Redes de nosotros mismos. Una reflexión sobre la corporalidad de las redes sociales

Hemos perdido una parte de nosotros mismos. Hemos hipervinculizado una fuerte necesidad de estar solos y creer que es algo naturalizado con nuestra practica “social”.

Redes de nosotros mismos. Una reflexión sobre la corporalidad de las redes sociales
Redes sociales

¿Qué es lo que realmente hemos permitido en las redes sociales? Muchos lo ven como un acto de libertad, como una cosa huera, un pasatiempo. Pero en realidad muchos dependemos de extensiones de nosotros mismos para sentirnos completos. Cosas que son ajenas a nosotros mismos han pasado a ser uno mismo. Acaso hemos reemplazado rápidamente adminículos sin importancia por relaciones reales las cuales eran imperante en el siglo XX y ahora, exactamente ahora lo que nos ha conectado ha puesto en jaque las relaciones con los otros.

Se debe resaltar primero si podemos prescindir lo que actualmente somos como personas para ser otras personas. ¿Existe realmente una alternativa a lo vigente? Nuestras relaciones con los demás realmente se han multiplicado o por el contrario han constreñido nuestra otredad. Si bien se ha discutido ampliamente si los grandes relatos que unían a las personas ya nos son tales puesto que para que sean relatos compartidos deberían estos hacernos responsables de los otros.

¿Coincidimos realmente en lo que somos como seres humanos? Qué es el ser humano sino la manifestación de la vida misma, y esta vida que se ha individualizado por completo puede ser vida si la vivimos en solitario. ¿Se puede entender la vida en solitario? ¿Cómo explicaríamos nuestra necesidad del otro? Si esta fuera cierto como explicaríamos nuestro punto de partida como humanidad alrededor de una vida que realmente no compartimos con nadie.

Si los lazos se han roto como explicaríamos la historia. Incluso la política sería algo vago puesto que es el acto de las cosas que nos son en común. Si la política se ha roto, si hemos han enseñado que la política como algo delegado y no compartido entonces que cosa en común discutimos y transamos.

Esta situación apunta en realidad a que nos hemos sometido a redes sociales como las que realmente hacen posible la socialización y que nos ha dejado en un papel secundario. Entonces el papel que deberíamos asumir sería el de meros transistores que solo generan ese gran combustible  social a la extensión de uno mismo.

Hemos perdido una parte de nosotros mismos. Hemos hipervinculizado una fuerte necesidad de estar solos y creer que es algo naturalizado con nuestra practica “social”. En la actualidad el internet ha puesto en nuestras manos un vehículo para tenerlo todo pero cada vez más personas saben menos y hacen menos. Esta afirmación se puede constatar en el contenido que producimos a diario y esto es porque producimos chatarra. Si definimos contenido como chatarra sería ideal puesto que tiene todas esas características: “adictivo, poco saludable, barato, masivo, contaminante, accesible y popular”.

Habría que detenerse en esta última palabra: popular. Un término manido por multitudes pero poco comprendido y a veces pésimamente usado. A diferencia con la palabra masivo, popular no solo es un acto que pone en común a todos algo que nos vincula. La masividad puede ser conocida por todo pero no tiene mayor significancia. En cambio popular es un acto que compartimos con los demás, algo que podemos tomar y dárselo a otro.

Con esto, podemos decir que algo que compartimos por fuera de nosotros mismos puede ser a la vez un lazo que pueda entramar relato que realmente podamos mantener con “nosotros mismos”. ¿Es posible ser honesto con nosotros mismos y no temerle a toda la verdad?.

Deseamos paz sin libertad. Hemos derogado nuestro actuar presente para ceder a algo extraño a nosotros mismos para que culpa una función que nos aleja como seres humanos y construye una imagen de nosotros mismos.