¿Reformar la Constitución política?

Como es sabido, por un lado la Constitución vigente fue sancionada en el gobierno del dictador Alberto Fujimori y es funcional a una economía social de mercado, que es una forma eufemística de decir economía neoliberal.

¿Reformar la Constitución política?
Reformar la constitución

“Hay un mito de la república, del orden democrático y constitucional, que adormece las rebeldías y quiere ignorar la existencia efectiva de varios regímenes legales, de varios órdenes de derechos y obligaciones, fundados en intereses dispares de individuos y grupos particulares”1Salazar Bondy, Augusto (1969). Entre Escila y Caribdis. Reflexiones sobre la vida peruana. Lima:  Casa de la Cultura del Perú, p. 37

No sabemos si es hora de la reforma de nuestra Constitución. De lo que sí estamos completamente seguros es que es la hora del debate de la reforma de la Constitución. A puertas del bicentenario de nuestra república algunos constitucionalistas peruanos se preguntan si es o no pertinente reformar la Constitución vigente. Unos dicen que es urgente hacerlo porque tiene un origen espurio. Otros  en cambio sostienen que no es necesario porque el problema no radica en el texto constitucional si no en su aplicación. Los primeros ponen énfasis en su origen y los segundos su factibilidad.

Reformar la constituciónPuede que ambos argumentos sean válidos. Como es sabido, por un lado la Constitución vigente fue sancionada en el gobierno del dictador Alberto Fujimori y es funcional a una economía social de mercado, que es una forma eufemística de decir economía neoliberal; y por otro lado muchos de sus articulados son un saludo a la bandera.  Sin embargo, la cuestión no es que no haya argumentos para reformar la Constitución vigente, pues siempre habrá razones para justificar su reforma, como para mantenerla tal como está.

Elijamos para nuestra reflexión el segundo argumento, es decir, el de factibilidad. Los que asumen esta tesis a grandes rasgos quieren decir lo siguiente: la cuestión no es reformar la Constitución, sino hacer que la misma se aplique a la realidad. ¿Es esto cierto?  Dos de los valores que debe auspiciar toda Constitución política, a nuestro juicio, son: la justicia y la igualdad. No obstante, si juzgamos nuestra realidad social vemos que la injusticia y la desigualdad no se producen porque no se aplique la Constitución, sino que resulta de su propia aplicación. Es más, sospechamos que mientras mejor se aplica, con más intensidad se expresan.

¿Por qué ocurre esto? Creo que Eugenio Zaffaroni decía que las normas no se aplican, sino que se interpretan, luego se aplican. Lo cual quiere decir que detrás de la aplicación de una norma está presupuesto el horizonte de comprensión del mundo de quien la aplica. Si tendríamos que interpretar el artículo 1° de la Constitución vigente frente a un hecho concreto como la viabilidad o no del Proyecto Minero Tía María en el Valle de Tambo-Arequipa, por ejemplo.  Desde el horizonte de compresión del mundo actual, el capitalcéntrico, que es el predominante, no solamente en nuestros juristas, sino en la mayor parte de nuestros conciudadanos, todos los que se oponen al proyecto minero en defensa de sus tierras nos aparecerán como gente atrasada, irracional, primitiva que se opone al progreso y al desarrollo del país. Pero el progreso y desarrollo del país ¿según el punto de vista de quién? ¿De qué país?

Si bien, del artículo antes mencionado se puede inferir que la Constitución debe interpretarse de modo preferente al ser humano. El problema radica en la interpretación que se tiene de ser humano.  Del mismo modo que cuando nuestra primera Constitución, la de 1823, decía hombres, los juristas comprendían varón, pero no cualquier varón, sino varón blanco, pero no cualquier varón blanco, sino varón blanco propietario; hoy, cuando se dice persona humana, los juristas comprenden persona con dinero, porque  vivimos en un momento en el que se cree que el dinero le da carta de humanidad a las personas: mientras más cerca del dinero se está más humano se es y viceversa. Tan es así  que, cuando se tiene que interpretar una norma constitucional para resolver un conflicto entre la vida de un ser humano o de todo un pueblo y un contrato comercial de millones de dólares, se interpreta casi siempre en favor de este último.

El principio jurídico favor homini ha sido sustituido por el principio favor capital. Pero no porque no se aplique el artículo 1° de la Constitución vigente, que estipula: “la defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado”. No. Se aplica muy bien, sin violar ninguna regla de la lógica. El problema radica en la comprensión del contenido del concepto persona humana. La vida y dignidad que son el contenido de realidad del concepto persona humana han sido remplazadas por el dinero y el mercado2Incluso hay algunos juristas que reclaman una Constitución conforme a la economía, Constitución económica la denominan.. Así, se pueden aplicar todas las normas de la Constitución vigente y pese a ello seguir produciendo y reproduciendo injusticia y desigualdad.

Esto nos lleva a plantearnos que no basta ni la reforma textual de la Constitución  ni esforzarnos porque se aplique la Constitución tal como está. El problema ya no es que la Constitución esté mal y que por eso necesite ser reformada, el problema de fondo es que los conceptos y categorías con las cuales pretendemos reformar y aplicar la Constitución ya no nos sirven, en verdad nunca nos sirvieron, al menos a la gran mayoría de los peruanos. Hay una minoría que se ve tremendamente favorecida y hace todo lo posible que todo siga como siempre.

Si no criticamos y redefinimos los conceptos y categorías que nuestro constitucionalismo con tanto esmero auspicia y defiende, seguiremos dejando intacta la causa que produce nuestros problemas como país. Para decirlo parafraseando al gran filósofo de la ciencia Jesús Mosterín, así como no se puede dibujar sin líneas ni pintar sin colores, tampoco se puede interpretar sin conceptos y pensar sin categorías. Los conceptos y categorías son las gafas a través de los cuales juzgamos la realidad para transformarla. Por tal razón necesitamos con urgencia construir gafas conceptuales y categoriales en cuyos contenidos esté nuestra realidad histórica cultural y social, que nos permitan vernos, sentirnos, escucharnos, comprendernos como un país pluricultural, en el que todos podamos vernos como iguales. Esta es la pretensión y la razón de ser de toda Constitución política.

Notas   [ + ]

1.Salazar Bondy, Augusto (1969). Entre Escila y Caribdis. Reflexiones sobre la vida peruana. Lima:  Casa de la Cultura del Perú, p. 37
2.Incluso hay algunos juristas que reclaman una Constitución conforme a la economía, Constitución económica la denominan.