Una enseñanza muy gráfica: el cómic como herramienta didáctica en las asignaturas de Historia Medieval

Motivar y aprender. El reto de las TIC en el aula de Humanidades
Motivar y aprender. El reto de las TIC en el aula de Humanidades

DescargarLorenzo Lage Estrugo
Investigador predoctoral Universidad de Cádiz.
lorenzo.lage@uca.es

Enrique José Ruiz Pilares
Investigador Posdoctoral. Universidad de Cádiz.
enrique.pilares@uca.es

 

1. Introducción: el cómic y la docencia

Cómic, es un concepto que procede del inglés –significa, literalmente, gracioso- y que sirve para denominar “una narración gráfica desarrollada a través de imágenes secuenciales que conforman una historia, con elementos propios […] como los globos –o bocadillos-, viñetas y onomatopeyas”. Aunque esta es la denominación más generalizada para este género literario, por la fuerza de su industria dentro y fuera de los Estados Unidos, en otros países de gran tradición en su publicación reciben los más conocidos apelativos de bandé dessinées –Francia y Bélgica-, fumetto –Italia-, manga –Japón-, o tebeo –España- (Barraza, 2006, p. 74). Algunos autores han visto en los relieves de las columnas romanas, los tapices o retablos medievales, o en los códices precolombinos, entre otros, los antecedentes gráficos de este género literario, aunque no será hasta finales del siglo XIX cuando en los periódicos, tantos de Europa como de Estados Unidos, nazca el cómic con todas las características por las que son reconocidos (Blay Martí, 2015, p. 4). Incluyendo la especial disposición en viñetas, el uso de bocadillos de texto, el apoyo de la narración en el material gráfico y el potencial icónico o narrativo del género; singular confluencia de imagen y texto.

La utilización del cómic como recurso en la docencia no es novedosa. A lo largo del siglo XX se ha venido utilizando como apoyo gráfico, especialmente para los alumnos de edades más tempranas, si bien, en muchas ocasiones, “como un mero recurso decorativo” con menor peso que los tradicionales mapas, fotografías, documentales e incluso las películas (Barraza, 2006, 74). Sigue siendo una tarea difícil superar la idea de que este género literario solo sirve para el entretenimiento de niños y jóvenes, no considerándose adecuado para la transmisión de conocimientos. A pesar de ello, en los últimos años se están comenzando a valorar las posibilidades que estas representaciones gráficas pueden otorgar para mejorar la práctica docente introduciéndolas con normalidad en el temario, especialmente en el ámbito de la motivación, captación de interés, y la facilidad para incorporar nuevos conocimientos en los alumnados (Baile et alii, 2015). El cómic, bien empleado por el docente, es un medio ideal para la transmisión del conocimiento histórico de forma rigurosa pero amena, diferente y atractiva (Gallo León y Játiva Miralles, 2017, p. 129; Grau Gadea, 2016, p.196).

La atracción que las imágenes ofrecen sobre la palabra escrita es la principal baza que debe utilizar el docente para su implementación en el aula. Se debe aprovechar al máximo la predisposición de la sociedad actual a recibir su información a través del medio visual, del que procede el bagaje cultural previo del alumnado (Navarro Espinach, 2011, p. 154). En este sentido, la búsqueda o creación de viñetas que sirvan para representar la docencia teórica por parte del profesor ofrece un amplio campo de posibilidades poco exploradas hasta el momento, a diferencia de lo que ocurre en el caso de las películas, a pesar de que ambos géneros comparten muchos elementos provechosos para el receptor (Gordon, Jancovich y McAllister, 2007, p. XI). Una viñeta de cómic a través de los códigos visuales y textuales que la componen puede transmitir al lector una serie de datos superpuestos; un elemento, el visual, del cual carece la lectura tradicional y que hace más sencilla la asimilación de la información (Dong, 2012, pp. 6-9). En Estados Unidos hay incluso un Center for Cartoon Studies (CCS), que ofrece una aproximación académica y universitaria al estudio de cómics y su potencial, ya que, como citan en la portada de su web (https://www.cartoonstudies.org/programs):

Visual narratives are how we communicate in the visual age and the cartoonist who develops a strategic visual approach can play an important role in helping individuals and organizations ‘see’ more and communicate better. Comics can precisely frame visual narratives, quickly deliver complex information, and resonate with readers emotionally.

En el mundo de la enseñanza todavía son escasos los trabajos dedicados a la aplicación docente del cómic, frente al protagonismo de los recursos procedentes del mundo cinematográfico (Blay Martí, 2015, p. 13; Galván Freile, 2008, p. 126). En el ámbito universitario, es destacable la iniciativa desplegada por el grupo Unicomic del Departamento de Innovación y Formación Didáctica de la Universidad de Alicante desde el año 1999. Entre las diferentes actividades desplegadas destacan las jornadas Cómic como elemento didáctico, celebradas desde el año 2012 o la red de innovación “Cómic como herramienta didáctica. La narración gráfica en disciplinas académicas y tramos de preparación a la universidad”. En ambos espacios, reivindican y enumeran las posibilidades didácticas de este género literario, proponiendo su inclusión cotidiana en el temario. A pesar de ello, son conscientes, que en el mundo universitario su posición no es la más generalizada en el ámbito universitario (Baile López et alii, 2015, pp. 1743-1746).

Centrando el foco en el campo de la docencia en las asignaturas de Historia, el cómic ofrece dos grandes vías de incorporación a la dinámica del aula: como referente en sí mismo de la sociedad que los genera, o como vehículo para reconstruir y fijar gráficamente la docencia impartida. En el primero de los casos, se debe tener en cuenta que los cómics desde su creación se convirtieron en una herramienta muy útil para la difusión de las ideologías, conceptos, elementos culturales y visiones de sus creadores. Por ello, es una fuente histórica de un valor incalculable para su utilización en las asignaturas de Historia Contemporánea tanto como fuente de información como por sus posibilidades didácticas (Somé Laserna, 2012). A modo de ejemplo, durante y después de la Segunda Guerra Mundial, los cómics son una fuente excelente para ahondar en la psique colectiva norteamericana, incluyendo la cuestión racial o la atómica, temas candentes en los años centrales del siglo pasado (Madison, 2007). Sin embargo, en tiempos históricos anteriores a la creación de los cómics, como es el caso de la Edad Media, hace imposible el uso tan enriquecedor de este género literario. En estos casos, se debe profundizar en la segunda de las vías de trabajo señaladas: su uso como apoyo gráfico a la docencia. Esta última es la que nos interesa en esta investigación.

2. Los cómics en clases de historia medieval: superar los tópicos

La Edad Media ha sido uno de los períodos históricos con mayor protagonismo en el imaginario de los cómics desde sus comienzos a finales del siglo XIX, especialmente desde la aparición en 1937 de uno de los hitos de este género de ambientación histórica: Príncipe Valiente de Harold Foster. El cómic, como el resto de los géneros literarios, o con mayor difusión en la actualidad, el cine y la televisión, trasladan, por regla general, una visión tópica de la sociedad medieval, “en la que se mezclan en el imaginario colectivos caballeros, castillos y hasta dragones, y como un entorno inmutable a pesar de sus diez siglos de desarrollo –del V al XV aproximadamente-” (Gallo León y Játiva Miralles, 2017, p. 125).

Más allá de los icónicos caballeros y princesas, el período medieval siempre ha ofrecido una mayor dificultad en su comprensión que otras épocas, en buena medida porque está definido por la alteridad, como un elemento extraño, caracterizado de manera mayormente peyorativa, negativa. Una distancia cognitiva, en buena medida, fruto de una lectura sesgada de dicho período. Por ejemplo, los ilustrados despreciaban, fundamentalmente, la Edad Media como una época oscura, contrastada a su época de las luces. Por su parte, el Romanticismo buscó recuperar lo medieval como un elemento atractivo, pero su fascinación tenía unas raíces estéticas marcadas y se buscaba una justificación en el pasado de elementos contemporáneos, enraizando un resurgimiento del aprecio por la Edad Media con el nacimiento del nacionalismo, que quiso ver en el Medievo el origen pretérito de los estados-nación europeos (Little y Rosenwein, 2003).

La aparición del cine revolucionó el mundo contemporáneo, y, claramente, lo cinematográfico no es inmune a la difusión de los tópicos e ideas instalados en el imaginario colectivo, al igual que toda obra cultural creada en un contexto y ámbito concretos (Navarro Espinach, 2001). Especialmente son dos los principales tópicos generalizados sobre el medievo: la imagen caballeresca, y la concepción de una época oscura y violenta (Gallo León y Játiva Miralles, 2009, p. 232). La incidencia del cine en la sociedad, democratizado actualmente gracias a la televisión y la aparición de plataformas digitales de streaming, es absolutamente fundamental, y este, más que nada, ha consolidado esta imagen que la mayor parte de la sociedad tiene de esta época. No extraña que en el año 2008 una de las reuniones científicas más importantes del panorama europeo dedicada a la Edad Media, la Semana de Estudios de Estella, dedicase una de sus sesiones, cuyos textos fueron publicados, a la percepción académica y a la percepción social de este período histórico (VV. AA, 2009). A modo de ejemplo, “El Reino de los Cielos”, de Ridley Scott, realiza un retrato sesgado de la sociedad de las cruzadas (Barrio Barrio, 2017). Se representan los estados cruzados como una sociedad corrompida, decadente, alienígena al mundo en el cual se ubica, presentándolos mediante la perspectiva externa de un personaje foráneo, ignorando el nivel de mestizaje cultural existente en Tierra Santa. Sin embargo, ello no desmerece el potencial didáctico de la obra: la tolerancia y clemencia de Saladino tras la caída de Jerusalén es un retrato fiel de un momento histórico concreto.

Esta misma realidad se puede observar en los cómics. Su análisis desde la perspectiva de la didáctica de la Historia permite separarlos en dos grupos: los cómics ambientados en el universo medieval, y aquellos que tienen como objetivo la recreación de sucesos y períodos históricos (Vich Sáez, 1997). En el primer grupo, en el que se encuentran la mayor parte de las publicaciones “de temática medieval”, las más conocidas y leídas, como los clásicos Príncipe Valiente, Guerrero del antifaz o Capitán Trueno, son una herramienta ideal para realizar una crítica docente a los tópicos sobre este período histórico instalados en la mentalidad colectiva. Los segundos, tras una lectura sosegada, depuración y selección por parte del docente, son claves para apoyar la docencia en las asignaturas de esta área de conocimiento, especialmente para facilitar la comprensión de elementos complejos, una práctica con mayor tradición en las aulas en el caso de las películas y series de televisión (Gallo León y Játiva Miralles, 2009, pp. 233-234).

Los cómics históricos se caracterizan por su esfuerzo por representar diferentes períodos históricos, en muchos casos con gran intencionalidad pedagógica, aunque puedan caer en alguna ocasión en estereotipos, clichés, errores o inexactitudes, licencia propia de cualquier creación artística y de la subjetividad del autor (Rodríguez Diéguez, 1988, p.13). Entre ellos se debe destacar toda una serie de obras generales publicadas a finales de la década de 1970 y que han sido reeditadas hasta la actualidad: la enciclopédica Gran Aventura de la Historia -1979- de Alberto Cabado y Eugenio Zoppi; la humorística pero loable Historia de Aquí -1980-, donde el reconocido artista español Forges transmite una visión amena de la historia de España; o Erase una vez…el hombre -1978-, de Jean Barbaud y Albert Barillé, basada en la célebre serie infantil de televisión. Algunos años después, en 1992, se publicó bajo la dirección de Jorge Alonso García, otra obra de carácter enciclopédico, con gran apoyo de texto escrito, Historia Universal Ilustrada (Grau Gadea, 2016, pp. 197-203; Gallo León y Játiva Miralles, 2017, p. 130).

Si se pone la atención solo en los cómics exclusivamente dedicados al período medieval, a partir de los años 60 del siglo XX es cuando comienzan a publicarse obras que empiezan a manifestar mayor rigurosidad en sus textos e imágenes. Son obras publicadas en Europa, principalmente por la escuela franco-belga, frente a las poderosas industrias del cómic norteamericanas o japonesas, donde la ambientación histórica fue un elemento predominante. En este nuevo contexto destacan las obras belgas Ramiro ­-1976-, de Stoquart y Vance, ambientada en la Castilla de los siglos XII y XIII, o Jehn -1978-, de Martín y Players, que desarrolla su narración durante la segunda mitad del siglo XV, a través de los ojos de Jhen Roque, amigo de Gilles de Rais y compañero de Juana de Arco. Este tipo de obras desembocaron en la creación de la revista Vecú, en 1985, que se dedicó a la publicación de cómics históricos, rigurosos y de calidad (Gallo León y Játiva Miralles, 2009, pp. 237-238). En los últimos años han aparecido un mayor número de obras de temática medieval, entre los que destacan varios cómics españoles, como los basados en la historia del territorio del antiguo reino astur-leonés, como La crónica de Leodegvndo de Gaspar Meana González -2001- o Domno. La vida de Gonzalo Pélaez de Javier Antonio Marinas García -2005- (Galván Freile, 2008, pp. 136-138). Usualmente son los episodios militares de la historia los que reciben una mayor atención por parte de los autores, ya que se busca el atractivo de los conflictos armados como catalizador de la acción. Los protagonistas así se enfrentan a desafíos reales, incluyendo villanos y situaciones traumáticas, que favorecen su conversión en héroes, siguiendo el esquema clásico de la progresión de dicha figura arquetípica (Campbell, 2018). La Reconquista en particular ha inspirado a numerosos autores españoles y extranjeros. Ejemplos de ello, algunos cómics dedicados a la figura del rey de Aragón Jaime I, 1229. Jaime I el Conquistador, de Oriol García Quera -2019-, el Cid Campeador, un clásico muy riguroso en cuatro volúmenes de Antonio Hernández Palacios –reeditado en 2015-, o, finalmente, 1212. Las Navas de Tolosa, de Jesús Cano de la Iglesia -2016-.

Nunca hay que desdeñar el valor intrínseco de la imagen, que puede transmitir un mensaje de manera directa. La iconicidad del cómic es importante para el acercamiento a numerosos conceptos complejos. Feudalismo, monarquía, cruzadas, religiosidad, nobleza, conceptos íntimamente vinculados a la Historia Medieval cuya comprensión, irónicamente, sigue siendo igual de inaccesible en ocasiones para el alumnado como hace medio siglo. Nada extraña si se tiene en cuenta que todavía siguen causando encendido debate entre los especialistas (Valdeón, 1996; Sabaté y Farré, 2004).

Para comprender las posibilidades didácticas de este género literario se puede remitir la cuestión a un gran apologeta del valor del estudio de los comics en sí mismos y por sí mismos, Scott McCloud. Para este autor, los comics, por definición, son icónicos, puesto que representan elementos reconocibles de inmediato, pero que sin embargo pueden ser incluso cercanos a la abstracción: se puede automáticamente reconocer una cara humana, sin embargo, esta puede componerse de apenas unas líneas esbozadas, pero nadie dejaría de reconocer en dicha representación un rostro, dotado de personalidad, independientemente del estilo artístico. Un elemento, historia o narración representada de manera icónica es asimilada por la mente a varios niveles, y ofrece una comprensión inmediata, lo cual, por otro lado, puede no ocurrir con la palabra escrita (McCloud, 1994, pp. 26-59). El valor de la imagen en sí misma no es un elemento nuevo: en la Edad Media el valor de lo visual era omnipotente, ya que los códigos visuales universalmente comprendidos incluían, incluso, el color de la vestimenta o los gestos (Le Goff, 2013). El cómic, medio eminentemente visual, pero a medio camino entre la narrativa escrita tradicional y la narrativa en movimiento del cine, ofrece un alto valor simbólico, que, por tener dicho potencial icónico, se convierte en un elemento pedagógico viable.

3. La bande dessinée: ejemplos didácticos en los cómics franceses

Dentro del cómic pueden distinguirse multitud de géneros y escuelas. Entre todas ellas, debemos destacar una, la que siempre ha cultivado, y cultiva hoy día, la adaptación histórica: la bande dessinée. Este término francés que designa al cómic en sí mismo, hace referencia a los autores franco-belgas, preocupados tanto por la estética de sus obras como de su calidad narrativa. Esta escuela surge con fuerza en la segunda mitad del siglo XX, años en los que se producen unos cambios sociales que acabaron forjando el género:

Elle se nourrit d’événements et de données changeantes: explosion démographique, émancipation de la femme, prolongation de la scolarité, enseignement de masse, prise en compte de l’adolescence, conflits de générations, mai 1968, nouvelle consommation des ménages et multiplication des formes de la communication. Si la bande dessinée s’adresse prioritairement aux enfants – filles et garçons, mais à chacun son illustré –, puis aux adolescents, elle devra attendre vingt années avant de penser à une presse spécialisée à destination des adultes (Rolland, 2010, p.12).

La producción de la novela gráfica francófona siempre ha tenido en cuenta el elemento histórico dentro de la narración y la realización de obras que toman inspiración en el pasado. Ello en buena medida puede asociarse a la extraordinaria difusión de la Historia en la sociedad francesa, donde la escuela de Annales, por ejemplo, se erigió como un referente cultural de primer nivel, con una incidencia dentro del tejido social bastante considerable (Burguière, 2009). Ello explica el interés dentro de la industria del cómic francófono por retratar momentos, personajes o eventos concretos, de manera más o menos realista. El peso del cómic dentro de la sociedad francoparlante ha desembocado en un estudio desde perspectivas filológicas, históricas y pedagógicas de la bande dessinée, destacando, por ejemplo, la obra dirigida por Nicolas Rouvière, “Bande dessinée et enseignemente des humanités”, de 2012, que analiza, precisamente, el potencial del cómic como un elemento de enseñanza de las humanidades.

La bande dessinée ha alcanzado una relevancia y una popularidad tal que sus autores tienen una repercusión que trasciende la propia Francia, pudiéndose hablar de una escuela europea de cómic que tiene unas diferencias sustanciales con su homóloga americana, ya que en ningún otro país del Viejo Continente hay una escuela con una fuerza o una tradición equiparables. Lo cual es comparable a las diferencias observables entre el cine europeo y el hollywoodiense, aún hoy, por más que se entremezclen y se influencien constantemente. Las preocupaciones estéticas, narrativas y simbólicas del cómic europeo tienen un carácter propio, una identidad característica. Dentro de dicha identidad reside la preocupación por la representación del pasado y el uso de una ambientación histórica para la narración.

La mejor manera de consolidar y ejemplificar las posibilidades didácticas del uso del comic en las aulas de Historia Medieval es el análisis de dos de las obras más relevantes de los últimos años: “Isabel: la loba de Francia” y “Je, François Villon”. Se trata de dos obras francesa muy diferentes. La primera recorre el conflicto político entre Inglaterra y Francia en la primera mitad del siglo XIV, retratando los grandes personajes y sus vicisitudes políticas, dinásticas y personales. Por el contrario, la segunda de las obras mencionadas, tiene una patente preocupación por retratar al común, al conjunto de la sociedad parisina de segunda mitad del siglo XV: los grandes personajes y principales hechos políticos son actores alejados a la narración. Se puede decir que se adapta bien al precepto de Fernand Braudel de evitar caer en la histoire événementielle, episódica (Braudel, 1970, pp. 60-82). Sin embargo, ambas obras sirven a dos propósitos en el aula muy diferentes entre sí, uno presenta un período concreto, grandes eventos y las dinámicas de la corte, útil para comprender los inicios, turbulentos, de la Guerra de los Cien Años. Por otro lado, la bande dessinée de François Villon es útil para representar la en ocasiones muy compleja sociedad de segunda mitad del siglo XV, los cambios “sentimentales” bajomedievales e incluso proporcionar una visión de un personaje literario destacado, incorporando elementos acerca de la literatura medieval que nunca son superfluos.

3.1. La Loba de Francia: Feudalismo y luchas por el poder

Esta obra publicada por el matrimonio Thierry y Marie Gloris e ilustrada por Jaime Calderón entre 2012 y 2014 –su nombre original es Les Reines de sang: Isabelle-, está compuesta de dos volúmenes muy diferentes entre sí. El primero cubre un período histórico muy breve, 1314-1315. El segundo ocupa uno mucho mayor, desde el momento precedente hasta 1330. Ello se deja sentir en la historia, el primero tiene una profundidad mucho más marcada, tratando los eventos de manera más cuidada, más detallada y con una significativa sensibilidad histórica. El segundo cubre demasiados años en poco espacio, cayendo frecuentemente en tópicos y clichés, embarrando la narración y perjudicando la adaptación, en buena medida por la imposibilidad de recurrir al nivel de detalle que había caracterizado al primer volumen. En general, la selección de escenas concretas del primer volumen es de gran interés para complementar la explicación del inicio de la Guerra de los Cien Años, ya que las raíces del conflicto se exploran de manera adecuada en la obra, a través de la vida de Isabel de Francia, hija del rey francés Felipe IV el Hermoso, esposa del monarca Eduardo II de Inglaterra, y madre de su sucesor Eduardo III, pretendiente a la corona de Francia de 1337 en adelante (Mitre, 1990).

Entre las numerosas viñetas que recorren esta obra, se pueden destacar dos escenas relacionadas con cuestiones de máximo interés para la enseñanza de las asignaturas de Medieval del grado de Historia. En primer lugar, la ejecución de los templarios, prólogo del cómic, telón de fondo de la exposición de varios temas. En esas viñetas se presenta a Felipe IV de Francia como un adherente de una política autoritaria y sujeción de la Iglesia y otros poderes del reino a la Corona. Su actitud en el cómic, su retrato, gira continuamente en torno a su rígida creencia de la superioridad de su dignidad sobre todas las demás. La reconstrucción del rey francés es bastante acertada, desde la recreación de su vestimenta y apariencia física, a la forma de actuar y hablar, orgulloso y autoritario. Es evidente la consulta de fuentes visuales acerca de las ropas del rey, basadas en buena medida en su guisant o efigie funeraria de la abadía de Saint Denis y en la miniaturística producida bajo su reinado. La utilización de la legendaria maldición de Jacques de Molay a la estirpe de los Capeto, una leyenda surgida en el mismo momento de la su ejecución en la hoguera, sirve como trasfondo, como catalizador de la acción, haciendo coincidir en un mismo espacio a todos los protagonistas. Dichas páginas iniciales sirven adecuadamente como presentación de algunos de los actores principales, y su personalidad, desde el ya mencionado Felipe IV a su yerno, Eduardo II, retratado de forma eminentemente negativa. Por ello, su lectura y visionado por parte del alumno le facilitaría el concretar en el espacio y en el tiempo alguno de los personajes históricos del momento, relacionándolos entre sí, ya que, en ocasiones se pierde de vista el contexto, recordándose los personajes como elementos aislados y sin conexión.

Una segunda escena muy recomendable para su aplicación en el aula representa el homenaje de Eduardo II a Felipe IV por la Guyena. En dicha escena se resumen varios puntos importantes: se representa gráficamente una escena de homenaje feudal; se expresa el conflicto de Francia e Inglaterra por las posesiones francesas de los reyes ingleses; se plantean las raíces del conflicto entre ambos países; se exploran las interacciones entre monarcas de países vecinos, influenciadas por un mosaico de relaciones feudo-vasalláticas y personales; se muestra el rol de los grandes nobles o pares en la vida de la corte. El feudalismo, que por su naturaleza cambiante y en ocasiones indefinida, es uno de los conceptos más complejos a los cuales debe enfrentarse el alumnado. El rol de lo simbólico, de los vínculos personales, de las relaciones de poder y la concreción real del feudalismo son aspectos muy diversos y difíciles de definir. Sin embargo, el presente cómic representa de manera más o menos fidedigna el homenaje del rey inglés por su ducado francés de Aquitania (o Guyena), desde el ósculo o beso de la paz entre señor y vasallo hasta las obligaciones de auxilium y consilium, incluyendo incluso la entrega de un elemento simbólico del feudo, en este caso un haz de trigo, y el pronunciamiento de nobles del reino como testigos, mostrando su rol dentro de los escalafones superiores de la sociedad feudal como principales elementos de poder en la dicha jerarquía. Además, es un buen ejemplo de la cambiante y compleja realidad feudal, donde un rey podía ser vasallo de otro (García de Cortázar, 2014). Visualmente, se expresan todas estas cuestiones, que ciertamente son complejas, y, sin embargo, expuesta de forma icónica se facilita su comprensión, además con todos los personajes perfectamente diferenciados y asumiendo un rol concreto. La potencia visual de la escena complementa adecuadamente la profundidad del contenido.

Sin embargo, como muchas adaptaciones históricas tiene puntos negativos reseñables, que hacen que su aplicación en el aula, aun siendo positiva, tenga que ser puntualizada. El retrato de Eduardo II en el cómic, está basado en las palabras de los detractores del monarca inglés, creándose una figura villanesca: como era frecuente en época medieval, los defectos del monarca son vertidos en “los malos consejeros”, la cabeza de turco usual del descontento popular. Así pues, en lugar de representar al rey de una manera más positiva, el cómic elige tomar como villanos a este y a su consejero, Hugo Despenser el Joven, tirando de viejos clichés para potenciar la imagen heroica de Isabel. Por otra parte, los dramas esencialmente personales toman un rol protagonista, lo cual tiene sentido en una historia fundamentalmente, valga la redundancia, dramática en un sentido, casi, teatral. Estos defectos, sin embargo, tienen un potencial didáctico, señalándose puede transmitirse al alumnado un conocimiento de la cambiante interpretación del pasado y una necesidad de reevaluar momentos y personajes continuamente, actualizando los modelos pasados.

3.2. Je François Villon. La realidad social del medievo

François Villon fue un “poeta maldito”, como se conoce en literatura a aquellas figuras de la lírica fundamentalmente trágicas y cuya vida está plagada de calamidades o cuyo comportamiento deja mucho que desear, siendo incluso artistas cuya obra se desarrolla al margen o en contra de la sociedad de su época (Díaz, 2013). Sin embargo, no por ello su obra es menos singular, teniendo en cuenta que Villon fue un autor de la segunda mitad del siglo XV, y la propia oscuridad de su obra no es sino un reflejo de una Francia turbulenta, sacudida por los cambios de fines de la Edad Media y definida por conflictos civiles y externos. Así pues, en buena medida Villon es un hijo de su tiempo, así como uno de los más pintorescos personajes que poblaron la capital francesa en esos años, una ciudad en expansión, populosa, pero también desorganizada, caótica y desigual (Roux, 2013). Que no perteneciese a una élite social, sino a una clase relativamente baja y que se juntara con elementos de dudoso calibre, pobres, bandidos, prostitutas, aleja su obra del mecenazgo cortesano y le infunde una originalidad propia, genuina, retratando cuestiones que no interesaban ni a la cronística ni a la lírica cortesana del momento. La obra de Villon en sí misma es una fuente acerca del pesimismo tardo-medieval (Huizinga, 2001).

El personaje ha inspirado numerosas películas, tanto en Hollywood –“If I were King” (1920), o “The Vagabond King”, de Michel Curtiz, (1956)-, como en la propia Europa, como el film francés, “François Villon” (1945), del director André Zwobada, que adapta la historia del poeta mejor que las libres adaptaciones hollywoodienses (Aguilar, 2014). Ello demuestra el interés despertado por François Villon, cuya obra fue publicada poco después de su muerte, en 1486, y que alcanzó un nivel semi-legendario, próximo a figuras del período, como Juana de Arco. Todo ello queda retratado en una de las mejores bande dessinée de corte histórico publicadas en los últimos años, “Je François Villon” (Critone, 2011-2016).

El comic, con su potencial icónico y explicativo inmediato, aproximan de un modo muy visual tanto el personaje, como su obra y la sociedad en la cual, como hemos reiterado, se enmarca, retratando de manera efectiva cuestiones que, por otra parte, son características de dicho momento histórico. El papel disruptivo de los estudiantes universitarios en las ciudades bajomedievales, la educación universitaria, el papel de la Iglesia, la inquisición, los privilegios de ciertos colectivos y organismos, la jerarquización social medieval, las jurisdicciones, la existencia de bandidaje organizado en tiempos de desgobierno central, el mecenazgo tardo-medieval, el rol de la corona y el rey, las desigualdades sociales, los grupos urbanos, etcétera (Monsalvo, 1997). Todo ello, presentado de manera gráfica, y, por tanto, fácilmente asimilable, sirviendo como excelente punto de apoyo.

Un elemento muy a destacar de esta bande dessinée es que recrea los espacios de una manera muy preciosista, al extremo de que algunos lugares están cuidadosamente retratados, lo cual convierte a París, prácticamente, en otro de los personajes de la obra. El Colegio de Navarra, el Louvre, la Bastilla, son algunos de los lugares reconstruidos y representados en el cómic, que llega a presentar grandes vistas de conjunto de una ciudad, París, que en el siglo XV vivía un nuevo apogeo tras la crisis del siglo XIV, siendo una de las ciudades más pobladas y ricas de toda Europa. Además, la caracterización de espacios incluye elementos urbanos clásicos, como tabernas, baños públicos, burdeles, tiendas, casas burguesas, etcétera, además recreados con una atención al detalle bastante significativa. La iconicidad de unos personajes caracterizados con escasos rasgos contrasta con unos fondos detallados. Todo ello ayudaría al alumnado a aproximarse a un espacio concreto, en un momento concreto, a través de su representación, dando una visión bastante singular del aspecto y funcionamiento de una gran ciudad bajomedieval. Detalles tan aparentemente insignificantes como el uso de carteles en los locales de la ciudad, necesarios para una masa poblacional analfabeta, no solo dan datos acerca de la composición social del mundo urbano, sino que también son representativos del poder de lo visual, de la imagen dentro de la Edad Media. El rol de la justicia urbana, alguaciles y guardias, también está bien retratado, así como la existencia de varios niveles jurisdiccionales superpuestos y contrapuestos. Cuando el alguacil alza su mano contra el preboste del Colegio de Navarra, incurre en un delito que conlleva la mutilación de dicha extremidad, al haber amenazado físicamente a un superior social, tanto más cuando este era un eclesiástico. Tampoco le es permitido transgredir la jurisdicción de la universidad, cuyos privilegios lo impiden. Detalles como esos ayudan a retratar un período muy caricaturizado dentro del imaginario colectivo, y algunos de ellos corresponden a cuestiones muy alejadas de la sociedad actual, con lo cual su representación gráfica en una viñeta acerca al lector a una realidad, aunque sea a través de una adaptación como esta.

4. Conclusiones

Aunque en la mayor parte de los cómics de base histórica, los diálogos, el aparato gráfico y el propio formato no representen un medio enteramente fiel al hecho histórico en el cual se basa, cosa que comparte con cualquier adaptación como el cine, ello no es óbice para considerar a una novela gráfica un método didáctico útil para la docencia. Lo directo de su naturaleza gráfica pueden ser de gran utilidad para transmitir conceptos complejos o ideas interesantes al alumnado. En buena medida lo único requerido es una correcta selección – o incluso su creación por parte del equipo docente- del material a utilizar, lo cual, por otra parte, es idéntico a todas las demás cuestiones presentadas al alumnado por el dicho docente a lo largo de la impartición de la asignatura. El poder icónico y cuasi-simbólico del cómic, así como la fuerza de su aparato gráfico/artístico puede convertirse en un apoyo interesante para la explicación de ciertos temas. Ciertamente, la elección de ciertos materiales provenientes de novelas gráficas sería interesante como método de dinamización de las clases, alejándose del esquema clásico.

Además, la Edad Media, como ningún otro período histórico de nuestro pasado, sufre de multitud de prejuicios, clichés e ideas preconcebidas, lo cual conforma una suerte de alteridad y alienación por parte del alumnado para con dicho momento. La aproximación a lo medieval de una manera gráfica, ya sea mediante material fílmico y televisivo bien escogido, o mediante novelas gráficas de indudable calidad, como se defiende en este trabajo, pueden ayudar a cerrar, o al menos estrechar, la brecha cognitiva entre la Edad Media y los alumnos. Cuestiones complejas, como la jerarquía feudal, las jurisdicciones o incluso la religiosidad y espiritualidad medieval pueden ser transmitidas al alumnado de manera sencilla e inmediata mediante el uso de fragmentos de obras convenientemente escogidas, haciendo uso de la versatilidad de lo gráfico como medio expositivo. Sin duda, existen suficientes cómics y novelas gráficas de ambientación histórica, y específicamente, con inspiración en lo medieval, para justificar su inclusión en las aulas como un material docente más, diversificando los elementos a disposición del profesor y aquellos puestos a disposición del alumnado. Pero, no se defiende una impartición de los temas mediante el uso único de los cómics, sino que estos deben complementarse debidamente con materiales de corte más clásico, como textos originales –acercando al alumno directamente a las fuentes históricas-, o fragmentos de artículos y obras académicas, que conformarían la bibliografía de la asignatura. No se busca sustituir los elementos didácticos tradicionales, sino dinamizarlos con la inclusión de elementos nuevos, gráficos, que pueden ser atractivos para el conjunto del alumnado.

Bibliografía

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