Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo, y el trabajo decente para todos

Este flagelo afecta sobre todo a las clases bajas lo cual agrava la situación de dichas clases quienes se ven obligados a aceptar trabajos en inferioridad de condiciones y sin reaseguro de aportes al sistema previsional, sin cobertura de salud ni seguro de vida, entre otras desventajas.

Empleo pleno
Empleo pleno

El Objetivo de trabajo digno, decente e inclusivo para todos debe estar en la agenda de cualquier país que desee un desarrollo armónico de su sociedad. Este objetivo sostiene como premisa básica que para lograr el desarrollo económico es condición necesaria generar puestos de trabajo dignos y de calidad que incluyan a todas aquellas personas que deseen y estén en condiciones de trabajar.

El análisis a nivel mundial que se realiza desprende que crecimiento del trabajo está relacionado con los ciclos económicos de crecimiento y depresión, puesto que para los años 2006 y 2007 se registran picos de crecimiento que no volvieron a alcanzarse en periodos posteriores, esto tiene su correlato en el análisis de la productividad de los trabajadores la cual es acompañada con el crecimiento económico mundial que se registra en los años 2015 y 2016, dicha productividad de los trabajadores a nivel mundial se mantiene en crecimiento del 1,6 para el año 2015 y mantiene su incremento para el año 2018 legando al 2,1. Es notable que en América Latina y el Caribe se registren las tasas más bajas para los dos periodos que se analizan, puesto que en el 2015 se registra una baja de la productividad del trabajo del orden de -1,5 incluso por debajo de los niveles de los países del África subsahariana. En cuanto a la situación del empleo formal y de calidad se observa que, en los países en desarrollo, según el informe de la Organización de las Naciones Unidas, más de la mitad de los empleados que no corresponde al sector primario de la economía trabaja en condiciones de informalidad, es decir que los sectores de la industria y los servicios son quienes más ocupan trabajadores en condiciones de informalidad. Este flagelo afecta sobre todo a las clases bajas lo cual agrava la situación de dichas clases quienes se ven obligados a aceptar trabajos en inferioridad de condiciones y sin reaseguro de aportes al sistema previsional, sin cobertura de salud ni seguro de vida, entre otras desventajas.

Esta situación se agrava aún más si se lo analiza bajo el prisma del género, puesto que según el informe de Naciones Unidas en el 70% de los países, de los 54 que se tienen datos, las mujeres presentan inferioridad de condiciones en trabajos del sector manufacturas y servicios, esta desigualdad puede ser reveladora de la ausencia de políticas públicas de los Estados para intentar revertir las desigualdades salariales de género. Esto se ve reflejado en un estudio que revela que en 62 países el salario de los hombres es 12% más alto que el de las mujeres. Esta desigualdad cuantitativa tiene su explicación cualitativa desde el punto de vista del rol que culturalmente se les asigna a las mujeres en sociedades patriarcales, no obstante, el desempleo se logró recuperar de la crisis del 2009 y se recuperó un 5% a nivel mundial. Lamentablemente la brecha generacional sigue desfavoreciendo a los jóvenes quienes en el año 2018 tuvieron un 12% de desempleo contra un 4% de desempleo de los adultos, mientras que en diferencias de género las mujeres jóvenes tenían más del 50% de posibilidades de quedar desempleadas frente a los hombres jóvenes durante el 2018.

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Lic. en Ciencia Politica por la Universidad Nacional de La Rioja (UNLaR), Argentina.

Investigador de la Universidad Nacional de Cordoba (UNC), Argentina.

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