Trata de mujeres indígenas: la continuidad de la conquista sexual de América

En la trata de mujeres indígenas opera un racismo sexista que tiene su fundamento en la premisa de la esclavitud natural que estructuró el vasallaje sexual en el período colonial.

Trata de mujeres indígenas
Trata de mujeres indígenas

A la par de la violencia bajo la espada y la evangelización, la explotación humana es un elemento constitutivo del proyecto colonialista que aún sigue en curso. Sus relaciones de dominación/subordinación y esclavitud instauradas sobre los pueblos indígenas de África y América continúan operando en fenómenos como la trata, una violación de derechos humanos cimentada en la expoliación humana.

Entre sus diversas modalidades, según el reporte Global de Naciones Unidas sobre el tema, globalmente priva la explotación sexual con un 59%, siguiendo el trabajo forzado (34%) y otros propósitos (7%) como el tráfico de órganos1Véase: UNODC (2009) Global Report on Trafficking in persons. Disponible en: http://www.unodc.org/documents/Global_Report_on_TIP.pdf. Para el 2016, se reportaban 63.251 víctimas en 106 países, siendo el 70% mujeres y niñas2Véase: Trata de personas : 63.251 víctimas (2017) https://blogs.20minutos.es/goldman-sachs-is-not-an-after-shave/2017/08/01/trata-de-personas-63-251-victimas/. Los países de origen de las víctimas se concentran en el sur global, objetivos históricos de la depredación colonialista.

Las mujeres, adolescentes y niñas son el grupo con mayor índice de vulnerabilidad precisamente porque, en un orden en el que el género es un principio regulador de las relaciones sociales, los cuerpos y sexualidades de las mujeres se hacen depositarios de prácticas disciplinarias, estereotipos y representaciones, así como espacios/límites, estructurados por el sistema patriarcal.

Sin embargo, no solo el género representa un factor que facilita la reproducción de este fenómeno, el racismo refuerza – en términos sexuales- el lugar subordinado de las mujeres inferiorizadas en la jerarquía de las relaciones raciales. El racismo también engloba el dominio sobre el sexo y los cuerpos, así “las mujeres de estas partes del mundo colonizado no sólo fueron racializadas, sino que al mismo tiempo fueron reinventadas como “mujeres” de acuerdo a códigos y principios discriminatorios de género occidentales” (Breny Mendoza, 2014, p. 23).

Esta reinvención de las mujeres por parte del régimen colonial implicó marcarlas con la impronta de la esclavitud natural, una clasificación que deviene de la premisa aristótelica del esclavo natural ampliamente promovida, desde los inicios de la conquista, por personajes como Ginés de Sepúlveda. Todo en aras de suprimir a los indígenas y africanos esclavizados de la racionalidad y la capacidad para ejercer la libertad, justificando así las guerras justas y el sistema de encomiendas.

Tanto la esclavitud como el vasallaje, fenómenos conocidos y practicados en Occidente mucho antes del genocidio americano, brindó a los conquistadores –  la mayoría hombres sin honores o linaje- la adquisición de un status simbólico superior, a partir de la expoliación humana fundamentada en la subordinación racial. Los conquistadores que no sólo anhelaban oro ansiaban esclavos a su servicio y especialmente vasallas sexuales. Tanto las expediciones militares y el establecimiento del sistema de encomiendas les brindaron la oportunidad de poseer verdaderos harenes de mujeres indígenas, sujetas a toda clase de expoliación, usufructo y control de su fuerza de trabajo, cuerpos y sexualidades.

Para Ricardo Herren la colonización fue “el festín licencioso más grande y prolongado de la historia” (1991, p. 13), coincidiendo con la postura de Magnus Mörner: “la conquista española de América fue una conquista de mujeres” (1969, p. 33). Los grupos de indígenas y su tranza para uso sexual de los adelantados son mencionados por multiplicidad de cronistas. Bernal Díaz Castillo reseñó que, en la conquista de México, un soldado concibió treinta hijos de diferentes indígenas bajo su encomienda en el cortísimo lapso de tres años. Una denuncia de 1545 del presbítero Francisco González Paniagua expone que “el español que está contento con cuatro indias es porque no puede haber ocho, y el que con ocho porque no puede haber dieciséis (…) no hay quien baje de cinco y de seis” (Citado por Arsenio Suárez Franceschi, 2009, p. 18).  De la misma manera, “las huestes españolas al mando de Álvaro de Luna –apenas cien hombres– desarrollaron tal actividad sexual con mujeres aborígenes durante la Conquista de Chile que, en su campamento, hubo semanas que parieron sesenta indias de las que estaban al servicio de los soldados”. (Ibídem, p. 17)

Coincidiendo con el historiador Suárez Franceschi: “además de la fiebre de oro y de fama que trajeron los conquistadores, hubo otra que determinó muchas de sus acciones, la fiebre por las mujeres y la conquista del sexo” (Idem).  Desde el primer viaje, Cristóbal Colón recibió y capturó -junto a sus marineros- mujeres y niñas indígena como servidoras sexuales, tal fue la afición que, ante una orden de Colón, “los marineros (…) dijeron al almirante que ya no querían salir de la nave sino quedarse con las otras mujeres indias que habían hecho tomar” (Colón, 2012, p. 202).

No dudo en afirmar que uno de los actos fundacionales de América es la colonización sexual (Godoy, 1994), un proceso que defino como la apropiación y control de los cuerpos, la sexualidad y la capacidad (re)productiva de mujeres racializadas, a partir del uso individual o grupal de técnicas de poder relacionadas con la violencia sexual perpetradas por hombres de un grupo racial/étnico que se considera superior y que se disputa la hegemonía sobre ciertas culturas, los territorios que habitan y sus recursos naturales. (Moncada, 2017).

Esta colonización sigue su curso en la trata de mujeres y niñas indígenas, que en países como México son 70 de cada 100 mujeres y el 45% de los menores de edad víctimas. En Guatemala, la trata también tiene una faz indígena. Según datos de la Procuraduría de los Derechos Humanos, en el 2017 el Mecanismo de Búsqueda Inmediata de Mujeres Desaparecidas indicaba que de 1810 mujeres desaparecidas, el 77% eran niñas y mujeres adolescentes3Véase: Informe de situación de trata de personas en Guatemala 2017. Disponible en: https://app.box.com/s/wxd3sv342rrj4awrws8qjy1h2lj7lm4i, siendo la mayoría de procedencia indígena.

Paraguay es otro país que reporta un considerable número de indígenas bajo la expoliación de redes de trata en contextos fronterizos, un problema que diversas investigaciones indican que tiene como raíz la fragmentación del tejido comunitario, los desplazamientos territoriales y la destrucción de la economía del auto-sustento (Caputo, 2013). Factores que identificamos como comunes en todos los países atravesados por este terrible fenómeno.

En Venezuela, hemos identificado que los lugares donde se comercia con los cuerpos de las mujeres, adolescentes y niñas indígenas están los contextos mineros y son denominados currutelas. Una palabra que proviene del argot minero brasilero (garimpeiro) y que describe a los sitios donde se coloca música, expenden licores y los mineros acceden a la prostitución. En las currutelas la violencia social y patriarcal transita sin visado, pues en las minas no sólo se comercia y explota naturaleza, también con los cuerpos y la sexualidad de mujeres y adolescentes que recurren a la prostitución como una alternativa más lucrativa –pero no menos ardua- a la labor minera y terminan en situaciones de explotación sexual de las que es casi imposible salir. (Moncada, 2016)

Las mujeres, adolescentes y niñas indígenas explotadas sexualmente en Venezuela tienen como edad promedio para la captación 14 años, fungiendo la etnicidad y la situación económica como los factores individuales más influyentes en la vulnerabilidad. La juventud de las víctimas, creemos, está relacionada con la pedofilización de la trata, que recurre cada vez más a captar y explotar jovencitas, cuya juventud resulta más lucrativa para los tratantes. Según información que he recabado -de informantes que han laborado en las minas auríferas de Maraya y Moyo (Atabapo-Venezuela)- el acceso sexual a una menor de edad siempre supera el costo del coito con una mujer mayor de edad.

Otros factores sociales o estructurales claves son, en primera instancia, la pérdida de la economía del sustento pues la destrucción de las formas tradicionales de generar la vida comunitaria empuja a las mujeres, adolescentes y niñas a insertarse en las economías no indígenas que expolian los recursos del bosque amazónico, entre ellas la minería ilegal.  De igual forma, la ineficacia de las políticas educativas interculturales venezolanas y etnoeducativas colombianas impiden el desarrollo de potencialidades individuales y comunitarias (Moncada, 2016). Todo debido a que los espacios educativos se localizan en los centros más poblados de los municipios fronterizos colombo-venezolanos dejando a las pequeñas comunidades sin cobertura. Bien es cierto que la dispersión geográfica es una gran limitación, pero incluso se falla en la configuración de los programas educativos bilingües y la formación de docentes indígenas.

Otro factor importarte en la vulnerabilidad de las indígenas en estos contextos es la carencia de identificación. Con una generalidad abismal la mayoría de los y las jóvenes indígenas no cuentan con identificación de nacimiento o cedulación, pues dichos servicios no llegan con frecuencia a las comunidades indígenas, obligándoles a trasladarse hacia las capitales. Es por ejemplo el caso de los indígenas venezolanos que deben viajar hasta la capital del estado Amazonas para la expedición de sus cédulas, pues los operativos de identificación organizados por el Servicio de Atención, Identificación, Migración y Extranjería (SAIME) en los municipios son muy escasos. Este vacío es de gran ayuda para los tratantes y proxenetas, que cuentan con víctimas que no están inscritas en los sistemas de identificación nacionales y, por lo tanto, son las víctimas “perfectas” que no existen como ciudadanas para ningún Estado. (Moncada, 2016)

Bell Hooks (2015) habla del racismo sexista para explicar cómo en América el poder patriarcal blanco, a partir de la explotación y violación sexual de las mujeres de color precisa de una sistemática devaluación de la mujer racializada. Hago mía la idea de Hooks para indicar que en la trata de mujeres indígenas opera un racismo sexista que tiene su fundamento en la premisa de la esclavitud natural que estructuró el vasallaje sexual en el período colonial.

El colonialismo, sistema que marca a las personas racializadas como seres disponibles para la explotación, (re)produce y alimenta diversas manifestaciones de la esclavitud moderna, como la trata de personas. Pero -en especial- recrucede su accionar sobre las indígenas, quienes han sido atadas, por adjudicación patriarcal, no solo a un estado de pasión e instinto como el de la generalidad de mujeres, sino a una situación inhumana, bestial. Tal como Todorov afirmaba: ellas son indios al cuadrado, pues su atadura a un estado de naturaleza indomeñable es doble.

Creo que en el análisis de la trata de personas es imperioso considerar la etnicidad y racialización no como simples datos para armar perfiles de las víctimas o indicar factores de vulnerabilidad basados en la procedencia, sino en la construcción de alternativas y acciones para la erradicación de este fenómeno. Así como el feminismo pudo vencer las barreras impuestas por la visión criminalística y jurídica de la trata, el pensamiento anticolonial y antirracista debe impulsar su propia mirada sobre el tema, tanto para su comprensión holística y en aras de develar la manera en que somos “las otras” quienes seguimos cargando los pesados grilletes del proyecto colonial que sigue operando con nuevas facetas fundamentadas en viejas prácticas.

Referencias bibliográficas

Caputo, Luis (2013) Situaciones de violencia y trata contra las mujeres jóvenes indígenas en Paraguay. Asunción, Paraguay. BASE Investigaciones Sociales.

Franceschi Suárez, Arsenio (2009) “La mujer indígena en la época de la Conquista” En: Clío. Jul.-dic. República Dominicana.

Godoy Marilyn (1994) La conquista amorosa en los tiempos de Irala. Asunción, Paraguay. BASE Investigaciones Sociales

Herren, Ricardo (1991) La conquista erótica de América. Barcelona, España. Planeta.

Hooks, Bell (2015) Ain’t I a Woman: Black Women and Feminism. Londres, Reino Unido. Routledge.

Mendoza, Breny (2014) “La epistemología del sur, la colonialidad del género y el feminismo latinoamericano” En: Yuderkys Espinoza et Al. Tejiendo de otro modo. Feminismos, epistemología y apuestas descoloniales en Abya Yala. Popayán, Colombia. Editorial de la Universidad del Cauca.

Mörner, Magnus (1969) La mezcla de razas en la historia de América Latina. Buenos Aires, Argentina. Paidos.

Notas   [ + ]

1.Véase: UNODC (2009) Global Report on Trafficking in persons. Disponible en: http://www.unodc.org/documents/Global_Report_on_TIP.pdf
2.Véase: Trata de personas : 63.251 víctimas (2017) https://blogs.20minutos.es/goldman-sachs-is-not-an-after-shave/2017/08/01/trata-de-personas-63-251-victimas/
3.Véase: Informe de situación de trata de personas en Guatemala 2017. Disponible en: https://app.box.com/s/wxd3sv342rrj4awrws8qjy1h2lj7lm4i
mm

Investigadora de origen wayúu, feminista anticolonial, profesora de la Universidad Central de Venezuela e integrante de organizaciones de mujeres indígenas de la Amazonía y guajira colombo-venezolana.

¿Qué te ha parecido?

[4 votos - Media: 5]