Transitar la formación básica del todo ajenos a la crisis civilizatoria

El Cambio Climático va siendo incontrovertible, pero todavía no lo suficiente como para que las sagradas escrituras curriculares admitan incluirlo no marginalmente.

educación sin conocer el Cambio Climático
educación sin conocer el Cambio Climático

Terminar la ESO sin conocer el Cambio Climático” es el título de un artículo interesante que analiza el problema que significa que los estudiantes secundarios atraviesan toda esa etapa de formación sin enterarse de que va este suceso. Tomamos del mismo algunos párrafos entre comillas para nuestra siguiente reflexión. El mismo se centra en España pero el análisis es válidamente extensivo al menos para toda la educación de habla hispana. Es decir, para todos los sistemas educativos de Iberoamérica.

Y sin más afirma: “El sistema educativo permanece callado y ajeno a esta realidad (cuando no invisibilizando y mintiendo acerca de ella). Es cierto, no solo se aprende en la escuela, pero resulta llamativo que se pueda terminar la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) sin saber nada sobre algo que determinará nuestro futuro próximo.”

Hace tiempo que sostenemos este mismo punto de vista. El futuro en la ralentizada performance escolar de los sistemas educativos liberal-constructivistas, paradójicamente no es un tópico frecuente, ha dejado de serlo, el presente es todo, la escuela se ha subordinado a una dinámica que reconoce en este último un escenario terminal y consecuentemente propone únicamente adaptación. Se evidencia por ejemplo en el insistente afán igualador presuntamente tendiente a proveer equidad a través de las nuevas tecnologías (TIC) en detrimento del reconocimiento de los contextos sociales, ambientales y ecológicos que con seguridad revelarían necesidades más genuinas, menos impuestas y más cercanas a satisfacer necesidades vitales; quizás menos sofisticadas, pero también más importantes.

No todo lo novedoso que emerge en nuestra frenética fuga hacia adelante es mejor que lo que vamos abandonando irreflexivamente en el camino. En el infortunado derrotero que vamos transitando comenzamos ya a extrañar la sencilla utilidad de viejos saberes y artefactos.

Y es que la noción misma de necesidad y de buena vida han sido dañadas, cooptadas y resignificadas por un pensamiento único que simplifica las vidas, los deseos y los contextos y por tanto los derechos y las posibilidades a una sola forma, esencialmente instrumental y mercantilizada, al servicio de la cual un curriculum mundializado apunta a formar personas disponibles y dispuestas a servir las demandas de un sistema productivista que opera inercialmente en función de su propia e injustificada reproducción, el sistema educativo ya no forma individuos sociales, no estimula el progreso cooperativo ni la solidaridad comunitaria, forma-tea piezas para un sistema productivo, cada vez más lejos de “construir los aprendizajes necesarios para vivir con dignidad y justicia”.

El futuro entonces no es un escenario en el que podamos intervenir, apenas un lugar incierto administrado por fuerzas oscuras, determinado por el avance tecnológico y sobre el cual mejor es no preguntarse.

Solo cabe indagar como hacer más fácil la vida presente, una pregunta en todo diferente. Adaptarse, adaptarse es el leitmotiv que rige la formación institucionalizada de los ex-ciudadanos devenidos factores económicos, apenas empleados de un sistema que no tiene alternativas y por lo tanto las calamidades que produce son naturalizadas.

Así se comprende que en el sistema educativo “se considera ideológico tratar algo que cuestiona el sistema económico neoliberal y, sin embargo, no se considera ideológico (ni se entiende como manipulación) afirmar que los transgénicos acabarán con el hambre en el mundo, defender la propiedad privada o legitimar el papel de los ejércitos.”

Va de suyo que la Educación Ambiental no encaja en este esquema, toda vez que la pregunta central que guía su propósito es el futuro y no precisamente desde el optimismo tecnológico sino desde su crítica.

Y se comprende la dificultad de atravesar el tema cambio climático en un curriculum que solo reconoce verdadera la realidad validada científicamente.

El Cambio Climático va siendo incontrovertible, pero todavía no lo suficiente como para que las sagradas escrituras curriculares admitan incluirlo no marginalmente. En este sentido dos aspectos que caracterizan los enfoques educativos institucionalizados resultan determinantes para esta sostenida negación. Uno es la ausencia de complejidad estrechamente relacionada con la falta de interdisciplina, lo que redunda en la imposibilidad de descubrir la valiosísima información que emerge de las relaciones entre los múltiples factores que son causa y consecuencia de los fenómenos naturales y las acciones humanas y como resultado la prevalencia de un pensamiento simplificado, básico y manipulable. El otro aspecto la desconfianza de los educadores y los regímenes educativos respecto de informaciones presuntamente no suficientemente validadas. La estrecha dependencia de los saberes divulgados por la escuela de la producción científica, le hace víctima, en realidad a los docentes, del mismo síndrome que Ferran Vilar describe1Ferran Vilar. Usted no se lo cree. https://ustednoselocree.com/2019/10/07/escalones-hacia-la-moderacion-4-1/ para los resultados informativos sobre el cambio climático que logran, finalmente, trascender hacia la opinión pública; “efectos de tipo psicológico y sociológico que, curiosamente, operan todos ellos en la misma dirección de moderación en la significación social de los resultados. Al final del proceso todos estos sesgos acumulativos habrán provocado que la descripción científica resultante en un momento histórico concreto – y por tanto la eventual llegada de esos resultados al público – sea significativamente menos preocupante de lo que en realidad debería. Esto es exactamente lo que está ocurriendo.” En la ciencia y en la escuela, un ámbito particularmente proclive a desconfiar de todo diagnóstico que amenace poner en duda la información y los contenidos prescritos. Volveremos sobre este tema en otras entradas.

Cuesta aceptar esta rigidez por parte de la única institución que está en posición de ofrecer una voz alternativa a los discursos conservadores que naturalizan los múltiples estados de desigualdad existentes.

Pero a esta altura de los datos y los hechos, negar el Cambio Climático es negar la crisis civilizatoria, porque supone ignorar precisamente el encadenamiento y la correspondencia entre todos los procesos de deterioro ambiental, ecológico y social que aquejan a nuestra civilización.

Y el compromiso político de corte popular o de izquierda en modo alguno constituye un reaseguro contra este síndrome, lo que revela la debilidad epistémica de esos posicionamientos ideológicos frente al desafío planteado por la crisis. A cuento vienen el siguiente testimonio en el cual, ante una propuesta de trabajar en forma crítica estos temas en un instituto de formación de profesores en la zona metropolitana de Buenos Aires, cuya orientación ideológica lo permitía, su director manifestóse contrario a criticar el extractivismo, “el modelo que yo apoyo es el extractivista con igual distribución de la riqueza”-sostuvo-, toda vez que para él, de ello dependerá la recuperación económica y el bienestar de la gente. Puro presente de un progresismo básico y finalmente reformista apresado en el paradigma de la simplicidad, más preocupado por retomar la senda muerta de un productivismo inclusivo que por educar en la triste y compleja realidad de la crisis civilizatoria, que evidentemente no logra visualizar.

 “Decíamos que es duro y difícil contar que el sistema capitalista (imperante solo desde hace menos de dos siglos) está produciendo una crisis civilizatoria que abre muchos interrogantes acerca de nuestra supervivencia y la del resto de las especies. Decíamos también que es imprescindible hacerlo, porque de otro modo no nos sentiremos interpelados a tratar de paliar las consecuencias que acarrea. Cabría, por lo tanto, preguntarnos quién cuenta este relato. No lo cuenta la tele, ni los políticos ni las multinacionales. Tampoco los currículums educativos oficiales ni los libros de texto.”

Sabemos sin embargo que hay educadores y docentes en las instituciones que están en condiciones de asumir este relato, el de la crisis civilizatoria, y comunicarlo; transformar el curriculum establecido es violentarlo en buena medida y “partiendo de la base de que la transformación necesaria no se puede hacer sin la escuela, y que por eso hay que transformar lo que ocurre en ella”, es indispensable que el sujeto educador comprenda su significativo rol en la cadena de transmisión de los saberes humanos. No es posible “educar para un mundo sostenible sin poner la escuela al revés y está claro que esta tarea no se puede delegar en quienes priorizan a los mercados en vez de a las personas”.

Lo que no está claro todavía es la voluntad y la capacidad de agenciamiento que los educadores conscientes de esta realidad están en condiciones de activar para responder al desafío de los jóvenes que alrededor del mundo reclaman una educación en la cual el futuro este presente como grata y realizable utopía. Al desafío de devolver a la educación institucionalizada un ethos que justifique en su irreductible esperanza y el reto de actuar militantemente el compromiso social de educar para una buena vida en un mundo mejor.

Notas   [ + ]

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Educador ambiental.

Especialista en Políticas Publicas ambientales INAP_Mexico. Especialista en Auditoría Ambiental Empresarial - IIE - UICN - Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Málaga. Especialista en gestión ambiental Metroplitana -FADU-UBA. Diplomado en Transformación educativa - Multiversidad Edgar Morín.

Coordino la Catedra Libre Virtual de Educación Ambiental y Ecología Politica, en facebook.

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