecanismos de adaptación para comer sin dejar de reír, o para reír mientras conseguimos que comer.

Gracias por leernos.

Notas

Notas
1Sociólogo graduado en la Universidad Central de Venezuela, con amplia experiencia en comunidades vulnerables, gestión social, mediación de conflictos y articulación institucional. La fotografía es un brazo importante que acompaña mi labor profesional, permitiéndome fortalecer la percepción positiva que las comunidades tienen sobre sí mismas, a la par, de que registra los cambios y transformaciones que ocurren en sus cotidianidades

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