Este artículo tiene por objetivo explorar el proceso de conformación de la bioceanidad entre los puertos de Veracruz y Acapulco en la Nueva España, como consecuencia de los intercambios comerciales con sus pares del Atlántico ibérico, el Caribe y el Pacifico en el periodo de la Unión de España y Portugal (1580-1640). En un momento de intensa circulación de mercancías, estos puertos tuvieron un papel activo en el tráfico de la seda, la porcelana, la plata, el clavo, los vinos, telas y los esclavos que iban de un puerto a otro, con dirección a los mercados del Atlántico y el Pacifico.

El Caribe hispano representó desde los inicios del proceso colonial un espacio de intensa circulación y traslado de personas de origen europeo. Entre estos agentes migrantes, desde los primeros tiempos de la conquista, resulta posible identificar individuos sindicados como pertenecientes a la nación portuguesa. Al inicio del siglo XVII, durante el reinado de Felipe III, el Caribe al igual que otros espacios imperiales hispanos se ve poblado de mercaderes y otros individuos lusitanos en una cantidad tal que llegaba a activar las alarmas en la lejana administración imperial.

En 1492, el llamado “descubrimiento de América, y más tarde los numerosos viajes de exploración y conquista del siglo XVI, dieron por resultado la colonización de nuevos territorios, que serían espacios creadores de nuevos procesos sociales, económicos y culturales. En este sentido, el Caribe jugó un rol fundamental en la consolidación y expansión de la empresa colonizadora europea, especialmente de la hispana.