Racismo, familia e interracialidad en América Latina En nuestras sociedades latinoamericanas y caribeñas las personas afrodescendientes aún se encuentran con significativas limitaciones al momento de establecimiento de relaciones sexo-afectivas y la constitución familiar.

Interracialidad en América Latina 2

América Latina puede considerarse como un continente heterogéneo y multicultural, en primer término, como consecuencia del proceso de colonización europea, aunado al secuestro y movilización forzada de la población africana hacia América para la explotación de los recursos. En segundo término, como consecuencia de los procesos migratorios hacia el continente americano, principalmente desde Europa durante la primera y segunda guerra mundial. Estos hechos han consolidado la hibridación cultural definida por Macionis y Plummer (2007) como las diferentes maneras en que elementos de una cultura (lenguaje, costumbres, símbolos) se recombinan con elementos de otra.

Esta diversidad generalmente es presentada y representada en términos de armonía, sin embargo, el estigma, los prejuicios y estereotipos, compaginado a las concepciones y prácticas racistas y endorracistas, se hacen manifiestas en la comunidad latinoamericana y caribeña principalmente sobre aquellas personas cuya pertenencia étnica se ve explicitada en rasgos visibles e inmutables, en el caso específico que nos ocupa, los afrodescendientes; lo cual va a generar distintas reacciones, respuestas y experiencias, así como, sentar las bases de una organización social en torno a tensiones y jerarquías, convirtiéndola es una comunidad fragmentada.

Familia e interracialidad en America Latina

De acuerdo con el sociólogo Erving Goffman (1963), en la medida en que la interacción se da con un desconocido, las probabilidades de ser estigmatizado son más altas, sin embargo, la familiaridad no siempre reduce el menosprecio. La institución familiar al ser uno de los principales agentes socializadores también habrá de ser escenario para la transmisión, reproducción y mantenimiento de prácticas de racismo. De acuerdo a la Guía para la acción pública contra la discriminación y para la promoción de igualdad e inclusión de la población afrodescendiente en México publicada en 2011 por CONAPRED, los prejuicios y estereotipos sobre “negros y negras” se reproducen continuamente en los núcleos familiares, donde casi siempre el color de piel blanco y los fenotipos asociados con las culturas europeas son enaltecidos, mientras los rasgos físicos y el color de piel obscuro son menospreciados.

En nuestras sociedades latinoamericanas y caribeñas las personas afrodescendientes aún se encuentran con significativas limitaciones al momento de establecimiento de relaciones sexo-afectivas y la constitución familiar. Por un lado encuentran prejuicios y resistencia por parte de la familia de la pareja, pero también de la familia propia; ya sea por la necesidad de evitación de vinculación con una etnia históricamente considerada inferior, así como, la promoción y exhortación a “mejorar la raza”, enfrentando situaciones extremas como el rechazo y la prohibición de la relación, entre otras prácticas y discursos discriminatorios.

Familia e Interracialidad en América Latina

Por su parte las mujeres afrodescendientes también están expuestas en mayor medida a la violencia de género, principalmente en relaciones sexo-afectivas interraciales, donde la sanción social de la relación en oportunidades va a traducirse en situaciones de violencia en el ámbito privado, principalmente violencia verbal y psicológica, mediante la crítica, burla y descalificación de los rasgos y fenotipos afrodescendientes. Así mismo, otra de las situaciones con frecuencia presentada en la institución familiar, será el cuestionamiento e interpelación de la maternidad y paternidad con respecto a los descendientes de relaciones interraciales, donde principalmente la fidelidad de las mujeres afrodescendientes la más de las veces es puesta bajo sospecha.

Estos hechos son un notorio ejemplo como bien afirma Goffman (1963), de que el estigma puede también afectar a la persona que se encuentra vinculada al estigmatizado. Desde esta perspectiva, los sujetos no racializados están obligados a compartir parte del descrédito de la persona estigmatizada, es decir, son sometidos al rechazo y la discriminación como consecuencia de la relación que los une a la persona afrodescendiente; este hecho explica por qué dichas relaciones interraciales tienden a ser evitadas o duran muy poco. No obstante, también es cierto que habrá personas capaces de resistir los embates del racismo secundario, es decir, aquel producido por el relacionamiento con el estigmatizado, pero principalmente por parte de personas con una muy definida conciencia social y de la justicia.

Sin embargo, un hecho común en un contexto hostil y estigmatizador, es que  aquellas personas no racializadas partícipes en una relación interracial, ante algún escenario de conflicto hagan uso del estigma, del lenguaje estigmatizante, o le recuerde al sujeto racializado su condición; como medio para anular y descalificar los argumentos de la otra persona, herir sus sentimientos o afectar su autoestima, con el objetivo de mantener su condición de privilegio y poder dentro de la relación.