Presentación

La arquitectura es un dispositivo colonial, que, a mi entender, materializa la biopolítica que los Estados modernos aplican como tecnología de regulación social necesaria para la reproducción del capital

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Santuario Virgen de los Remedios

Es para mí un placer y orgullo formar parte de esta red de investigación social. En primer lugar, por la calidad de lxs investigadorxs que la forman; todxs con un trabajo académico excepcional y un ansía de colaborar en la producción de conocimiento desde un espacio alternativo completamente ajeno a los centros convencionales. Se trata desde luego, de una acción por demás loable en un contexto adverso en el que los centros de poder internacional han decidido desmantelar la investigación social y todo lo que tenga que ver con la difusión y producción académica; desde la reducción del presupuesto de las universidades públicas hasta la configuración de núcleos a modo que controlan en el interior las investigaciones, la difusión y la estructura universitaria; verdaderas mafias al servicio de los intereses de la clase dominante que terminan bloqueando las producciones que al final le pertenecen a los pueblos que las financian.

Y, en segundo lugar, porque el enfoque crítico que la red posee permite desde mi perspectiva, ir articulando un proyecto ajeno a estas prácticas. El conocimiento aquí generado crea una parte importante de las condiciones de posibilidad que requiere el proyecto alternativo latinoamericano; un proyecto que sin duda tiene que construirse desde abajo, con y para la diversidad de formas de vida que existen en nuestro continente, y de la mano de un pensamiento crítico incapaz de anquilosarse en la trama de relaciones necesarias para ello. Iniciativas como ésta, contribuyen a disolver los nodos del entramado colonial que ha tejido la modernidad, y en efecto, a impulsar el proceso de emancipación que es hoy tan urgente.

En consecuencia, este blog tiene como objetivo mimetizarse con el “nosotros” que produce este espacio, con su proyecto y su dirección; no será otra la intención. Así que trataremos de analizar y reflexionar la arquitectura, el espacio y las prácticas que lo reproducen, no como tradicionalmente se hace, esto es, estudiando las producciones de lxs artistas más destacados y sus respectivos procesos creativos; sino más bien, intentando desvelar que la producción del espacio, desde el cuerpo hasta el espacio-tiempo global, forma parte del proceso de neocolonización que pretende aniquilar todos los esquemas espaciales que se encuentren más allá de las líneas y fronteras que ha trazado el capital internacional.

El fetichismo arquitectónico, al que asistimos desde que el proyecto moderno se instaló como la única alternativa de la vida social, ha hecho que la configuración del tiempo y el espacio, sus prácticas y procesos de reproducción material, queden completamente relegados de lo político. Ello significa que, si bien la arquitectura y la ciudad han sido fundamentales para reproducir la colonialidad del poder, del saber y del ser1“(…) si la colonialidad del poder se refiere a la interrelación entre formas modernas de explotación y dominación, y la colonialidad del saber tiene que ver con el rol de la epistemología y las tareas generales de la producción del conocimiento en la reproducción de regímenes de pensamiento coloniales, la colonialidad del ser, se refiere, entonces, a la experiencia vivida de la colonización y su impacto en el lenguaje” (Maldonado, 2007:130) , ello no ha hecho que sean un componente crucial ni de la lucha política ni de la crítica social. Más bien, se les ha reducido a sus características técnicas donde se les concibe como saberes que poco o nada tienen que ver con los procesos políticos, económicos y sociales.

Pero, justo esta idea de completa inocuidad que hoy compone el sentido común y construye la “evidencia” que proporciona la experiencia sensible arquitectónica, forma parte de una agenda que sabe que el dominio de esta estructura es primordial. Hacer que el objeto arquitectónico, ese objeto que sintetiza y materializa la forma en que un colectivo significa ese entramado espaciotemporal, se piense como una materialidad aislada y sólo enunciada desde lo estético, ha permitido que la maquinaria biopolítica de la modernidad capitalista opere en un nivel, que para la mayoría de nosotros pasa inadvertido.

La desnaturalización y visibilización de esta estructura intrínseca al proceso social es necesaria y urgente, tanto en el nivel molar como en el molecular2En su artículo “Michel Foucault y la colonialidad del poder”, Santiago Castro-Gómez nos advierte que el análisis del poder es multidireccional y siempre funciona en red, por lo que la escala más amplia o molar, y la escala más pequeña o molecular (la microfísica del poder que cruza nuestro cuerpo) no pueden ser pensados de forma independiente (Castro, 2007)., ya que forma parte de los mecanismos con los que se reproduce y legitima actualmente la desigualdad y la injusticia en todo el orbe. Tal vez así, el discurso arquitectónico puede dejar de acudir a su argumentación banal en la que la composición formal y funcional saturan su propio universo, y pueda pasar a convertirse en una unidad de análisis que nos permita develar, conocer y observar parte de las tecnologías con las que opera el colonialismo contemporáneo.

En efecto, hemos de contextualizar nuestras reflexiones en el marco de los estudios decoloniales (la red de investigación modernidad/colonialidad), justamente porque ese giro epistémico nos permite construir un nuevo significado sobre las producciones culturales, a las que se adscribe sin duda el fenómeno arquitectónico, y reconocer que las prácticas y discursos disciplinares que se han tejido bajo la epistemología colonial, han subordinado cuando no, aniquilado a otros marcos epistémicos que nos ofrecen otro sentido de la materialización del tiempo y del espacio (imagen 1).

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Partimos entonces del siguiente corolario: la arquitectura es un dispositivo colonial, que, a mi entender, materializa la biopolítica que los Estados modernos aplican como tecnología de regulación social necesaria para la reproducción del capital. A través de códigos espaciales específicos, el Estado burgués localiza y distribuye los cuerpos previamente diferenciados y clasificados por el dispositivo del racismo, en lugares y tiempos específicos. Les asigna pertenencia e identidad y los vincula finalmente con la maquinaria espacial del Estado capitalista (inclúyase en éste los grandes proyectos urbanos desarrollados en las principales ciudades europeas durante el siglo XIX). En consecuencia, la arquitectura logra condensar gran parte de los códigos prescriptivos que hoy nos rigen, y que son necesarios para la reproducción del capitalismo global, de la biopolítica y del poder colonial.

Por lo tanto, tengo la certeza que con este blog y a través de los análisis aquí elaborados, bien podremos contribuir a descolonizar la epistemología arquitectónica latinoamericana que mantiene intocables los centros de poder que la producen. Creo que, si miramos las producciones espaciales otras, aquellas que han sido relegadas y discriminadas por la élite académico-empresarial, y dejamos atrás las formas comunes de analizar y estudiar la arquitectura, el urbanismo y el patrimonio cultural, bien podemos ir configurando un espacio de resistencia que nos devuelva una estructura espaciotemporal anticapitalista, antirracista y antipatriarcal; una arquitectura y una ciudad incluyentes capaces de desactivar la profunda escisión que nos mantiene disgregados y fracturados.

 

Referencias

Castro-Gómez, Santiago (2007), “Michel Foucault y la colonialidad del poder”. Bogotá: Tabula Rasa, No. 6: 153-172

Maldonado Torres, Nelson (2007), “Sobre la colonialidad del ser: contribuciones al desarrollo de un concepto”. En Grosfoguel, Ramón & Castro-Gómez, Santiago. comps. (2007), “El giro decolonial: reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global”. Bogotá: Siglo del Hombre Editores.

Notas   [ + ]

1.“(…) si la colonialidad del poder se refiere a la interrelación entre formas modernas de explotación y dominación, y la colonialidad del saber tiene que ver con el rol de la epistemología y las tareas generales de la producción del conocimiento en la reproducción de regímenes de pensamiento coloniales, la colonialidad del ser, se refiere, entonces, a la experiencia vivida de la colonización y su impacto en el lenguaje” (Maldonado, 2007:130)
2.En su artículo “Michel Foucault y la colonialidad del poder”, Santiago Castro-Gómez nos advierte que el análisis del poder es multidireccional y siempre funciona en red, por lo que la escala más amplia o molar, y la escala más pequeña o molecular (la microfísica del poder que cruza nuestro cuerpo) no pueden ser pensados de forma independiente (Castro, 2007).