Reflexión in memoriam de Juan José Bautista

Para el maestro, una tarea urgente siempre ha sido tematizar los presupuestos de la civilización que queremos cambiar.

Juan José Bautista Segales
Juan José Bautista Segales

DescargarMarx José Gómez Liendo.
Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, San Antonio de Los Altos, Venezuela.
mjgomezliendo@gmail.com

 

Al momento de escribir estas líneas, se cumple poco más de un mes de la triste noticia del fallecimiento del sociólogo y filósofo boliviano Juan José Bautista Segales, un referente latinoamericano del pensamiento crítico decolonial y defensor de la lucha de los pueblos del mundo. Su obra alcanzó una mayor difusión internacional cuando recibió en Caracas, Venezuela, el Premio Libertador al Pensamiento Crítico en 2015. El libro laureado fue ¿Qué significa pensar desde América Latina? Hacia una racionalidad transmoderna y postoccidental (Ediciones Akal, 2014). Sumergirme en sus páginas, detenerme por largos ratos en algún pasaje en particular, releer varias veces un mismo capítulo, maravillarme con la radicalidad diáfana del pensamiento del autor y dialogar con su palabra, han sido de las experiencias más hermosas y reveladoras en lo que llevo de vida. Es un texto que va conmigo a todas partes.

Cuando supe que la Pacha lo llamó, quedé en silencio, con un dolor en el pecho. Cerré los ojos e inmediatamente recordé el momento cuando, en una de sus conferencias magistrales en la Escuela Decolonial de Caracas, le escuché decir que los pueblos no están solos en sus luchas, los acompañan en todo momento las y los ancestros. Aunque la tristeza no se disipó del todo, comprendí que ahora el maestro pasó a ser parte de ese grupo de compañeras y compañeros que están presentes en cada consigna, en cada movilización por la dignidad y en cada acto de pensarnos y sentirnos en colectivo. Por tanto, creo que una forma íntegra de honrar su memoria es invitarlo a este breve escrito, invocarlo como él invocaba a sus antepasados antes de compartir sus meditaciones. Para ello, emplearé las comillas como un rito textual que le permitirá al maestro estar presente momentáneamente a través de su palabra escrita.

Esta reflexión in memoriam se basa en el primero de los tres momentos del séptimo capítulo de su libro. Allí, el maestro se dedica a pensar el problema del tránsito de la sociedad moderna a la comunidad transmoderna. Esta transición implica el cambio radical de una forma de vida social a una forma de vida comunitaria. Aquí es necesario detenerse a considerar que muchas veces, cuando pensamos las movilizaciones populares a lo largo y ancho de la región, tendemos a conceptualizarlas como movimientos sociales. De forma inadvertida, al usar esta noción estamos reproduciendo lo que en principio queremos combatir. “El capitalismo, para poder constituirse como tal, necesitó ir destruyendo poco a poco toda forma de vida comunitaria”. El maestro explica esto con más detalle:

“…para que existan «las cosas» en cuanto cosas, o, dicho en lenguaje técnico, «en sí y para sí», éstas tienen que haberse separado de los seres humanos para poder aparecer como «cosas en sí y para sí» independientes de los productores, esto es, tiene que haberse producido una realidad en la cual los seres humanos puedan concebir que hay productos que ahora son «cosas» con las cuales ya no hay una relación estrictamente subjetiva y que por ello ahora pueden ser concebidas como cosas «independientes» del ser humano y no relacionadas con él o con su vida, es decir, tiene que haberse producido objetivamente en la realidad la relación sujeto-objeto, contexto en el cual puede ahora aparecer y existir en sentido estricto la mercancía capitalista, es decir, la producción de una cosa que en sí misma es enajenable”.

Este proceso tiene consecuencias directas en muchos ámbitos de la vida. El trabajador es enajenado en el acto de producir un bien que ahora se le presenta como extraño, pero que debe poseer para satisfacer una necesidad. Al mismo tiempo, su hacer creativo, su fuerza de trabajo, deviene en algo ajeno al propio trabajador, cosificado y poseído por alguien. La naturaleza, el tejido de vida del que formamos parte, es transformada en un arsenal de materias primas, recursos y servicios, un depósito de objetos. Las personas interactúan entre sí como individuos autónomos, independientes los unos de los otros, abstraídos de sus propias historias y materialidades, creyendo que la vida es una tabula rasa en la que todos tenemos las mismas oportunidades para poseer al mundo y a los otros en tanto «cosas». Todo lo anterior genera un enfrentamiento constante entre sujetos y objetos, un intercambio constante de mercancías. Esta relación social es propia al modo de producción capitalista y su horizonte civilizatorio. “Es imposible que exista el capitalismo sin que exista también la sociedad moderna. La una es condición de existencia del otro”.

Por eso, así como no existe modernidad sin colonialidad, no existe capitalismo sin sociedad. La producción de mercancías produce, a su vez, un tipo de subjetividad, es decir, el contenido de los sujetos que crean y recrean una relación de ajenidad perenne. En consecuencia, “tiene poco sentido universalizar los prejuicios de la modernidad que afirman que formas de vida social existían indistintamente en otras culturas y otros tiempos históricos. Esta confusión, presente inclusive en los movimientos críticos antisistémicos, tiene que ser aclarada, pero no por problemas teóricos sino políticos, porque de la afirmación de lo que se es, depende en parte el tipo de política que se va a producir”. Esta observación destaca la necesidad de abordar, en toda su radicalidad, las prácticas de hacer mundo que tienen estos movimientos. Dicho énfasis en la política ontológica de estos grupos permitirá apreciar con claridad si transforman o reproducen las “relaciones egocéntricas, no solidarias y de competencia, las cuales son características constitutivas de la sociedad moderna”.

Para el maestro, una tarea urgente siempre ha sido tematizar los presupuestos de la civilización que queremos cambiar. “La aplicación sin más de categorías propias de la modernidad europeo-occidental a realidades que tienen otro tipo de cultura e historia, es propia de la racionalidad moderna, la cual no ha tenido ni tiene la intención de conocerlas sino de negarlas, encubrirlas o condenarlas al olvido, al no ser”. Digo “ha sido” porque, aunque ya no nos acompaña físicamente, su espíritu viaja en lo que ha escrito, en los audios y vídeos que anidan sus reflexiones, y en los pueblos donde su querida presencia echó raíces. Nos corresponde continuar con esta tarea desde distintos caminos y trayectorias.

Hablar, entonces, de mundos en movimiento, en lugar de sociedades en movimiento, va más allá de un mero cambió de palabras. Es pensar que cuando un significante contiene o, más bien, confina al significado es porque la categoría, concepto, idea o noción en cuestión no puede explicar otras realidades, cosmovisiones e historias. Por tanto, el significado desborda la definición que lo reprime y deviene en fuerza instituyente que se procura gramáticas propias para expresar las especificidades de otros modos de existencia. Los movimientos de toda la región no están buscando vivir en una mejor sociedad. Están activamente comprometidos en crear comunidades de vida basadas en “formas relacionales de respeto, de reconocimiento y de equilibrio no sólo al interior de las comunidades sino también entre lo humano y la naturaleza”.

Cierro esta invocación agradeciendo al maestro por tanto y por todo lo que su vida ofreció a los pueblos. Que tus raíces besen la tierra y tus ramas abracen las estrellas.

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Sociólogo, Msc. Estudios Sociales de la Ciencia (IVIC).

Áreas de investigación: ecología política, modernidad/colonialidad, alternativas al desarrollo, ontología política, capitalismo cognitivo, transiciones hacia la sustentabilidad.

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