Un conocimiento situado y desde el margen que defienda la vida

Las múltiples crisis que dejó en evidencia el COVID 19 y que se venían visibilizando desde años anteriores, nos recuerdan lo peligroso de los sentidos comunes instituidos de las prácticas discursivas académicas.

conocimiento situado
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En el caso chileno, posterior al terrorismo en dictadura y la transformación del Estado hacia un sistema económico y político neoliberal, pero siempre dependiente y subdesarrollado a nivel mundial, se supeditó a las instituciones y los derechos fundamentales a una suerte de administración por el mercado. Así, se constituyeron sujetos precarizados, competitivos, que redujeron sus relaciones sociales y políticas, donde se negó lo popular y la acción colectiva. En este escenario, las ciencias sociales también han tenido responsabilidad, realizando análisis desde posiciones epistemológicas, teóricas y metodológicas que han servido para reforzar los discursos neoliberales y de desaparición de lo colectivo en la formación de profesionales y el entendimiento de las sociedades. Problemática que potencia el modelo de desarrollo como fin teleológico y, en consecuencia, se ha aportado muy poco a potenciar la transformación de las sociedades hacia el buen vivir o a pensar los conocimientos como bienes comunes.

Al contrario, las lógicas de mercado presentes en los sistemas de competición en la producción de conocimiento fomentan la estandarización y la lógica de la productividad como requisito para postular a becas, pasantías, o proyectos de investigación. Incluso ciertas teorías y metodologías tienen mejor aceptación en los currículos académicos, las evaluaciones internas de las universidades y desde instituciones que otorgan recursos para investigar o continuar estudios. Peor aún, cuando identificamos la influencia de grupos empresariales que concentran la riqueza en Chile1Nos referimos a grupos económicos controlados por Horst Paulmann, Andrónico Luksic, Eliodoro Matte, quienes controlan el retail, la minería, bancos, la industria forestal, los fondos de pensiones, entre otros. Además, muchas de estas empresas las adquirieron durante la privatización de entidades públicas en la dictadura militar., en las líneas de financiamiento por medio de convenios y aportes. Entre el año 2001 y 2011, las universidades públicas y privadas recibieron $191.000 millones de pesos entregados por medio de la Ley de Donaciones2La ley de Donaciones beneficia a las empresas con descuentos en impuestos que deben pagar al Estado., principalmente por parte de mineras y bancos de propiedad de los principales grupos económicos del país, según señala una investigación del Centro de Investigación Periodística (CIPER) de 20183En el mismo estudio se señala que las instituciones beneficiadas serían las más consolidadas en vez de aportar a las universidades más carentes. Así la Universidad de las Américas, la Universidad Católica y la Universidad de Chile serían las principales receptoras de estos aportes..

Las situaciones descritas en el contexto de crisis mundial y nacional demandan una transformación de las universidades chilenas, en tiempos en que el peso colonial y los conflictos de interés de estas instituciones no se pueden pasar por alto. Más aún, cuando necesitamos analizar y tratar el despliegue de la violencia que afecta en diferentes dimensiones a la población más pobre del país. Situaciones que se han traducido en hambre, muerte, hacinamiento, desempleo, militarización, y abandono de un indolente gobierno. Sin atender a esto en nuestras reflexiones y cuestionamientos, no existirán condiciones que posibiliten posicionar otras epistemologías, teorías y metodologías que tengan por finalidad aportar en sostener la vida.

Es relevante entonces un posicionamiento ético y político en tiempos en que es urgente apelar y construir derechos desde las bases, relacionados con la alimentación, la salud colectiva, la vivienda, economías en plural, sobre las infancias invisibilizadas y violentadas, entre otros. En definitiva, de más Estado, soberanía popular y menos mercado en su gestión. Así, los aportes que podamos construir desde las ciencias sociales deben ser suficientemente contundentes, capaces de abrirse al dialogo, de reconocernos como parte de los procesos que nos convoquen. La academia y la investigación deben encausarse hacia un paradigma emancipatorio, que transgreda a la institucionalización del conocimiento y, también, el sistema social y político desde el margen  (Torres, 2004).

En una posición feminista, el aporte sobre los conocimientos situados de Donna Haraway (1991), han abierto el cuestionamiento hacia las consideraciones éticas y políticas en la producción de conocimientos. Pensando en las finalidades colectivas que podrían tener, ante la necesidad de trabajar epistemológicamente en pro de la existencia y preservación de la vida cuando nos situamos en las realidades que buscamos comprender, y más aún, cuando declaramos queremos aportar en la transformación de lo social. Sin olvidar que, el conocer es una práctica por medio de la cual observamos y comprendemos insertas/os en mundos, que no son inamovibles, por lo tanto, todo acto de conocer es situado en un contexto y procesos particulares no estáticos. En que debemos poner atención, también influyen los contextos institucionales que nos respaldan.

Las múltiples crisis que dejó en evidencia el COVID 19 y que se venían visibilizando desde años anteriores, nos recuerdan lo peligroso de los sentidos comunes instituidos de las prácticas discursivas académicas4El sentido común y el buen sentido los refiero pensando en el trabajo de Antonio Gramsci.. Las cuales se justifican con retóricas de las buenas intenciones, como es el caso de los consentimientos informados, los comités éticos, nuevas formas de devolución de información, entre otras. Sin embargo, el buen sentido ante las contingencias que tensionan y ponen en peligro la vida en su conjunto, presenta más desafíos que las declaratorias. Sobre esta dimensión debemos interrogar nuestras prácticas, el cómo miramos y con qué fines; qué particularidades y por qué, cuáles son nuestros marcos interpretativos para hablar de nosotras y de otrxs. En definitiva, cuáles son los sentidos que se entrecruzan cuando pensamos en el bien común y buen vivir.

Esta reflexión, apela a la magnitud de las decisiones que se toman en las investigaciones, en las discusiones a nivel de universidad, en la posición política para la producción de conocimiento, y pone la alarma en los silencios cómplices. Para apelar a cómo proyectamos la academia, sus instituciones y su relación con el mundo social, en el proceso constituyente que vive Chile. Planteando la pregunta a las ciencias sociales, ¿Cómo abogamos por el sostenimiento de la vida ante la tensión del presente y la incerteza del futuro?

Bibliografía

Haraway, D. (1991). Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza. España: Cátedra.

Torres, A. (2004). Por una investigación desde el margen. En La práctica investigativa en ciencias sociales (pp. 62-79). Colombia: Universidad Pedagógica Nacional. http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/Colombia/dcs-upn/20121130051523/investigacion.pdf URL Reconocimiento-

Notas   [ + ]

1.Nos referimos a grupos económicos controlados por Horst Paulmann, Andrónico Luksic, Eliodoro Matte, quienes controlan el retail, la minería, bancos, la industria forestal, los fondos de pensiones, entre otros. Además, muchas de estas empresas las adquirieron durante la privatización de entidades públicas en la dictadura militar.
2.La ley de Donaciones beneficia a las empresas con descuentos en impuestos que deben pagar al Estado.
3.En el mismo estudio se señala que las instituciones beneficiadas serían las más consolidadas en vez de aportar a las universidades más carentes. Así la Universidad de las Américas, la Universidad Católica y la Universidad de Chile serían las principales receptoras de estos aportes.
4.El sentido común y el buen sentido los refiero pensando en el trabajo de Antonio Gramsci.
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Dra. © en Ciencias Sociales, Universidad de Chile.

Periodista y Magíster en Comunicación.

Área de investigación: territorios y extractivismos, críticas al desarrollo; memorias colectivas, prácticas de resistencias y economías solidarias.

Saliendo de la academia: cooperativista y comunicadora social.

Integrante GT Memorias Colectivas y Prácticas de Resistencias, CLACSO.

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