Sociedad, energía y recursos naturales: Cuba y el ese otro legado de Fidel

Lo asombroso del caso, es que Cuba, siendo una isla sin prácticamente recursos no renovables, ha logrado lo que otros, que si tienen recursos (sobre todo no renovables), no han logrado.

Sociedad, energía y recursos naturales: Cuba y el ese otro legado de Fidel
Fidel Castro

¿Es posible una sociedad diferente a la del consumismo, acumulación de capital y la cosificación del todo? ¿Es posible una sociedad de cooperación con el predominio del valor de uso? Estas y demás preguntas se plantean ante la realidad mundialmente conocida que es por un lado, la destrucción masiva y acelerada del medio natural (ecosistemas) y por otro, la continua procreación de pobreza, en parte, como consecuencia de lo primero. Por citar algunos, la destrucción de la Amazonia en Sudamérica por la construcción de grandes embalses (Fearnside, 2015) o la deforestación de selva tropical en Indonesia para plantaciones de palma africana; la (extrema) pobreza que se extiende y visualiza cada vez más en las ciudades del mundo como Lima, México DF, o Brazzaville, en República del Congo, dónde existe explotación laboral en la minería, además de problemas sociales de otras índoles (Évole, 2016). Lo mencionado es a causa de existencia y predominio de sociedades capitalistas a través del tiempo. Ya lo dijo Marx en su momento: el capitalismo tiende a destruir sus dos fuentes de riqueza que son el ser humano y la naturaleza. A pesar de ello, un grupo minoritario a nivel mundial que posee las grandes riquezas (en forma de dinero) aún defienden lo indefendible. Pero aquí no se trata de seguir indagando en el problema sino más bien en la posible solución y en cómo podría llevarse a cabo. Reconocidos autores y académicos a nivel mundial ya han expuesto alternativas al modelo de vida socioeconómico actual como lo son el decrecimiento y el ecosocialismo, sin embargo, el gran debate se centra en el “cómo hacerlo”. En este marco, es posible, a través de una retrospectiva, reflejar cuantitativamente y parcialmente lo que sería y se pudiese lograr con el ecosocialismo, la alternativa al capitalismo.

De manera general, el ecosocialismo se compone de dos partes: de la ecología y el socialismo. Éste último, es un sistema socioeconómico en el que básicamente los medios de producción están en manos del Estado y por ende, pertenecen a la población, sin que exista forma alguna de acumulación de capital privada. Al incluir la parte ecológica, el socialismo pasa de ser un sistema extractivista y productivista a un sistema que está en equilibrio con la naturaleza, y dónde el antropocentrismo ha sido desplazado por el ecocentrismo (Lowy, 2011). En la actualidad algunos países como Venezuela, China o Vietnam se autodenominan como estados socialistas, o en su defecto, mantienen principios socialistas, aunque frente al dominio del sistema capitalista, dichos países terminan ajustándose a la dinámica económica mundial. Cuba, siendo también un estado socialista desde 1959, presenta una condición económica externa que no tienen sus otros homólogos autodenominados socialistas y es su bloqueo económico impuesto por EE.UU. Sin embargo, Cuba ha logrado en el tiempo mantenerse como estado soberano y sobrevivir ante dicha adversidad. Dada su consolidación socioeconómica, además de sus características geográficas y ambientales, Cuba es un buen ejemplo de lo que se ha conceptualizado como socialismo, y por ello, se ha tomado como referencia a efectos del análisis que se pretende abarcar. Como contraparte, también se considerará los países de China y Ecuador, con sus respectivas realidades socioeconómicas, energéticas y ambientales.

Y es que la mejor manera de contrastar realidades es a través de números (indicadores) aunque estos puedan ser parciales. El dato más relevante es el de la población, ya que entorno a ésta y su crecimiento se determina otros valores y se pueden deducir efectos. Entre 1990 a 2015, la población en Ecuador creció un 37%. Para ese mismo periodo, la población cubana creció en apenas 11% mientras que China, un 18% (Banco Mundial, 2017; IEA, 2017). Cuba tiene actualmente 11,2 millones de personas; Ecuador, 16,2 millones y China, un poco más de 1300  millones. Para 1980, China se acercaba ya a las 1000 millones de personas, cien veces más que la población cubana de 1990. En el marco de lo social, Cuba mantiene un índice de desarrollo humano (IDH) alto de 0,77, mayor que Ecuador y China (0,73 para ambos) (PDNU, 2016), con altas tasas de escolaridad e inversión en salud (99,9% y 11,3% respectivamente), con un gran porcentaje de la población educada a nivel superior (CEPAL, 2016) y esperanza de vida de 80 años, 4 años mayor que China y Ecuador. En el ámbito económico, China lidera; tiene un PIB/per cápita de más de 8000 dólares (2016) mientras que Cuba y Ecuador 7537 y 5969 dólares para el 2015 y 2016 respectivamente (Banco Mundial-CEPAL-Datosmacro, 2017). Ya en el contexto energético y de recursos, Ecuador tiene un consumo de energía eléctrica de 1430 kWh/per cápita; Cuba, 1510 kWh y China, 3937 kWh, todos para el año 2015 (IEA, 2017) (Banco Mundial, 2017). Por cuanto a recursos no renovables (minerales), China tiene una huella material de más de 15 Gt. Para Cuba y Ecuador, la huella material no está precisada en la literatura, sin embargo, se podría decir y asumir que sus valores estarían por debajo de la unidad, dadas sus condiciones socioeconómicas, además de que, por ejemplo, Chile ronda la unidad (Wiedmann et al., 2013). A estos datos habría que agregar que Ecuador es productor y exportador de petróleo, pero importa derivados debido a su baja capacidad de refinación. Dichos productos derivados de petróleo se encuentran subsidiados por el Estado ecuatoriano, en un 60% (PETROECUADOR-El Telégrafo, 2017). Cuba importa prácticamente toda su demanda de petróleo (hasta un 90%) que no son subsidiados, además de no tener acceso a tecnologías de alta eficiencia, mientras que China importa 4 veces su producción nacional, siendo el país de mayor importación neta de este recurso en el mundo (IEA, 2017). Como consecuencia de ello, China tiene en emisiones 7,5 t CO2/per Cápita, mientras que Cuba tiene 2,6 y Ecuador 2,3 (Banco Mundial, 2017). Por último, China tiene un déficit de biocapacidad de -2,7 gha/persona, mientras que Cuba -1,1 gha/persona; Ecuador mantiene una reserva de 0,25 gha/persona (Global Footprint Network, 2017).

Hace 30 o 50 años atrás, las condiciones en el mundo eran otras, y por tanto, los pensamientos ecocentristas no tenían mayor peso y más bien, todo se centraba en el ser humano. Aquello no quiere decir que, lo que muchos ya visualizaban en ese entonces respecto a la evolución del mundo, no tenía importancia. A efectos de comparación, deducción y análisis, se tomará como referencia el bienestar del ser humano sin entrar en la discusión de dicho bienestar. Para las últimas 5 décadas, Cuba es entre los 3 países mencionados el único que ha logrado tener un IDH más alto, con un modelo socioeconómico diferente, con emisiones y consumos energéticos parecidos a los de Ecuador pero muy distante y mucho más bajos que los de China. De hecho, Cuba llegó a estar dentro de los criterios de desarrollo sostenible en el 2006 según WWF y la ONU, aún no habiendo tenido el mismo acceso que sus homólogos a las diferentes tecnologías que permiten reducción de contaminación y de recursos (energéticos), que de haberlo tenido, seguramente sus valores de consumo de energía, etc., habrían sido más bajos que los de Ecuador. Esto quiere decir que la eficiencia, en términos generales, no ha sido un factor clave para alcanzar determinados objetivos; y a pesar de estar en déficit ecológico, tiene incluso un PIB/per Cápita mayor al de Ecuador. A esto hay que agregarle algo que tiene una mayor trascendencia y es el índice de felicidad, para el cual Cuba, hasta antes del 2012, se encontraba entre los primeros 12 países más felices del mundo, esto gracias a la incursión de la población en el arte como la música, pintura y danza, entre otros (Happy Planet Index, 2017). Bajo la perspectiva antropocentrista, claramente Cuba cubrió las expectativas, ya que garantizo la salud, alimentación y educación a su población, es decir, el Estado garantizó un bienestar con menos sacrificio ecológico. Sin embargo, tanto China como Ecuador, con sus abismales diferencias cuantitativas, no han logrado aquello, habiendo hecho sacrificios ecológicos de igual manera. Por ejemplo, en China se respira aire muy contaminado, y sus cifras de educación y salud están lejos de ser como las de Cuba; en Ecuador, se han hecho esfuerzos en la última década por mejorar el acceso a los mencionados elementos. Lo asombroso del caso, es que Cuba, siendo una isla sin prácticamente recursos no renovables, ha logrado lo que otros, que si tienen recursos (sobre todo no renovables), no han logrado, sumado a su liderazgo y aporte mundial en el área de las ciencias médicas y biotecnológicas. Otro dato importante es el coeficiente de GINI, que de lejos, Cuba es mejor que Ecuador y China (Banco Mundial, PNUD). Vale recalcar que en la actualidad, ningún país en el mundo satisface las necesidades humanas y genera un estado de bienestar dentro de los límites físicos del planeta (O´Neil et al., 2018).

Las marcadas diferencias entre los 3 países pasan por la estructura socioeconómica. En Ecuador se difundió el “socialismo del XXI” basado, entre otros, en la erradicación de la supremacía del capital sobre el ser humano y la redistribución de la riqueza sin que se erradique la acumulación de capitales privados, el plusvalor, etc. China, a pesar de autodenominarse estado socialista, mantiene un capitalismo de estado en juego con la privatización de medios de producción. En consecuencia, y sin ahondar en detalles, se podría decir que en dichos países, el socialismo no corresponde como tal, pero claro que, para el caso de Ecuador, las políticas socioeconómica gubernamentales para beneficiar a los más pobres no dejan de tener su importancia. Ahora bien, en este siglo XXI, todo perjuicio hacia los ecosistemas es un perjuicio directo e indirecto hacia el ser humano, con lo cual no se podría hablar de un bienestar humano pleno. Una persona sin un servicio básico como el suministro de agua sería conceptualizado como pobre, pero lo sería aún más si el río donde se baña, está contaminado. Como mencionó en su libro S. Latouche (2008), al quedarnos con menos biocapacidad y menos recursos naturales no renovables, estamos reduciendo nuestra riqueza, es decir, nos estamos haciendo verdaderamente pobres. Cuba sería un ejemplo a seguir de una sociedad diferente a la de consumo, pero que tendría que mejorar un aspecto que de por sí compartirían tanto el socialismo como el capitalismo: la excesiva y constante extracción de recursos y productividad. Por tanto, quien quiera mirar desde ya un modelo ecosocialista debe mirar y comprender a Cuba; si ha sido posible tener bienestar y ser feliz, sin duda alguna, será posible tener lo mismo en equilibrio con la naturaleza.