Sin margen para que los ricos paguen

Las riquezas escandalosas de un porcentaje ínfimo de la sociedad se hacen a fuerza de exclusión, explotación y despojo de un enorme mar de personas que quedan fuera de este sistema finito.

desigualdad económica
desigualdad económica

Este comienzo de año en el sur del mundo parecía traer buenos presagios, al menos en el derrotero de las pérdidas, la salida del neoliberal Mauricio Macri del poder, alentaba respiros en ciertos enclaves económicos y cordones poblacionales de Argentina. Los y las pobres, pequeños productores y los excluidos (como categoría genérica y persistente), fueron con Macri más castigados que nunca en la historia. Sin embargo, detrás de la pandemia, la desigualdad económica sigue siendo la amarra que no dispensa el velero. Aquí hay una posible explicación.

Ese gusto por la desigualdad

El arribo al año 2002, luego de los gobiernos militares, Alfonsín, Menem y la Alianza, desembocó en una foto solo comparable con la pauperización que le sucedió a los años ´30 del siglo pasado. A partir de 2003 la combinación de devaluación y bajos niveles de inflación acumulada, fueron la antesala de una caída importadora y el mejor escenario para la reactivación productiva, sin embargo el reverso de esa cresta era una clase trabajadora devastada.

Efectivamente, por aquellos años, la caída del salario real funcionó en Argentina como un componente de la reactivación sostenida. Dado que por entonces el deterioro adquisitivo de los y las trabajadoras era un elemento central para el crecimiento que asomaba, la fabulosa renta de la tierra -de la cual históricamente hace uso un puñado de terratenientes de doble apellido en el país-, fue la puerta de ingreso líquido que le permitió al Estado financiar programas sociales a partir de la aplicación de retenciones y gravámenes al comercio exterior.

Pese al relato, que las clases dominantes en el país esbozan a diario, los años kirchneristas en la Argentina fueron un intento estatal de reducción en las gigantescas brechas de desigualdad que prosperan por estas tierras. Tal solo algunas medidas dieron cuenta de ese conato:

  • Moratoria Provisional (2005): En 2005, el 43% de los adultos mayores no contaban con una jubilación. A partir de la sanción de esta ley, pasaron a obtener su derecho jubilatorio 2.750.000 personas. Desde este año, se brinda esta posibilidad a los 500.000 adultos mayores que aún no contaban con una jubilación, con lo que se logrará llegar a la cobertura universal.
  • Reestructuración de la deuda externa (2005): Luego de 25 años casi ininterrumpidos de neoliberalismo, el país cayó en la mayor cesación de pagos de la historia mundial, por 150.000 millones de dólares. En las reestructuraciones de 2005 y 2010, el 92,4% de estos acreedores aceptaron un 35% de descuento para volver a cobrar.
  • Cancelación de la deuda con el FMI (2006): Desde 1957, el Fondo Monetario Internacional (FMI) imponía a nuestro país sus programas de ajustes. En 2006 Argentina saldó su deuda total con este organismo por 9.810 millones de dólares, por lo que no se debieron implementar a partir de entonces acuerdos con este organismo multilateral.
  • Reestatización de Aerolíneas Argentina (2008): Fundada en 1950, fue privatizada en 1990. La pésima administración de Iberia la vendió en 2001. Con 32 aviones, Aerolíneas Argentinas y Austral concentraban el 80% de los vuelos de cabotaje, y una deuda de u$s 890M más costos operativos por u$s 30M por mes.
  • Reestatización de las AFJP (2008): En 2009, se nacionalizaron los fondos que estaban en poder de las administradoras de jubilación privadas. Esto permitió que el Estado se financiara sin pagar intereses y pudiera desarrollar diversas iniciativas sociales como la Asignación Universal por Hijo y el plan de vivienda Procrear. Asimismo, los aportantes dejaron de pagar comisiones.
  • Ley de Movilidad Jubilatoria (2008): A partir de 2009, las jubilaciones debieron ser actualizadas por ley dos veces al año, para preservar o mejorar su poder adquisitivo. Sobre las base de datos aportados por el Centro Cifra de la CTA, entre 2008 y 2014 la jubilación mínima creció en términos reales alrededor de un 30%.
  • Asignación Universal por Hijo (2009): A partir de 2009, se implementó este beneficio para cada hijo de madres desocupadas. Según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA y el Centro Cifra de la CTA, esta transferencia alcanzó el año pasado el mayor poder adquisitivo desde su implementación.
  • Conectar Igualdad (2010): El Programa buscó alcanzar la inclusión digital, distribuyendo netbooks a alumnos y docentes de las escuelas secundarias, de educación especial y de los institutos de formación docente de gestión estatal de todo el país, con el objetivo de reducir las brechas digitales, educativas y sociales.
  • Asignación por Embarazo (2011): A partir de 2011, las mujeres con más de 12 semanas de embrazo gozan de un beneficio similar al de las madres desocupadas, hasta el nacimiento o interrupción del embarazo.
  • Nuevo Estatuto del Peón Rural (2011): Recuperando una disposición otorgada durante el primer gobierno peronista, censiurada por la última dictadura cívico-militar, a través de la Ley 26.727 se decidió regular el trabajo rural estableciendo jornadas laborales de 8 horas, con descanso semanal, pago de horas extras y el acceso a la protección social que les corresponde a todos los trabajadores argentinos.
  • Reestatización de YPF (2012): Desde la nacionalización de la empresa petrolera en 2012, se revirtió la caída en la producción de gas y petroleo, pues el primero aumentó en un 25% y el segundo un 10%. Asimismo, las inversiones subieron de 2.197 a 6.077 millones de dólares y los equipos de perforación de 25 a 74.
  • Régimen laboral de personal doméstico (2013): A través de la Ley 26.844 se les reconoció a los empleados de casas particulares los mismos derechos que benefician al resto de los trabajadores, como vacaciones pagas, licencia por maternidad y por enfermedad, indemnización por despido y una jornada máxima de trabajo de 48 horas semanales.

Pese a los ostentosos avances, que durante el ascenso macrista vieron sus vigas debilitarse y caer como castillos de naipes, los mejores años de esta democracia liberal argentina, siempre conservaron ese gusto perverso por la desigualdad.

Las razones de los privilegiados

El coronavirus ha parido una nueva mirada del mundo, un (viejo) rostro que hace rato los movimientos populares marcan como un agujero negro al que se destila todo el esfuerzo humano posible: las riquezas escandalosas de un porcentaje ínfimo de la sociedad se hacen a fuerza de exclusión, explotación y despojo de un enorme mar de personas que quedan fuera de este sistema finito. El caso argentino lo demuestra.

El actual presidente Alberto Fernández ha anunciado recientemente la posibilidad de un impuesto sobre los grandes patrimonios y fortunas. El proyecto solo ha llegado a ser una tentativa no llevada a la práctica, como tampoco ha visto la luz, hasta hoy, la efectiva expropiación de una empresa fraudulenta como lo es Vicentin SAIC. Por fuera de las razones o la voluntad efectiva del mandatario, y sus esfuerzos por conservar una cierta narrativa “anti-grieta” o la limitación propia de la coyuntura, lo cierto es que las más modestas intenciones de tocar la riqueza acumulada de las clases dominantes o la sacralizada “propiedad privada” en la Argentina, se topan con el fracaso más temprano que tarde. Pareciera que hay un consenso social implícito que dice que los ricos no se tocan.

Argentina tiene según el Anuario Estadístico de 2017 de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) unos 32.484 contribuyentes que entonces habían declarado más de un millón de dólares en Bienes Personales, sumando algo así como unos 104.000 millones de dólares en conjunto. El periodista argentino Alejandro Bercovich dice que ese número conservador, es engañoso. Sencillamente porque los acaudalados son muchos más de los que el Estado registra: solo en abril se encontraron más de 2.600 millones de dólares en 950 cuentas sin declarar.

El problema -dice Bercovich- es que lo que se le cobra a la clase VIP argentina es apenas un 3,2% del Producto Bruto Interno (PBI) nacional, mientras que los Impuestos al Valor Agregado (IVA) o Ingresos Brutos que pagan todos los argentinos de a pie, llegan al 12% del PBI. Pese a ello, las bajas cargas a los potentados no es el inconveniente central. La cuestión fundamental es que en Argentina se fugan los capitales, se blanquea y se oculta metódicamente la acumulación capitalista autóctona. Entonces, los esfuerzos políticos-sociales que se hacen sin la avanzada sobre el cuartil privilegiado de la sociedad, parecen tener una fecha de vencimiento.

Hace ya mucho tiempo que el problema de Argentina y América Latina es la existencia de grandes conglomerados oligopólicos agroindustriales y economías extranjerizadas, eso no es novedad. Lo nuevo es que ni aun frente a la pandemia más insólita en siglos se pueda esmerilar el sagrado poder del capital. Salir de estas pandemias sanitarias y neoliberales se torna una quimera por estos días.

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Licenciado en Ciencia Política y Administración Pública de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales-Universidad Nacional de Cuyo (FCPyS-UNCuyo). Becario de CONICET.

Estudiante de la Maestría en Estudios Latinoamericanos, investigador y docente en la FCPyS-UNCuyo. Mendoza, Argentina.

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