La Revuelta Comunera

Colombia (1781)

La Revuelta Comunera
estampilla Revuelta comunera

En esta entrada vamos a realizar un análisis de la conocida como Revuelta Comunera de Colombia. Fue una insurrección armada ocurrida en el Virreinato de Nueva Granada en el año 1781, concretamente en el territorio que ocupa actualmente la provincia de Santander, en Colombia.

El motivo de fondo de esta protesta fueron las reformas administrativas y económicas implementadas por los Borbones durante el siglo XVIII en América, y más concretamente por el incremento de impuestos al aguardiente, al tabaco y a la salida y entrada de bienes de consumo, con el objetivo de mejorar la recaudación de la Hacienda Española. La llegada de los Borbones al trono de España en general, y la llegada de Carlos III en particular (1759-1788) produjo una importante reorganización en la Administración americana en todos los niveles.

El Virreinato de Nueva Granada fue creado en el año 1717 con los territorios pertenecientes a Nueva Granada (Colombia y Venezuela actuales), Panamá y Quito (Ecuador). Fue suprimido por problemas económicos en el año 1723 para ser finalmente instaurado en el año 1739. Constaba de los siguientes territorios: Nuevo Reino de Granada (Gobernaciones de Nuevo Reino, Cartagena, Santa Marta, Maracaibo, Antioquia, Popayán y Guayana), Quito (Gobernaciones de Quito, Quijos, Macas, Esmeraldas y algunos corregimientos, Panamá (Gobernaciones de Panamá y Veragua). En el año 1762 las Gobernaciones de Guayana, Margarita, Mérida y Maracaibo pasaron a Venezuela, desligándose del Virreinato.

Se estima la población del Virreinato en el año 1789  en 1.260.281. En el Nuevo Reino de Granada vivían 753. 408, En la parte de Quito 446.966 y en Panamá 59.913. La principal ciudad era Santa Fe de Bogotá con 18.161 habitantes.

La Corona española decidió no implantar el sistema de Intendencias en el Virreinato de Nueva Granada, como si lo implantó en el Virreinato del Río de la Plata, sino que se optó por la figura del Visitador-Regente. El primero que ocupó el cargo fue Juan Gutiérrez de Piñeres. (Lebeña, Cantabria, 1732- Ca. Madrid, 1790). Fue nombrado en el año 1777 Regente de la Audiencia de Santa Fe de Bogotá y Visitador General de los Tribunales de Justicia y de Real Hacienda e Intendente de los Reales Ejércitos. Era tras el Virrey la segunda máxima autoridad en el Virreinato. Gutiérrez de Piñeres llegó a Santa Fe de Bogotá en enero del año siguiente portando plenos poderes de Carlos III para la reorganización de la Real Hacienda.

El Virrey en aquellos momentos era el militar español Manuel Antonio Florez  Maldonado (Sevilla ¿? 1722- Madrid 1799). Fue Virrey de Nueva Granada entre el año 1776 y el año 1781 y Virrey de Nueva España entre el año 1787 y el año 1789.

Florez Maldonado tuvo que acudir a Cartagena de Indias para ocuparse de la guerra contra Inglaterra, dejando a la Audiencia y a Gutiérrez de Piñeres plenos poderes. Entonces, la Audiencia decide cobrar algunos impuestos que existían anteriormente pero que no se estaban cobrando. Entre ellos destacaba el de Armada de Barlovento, que era un impuesto que gravaba las ventas y que por lo tanto afectaba los consumos de todas las clases sociales.

El anuncio por parte de la Audiencia del nuevo impuesto provocó las iras del pueblo en El Socorro,  que por aquel entonces era una de las regiones más prosperas del Virreinato pero que había sufrido una caída importante de su economía en los años anteriores debido a la prohibición de la siembra del tabaco y por los problemas derivados de la tenencia de la tierra.

La sublevación se inició concretamente el día 16 de marzo del año 1781 en la población de Socorro, que  pertenecía  a la Provincia de Santa Fe de Bogotá y que ahora pertenece a la Provincia de Santander. La revuelta fue iniciada por Manuela Beltrán de Quesada, nacida al parecer el 13 de marzo del año 1724 en la ciudad de Socorro, en Santander.

Ese día, más de 2 mil personas se agolpaban en la plaza donde se ubicaba la Alcaldía de Socorro para protestar contra el anuncio de nuevos impuestos establecidos por el Visitador-Regente. En ese momento, Manuela Beltrán consigue canalizar el malestar del pueblo tras esos anuncios y al grito de “Viva el Rey y muera el mal gobierno, no queremos pagar la armada de Barlovento”, llegó al frente de las masas a la puerta de la Alcaldía. Entonces, Manuela arrancó el Edicto colgado en la puerta de la Alcaldía que anunciaba los nuevos impuestos, simuló limpiarse el culo con él y terminó arrojando el Edicto al suelo.

Fue solo un gesto, un símbolo, pero provocó que las protestas de esas 2 mil personas no se quedaran en sólo un día, sino que fue el inicio de una rebelión armada que puso en jaque a toda la Administración Colonial del Virreinato de Nueva Granada.

Rápidamente, la revolución se extendió por toda la zona nororiental de la actual República de Colombia y pronto los gritos de la plaza dieron paso a las armas. Además, el movimiento fue organizado en una Junta llamada “del Común”, nombre que provocó que este movimiento fuera llamado “el movimiento de los comuneros” por los propios miembros que participaron en ella. Se proclamaban seguidores de la revolución de Tupac Amaru, movimiento que se estaba produciendo en esos momentos en Perú.

Esta junta eligió al criollo Juan Francisco Berbeo (El Socorro 1739- El Socorro 1795) como líder de la revuelta.  Se reunió un ejército de casi 4 mil personas que marchó hacia Santa Fe de Bogotá. En el trayecto, se les fueron uniendo hombres de poblaciones vecinas llegando a formar un ejército de entre 18 y 20 mil personas (otras fuentes hablan de unos 15 mil) y el movimiento armado llegó a las puertas de la ciudad de Santa Fe de Bogotá.

Juan Gutiérrez de Piñeres, viendo la gravedad de la revuelta, huye hacia Cartagena de Indias, donde se encontraba el Virrey, mientras que los miembros del gobierno que aún se mantenían en Bogotá deciden entablar negociaciones con los comuneros con el objetivo de que no entraran en la ciudad.

Los miembros del gobierno envían a las negociaciones al Oidor Vasco y Vargas y al Alcalde Eustaqui Galavis, con la ayuda del Arzobispo de Santa Fe de Bogotá, Antonio Caballero y Góngora (Priego de Córdoba, 23 de mayo 1723- Córdoba, 24 de mayo 1796).

A mediados de mayo de ese año, Caballero y Góngora consiguió un acuerdo con los comuneros en el cual la Corona se comprometía a eliminar la mayoría de impuestos a cambio de que detuvieran el avance hacia la capital del Virreinato y rebajar otros, como los del tabaco y del aguardiente. Además, los criollos pidieron que algunos cargos que antes ocupaban ellos y que desde las reformas borbónicas eran ocupados por peninsulares les fueran devueltos.

Por otra parte, el movimiento quiso también mejorar las condiciones de vida tanto de los indígenas como de los negros libertos, ya que los comuneros pidieron la devolución de algunos resguardos y minas de sal a los indígenas y la supresión del tributo que debían pagar los negros libertos. Este acuerdo se plasmó en las Capitulaciones de Zipaquirá en junio de ese año.

Muchos de los insurgentes (la gran mayoría criollos de clase alta) aceptaron las condiciones de las Capitulaciones de Zipaquirá y volvieron a sus territorios. Otros, como José Antonio Galán (Charalá, provincia de Santander, 1749), desconfiaban de las autoridades monárquicas y le dieron al levantamiento un nuevo sentido, al pasar de una revuelta anti fiscal a una revuelta más bien social, al abordar por las mejoras sociales y económicas de la población indígena y mulata.

El Virrey, una vez que llegó a Bogotá, argumentó que las Capitulaciones habían sido firmadas bajo coacción y sin su presencia ni permiso y decidió enviar al Regimiento del ejército español que estaba fijo en Cartagena hacia Bogotá para imponer la autoridad de la corona en esa ciudad, lo cual consiguió, haciendo inútil el primer esfuerzo de los comuneros.

Entonces, el grupo de comuneros liderado por José Antonio Galán decidió levantarse de nuevo contra el Virrey. Ese segundo movimiento insurrecto fue aplastado por las tropas de la corona y se aplicaron castigos severos contra Galán y contra los otros tres jefes de la insurrección, Isidro Molina, Lorenzo Alcantuz, y Manuel Ortiz.

Los cuatro cabecillas fueron ejecutados en enero del año 1782. Fueron mutilados, quitándoles los pies, mientras que sus manos y sus cabezas fueron expuestas en plaza pública de Santa Fe de Bogotá. Sus bienes fueron confiscados y sus descendientes declarados infames.

Otros insurrectos evitaron la ejecución pero recibieron doscientos latigazos y prisión en África, mientras que a muchos campesinos sin tierras o que se les despojaron de sus tierras, fueron enviados a Panamá, donde sufrieron las inclemencias del clima tropical. Sin embargo, las penas a la élite económica de la zona fueron mucho más permisivas y consistieron básicamente en encarcelamientos en Cartagena e indultos a los pocos meses de su encarcelamiento.

Hay que reseñar que el movimiento comunero no era un movimiento independentista, ya que en ningún momento los insurrectos plantearon una separación de la Monarquía española, y ni siquiera pusieron en duda en ningún momento la autoridad del monarca Carlos III; sino que buscaban una mejora de sus condiciones económicas y estaban claramente en contra con las políticas económicas que la Corona española estaba aplicando en América, sobre todo en todo lo referente a los excesivos impuestos que tenían que abonar. Además, la forma tan autoritaria y cruel que tuvieron las autoridades monárquicas de afrontar la revuelta creó una gran desconfianza en las instituciones españolas en América entre gran parte de la población.

Ambos elementos, tanto los impuestos aplicados a la población americana como el autoritarismo de las fuerzas monárquicas desplegadas en la zona son el germen del futuro movimiento de independencia americano.

Muchos historiadores americanistas y latinoamericanos coinciden en resaltar la importancia del movimiento comunero como precursor de la lucha por la independencia, debido a que fue la primera revuelta y también la más extensa de las que ocurrieron a finales del siglo XVIII contra la Corona española y su economía que buscaba siempre la recaudación masiva de impuestos desde los Virreinatos sin importarle nada el nivel de vida de sus súbditos.

 

En los siguientes enlaces se pueden observar diversos documentales sobre la revuelta comunera en Colombia.


 

En la Próxima entrada continuaremos en Colombia analizando la comunidad de esclavos negros escapados de sus dueños (cimarrones), asentada en el país desde el siglo XVI y la historia del rey Benkos Biobó, que organizó la primera comunidad de importancia de esclavos huidos en Sudamérica.

Bibliografía

Aguilera Peña, Mario: “Los comuneros: guerra social y lucha anticolonial”. Bogotá, Universidad Nacional de Colombia.

Arciniegas, Germán: “20 000 comuneros hacia Santa Fe”. Bogotá: Pluma.

Arciniegas, Germán: “Los comuneros: Cronología de la primera revolución socio-política en Colombia”. Colección Historia de Colombia. La Colonia.

Castellanos Tapias, Luis: “El Alzamiento”. Bogotá: Edicrón-Guadalupe.  (Novela acerca de la insurrección de los comuneros en el Virreinato de Nueva Granada).

Freide, Juan: “Rebelión comunera. Documentos”. Bogotá: Colcultura.

Gutiérrez, José Fulgencio: “Galán y los comuneros”. Bucaramanga: Imprenta Departamental.

Phelan, John Leddy: “El pueblo y el rey. La revolución comunera en Colombia, 1781”. Bogotá: Carlos Valencia.

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Autor

Master en archivística por la UNED. Licenciado en Historia por la Universidad de Cádiz.

Especialista en Paleografia y Diplomática.