Recordatorio: una promesa es una promesa

Cancelar la reforma educativa en México. Un kit para luchar contra la educación neoliberal

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¡Ganamos! ¡Ganamos! Exclamaron cientos, miles, millones de personas el 1 de julio al filo de las 8 de la noche, cuando las televisoras anunciaron los primeros resultados de las encuestas de salida en las elecciones presidenciales. Los datos eran demoledores: el candidato de la Coalición “Juntos haremos historia”, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), adelantaba por más de 30 puntos porcentuales al segundo lugar, Ricardo Anaya Cortés, de “Por México al Frente”. En un lejanísimo tercer lugar se encontraba el candidato oficial, de la coalición “Todos por México”.

Muy poco después, en una secuencia de eventos que sorprendieron a todo el mundo, los adversarios reconocieron la victoria de AMLO. A las 20:10 lo hizo José Antonio Meade. A las 20:40, el candidato del PAN, PRD y MC.

A las 23 horas, el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova, informó los resultados del conteo rápido: sólo confirmaban la tendencia. Menos de un minuto después, Enrique Peña Nieto extendió la felicitación al ganador. La fiesta ya había empezado en la Alameda Central de la Ciudad de México. Luego se trasladó al zócalo, donde AMLO pronunció un discurso y los seguidores celebraron hasta la madrugada.

Fue la crónica de una victoria anunciada. Un resultado anti-climático, pues los votos sólo ratificaron lo que las encuestas registraban desde muchos meses antes. La duda era que se respetara. La magnitud alcanzada, la diferencia con los otros candidatos, el ánimo ciudadano y la cobertura internacional atajaron cualquier intento en contrario. Triunfó lo impensable. Ganó lo que unos años antes parecía imposible. Ya se verán los alcances, logros, contradicciones y/o fracasos del nuevo gobierno: ¡esa noche todo parecía posible!

Todo. Así lo pensaban los miles de seguidores apostados frente al hotel Hilton; luego los zócalo y los de todo el país. Las escenas eran de gran alborozo. Algunas personas mayores lloraban. Los jóvenes gritaban a todo pulmón. Bailaban, agitaban las banderas. Las familias se abrazaban. Un padre muy joven, con un hijo en brazos, pregonaba emocionado: ¡Derrotamos al neoliberalismo! ¡Tardamos más de 30 años, pero lo logramos!

¡Yo crecí con el fraude de 1988, yo viví el robo de 2006, yo marché contra EPN: ahora ganamos! ¡Ganamos!

Ese era el sentimiento generalizado. Triunfo y esperanza. El triunfo de la esperanza. Pero también de la constancia, de las luchas emprendidas desde hace mucho, en muchos lugares y muchos ámbitos. Desde las batallas contra la inseguridad y la guerra del narcotráfico; desde las movilizaciones contra la desaparición forzada de los 43 y miles más; desde las luchas contra los feminicidios; desde las protestas contra las mineras y los ecocidios; desde las resistencias a las reformas educativa y energética; desde los combates callejeros contra el gasolinazo; desde las de los migrantes y los derechos humanos; de los fraudes electorales; de los despojos, el cinismo y la corrupción; de tantas otras cosas, grandes y pequeñas, locales, regionales y nacionales.

El premio a la resistencia y el voto de la esperanza. Había mucho que celebrar ese momento. Luego veríamos. Pero nada es más dulce que lavictoria, sobre todo después de tantos años de derrotas. Así lo veían muchos y muchas.

No todas. Es evidente. Al fin y al cabo, AMLO solo alcanzó poco más de la mitad de la votación. Algo muy difícil de lograr en países donde no hay dos rondas electorales. Pero sólo el 53.8%, dijeron algunos internautas, periodistas y opinólogos. Otros amenazaron, maldijeron, lloraron, advirtieron que se irían de México; salió todo el arsenal discriminatorio de clase, de sexo, de edad, de raza, de nivel académico, de dinero, de la geografía, de la sangre: de todo.

A pesar de todo eso, ganó. Y muchos lo celebraron. En el país y en el extranjero. En todas partes. En los trabajos, las familias, las empresas, los pueblos y las escuelas. Sobre todo en las escuelas, donde más del 70% de los y las trabajadoras de la educación votaron por él. Quizá era ahí donde se cifraban más ilusiones, tras cinco años de sufrir la reforma educativa.

Después de meses y meses de plantones, mítines, paros, tomas, campañas jurídicas, legislativas, políticas y pedagógicas. Después de muertos, heridos, despedidas, enjuiciados, de maestras sin pago, de maestros enseñando sin recibir sueldo, de trabajadoras menospreciadas, deshonradas, vilipendiadas, ahora ganó el único candidato que prometió cancelar la reforma educativa. Si: cancelarla, para hacer otra nueva, con la participación del magisterio, de padres de familia, de la sociedad civil, de académicos, investigadoras y pedagogas. Ahora sí: no como en la reforma de EPN.

No fue fácil llegar a eso. AMLO tuvo una actitud dubitativa e intermitente. Pasó mucho tiempo antes de que decidiera dar un paso definitivo. Sus posiciones sobre la reforma tuvieron muchos altibajos. En febrero de 2014 era radical, cuando presentó una denuncia contra Peña Nieto por traición a la patria:

Cuando triunfe nuestro movimiento vamos a cancelar, vamos a abolir la reforma laboral, vamos a hacer lo mismo con la llamada reforma educativa y se va a cancelar la reforma fiscal, no vamos a permitir que se siga exprimiendo al pueblo cobrando más impuestos mientras impera la corrupción en el gobierno…Desde luego vamos a abolir la reforma energética (AMLO presenta en PGR denuncia contra Peña Nieto por traición a la patria).

En diciembre de 2015, el tono era otro. Llamó a EPN a recapacitar, a no imponer la reforma a sangre y fuego (Reforma educativa, para someter y perjudicar al gremio, dice AMLO). En julio de 2016, tras la masacre de Nochixtlán, propuso corregirla (Pide AMLO corregir la reforma educativa, no derogarla). Incluso en diciembre de 2017, tras la presentación de su gabinete, el propuesto para la Secretaría de Educación Pública (SEP), Esteban Moctezuma Barragán, decía que no se iba a derogar sino a corregir, para conservar lo bueno y desechar lo malo (Las cosas buenas de la reforma se quedarán: Esteban Moctezuma).

Así fue hasta el 26 de diciembre de 2017, cuando se comprometió a cancelar la reforma educativa en Tabasco. Sin medias tintas, directo, claro y fuerte:

Quiero hacer desde mi tierra, desde mi agua, un compromiso con todo el magisterio nacional, que al triunfo de nuestro movimiento se va a cancelar la mal llamada Reforma Educativa…

No se va a seguir humillando al magisterio nacional, se va a respetar a nuestras maestras y maestros, que es por ellos que sabemos mucho o poco. No va a continuar esa farsa que ni siquiera es una reforma educativa, porque no tiene nada que ver con mejorar la calidad de la enseñanza para que no se preocupen los que fueron engañados, les digo que tengan confianza porque vamos hacer un acuerdo con maestros y padres de familias para hacer una verdadera reforma educativa y mejorar la educación en nuestro país (AMLO promete cancelar Reforma Educativa, si gana elecciones).

Lo refrendó el 14 de enero de 2018, en un mitin en Saltillo, Coahuila: “Aprovecho para decir a los maestros, padres de familia y a todo el pueblo, al triunfo del movimiento, llegando el nuevo gobierno, desde el día primero de diciembre de este año se va a cancelar la mal llamada reforma educativa. Hicieron creer que el problema de la educación era por los maestros, les echaron la culpa de todo. La mal llamada reforma educativa, que iba a mejorar la calidad de la enseñanza, la utilizaron para humillar al magisterio, algo que nunca se había hecho en la historia del país, porque se respetaba a nuestras maestras y maestros, eso se va a ir también al carajo, no vamos a seguir con las llamadas reformas estructurales” (De ganar la elección, AMLO anulará la reforma educativa).

Fue más lejos el 24 de enero, en Chiapas, donde llamó a un Congreso Nacional del Magisterio, para elaborar una propuesta alternativa y cancelar la reforma:

“Nunca se había humillado tanto al magisterio nacional como en este sexenio, por lo que se va a cancelar la reforma educativa y nos vamos a poner de acuerdo con los maestros y padres de familia para elaborar un plan educativo conjuntamente” en un congreso nacional a realizarse en Guelatao, Oaxaca, durante la campaña proselitista.

– ¿Invitará a Juan Díaz de la Torre (líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación)? – se le preguntó.

– Estarán invitados maestros del Sindicato, lo que se conoce como SNTE; desde luego los de la Coordinadora nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), vanguardia del movimiento magisterial, que ha manifestado más rechazo a la reforma educativa, y muchos maestros que están en otras organizaciones independientes. Haremos una convocatoria amplia para elaborar conjuntamente un plan educativo con padres y especialistas para tener un buen plan.

Agregó que el ex secretario de Gobernación, Esteban Moctezuma, a cargo de su proyecto de desarrollo social, le ayudará hacer la convocatoria para lograr ese propósito (AMLO convoca a los maestros a un congreso nacional).

La posición la mantuvo hasta el final, a pesar de dudas y aclaraciones de Mexicanos Primero, de Claudio X. González, del Compromisos por la Educación y de los escarceos de Esteban Moctezuma Barragán con las propuestas de los otros candidatos presidenciales en el tema de capacitación (Las peligrosas coincidencias de las coaliciones).

El compromiso fue muy claro: ¡Cancelar la reforma educativa! Un compromiso con fecha: el primer día de su gobierno, o sea, el 1 de diciembre de 2018.

Ahora bien, la campaña ya pasó. AMLO ganó: le toca cumplir. ¿Cómo lo va a hacer? ¿Qué entiende por eso? ¿Qué va a cancelar de la reforma?

¿Cuándo? En otras palabras, ¿Cuál es la estrategia del presidente AMLO para honrar su compromiso y cancelar la reforma educativa? ¿Cuáles son las opciones, qué alternativas tiene, con qué fuerzas cuenta, hasta dónde llegará?

Adelantar algunas respuestas es el propósito de este libro. Un texto a medio camino entre la comunicación de los problemas políticos y la síntesis de alternativas disponibles. Pero no en esa narrativa presuntamente aséptica de los expertos, sino en el análisis comprometido de los participantes. Comprometido sí, pero nunca complaciente, al modo de decir lo que esperan oír los comisarios políticos o los funcionarios gubernamentales; sino las reflexiones de compañerxs de lucha contra la reforma educativa. Comprometidos y objetivos, jamás neutrales, porque el análisis frío de las batallas, de las estrategias, de las fuerzas enemigas y de las propias son la primera condición para la victoria.

La coyuntura

Después de las elecciones enfrentamos una situación muy turbia. Por una parte, la inminente operación de la fase curricular de la reforma: el Nuevo Modelo Educativo (NME), con los nuevos programas, los aprendizajes clave y la autonomía curricular; por la otra, la oportunidad para cancelarla, según lo prometido por AMLO.

Además, en estos momentos, decenas de miles de maestros y maestras han sido convocadas, con las mismas mañas de siempre, a la evaluación de desempeño con fines de permanencia. ¡A unos meses del cambio de gobierno; de un gobierno que se comprometió a cancelar la reforma y acabar con la evaluación punitiva (sic)!

¿Qué hacer en estas circunstancias? ¿Cómo enfrentar la evaluación; cómo resistir los inicios del NME; cómo asistir a los talleres de formación; cómo participar en los Concejos en la toma de decisiones sobre los calendarios escolares; cómo desafiar la formación de los clubes; cómo responder a las demandas de llevar cada vez más lejos la autonomía de gestión, hasta hacer pagar más cuotas, solicitar más dinero en la escuela gratuita; cómo salir de los laberintos y corrupciones de las Escuelas al Centro y las Escuelas al CIEN?

Son cuestiones del ahora. Antes de la toma de posesión de AMLO, la reforma se acelera. Y las maestras tienen que tomar decisiones a diario, no pueden esperar a que llegue el próximo presidente para decidir lo que van a hacer. Los maestros lo saben también: si la reforma continúa, la lucha sigue.

El repertorio de la movilización magisterial es muy amplio; lo mismo los escenarios de batalla: la escuela, la familia, las redes digitales, las redes sociales, las comunidades, los salones de clase, las oficinas públicas, los congresos estatales y federales; un campo abierto y disperso. Y, por si fuera poco, las decisiones también: individuales, grupales, colectivas, locales, nacionales, partidarias, comunitarias.

Todos estos son los desafíos que contempla una promesa y un compromiso. No sólo le corresponde al gobierno, se necesita desplegar un amplio abanico de fuerzas, acciones y estrategias para cancelar la reforma. No sólo por la coyuntura, sino por la composición de las fuerzas ganadoras.

Hay de todo: desde empresarios hasta antiguos comunistas; desde charros del viejo régimen gordillista hasta charros del nuevo régimen del SNTE; dirigentes y maestras de las secciones de la CNTE; de los Movimientos Magisteriales de Base; de colectivos locales y sindicatos magisteriales independientes; también investigadores y académicas; incluso emisarios del pasado salinista reconvertidos en miembros del Compromiso Social para Elevar la Calidad de la Educación. De todo, con agendas distintas, intereses disímiles y fuerzas muy desiguales.

Cancelar la reforma -el compromiso de AMLO- no significa lo mismo para cada grupo. Las batallas por la dirección, la estrategia y los procedimientos de la cancelación ya están en marcha. Más vale tenerlo claro. Es el momento de trabajar en la ofensiva. Es el momento de tomarse en serio lo de la lucha por la cancelación, en un ambiente esperanzador pero enrarecido por la multiplicidad de fuerzas en disputa. Dentro y fuera de la coalición triunfadora. Hay que luchar, no esperar, no lamentarse, no solo llamar a la resistencia y lamerse las heridas de una derrota en la que no se combatió.

Sobre todo, hay que entender que si la reforma viene de lejos, que en el regreso del PRI encontró su momento oportuno, nosotrxs todavía tenemos un largo camino para desengancharnos de los vicios y taras de tantos años en los que el pensamiento neoliberal hizo estragos entre políticos de todas las ideologías, entre los mismos maestros e incluso entre ideólogos y dirigentes de las resistencias.

Esta es la tesis central del libro: la cancelación de la reforma educativa es el primer paso, necesario e indispensable, para conformar una narrativa y una concepción post-neoliberal del sistema educativo mexicano. Apenas el inicio, reiteramos, pero una condición sine qua non: si no logramos cancelarla, si no ganamos el presente, menos aún podremos tener un futuro en el que el neoliberalismo no rija las mentes, los corazones y las instituciones educativas en México.

La secuencia

El libro se estructura en cinco capítulos. En el primero, ¿A qué nos enfrentamos? La reforma educativa es un monstruo de mil cabezas, se trata de identificar las características, las fases, los ensambles, las afectaciones, los efectos y producciones de la reforma, así como analizar lo que se puede aprender de su diseño, instrumentación y gestión. En el segundo, El campo de batalla está muy revuelto, se analizan las iniciativas, los participantes, las estrategias, las tácticas, del presente y futuro inmediato de los agentes involucrados en la cancelación. En el tercero, Pero sí es posible lograrlo…, se trazan las condiciones de posibilidad de la cancelación, con los cambios políticos, institucionales y legislativos que trae consigo la victoria de AMLO. En el cuarto, Para lo que debemos…, se perfilan los desplazamientos políticos y conceptuales que tendremos que realizar para que las posibilidades se efectúen, ahí se perfila una estrategia alternativa, una suerte de fuga político-cognitiva, en la que la cancelación se vuelve una condición indispensable para transitar a una revolución y una constituyente educativa. En otras palabras: una condición para cerrar los ciclos de las reformas educativas neoliberales y crear un nuevo territorio educativo, con nuevas reglas, nuevos actores, nuevos objetos y objetivos de una educación post-neoliberal: la educación del común.

Esa es la cuestión clave de este texto: transitar de la cancelación de una reforma ultra(neo)liberal, a la reconfiguración de un sistema educativo post-neoliberal. Para decirlo de otro modo: no se trata de cancelar para regresar al pasado; ni de remendar algunas partes para seguir igual; sino de dar el primer paso para construir un nuevo sistema educativo. Esa es la apuesta, de la que este libro se considera, a la vez, un llamado y una pequeña pieza inicial.

Complicidades

Las ideas de este libro resultan de las discusiones, los enojos, los júbilos, las desazones, las interrogaciones, las demandas y las noticias que componen la coyuntura poselectoral. Sobre todo en lo que toca a la reforma educativa, pero no nada más, una y otra vez aparecen cuestiones de estrategia política y gubernamental; se mezclan con las señales del presidente electo en la integración del gabinete, en las declaraciones y acciones de distintas protofuncionarias, así como las posiciones de dirigentes y colectivos magisteriales.

Es un texto de un género híbrido, entre la comunicación de los problemas políticos y la incidencia cognitiva; una mutación de los fanzines y los volantes, un libro de combate, que renuncia y denuncia las frases hechas y las narrativas vueltas lugares comunes: esa forma dogmática asumida por los controladores de las resistencias.

Aquí nada hay de eso: se trata de plantear preguntas, de problematizar, cartografiar los campos de batalla y tomar posición; sobre todo eso, tomar posición, en un momento en que las fuerzas de la restauración y/o el desbloqueo neoliberal, embozadas en la coalición Juntos haremos historia, empiezan a mostrar sus uñas y sus dientes.

Este libro, a diferencia de los otros dos del mismo género, Luchas por la reforma educativa en México y Reforma educativa y partidos políticos, se planteó con antelación, en una decisión estratégica: el triunfo de AMLO generará una ventana de oportunidades para cancelar la reforma, pero la definición estará sujeta a múltiples envites, decisiones, frenos y tergiversaciones; es decir, será un proceso agonista dentro de las mismas fuerzas victoriosas; además de las acciones de las fuerzas desplazadas, que son las que impulsaron, sostuvieron y mantienen la reforma educativa.

Aunque no nada más ellas, hay muchos representantes populares de MORENA que impulsaron la reforma educativa y regresarán a la tribuna parlamentaria. En política, la cuestión siempre es el problema y su definición; los actores se forman, se dividen, se agrupan, se capturan en los enfrentamientos. Eso es lo que no debemos olvidar nunca.

Huitzilac, Tlahuica, Xalapa, Morelia y Zacapu, verano de 2018.