El enigma como seducción

El enigma seduce, así como el secreto, aquello que es un desafío y cuya oscuridad es atrayente desestabiliza el orden racional, establece un juego de fantasías y nos propone la incertidumbre como deseo. La seducción se opone al poder, se abre mostrando nuestros vacíos. La seducción fluye e inunda, revienta la lógica de dominación y hace de nuestra fragilidad un gesto lento y poético, una evocación continua del otro.