Sí, hay trabajo: reportaje sobre la crisis laboral en el Perú

Hipotéticamente hablando, estos jóvenes no podrán comprar una casa propia, no tendrán un empleo que les permita ahorrar, no podrán crecer dentro de la economía nacional peruana. Sin embargo, existe la posibilidad de tener un empleo de mala calidad, pero empleo finalmente.

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Leonardo Bolaños
Estudiante de periodismo de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya

 

La mayoría de los vendedores de Gamarra me dicen que el problema principal, económico y laboral, es que no hay un liderazgo que responda qué hacer con las diferentes empresas que hay en el sector. Cuando camino por la avenida Gamarra se desenvuelven las manos y piernas que trasladan prendas a otras manos que cogen las ropas y cuyos pies caminan por la avenida. Ojos que se encuentran con figuras, vestidos, colores. Trabajos que se realizan como si fuesen un festival constante de la moda, el comercio, las ofertas, las promociones, las liquidaciones, los antojos, etc. El comercio se observa en las puertas de las tiendas. Los vendedores pregonan sus ofertas, mientras el sol ilumina las mercancías. A orillas de la vereda donde todas las modas textiles corren de mano en mano, dónde cada objeto tiene un precio, un vendedor ambulante, aproximadamente de unos 25 años, apoyado sobre el suelo, alto, delgado y atlético estira las piernas sobre el pavimento mientras un triángulo desordenado de mercancías amarillas, anaranjadas y plásticas son colocadas sobre el suelo iluminado por flashes de luz solar. Me siento discretamente a su costado y estoy a punto de hacerle la pregunta. Entonces voltea, hacia su izquierda, con los ojos entrecerrados por el sol bajo su gorra y me dice “sí, hay trabajo, trabajo sí hay”.

En un artículo de Macro Consult, escrito por el asociado Yohnny Campana, el empleo de los jóvenes, como el del vendedor ambulante quien mencionó que “sí, hay trabajo”, no sólo es precario, sino competitivo, mal remunerado, con contratos superfluos que no los independizaran, por ejemplo, de la economía familiar.  Hipotéticamente hablando, estos jóvenes no podrán comprar una casa propia, no tendrán un empleo que les permita ahorrar, no podrán crecer dentro de la economía nacional peruana. Sin embargo, existe la posibilidad de tener un empleo de mala calidad, pero empleo finalmente. ¿Así que, qué otros aspectos de la crisis laboral afectan al trabajo?

Para Carlos Lozada, preguntarle por qué escogió su carrera de diseñador gráfico es la pregunta de un millón de dólares. Lo cierto es que mediante esa profesión trabajó como diseñador hasta octubre del 2020 porque renunció de su trabajo: Agencia Marketing Digital en Lima. El trabajo fue exactamente igual que encontrarse con un amigo, pues fue un amigo suyo quién lo entrevistó. Al poco tiempo consiguió el empleo. Su empleo era acerca de una campaña de diseño gráfico para Scotiabank. Cuando lo contrataron en enero, en marzo con la pandemia, su trabajo cambió. El teletrabajo evidenció todas las faltas comunicativas y organizativas para la empresa donde trabajaba: lo que quería decir la junta directiva era mal comunicado a sus empleados y, en consecuencia, se realizaba un mal trabajo al respecto. Luego comenzó la disminución de los sueldos, combinado con un trabajo parcializado, pues no informal, de trabajar por horas, ser pagado por horas, pero permanecer en planilla. Hubo días en que el trabajo se desorganizó tanto que trabajó en las horas que debía estar comiendo, o durmiendo, o viendo la televisión, y también hubo reuniones en los que faltaban personas, o las reuniones se cancelaban, o nuevamente, la reuniones eran ineficaces. Carlos recibía llamadas del trabajo a deshoras. Pronto el trabajo se convirtió, ligeramente, en un club social de personas que lo trataban con tanta confianza que eran capaces de pagarle menos, acudir por él cuando sólo era útil, y explotarlo ligeramente en sus capacidades. Este tipo de matrimonio laboral, metafóricamente hablando, duró hasta octubre, cuando Carlos experimentó la muerte de su padre. Al renunciar, los derechos laborales, como CTS y otros le fueron dados. Sin embargo, se enteró, por medio de sus colegas, que el también sería despedido porque la empresa no podía pagarle el sueldo, por lo que renunció a tiempo. Se enteró que el propósito para que lo contraten era para la campaña de Scotiabank, y la campaña se disolvió por la crisis laboral de la pandemia, es decir, el negocio que pudo haber sido tomado con el riesgo que involucra toda inversión no lo fue. Entonces Carlos se dedicó al taller mecánico que heredó de su padre. Para ello, vendió su carro. Contrató personal e invirtió en el nuevo negocio. Al poco tiempo tuvo que despedir al personal que contrató porque el negocio no iba bien. Otra vez, la crisis laboral. ¿Por qué los medios de comunicación no informan sobre esto? Esto nos dice Carlos Mejía Alvites, sociólogo y columnista de Wayka.

“En el caso peruano, los temas laborales han pasado por distintas etapas. Estas etapas responden, cada una, a un tipo de lógica de mercado y entonces están orientados en acertar con un público para poder sostenerse. Eso ha hecho que en las últimas décadas se privilegien los temas que a la audiencia le parezcan más interesantes. Por ejemplo, un reclamo laboral colectivo, una huelga y todo lo demás resulten ajenas a la experiencia de las personas, porque la mayoría de las personas no trabaja formalmente, ni tiene un contrato estipulado por todas las de la ley, ni tampoco tiene los derechos para hacer una huelga. Por ello, la opinión pública o no conoce o no le interesa, y por lo tanto los medios de comunicación no le dan espacio, ni les parece pertinente darle visibilidad a estos conflictos, y al no hacerlo refuerzan lo primero que es el desconocimiento y el poco interés. Se crea un círculo perverso donde los medios no informan y los ciudadanos tampoco quieren ser informados de estos temas, salvo cuando suceden situaciones muy excepcionales donde entran otros elementos más allá de los estrictamente laborales como podrían ser la violencia, la toma de carreteras, la muerte de una persona. Es en ese momento donde aparecen los problemas laborales, o cuando afectan al resto de la ciudadanía, como una huelga de los médicos, o de una huelga de un sector que perjudica a otros ciudadanos.”

Sin embargo, sí se tocan esos temas, al menos desde una posición de centro derecha como lo aclara Pedro Ortiz, ex-subdirector de El Comercio.

“Hemos puesto carátulas incluso de los puestos de trabajo que se han perdido. Se han hecho análisis, incluso, aparte de nuestra página editorial, ha habido columnas al respecto. Hemos hablado de la precariedad del empleo que se fue formando, porque luego de la caída de los primeros meses, el empleo se empieza a recuperar lentamente, pero el empleo que se recupera es muy precario. Pasa muchísima gente a la informalidad ¿y esto que conlleva?, que vale menos y que sus condiciones laborales sean mucho más vulnerables. Entonces no se tiene un trabajo fijo, no te pagan seguro, etc. Todo eso lo hemos informado y lo hemos analizado, y sobre eso hemos opinado.”

Josephine Poirier estudió comunicación audiovisual con ciertas ideas de cómo iba ser su futuro. Tenía la posibilidad de hacer cine, publicidad y diseño gráfico, algo que quiso desempeñar temporalmente, pero que terminó realizando hasta el último trabajo que tuvo. Por un momento fue emprendedora, ahora es freelance, y eso quiere decir que tiene momentos de ofertas laborales irregulares, y por lo tanto inestables. En el Club Regatas de Lima, último lugar donde trabajó hasta junio del 2020, tuvo un buen ambiente laboral, incluso le daban almuerzo, la pusieron en planilla, pero con el cambio de dirección del club, la nueva gerencia se aprovechó de una tonta falla que la antigua gerencia no consideró grave, la de utilizar una tarjeta para marcar la asistencia de una persona ajena a la suya, entonces la despidieron. Ella menciona que no ha visto en los medios de comunicación información sobre las precariedades laborales, los despidos, las reducciones salariales, etc. Ha sido Twitter el medio por el cual se ha enterado de esta situación. Así que se pueden usar las redes sociales para ello.

Según el abogado laboralista Gerard Angles, los despidos pueden ocurrir no sólo dentro del trabajo, sino fuera de él. Denuncias laborales por redes sociales son pretexto para que los abogados de las empresas las califiquen de difamaciones, suficientes para que te despidan. En un resumen sobre un informe del INEI de junio del 2020 respecto al acceso a las TICS, ya que un sector del trabajo formal es mediante el teletrabajo, se informa que hay un incremento de un 2% en el uso de estas tecnologías, y que sólo un 52% accede a ellas en Lima. Del mismo modo, cabe enfatizar que las mujeres tienen un 57,2% de acceso frente a un 64,3% en el caso de los hombres, y que el 53,4% de la población que usa Internet, lo hace exclusivamente por teléfono móvil, tal y como menciona Pedro Ortiz, parafraseado, el acceso a la información o el medio para acceder al teletrabajo se ha visto en casos tan amplios como el de recibir educación en áreas del país donde no hay teléfonos, o ni siquiera señales para recibirlas. No obstante ¿De qué modo nos informamos sobre nuestros derechos laborales para pasar a defenderlos, si es que no tenemos internet para enterarnos? Esto nos dice, Carlos Bessombes, editor de economía del diario La República.

“Nosotros, como periodistas, como comunicadores, queremos darle algo útil al ciudadano y eso te lo puedo decir, a título personal, es que, durante la pandemia ante los despidos masivos, por ejemplo, la gente no sabía qué derechos tenía frente a la empresa. Ahí uno se da cuenta que allí en algo estamos fallando nosotros: prensa en general, no hablo en título de La República, sino como prensa en general, porque si la gente no tiene claro sus derechos laborales, y ha tenido que ser por medio de la prensa que se ha dado a conocer. Ahí, los medios de comunicación tienen un rol preponderante. No necesitas ser abogado, o no tendrías que ser abogado para conocer tus derechos.” Pero, realmente, si el trabajo fue afectado, y por ende la economía, ¿qué sabemos sobre esta?

De acuerdo con el Ministerio de Trabajo y Promoción de Empleo, en su documento emitido en junio del 2021 sobre un análisis del sector privado formal del año pasado, se ha visto una reducción en las áreas de agricultura y pesca, pero un incremento en el área minera, bajas en industrias manufactureras y aumento en servicios de electricidad, agua y gas. Frente a estos avances corrosivos hacia la economía, ¿puede el periodismo ser un medio de activismo político frente a lo laboral? Esto nos dice Álvaro Meneses, periodista de la unidad de investigación de Wayka (medio de comunicación alternativo).

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“Yo diría que hay compañeros en Wayka que sí se toman el periodismo como una forma de hacer activismo político sobre lo laboral, pero yo diría que esa no es la intención del medio. Wayka tiene una postura como cualquier medio, pero es una postura que se aferra a los hechos, a los datos. En Wayka sí se prioriza una agenda sobre los derechos laborales, y las denuncias que pueda haber contra ellos. También hemos recibido colegas que han hecho trabajos que han resultado muy “activistas” y no los hemos aceptado, o los hemos editado, porque resulta que esas posturas se alejan del punto medio que debe tener el periodismo.” Entonces, ¿puede ser la Central General de Trabajadores del Perú (CGTP) un centro en que sí se da el activismo político frente a lo laboral?

Entrevisto a Géronimo López Sevillano, secretario general de la CGTP. Preguntas y respuestas. Para él, el problema es el neoliberalismo elitista, aquél de empresas tan poderosas que abarcan monopolios nacionales e internacionales los cuales explotan y despiden a sus trabajadores, pero yo le pregunto por la existencia de un neoliberalismo popular, aquél que se ve ejemplificado en Gamarra: vendedores independientes que valoran su negocio más que la calidad y los beneficios de los derechos laborales de un trabajo formal, o tal y como me lo mencionaron, liderado, en pocas palabras, organizado, lo cual conlleva a que los diferentes vendedores se agrupen para formar una empresa o algo similar. Al final, salgo por las puertas de la CGTP con más preguntas, nos despedimos amicalmente, yo le aprieto la mano, Gerónimo aprieta más fuerte la mía, entonces le doy un golpecito en el hombro como muestra de simpatía y confianza, y sigo por mi camino con las manos en los bolsillos.

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