Por una izquierda que supere el mito del trabajo

Es necesario atacar firmemente la lógica irracional privada y excluyente que beneficia a la plutocracia y financia apenas el consumismo más obsceno

Por una izquierda que supere el mito del trabajo
Frozen assets - Diego Rivera

El paraíso terrestre fue desacreditado
en el instante exacto en que se hizo practicable.
George Orwell, 1984.

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Frozen Assets, Diego Rivera.
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Uno de los mayores desafíos que se presenta para los que luchan y desean el crecimiento humano, no el económico, es superar el discurso ya carente de fundamento de la creación de más puestos de trabajo como parte de la agenda para el desarrollo e incluso para enfrentar la crisis.

Hace mucho tiempo que la dinámica industrial/administrativa (tecnologías del automatismo, racionalización económica) hizo superflua la necesidad de trabajo en grande escala en el proceso productivo y ya no habrá, en un mundo globalizado en torno al capital, proceso de restructuración productiva ni expansión de mercados que consigan (re)absorber la cantidad de desempleados estructurales en el planeta.

El sociólogo alemán Robert Kurz, que incansablemente apuntó hacia este problema límite del capitalismo, expresó de la siguiente forma la dimensión de la cuestión:

“El capitalismo, en verdad, no es más que un sistema industrial como una ‘bola de nieve’, que convirtió la transformación continua y creciente de energía humana abstracta en dinero en un fin en sí mismo. La revolución tecnológica microelectrónica pone fin a esa dinámica, pues la vuelve superflua, de manera perenne y absoluta. Por eso los mercados financieros se desvincularon, de modo estructural, de la economía de bases reales. La creación de moneda sin substancia contradice, mientras tanto, la lógica capitalista. Este es el verdadero nudo de la crisis. Pero, mientras no haya una crítica práctica, la agonía de ese sistema puede arrastrarse sin plazos y crear nuevas bolsas de pobreza y desesperación.”1http://www1.folha.uol.com.br/fsp/mais/fs141205.htm

Es necesario, de esta forma, asumir el poder de la observación cristalina señalado por Oscar Wilde hace más de 100 años:

“Actualmente, las máquinas compiten con el hombre. En condiciones adecuadas, servirán al hombre.” (Wilde, 2004, p. 14)

Lo que la izquierda debe, por tanto, es empuñar la bandera de la apropiación colectiva y global de lo que es producido socialmente y, por tanto, no es realizado, como pretenden hacernos ver, de forma individual/privada, simplemente porque unos pocos, cada vez un grupo más reducido, mantienen el poder sobre los medios técnicos de producción. Todos estos medios de producción son frutos históricos del principal, del realmente indispensable medio de producción de la vida social, que es y siempre será el esfuerzo humano en sus diversas manifestaciones.

Para esto, es necesario atacar firmemente la lógica irracional privada y excluyente que beneficia a la plutocracia y financia apenas el consumismo más obsceno (bombardeado también como ideal de felicidad) de castas privilegiadas que siquiera están interesadas en solucionar el problema del hambre en una época de abundancia productiva. Dicha escasez es un mito, solo existe como residuo ideológico, un misticismo vulgar.

A través de la, cada vez mayor, cooptación en los parlamentos e intervenciones jurídicas – Brasil es un buen ejemplo actualmente – el capital está parasitando cada vez más el aparato del Estado con la finalidad de dominar todo y sus posibles brechas, elevando a la enésima potencia su capacidad de succionar al máximo a los trabajadores que consiguen participar en el juego de la solvencia económica. Aquí, allí y allá, se lubrifican con sudor, lágrimas y sangre los engranajes nefastos de la permanencia del capital como guía de la producción y reproducción de la vida.

Aunque insuficientes, las consignas elementales para los progresistas en todo el mundo deberían ser, desde hace mucho tiempo, la reducción radical de la jornada laboral y el ofrecimiento universal y gratuito de condiciones innegociables de estructuras, servicios y bienes.

Hannah Arendt ya destacaba en el prólogo de una de sus obras más importantes, “La condición humana”, porque dialécticamente se sigue haciendo culto al trabajo aun cuando debería estar cediendo lugar a nuevas prácticas:

“La era moderna trajo consigo una glorificación teórica del trabajo, y resultó en una transformación factual de toda la sociedad en una sociedad trabajadora. (…) Es una sociedad de trabajadores la que está para ser liberada de los grilletes del trabajo, una sociedad que no conoce otras actividades superiores y más significativas en vista de las cuales esa libertad mercería la pena ser conquistada.” (Arendt, 2016, p. 5)

Mientras no se enfrente decididamente el enraizado y autoritario mito del “trabajo que dignifica al hombre” – dignifica sea el trabajo que sea, lo que revela la completa falta de atención con el contenido sensible de las actividades humanas –  no se estará enfrentando la crisis frontalmente, haciendo muy poco por la transformación de las relaciones sociales.

Vale destacar que esta cantinela del trabajo ganó nueva fuerza y frescor con la predicación permanente neoliberal de que toda existencia necesita ser justificada no solamente por el trabajo, sino por el trabajo exitoso en la competitividad. De esta forma, cuando no hay perspectiva de empleo para todos y en una atmósfera de competencia totalitaria aliñada con un egoísmo desenfrenado, no sorprende que el fascismo se refuerce.

Día tras día se agigantan los poderes destructivos de un status quo sofocante que no emancipa a nadie, que no libera las energías creativas, desinteresadas y generosas de los seres humanos. Un arreglo societario que prefiere promover la autofagia, que es mezquino porque infunde el egoísmo, pobre porque destila avaricia contra el bienestar general, estúpido debido a su insostenibilidad y genocida una vez que asesina en masa.

Redistribución y compartir lo que se produce, solidaridad, cuidado, cooperación, generosidad, fraternidad, ocio y el bienestar no deben ser tomados como conceptos abstractos, distantes, etéreos, sino como un auténtico proyecto de gobierno alternativo al estado actual, no apenas de las cosas, sino, principalmente, de los hombres, mujeres y niños.

Referências

Arendt, Hannah. (2016). A Condição Humana. Rio de Janeiro: Forense Universitária.

Wilde, Oscar. (2004). A alma do homem sob o socialismo. Sabotagem. Acessível em: https://libcom.org/files/WILDE,%20Oscar.%20A%20alma%20do%20homem%20sob%20o%20socialismo.pdf.

 

Este artículo fue publicado antes en portugués aquí: https://outraspalavras.net/destaques/o-trabalho-dignifica-o-homem-tornou-se-uma-farsa/

Notas   [ + ]