Revolcones de vida Por un pensamiento mestizo

Sólo la Antropofagia nos une. Socialmente. Económicamente. Filosóficamente. Única ley del mundo. Expresión mascarada de todos los individualismos, de todos los colectivismos. De todas las religiones. De todos los tratados de paz. Tupi, or not tupi that is the question. Contra todas las catequesis. Y contra las madres de los Gracos. Sólo me interesa lo que no es mío. Ley del hombre. Ley del antropófago.1Oswald de Andrade: En Piratininga, Año 274 desde la deglución del Obispo Sardinha por los Caetés. Revista de Antropofagia, Año 1, Nº1, mayo de 1928.

Según el vanguardista brasileño Oswald de Andrade, somos antropófagos por naturaleza. Nos vamos consumiendo unos a otros en una dinámica continua desde la cual generamos espacios y comprensiones nuevas. Aunque Andrade lo aplicaba a Brasil, y defendía que lo genuinamente brasileño era hijo de una eterna orgía de sincretismo y mestizaje, a mí me gustaría ampliarlo al mundo entero, y, sobre todo, a la región iberoamericana que nos atañe.

La cultura y la forma de comprender la realidad tanto de la Península Ibérica como de América Latina, es un amasijo de contraposiciones, abducciones, raptos, malinterpretaciones, resistencias, amores secretos (otros no tanto) y de imposiciones que luego son preñadas por aquel conocimiento negado. Campo fértil donde surge el bendito mestizaje antropófago que nos compone.

Al igual que el indio al que Andrade da la iniciativa de consumir todo aquello que llega de fuera y que considera bueno o positivo para fortalecerse, esa es la perspectiva que trabajamos en Iberoamérica Social. Para nosotros no representa ningún futuro el viejo, blanco, heterosexual hombre euro-occidental que impone su hegemonía vampirizando los conocimientos locales, son las periferias que al canibalizar todo lo bueno que llega de fuera y que, muchas veces, se les es impuesto, generan los espacios de conocimiento que servirán como tierra fértil para el mundo del mañana. Pues es ahí donde surgen las alternativas comunitarias, horizontales y justas que buscan compartir un mismo destino vivido en una infinidad de formas diferentes.

Y es en este sentido que quiero renacer, y renovar mi propuesta en Iberoamérica Social. Hace tiempo que tengo la sensación de que mi blog no es atractivo, con un nombre complejo y una temática centrada en los pueblos indígenas sobre quienes tengo un conocimiento realmente limitado. Mi trabajo me ha llevado más a comprender porque los vemos como indios, que comprenderlos a ellos mismos. Por ello quiero trabajar una nueva línea temática, en la que pueda exponer las millones de formas otras de vivir, como las vemos y como intentamos imponerles nuestra forma de verlos. Siguiendo con una temática plural, quiero reflexionar sobre como creamos imaginarios para negarnos unos a otros, imponiendo esos imaginarios para designar características que terminan siendo, a fuerza de imponer representaciones, realidad.

Creo fervientemente que necesitamos combatir ese etnocentrismo destructor que parasita al otro al mismo tiempo que lo esconde, lo niega y lo intenta destruir y explotar. Crear consciencia, de que el ser humano es fruto de un mestizaje tan viejo como los dioses, que no existe un nosotros puro y genuino, que tal ilusión solo corresponde a intereses corporativos de aquella hegemonía que no tiene ningún interés en el bienestar de la humanidad.

Por ello a esta nueva etapa la voy a llamar Pensamiento Mestizo. Este título está claramente inspirado en el trabajo del historiador francés Serge Gruzinski2Serge Gruzinski: El pensamiento mestizo. Paidós, Barcelona, 2000. que defendía con fuerza que la expansión europea en América fue el detonador de la mundialización del mestizaje, generando un fenómeno que tiene su repercusión aún hoy, sin visos de desgastarse. Así, y defendiendo que el mestizaje forma parte de la experiencia humana en todas las épocas y geografías, vamos a seguir la idea de que estamos compuestos de los millones de munditos que han dado forma a nuestra existencia.

En esta fase de mi nuevo camino, solo pido una cosa a quien quiera acompañarme, y es que nos despojemos de toda certeza, de toda convicción, y que nos quedemos desnudos ante la fragilidad de nuestro horizonte cognitivo. El propio Gruzinski lo llama “etnocentrismo crítico”, es decir, aceptar que somos esclavos de nuestro etnocentrismo, y por tanto asumir la relatividad de nuestras propias convicciones. Yo aquí lo voy a llamar curiosidad de conocer, pues se muestra cada día más como una certeza (esta si, a pesar de parecer contradictorio), que la única forma de abrazar la pluralidad que nos compone y dejar atrás toda violencia, es el ansia viva, pura e inocente por conocer, por conocernos, por darnos espacio.

La fusión de dos culturas – Jorge González Camarena

El historiador francés advertía que el mestizaje es fruto de combates violentos y desgarradores que nunca tienen un vencedor y que se manifiestan como un eterno retorno sin fin, al mismo tiempo que otorgan el regalo de pertenecer a varios munditos en una sola vida ¿Será que, por contrariarlo, algún día podamos aceptar que somos mestizaje, y en vez de pelearnos con el Otro en un combate sin ganador, se convierta en una orgiástica bacanal en la que ganamos todos?

Pues de eso va este viaje, de combatir viejas represiones para liberar nuestros sexos al deseo de conocernos.

Esta nueva etapa coincide con la deconstrucción de viejos yos y el andar de nuevos senderos. Hace poco mas de un mes me doctoré, y corriendo loco entre estrés y ansiedades injustificadas me estrellé contra el muro de la euforía para ver lo que había más allá. Esperando encontrar una especie de meta, solo vi mas camino. Como si la vida no fuera mas que un almacén lleno de armarios, y que necesariamente para abrir uno nuevo tienes que cerrar el anterior, dejando dentro lo que ya no puedes llevar contigo, pues tienes que estar liviano para lo nuevo.

Tras la embriaguez de las celebraciones, las palmadas en la espalda y la emotividad a flor de piel, parece que todo comienza de nuevo llevando conmigo solo recuerdos. Revivo tras una temporada dura a nivel físico y mental (innecesariamente) con la certeza de que las fases son ilusiones que nos imponemos en una obsesión por ver la vida como un proyecto positivista que nos lleva a alguna parte como si construyésemos una especie de edificio. Y no como un revoltijo de experiencias y coyunturas que disfrutar y sobrellevar y que, cuando acabar, comenzar de nuevo.

Por ello os invito a acompañarme en esta nueva etapa, y lo hago con un texto que escribí cuando acabé la Licenciatura en Historia, allá por el 2010, cuando vi lo que había tras el virtual final de graduarme:

Corriendo de corrido, por inercia, sin control, los pies locos, las piernas desatadas.

Sin tropezarme choco contra el fin de algo y le suceden explosiones, señores que aplauden, señoras que sonríen. Flashes, colorines, confetis de dientes, papelillos de guiños.

¡Plas, plas, plas!

Borrachera de sueños, resaca de realidades. Y cuando el humo se disipa, el camino se abre otra vez mostrándome sus brazos cariñosos. El único lugar al que pertenezco realmente.

Pues sí algo poseo es la religión de la aventura, esa cuyo templo es el camino, esa cuya liturgia es el andar, esa cuya letanía es el susurro de la tierra entre los dedos de los pies.

A empezar de nuevo.

Notas   [ + ]

1.Oswald de Andrade: En Piratininga, Año 274 desde la deglución del Obispo Sardinha por los Caetés. Revista de Antropofagia, Año 1, Nº1, mayo de 1928.
2.Serge Gruzinski: El pensamiento mestizo. Paidós, Barcelona, 2000.