Réquiem por un pueblo en lucha: Nicaragua

Un pueblo que no se cansa de arrebatarle su futuro a las manos autoritarias que lo han ultrajado.

Réquiem por un pueblo en lucha: Nicaragua
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Nicaragua un pueblo en lucha

En la historia de las luchas populares en América Latina contra las fuerzas imperialistas y los gobiernos opresores, Nicaragua tiene un lugar destacado. La identidad política de su pueblo se ha construido sobre la memoria de Augusto Cesar Sandino, general de los hombres (y mujeres) libres, quién luchó contra la intervención militar estadounidense y la dictadura de la familia Somoza. Décadas después, inspiró la conformación del Frente Sandinista de Liberación Nacional, que le daría fin a la dinastía somocista. La revolución nicaragüense, a diferencia de otros levantamientos insurgentes, fue apoyada ampliamente por el pueblo que participó activamente de múltiples formas, armando barricadas, alimentando a los combatientes, guardan armas, etc. Con ese apoyo, triunfó y llegó al poder en un escenario internacional complejo e implementó medidas típicas de una economía mixta.

El triunfo de la revolución no fue suficiente para prevenir al pueblo nicaragüense de los malos gobiernos y líderes políticos corruptos y sus alianzas. Arnoldo Alemán, presidente entre 1997-2002 fue sentenciado a 20 años de prisión por corrupción y lavado de dinero. Desde su presidencia forjó alianzas con sus aparentes oponentes del sandinismo y con ofrecimiento de puestos al hoy presidente Daniel Ortega. Su sucesor, Enrique Bolaños, quien fue reclutado de los círculos empresariales fomentó una economía para los suyos y una agenda conservadora. Durante su administración y con los votos del partido sandinista y el visto bueno del mismo Daniel Ortega se aprobó el tratado comercial con Estados Unidos. Luego, Ortega y su esposa Rosario Murillo se hicieron del poder político a partir del 2007 precedido por un pacto con el expresidente Alemán y el Partido Liberal, en el que le dio los votos para otorgarle la libertad. Desde entonces han gobernado Nicaragua con fuerte control sobre otros poderes del Estado nicaragüense y con el discurso de una revolución espiritual, es decir, aliado de los sectores conservadores católicos y evangélicos.

Estas alianzas entre el sandinismo de Ortega, o sandinismo de derecha como le llama Edelberto Torres-Rivas, y su vínculo con los poderes empresariales y religiosos del país han dado lugar a Estado neoliberal-conservador. Lejos de fortalecer la seguridad social, la educación pública, el control y inversión estatal en el área agraria, así como fomentar una transformación de la democracia liberal en democracia popular y participativa, todos estos proyectos del sandinismo revolucionario de los años de 1980, los gobiernos de Ortega han formado parte del despojo neoliberal y su Estado mínimo, el beneficio clientelar a las empresas de la actual cúpula sandinista y los pactos o arreglos entre las élites empresariales y políticas. En este sentido, parte del movimiento estudiantil se equivoca en expresar confianza en los empresarios y en la jerarquía eclesial (más allá de sacerdotes que honestamente se han puesto del lado de las protestas sociales) como mediadores de los sectores populares, cuando estos han sido parte activa y sostén de los gobiernos orteguistas. Además, ha seguido al pie de la letra las reformas de los Organismos Financieros Internacionales, al punto que el FMI retiró sus oficinas de Nicaragua porque Ortega ha cumplido con todas las reformas estructurales que ellos solicitaban.

Las actuales manifestaciones del pueblo nicaragüense han dejado más de 285 muertos y un sinnúmero de heridos por la represión de grupos policiales y paramilitares vinculados al gobierno Ortega-Murillo. Inicialmente se convocó como manifestaciones pacíficas en contra de la reforma del seguro social que elevaba las cuotas-obrero patronales y disminuía la edad de jubilación y el porcentaje de devolución de las pensiones. Esta reforma, propuesta por el mismo FMI, fue aceptada por el Gobierno de Ortega, lo que causó gran revuelo en un pueblo con malestares y represiones acumuladas. A los estudiantes, rápidamente se les unieron los movimientos campesinos que han luchado en contra del canal de Nicaragua. En esta ola que ha adquirido tintes de rebelión popular, se sumaron los empresarios privados que oportunistamente han buscado cooptar el movimiento social, dado los aires inevitables de cambio que parece asomarse lentamente.

Pero hoy, una vez más, el pueblo nicaragüense se enfrenta con valentía frente a sus élites políticas. Refleja una tradición histórica de disputa contra el poder Estatal y sus administradores de turno, que vale la pena reconocer y apoyar. Merecen un réquiem por los que en otros momentos de su historia han fallecido en pie de lucha, así como los que han sido asesinados en la actual ola de protestas. Es una rememoración de dolor, pero también de esperanza por un pueblo que no se cansa de arrebatarle su futuro a las manos autoritarias que lo han ultrajado.

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Autor

Politólogo y Máster en Sociología por la Universidad de Costa Rica.

Estudioso crítico del Estado y sus vínculos con las élites empresariales.