Racismo, migración y colonialismo interno: México frente a la implosión de las fronteras nacionales con el paso de la Caravana Migrante Centroamericana

Es necesario señalar que este fenómeno del colonialismo interno y de las prácticas racistas frente a l@s migrantes no es exclusivo de México, es algo que se está viviendo cada día de manera más profunda en toda América Latina.

Caravana Migrante Centroamericana

DescargarPor Astrid Yulieth Cuero Montenegro1Feminista antirracista afrocolombiana residente en México. Actualmente es doctoranda en el posgrado en Estudios e Intervención Feminista del Cesmeca-Unicach de San Cristóbal de las Casas, (Chiapas-México). Temas de especialización: feminismo negro, antirracista y decolonial..
Doctoranda del Posgrado en Estudios e Intervención Feminista del Cesmeca-Unicach. Colabora con la Librería La Reci en San Cristóbal de las Casas – Chiapas – México
astridcuero850@gmail.com

 

El 19 de octubre de 2018 los integrantes de la Caravana Migrante procedente de varios países de Centroamérica, principalmente de Honduras, rompieron literalmente el muro y la valla fronteriza que separa a Guatemala de México con el objetivo de llegar hasta la siguiente frontera con Estados Unidos e intentar pedir asilo en este país, dadas las profundas situaciones de precariedad económica, violencia y criminalización de las que vienen huyendo de sus lugares de origen. Este hecho simbólico y material de romper el muro fue especialmente emotivo para mí, ya que soy una migrante colombiana que llegó hace 6 años a realizar estudios de posgrado en México, -y aunque mis condiciones de existencia no son tan extremadamente precarias como las de quienes integran la Caravana Migrante-, sin duda por mi condición de mujer negra, de mujer racializada, me identifico mucho con la posibilidad de que las fronteras nacionales comiencen a implosionar y me identifico también con las situaciones de racismo que ellas y ellos están viviendo.

La presencia de la Caravana Migrante en México me ha movido de manera emocionalmente profunda en mi experiencia como migrante y como activista feminista antirracista, ya que me ha hecho sentí-pensar especialmente sobre tres dimensiones de este fenómeno migratorio que son poco nombradas y profundizadas en los análisis que he leído y que circulan en México y que impiden solidarizarse con los migrantes centroamericanos. La primera dimensión tiene que ver con la relación intrínseca entre migración, colonialismo y racismo. La segunda dimensión refiere sobre el profundo colonialismo interno que se ha visibilizado con mayor ahínco en buena parte de la población mexicana. Y en tercer lugar se encuentra la dimensión de la desconexión entre los efectos del racismo anti-migrante y los efectos del racismo que se ejerce sobre otras poblaciones racializadas en México como la población indígena.

Respecto a la primera dimensión, ha sido profundamente doloroso e indignante para mí, encontrarme con tantos comentarios en redes sociales, en las calles, en el transporte público rechazando la presencia de la Caravana Migrante en México, tratando de manera despectiva a las familias y mujeres hondureñas, haciendo despliegue de un racismo que no había visto de manera tan generalizada y tan explícita durante el tiempo en el que llevo viviendo en México. Varios análisis sobre este rechazo y maltrato hacia las y los migrantes nombran esto como producto de la xenofobia y de la también llamada aporofobia, es decir, el miedo a la gente pobre. Sin embargo, considero que la reacción negativa sobre la presencia migrante en México no solo puede explicarse por un miedo o fobia hacia las y los extranjeros o hacia l@s migrantes pobres. No son todos los extranjeros ni todos los migrantes pobres los que generan malestar, son justo l@s migrantes racializad@s l@s que son vist@s con mayor desagrado. Buena parte de l@s migrantes hondureñ@s es gente negra, y en el caso de l@s guatemaltec@s, es gente indígena o de ascendencia indígena. En resumen es gente de piel oscura. Así que es innegable que los sentimientos de rechazo hacia quienes integran la Caravana Migrante tienen que ver de manera clara con una posición racista hacia ell@s.

De hecho, para el año 2017, el INEGI2Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) de México informaba que la población estadounidense migrante sin documentos en México alcanzaba el 37.8%, y que sin embargo las autoridades migratorias mexicanas son más laxas con los estadounidenses ilegales3Datos consultados en el periódico Excelsior https://www.excelsior.com.mx/nacional/2017/02/28/1149157. Mientras que en el caso contrario, durante el gobierno de Donald Trump, han aumentado el número deportados mexicanos que son migrantes ilegales en Estados Unidos. La mayor parte de migrantes ilegales provenientes de Estados Unidos son personas blancas.

Probablemente la migración ilegal proveniente de Estados Unidos, pase desapercibida porque llegan a México de manera individual, -no en una caravana masiva-, y principalmente porque no llegan en condiciones tan precarias como las de l@s migrantes centroamerican@s, y además porque no son personas racializadas, es decir, gozan del privilegio de la blanquitud. Por tanto, la presencia de migrantes ilegales gringos en México resulta menos chocante, la blanquitud les hace sentirse cómodos en este país. La blanquitud es lo no marcado, lo incuestionable. Y es precisamente esta situación a la que me refiero con la relación intrínseca entre migración, colonialismo y racismo. Los movimientos migratorios desde el sur global con importante presencia de población racializada y empobrecida, hacia los países del norte hegemónico son consecuencia de los procesos de despojo colonial, neocolonial e imperialista que los segundos han ejercido sobre los primeros. Los migrantes ilegales estadounidenses se siguen beneficiando del privilegio de venir de un país que se ha construido sobre el saqueo de los países del Abya Yala4Nombre dado al territorio americano que en lengua kuna fue dado por estos indígenas que habitan parte del territorio ahora conocido como Panamá y Colombia.. Mientras que l@s indocumentad@s centroamerican@s siguen cargando con el estigma del marcador racial ligado a la pobreza.

La carga de la racialización y el empobrecimiento sobre un cuerpo es justo lo que lo deslegitima cuando se atreve a cruzar las fronteras nacionales en condición de ilegalidad, pero incluso también en la condición de legalidad. Es esto lo que en realidad se esconde detrás de la molestia de una buena parte de la sociedad mexicana cuando se hizo viral un video en donde una mujer migrante hondureña en Tijuana, se queja de que la comida que les daban se limitaba a frijoles y tortillas. Y aunque sabemos que a mucha gente en México – principalmente de la clase media blanca-, o extranjeros del norte global probablemente este tipo de comida también les parezca de muy mala calidad, si lo hubieran dicho en público, seguramente no habrían sido tan señalados y estigmatizados de la misma forma como ha ocurrido con la mujer hondureña. Esto es una muestra de que a veces no nos importa tanto lo que se dice, sino quién o quienes lo dicen, qué corporalidades están habilitadas para emitir un juicio sobre el tipo o la calidad de una comida que se les ofrece. Definitivamente, si la queja sobre la comida proviene de una corporalidad racializada, esta será señalada desde una actitud paternalista racista como desagradecida. Pero si esa misma queja la emite una corporalidad blanca probablemente será considerada como muestra de su “buen” gusto con la comida, como un signo de distinción.

La molestia frente a las declaraciones de la mujer migrante hondureña por los frijoles y las tortillas que les ofrecieron, unida a la gran cantidad de comentarios de rechazo a la caravana migrante y las marchas en Ciudad de México y Tijuana rechazando la presencia migrante, son claras muestras de posiciones racistas y de colonialismo interno de una gran parte de la sociedad mexicana. El rechazo frente a la presencia migrante ilegal, racializada y empobrecida de Centroamérica se funda en la defensa de un imaginario de nación blanco-mestizo que es legado de los procesos de colonización europea y de colonialidad del poder que aún sigue vigente en México. Por esta vía se defiende una idea de ciudadanía que solo aplica para quienes hayan nacido en el marco de unas determinadas fronteras nacionales, ya para quienes además, se acerquen o encajen en los modelos de blanqueamiento y movilidad social que los alejan de las existencias negras e indígenas. L@s migrantes racializadz@s hondureñ@s se convierten entonces en la alteridad abyecta que no cabe dentro del imaginario del modelo de nación mestiza y que además, atenta contra el mismo.

Estos procesos de colonialismo interno, también son evidentes en los comentarios que circulan en las redes sociales y en la vida cotidiana que tienden a oponer la situación de discriminación y pobreza de muchas poblaciones indígenas con la situación de los migrantes indocumentados centroamericanos. No son pocos los que reclaman que de la misma manera como se está apoyando a los migrantes, también deberían ayudar a “nuestros” indígenas. Para mi este tipo de comentarios son producto de una despolitización de la mirada del racismo como un fenómeno estructural que impide que la sociedad mexicana conecte los efectos del racismo sobre los migrantes con los efectos del racismo sobre l@s indígenas que habitan el país. Ambas son poblaciones racializadas y empobrecidas, ambas son poblaciones que requieren principalmente apoyo solidario más que la caridad de la gente, ambas son poblaciones que no han sido consideradas como ciudadan@s legítim@s y que por tanto quedan por fuera de las políticas públicas gubernamentales. Son poblaciones que requieren ser atendidas por el Estado como sujet@s autónom@s y no como personas rectivimizadas y vulnerabilizadas. Muchos de l@s indígenas que nacieron en territorio mexicano son migrantes en su propio país, ya que han tenido que salir de sus comunidades de origen para enfrentarse al racismo y al clasismo en las ciudades. Otros tantos han salido de México y buscando mejores oportunidades de vida han migrado hacia los Estados Unidos y una vez allí han sido tratados como criminales, tal y como ahora alguna parte de la sociedad mexicana está tratando a l@s migrantes hondureñ@s y centroamerican@s en general.

Es necesario señalar que este fenómeno del colonialismo interno y de las prácticas racistas frente a l@s migrantes no es exclusivo de México, es algo que se está viviendo cada día de manera más profunda en toda América Latina. Como colombiana negra conozco del racismo que hemos sufrido en Chile o en Argentina, pero también conozco de la xenofobia racista que en mi propio país de origen se ha ejercido sobre l@s venezolan@s que han tenido que salir en éxodo masivo en los últimos años. Pero a pesar de estos procesos de colonialismo interno y de posicionamientos racistas tan proliferados dentro de ciertos sectores de la sociedad mexicana, es necesario reconocer que mucha otra gente mexicana ha expresado y sigue expresando su solidaridad con la Caravana Migrante, que les ha apoyado desde sus amplias o limitadas posibilidades, que se está indignando frente a los ataques con gases lacrimógenos y toda la criminalización hacia l@s migrantes que ha estado ejecutando el gobierno estadounidense. Sin embargo, que haya mucha gente solidaria con la causa migrante no es suficiente, necesitamos ser más, necesitamos trabajar y fortalecer nuestra empatía política, necesitamos quebrar los colonialismos que hemos interiorizado, los racismos que nos dividen, necesitamos movernos desde nuestra propia experiencia hacia la experiencia de l@s migrantes ilegales racializad@s y empobrecid@s, necesitamos aliarnos desde el trabajo con la desestructuración de los privilegios que tenemos para mirarnos en carne viva, para ver en los otr@s a nosotr@s mism@s. Necesitamos implosionar de una vez por todas las fronteras nacionales, porque migrar no es un delito.

Seguiremos luchando y resistiendo, fuerza y todo mi apoyo para la Caravana Migrante.

Notas   [ + ]

1.Feminista antirracista afrocolombiana residente en México. Actualmente es doctoranda en el posgrado en Estudios e Intervención Feminista del Cesmeca-Unicach de San Cristóbal de las Casas, (Chiapas-México). Temas de especialización: feminismo negro, antirracista y decolonial.
2.Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) de México
3.Datos consultados en el periódico Excelsior https://www.excelsior.com.mx/nacional/2017/02/28/1149157
4.Nombre dado al territorio americano que en lengua kuna fue dado por estos indígenas que habitan parte del territorio ahora conocido como Panamá y Colombia.