Si la justicia es ciega hay que cambiarla de lentes

La  justicia peruana es ciega. Es ciega para ver una determinada parte de la realidad, para la otra parte es clarividente. Entonces, no son los ojos, sino las lentes que utiliza las que están mal: la teoría.

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La  justicia peruana es ciega. Es ciega para ver una determinada parte de la realidad, para la otra parte es clarividente. Entonces, no son los ojos, sino las lentes que utiliza las que están mal: la teoría. Llamamos teoría al conjunto ordenado de conceptos, nociones y proposiciones desde los cuales  comprendemos la realidad.  Si es así, es razonable convenir en que la práctica de la justicia depende de los marcos teóricos que hayamos asumido consciente o inconscientemente. Por lo tanto, el problema de la justicia en el Perú no solamente  está en la realidad, sino que además reside en los marcos teóricos o lentes que utiliza para resolver los problemas de la realidad.

¿Cómo lo sabemos? Quien afirma algo, al menos quienes nos dedicamos  pensar los problemas de la justicia desde la filosofía, estamos obligados a dar cuenta de cómo sabemos lo que decimos que sabemos. En este caso, si bien no tenemos la certeza de lo que decimos, tenemos  una idea. Una idea es una sospecha de conocimiento. Entonces, a continuación exponemos algunos indicios que han dado origen a nuestra sospecha.

La persona humana como fin supremo

“La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado”. Esta afirmación corresponde artículo 1 de la Constitución Política vigente. Pero también a la Constitución de 1979. Es decir que en el Perú aparentemente llevamos más de cuarenta años colocando a la persona humana como fin supremo de nuestras prácticas personales e institucionales. Y, decimos aparentemente porque la realidad nos muestra todo lo contrario: niños que revuelven la basura con la esperanza de encontrar restos de comida para alimentarse y perros que sus amos les alimentan mejor que a esos niños. En suma,  parecería justificarse la existencia de dos tipos de persona humana.

Si como establece la Constitución la defensa de la persona humana es el fin supremo no solamente de cada una de las instituciones que conforman eso que llamamos Estado, sino también de cada uno  de los miembros de la sociedad. Entonces, ¿por qué el cumplimiento de un contrato minero prevalece sobre la vida de un pueblo? O ¿Por qué las mascotas de una familia tienen mejor alimentación, mejor salud y hasta mejor educación que los niños de la otra? La respuesta de un jurista sabio y entendido sería porque no se cumple el artículo 1 de la Constitución. Nosotros pensamos lo contrario: es el resultado de su propio cumplimiento. Veamos por qué.

El contenido del concepto de persona humana en el constitucionalismo peruano

Las normas constitucionales no se aplican, primero se interpretan, luego se aplican. Interpretar es asignar significado a un enunciado, y esta actividad la lleva a cabo un intérprete. Es decir, una persona humana, con una visión y comprensión concreta de la realidad. La teoría o lentes desde las cuales se ve e interpreta la constitución se llama constitucionalismo. ¿Cuál es el significado de persona humana del constitucionalismo peruano? Para responder a esta preguntas debemos ir al principio, y en el principio están las fuentes de las que abreva o mejor dicho los insumos teóricos con los que se elaboró esas lentes. Y esas fuentes son la filosofía política y jurídica  moderna.

¿Quiénes son los representantes de la filosofía política y jurídica moderna? Principalmente Locke,  Montesquieu, Kant y Hegel. ¿Cuál es la idea que tenían de persona huma estos filósofos? Locke sostenía que los nativos  del continente americano estaban muy cerca a las bestias salvajes. Y por eso no dudó en incursionar como accionista en la Royal African Company, principal compañía dedicada al comercio de esclavos (Losurdo, 2007).  Montesquieu, como es sabido, en su libro El espíritu de las leyes sostienía que la esclavitud para los pueblos de climas cálidos es una consecuencia derivada de causa natural. Kant,  por su parte consideraba que la humanidad alcanzaba su máxima expresión en la raza de los blancos (Baggini, 2019).  Y Hegel (1955, p. 76) va a sentenciar: “lo racional es que Yo poseo propiedad”.

El color de piel y la condición económica van a ser los criterios a partir de los cuales se evaluará el estatus de persona humana. A estos dos criterios se le debe agregar un tercero: el género. De lo que resulta que para ser considerado persona humana desde la perspectiva de los teóricos antes visto, había que ser hombre (macho) blanco y propietario. Esto explica la exclusión de los indígenas, negros, mujeres y pobres del proyecto de país. Así por ejemplo, la Constitución de 1856 introdujo el término varón como requisito para ser ciudadano. Los indígenas y negros estaban prohibidos de participar en los asuntos políticos. La Constitución de 1860 estableció que el derecho de sufragio se podía adquirir por pagar algún tipo de contribución o tener propiedad. En 1955 se otorga la ciudadanía a la mujer y, recién la Constitución de 1979 establece el sufragio universal (Ramos Núñez, 2019).

No es casualidad, entonces, que la Constitución política vigente no alcance a la gran mayoría de la población peruana. Y no alcanza porque, si bien nos  liberamos de la ocupación territorial, aún no nos hemos liberado de la ocupación mental. Seguimos siendo colonias mentales.  Desde hace 200 venimos siendo pensando, sentidos, interpretados y comprendidos desde las lentes teóricas de quienes justificaron nuestro sometimiento. Las cuales solo permiten ver y reconocer como persona humana al hombre blanco y propietario. El constitucionalismo peruano presupone el modelo ideal de persona humana contenido en las fuentes teóricas de las cuales abreva. De ahí que la injusticia contra una parte de la población no sea consecuencia del incumplimiento de la Constitución, sino de su propio cumplimiento

Conclusión

Una mentalidad colonial produce una visión colonial. La justicia peruana no es ciega. Son las lentes que utiliza las que la vuelven ciega a una parte de la realidad. Por eso es urgente cambiarla de lentes. Unas lentes que le permitan ver, reconocer y tratar a todos por igual.  Esto es así porque se cambia algo cuando se mueve el marco teórico conceptual, no cuando se cambian las palabras. La concepción de persona humana contenida en las lentes conceptuales del constitucionalismo peruano obedece a un tipo concreto de persona humana: el hombre blanco y propietario. En una palabra: el burgués. De manera que toda legalidad se interpreta y aplica en función de este modelo ideal de persona humana.  El resultado es que el indígena, el negro, la mujer y el pobre no son vistos por la justicia. No porque sea ciega, sino porque las lentes que utiliza se lo  impiden.

En fin, tal vez el único modo de hacer que la justicia peruana alcance a reconocer y tratar a todos como persona humana sea cambiándola de lentes, mejor dicho, de marcos teóricos conceptuales.

Referencias bibliográficas

Baggini, Julian (2019). Como piensa el mundo. Una historia global de la filosofía. Barcelona: Planeta.

Losurdo, Domenico (2007). Contrahistoria del liberalismo. Mátaro: Viejo Topo.

Marx, Karl (1955). “Introducción para la crítica de la filosofía del derecho de Hegel”. En Hegel, G. F, Filosofía del derecho. Buenos Aires: Claridad.

Ramos Núñez, Carlos (2019). Historia del derecho peruano. Lima: Palestra.

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Egresado de la maestría en Derecho Constitucional y Derechos Humanos (UNMSM-Perú). Abogado. Bachiller en Filosofía.

Director del Centro de Estudios Disenso.

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