Recolonización, clasismo y racismo: CLACSO y los estudios “Afrolatinoamericanos”

Para CLACSO la población afrodescendiente no produce conocimiento sino “saberes”, que dentro de la población afrodescendiente no hay intelectuales sino solamente “activistas”.

Recolonización, clasismo y racismo: CLACSO y los estudios “Afrolatinoamericanos”
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CLACSO y los estudios “Afrolatinoamericanos”

El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) institución internacional no-gubernamental con status asociativo en la UNESCO, fue creada en el año 1967 con el fin de promover la investigación académica y el pensamiento crítico en el campo de las ciencias sociales y de las humanidades; entre cuyos ejes centrales destacan la reducción de las desigualdades y de la injusticia social, el combate al racismo, la discriminación étnica y de género, la promoción de políticas de seguridad ciudadana y combate a la violencia, la promoción de políticas de desarrollo económico, social y ambientalmente sostenibles, así como, el fortalecimiento de la democracia. Empero, en los últimos años CLACSO parece haber perdido de vista sus ejes y objetivos.

Si bien es cierto que la academia no puede ni debe ser ajena a la política, CLACSO parece avanzar aceleradamente hacia una deriva explícitamente proselitista, convirtiéndose en el comando de campaña y cumbre de consuelo de los candidatos de izquierda perdedores o desplazados de las recientes contiendas políticas de América Latina. Esta plataforma académica se ha caracterizado por obviar los problemas sociales, políticos, económicos, energéticos y ambientales generados, continuados, desatendidos o profundizados por los denominados gobiernos progresistas, pero también por invisibilizar y justificar la violencia y la crisis en países como Nicaragua y Venezuela. Aunado a ello, CLACSO se ha convertido en un consejo de élite sin mucho que envidiarle a la ya conocida y criticada Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA), ofreciendo programas de formación y congresos a costos inaccesibles para la mayoría de los estudiantes y profesionales de la región; pero sobre todo, excluyendo, ignorando y relegando a los foros con menos promoción y en los peores espacios a los paneles dedicados a problemáticas como el racismo, en los que participan personas afrodescendientes e indígenas.

Pero uno de los aspectos que más me preocupa, es que CLACSO tras el velo de un discurso afrodescendiente e indigenista, parece erigirse como agente de re-colonización en América Latina. Recientemente ha sido creada y ofrecida al público la especialización y curso internacional en estudios afrolatinoamericanos, la cual según su justificación, pretende consolidarse como “un nuevo campo de estudios centrado en las experiencias, historias, contribuciones y problemas de la población afrodescendiente de América Latina, una población que continúa siendo víctima de inequidades y prácticas discriminatorias que limitan seriamente su inclusión en diversas esferas de la vida nacional y sus posibilidades de ascenso social”. Este campo según se afirma en la fundamentación del programa “investiga e intenta desmontar los mecanismos de poder que reproducen las estructuras de desigualdad y las ideologías y culturas que sostienen el racismo contemporáneo, con sus secuelas trágicas de violencia y exclusión. El campo se ha desarrollado en respuesta a y en dialogo activo y fructífero con el activismo afrodescendiente. Desde sus iniciativas, demandas y proyectos, los activistas producen saberes sobre las poblaciones afrodescendientes de la región que enriquecen el campo y lo empujan hacia nuevas direcciones. Aunque las mismas no estén codificadas en el lenguaje académico, dichas iniciativas y demandas reflejan lecciones aprendidas y generan nuevas agendas de investigación y estudio, ancladas en las realidades de la región y en las comunidades”.

Desde esta perspectiva abiertamente clasista, racista y colonialista, es posible entender que para CLACSO la población afrodescendiente no produce conocimiento sino “saberes”, que dentro de la población afrodescendiente no hay intelectuales sino solamente “activistas”, y, que lo producido por los afrodescendientes no está “codificado” dentro de los parámetros de la academia, por lo cual, aquello producido por los afrodescendientes de América Latina debe ser apropiado, reinterpretado, “codificado”, academizado, publicado y enseñado -al mejor estilo de la evangelización colonial- por las elites blancas europeas o norteamericanas a los eternos ignorantes e incivilizados negros latinoamericanos.

Esta narrativa explica por qué la especialización y curso internacional en estudios “afrolatinoamericanos” se encuentra liderada por norteamericanos, 2 de sus 3 coordinadores provienen de universidades estadounidenses, al igual que 14 de los 16 miembros de su cuerpo docente. Además de ello, entre estos 16 docentes apenas es posible reconocer en las fotografías un solo rostro afrodescendiente y por tanto racializado. Al respecto, si bien considero que cualquier problemática social puede ser investigada y trabajada por quien tenga interés y formación en ello -con independencia de que esta forme parte o no de su experiencia personal, étnica o de género concreta-; resulta sin dudas grotesco, vulgar, irrespetuoso, colonialista, clasista y racista que una vez más las élites blancas norteamericanas sean quienes pretendan “formar”, “sensibilizar” y “academizar” a los afrodescendientes de América Latina en la experiencia concreta de su proceso de racialización; es decir, que sean los sujetos blancos racializadores y NORTE-Americanos, quienes les digan a los sujetos racializados y LATINO-Americanos lo que significa el racismo, y cómo este es experimentado por los afrodescendientes.

Este relato prejuiciado que pretende dotar de academicismo a la vivencia del racismo de los afrodescendientes latinoamericanos, no es más que la evidencia de la continuidad del colonialismo, el clasismo y el racismo en el ámbito académico latinoamericano y de instituciones como CLACSO. En estas los afrodescendientes son sistemáticamente inferiorizados, sus investigaciones y contribuciones desestimadas, ignoradas y descalificadas al ser consideradas disertaciones opináticas y emocionales, sin fundamentación académica, politizadas, desprovistas de rigurosidad teórica y científica; a menos que, esto mismo que nosotros investigamos, denunciamos y decimos, sea dicho por un blanco, preferiblemente hombre, pero sobre todo, europeo o norteamericano.

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Autora

Socióloga, Magister Scientiarum en Estudios de la Mujer, Doctora y Postdoctora en Ciencias Sociales egresada de la Universidad Central de Venezuela.

Fundadora de EPG Consultora de Género y Equidad. Escritora y columnista en diversos medios de comunicación venezolanos y extranjeros.