Vehículo eléctrico: ¿qué cambia? Parte II

No son sólo las emisiones de CO2 en las que hay que fijarse, sino también en las injusticias ecológicas y sociales.

Vehículo eléctrico

¿Qué hay detrás del vehículo eléctrico y que no se discute? Las implicaciones del VE se abordan desde varios enfoques: la materia y energía (punto 1), la economía (ecológica) (punto 2), la geopolítica (punto 3) y la ecología política (punto 4). En la primera parte, se abordó el VE desde un enfoque tecnoenergético (materia y energía, punto 1). En el ámbito económico (punto 2), la introducción masiva de los VE va más allá del precio de éstos. Aquí hay dos industrias involucradas principalmente: la petrolera y la automotriz. Dejar de consumir petróleo (si considerásemos que se eliminan en el mundo el 99% de los VCI) significa un impacto considerable en la economía de países en los cuales el petróleo es la principal fuente de ingresos económicos, no solo por la reducción misma sino también por las repercusiones en el precio del barril de petróleo. Por supuesto, habría también repercusiones en países con alta dependencia sobre todo de petróleo. Pero es improbable que se puedan sustituir todos los VCI por VE, por lo que serán los países con industrias y tecnología disponible que lo podrán hacer. En dicho contexto, el mundo seguiría estando claramente dividido entre países desarrollados, subdesarrollados y pobres. En una economía globalizada-petrolera, el PIB se verá seriamente afectado al reducirse su consumo, lo que traerá consigo importantes problemas socioeconómicos. No existe sociedad alguna urbana moderna que haya sido diseñada para vivir sin petróleo. Es posible que como efecto rebote, se incremente el uso de carbón y/o petróleo en centrales para generación de energía eléctrica, pero no lo suficiente como para cubrir esa reducción de la demanda en el parque automotor y mantener la economía petrolera. Aquello a su vez incrementaría las emisiones de los VE.

Pero dicho posible impacto económico no se dará principalmente a razón de la introducción de los VE, sino más bien a otro hecho de conocimiento mundial en el presente siglo: el pico del petróleo. ¿Podría alguien imaginarse un día sin petróleo? El impacto mundial sería inimaginable. El pico del petróleo indica el punto máximo de extracción y a partir de ahí, la tasa de producción comienza a descender. Según estudios e informes (Maggio & Cacciola, 2012; Chapman, 2014, Evans, 2017), existe una alta probabilidad que el petróleo tenga su pico de producción antes del año 2025. La mayoría de estudios incluso concuerdan que podría ser para el año 2020. Pero no solamente es el petróleo, sino además el gas natural y el carbón que están en la misma situación. Este último ya ni es rentable. Como señalan Murray & King (2012), el carbón es menos abundante de lo que se creía. Exactamente, no nos estamos quedando sin petróleo, aunque bien se sabe que es un recurso que más temprano que tarde se acabará. La cuestión es que la humanidad ya ha consumido prácticamente todo petróleo de buena calidad, de fácil extracción y de bajo coste (Murray & King, 2012), por lo que cada vez menos se invierte en extracción ya que aumentan los costos, afectando la rentabilidad.

En este punto es donde se conectan los recursos minerales metales y fósiles: cuanta mayor profundidad, menor calidad y concentración, mayor será el consumo de energía (sin olvidar las bajas eficiencias de las tecnologías energéticas, y la exergía). Y nuevamente surge la pregunta: ¿de dónde se obtendrá esa energía? Está claro que ni de los mismos combustibles fósiles ni mucho menos de las (tecnologías) energías renovables que dependen de los primeros para la fabricación de su tecnología. ¿Es casualidad que ahora se potencie a los VE? Esta situación vislumbra un alto grado de incertidumbre en cuanto al precio de petróleo: teóricamente, a mayor oferta, el precio desciende, razón por la cual se realizan negociaciones mundiales para asignar cuotas de producción y mercado, así poder estabilizar el precio del petróleo (elEconomista, 2018). Sin embargo, no hay que olvidar que acciones políticas geoeconómicas tienen un gran impacto en el mercado petrolero. En el momento que descienda la producción y se mantenga o en su defecto, incremente la demanda, ¿aumentará el precio del barril del petróleo? Ante la necesidad del petróleo para el modelo de vida actual-global y bajo el juego económico de la oferta y demanda, el precio de este commodity tendería al aumento. De ser así, el precio de la electricidad a su vez aumentaría (aún más si existe un oligopolio nacional de generación de energía), afectando por tanto a quienes posean un VE.

Y no son solamente los combustibles fósiles los que tendrán impactos económicos significativos, sino también los minerales-metales. El VE puede crear tal expectativa mundial que daría lugar a la especulación, lo que teóricamente incrementaría de manera significativa el precio de los minerales-metales y por ende las baterías de los VE. Por otra parte, está presente el gran oligopolio de la industria automotriz. Son 14 empresas que dominan y controlan la industria y mercado automotriz a nivel mundial (Desjardins, 2016). Por supuesto, aquello significa un importante poder, convirtiéndolo en un poder fáctico a escalas regionales. Aquello implica que los VE sean fabricados de acuerdo a sus intereses y más no siguiendo las políticas públicas de los respectivos estados, lo cual evidencia que en este campo el VE tampoco lo tiene fácil como se habría de creer. Pero hay más. Modificar la industria automotriz significa pérdidas en términos políticos-económicos para este gran oligopolio. El VE se deshace del motor de combustión que es mecánicamente mucho más complejo y utiliza como bien sabemos un motor eléctrico, acompañado de una batería. Esto da pie a que a los VE se les pueda reparar o sustituir con mayor facilidad el motor como también la batería y al día de hoy, existen un sin número de fabricantes de motores eléctricos y baterías. Con ello, las 14 empresas de la industria automotriz perderían mucho mercado y poder. El propietario de un VE optaría por sustituir el motor y la batería en lugar de cambiar todo el vehículo. Efecto colateral: reducción de partes y piezas y puestos de trabajo ya generados por la industria automotriz. Sin embargo, dado que a priori serían los países desarrollados los que únicamente podrían optar por el VE, el negocio de la industria automotriz estará en los países subdesarrollados y pobres, a los que se les seguirá vendiendo VCI, con tecnología antigua, como es usual.

Con los VE se agravaría aún más el modelo extractivista. Y aquí hay que tener en cuenta que la historia se repite: los países desarrollados promoviendo la explotación de recursos de otras partes (países subdesarrollados y pobres). ¿Qué beneficio tiene la República Democrática del Congo o Bolivia con la masiva introducción de los VE? No son sólo las emisiones de CO2 en las que hay que fijarse, sino también en las injusticias ecológicas y sociales. Y aquí entra en juego tanto la economía ecológica como la ecología política. La propuesta del VE como otras tecnologías sigue el patrón del crecimiento económico sostenido, como bien Latouche (2009) denomina al desarrollo sostenible y/o sostenibilidad. Considerando el sistema económico actual, desde la economía ecológica el VE es visto como una tecnología más que procura la insostenibilidad y que por el contrario, bajo el modelo económico predominante mundial, el VE no constituye un cambio significativo. En la actualidad, existen miles de casos de conflictos socioambientales relacionados tanto con los minerales-metales como con los combustibles fósiles (ver https://ejatlas.org/). Es exactamente ésta la otra cara de la moneda del VE (esto aplica de igual manera a los VCI). En la ciudades, los VE están etiquetados como ecológicos ya que no emiten CO2 de forma directa. En efecto, los VE no tienen emisiones directas, sin embargo, el término “ecológico” se ha reducido a tan solo las emisiones de carbono. Dicho reduccionismo altera considerablemente la comprensión de lo que realmente significa el término ecológico. Si los VE estuviesen etiquetados de acuerdo a los conflictos socioambientales (como la tecnología en general), la percepción social de éstos sería otra. Por supuesto, a ninguna empresa mucho menos a gobiernos les interesa mostrar “la otra cara de la moneda”, dejando que el marketing haga el trabajo de siempre. En consecuencia, el etiquetado “ecológico” del VE esconde un desplazamiento de emisiones y huella de carbono no contabilizada, huella hídrica, huella ecológica, justicia ambiental y social, explotación laboral, pobreza, extractivismo, etc.

Brevemente, hay que decir que desde una perspectiva global, las condiciones son desfavorables, sobre todo para quienes apuestan por el VE. ¿Qué sería de los países desarrollados sin el petróleo de los países catalogados pobres? Aquí entra de nuevo en juego la geopolítica, para este caso, de los minerales-metales. Teniendo como antecedente el petróleo, los países que demandan grandes cantidades de materias primas han sabido ejercer una presión política-económica sobre demás países a fin de garantizar su suministro y el desarrollo de la economía industrial. Lo que es aún peor, con miras a controlar directamente e indirectamente los recursos, potencias económicas-industriales son partícipes de la desestabilización política de estados soberanos y de invasiones. Bajo estas circunstancias, no solo que los conflictos políticos-sociales ponen en riesgo las transacciones comerciales y el suministro, para este caso, de minerales-metales (Olivetti et al., 2017), sino que además existirían graves faltas a los tratados internacionales. ¿Qué pasaría si ciertos países poseedores de yacimiento minerales deciden no explotar más sus recursos? La cuestión de fondo es que los países desarrollados mantendrían la misma línea de dependencia al igual que los combustibles fósiles, evidenciando que son significativamente vulnerables.

Finalmente, cabe decir que apostar por el vehículo en lugar del transporte público y la bicicleta ahonda en el problema de la movilidad en las ciudades. Si se desean ciudades sostenibles, deben reestructurarse de tal manera que estén diseñadas para las personas. No sólo que el VE ocupa espacio, sino que además mantiene una individualización. Una manera de resumir todo lo expuesto es que con el vehículo eléctrico no hay cambio de paradigma.

Bibliografía

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