PIB, desigualdad y cooperación

Sai ched’è la statistica? È ‘na cosa
che serve pe fà un conto in generale
de la gente che nasce, che sta male,
che more, che va in 
carcere e che spósa.
Ma pè me la statistica curiosa
è dove c’entra la 
percentuale,
pè via che, lì, la media è sempre eguale
puro co’ la persona bisognosa.
Me spiego: da li conti che se fanno
seconno le statistiche d’adesso
risurta che te tocca un 
pollo all’anno:
e, se nun entra nelle spese tue,
t’entra ne la statistica lo stesso
perch’è c’è un antro che ne magna due.

La statistica, Trilussa[i]

 

Desde hace un año colaboro con una pequeña ONG en la periferia de Lauro de Freitas. Este municipio es la perfecta representación de la desigualdad que aflige buena parte del territorio brasileño: por un lado inmensas favelas, pobladas al 90% por afrodescendientes, por el otro lado un barrio-fortaleza con todos los conforts, poblado al 90% por blancos.

Brasil es la séptima economía mundial, forma parte de los países de renta medio alta (sobre los cuales hablé en mi penúltima entrada “Nuevos desafíos para la Cooperación Internacional”) que son los países que ya no reciben Ayuda Oficial al Desarrollo en cuanto han superado la renta media de los baremos que la OCDE utiliza para decidir este tipo de cooperación. Brasil encabeza las filas de los países que en la última década tuvieron un fuerte aumento del PIB y que, sin embargo, están teniendo dificultades en disminuir las desigualdades sociales.

La relación entre la disminución de la ayuda y el ingreso entre los países de renta media de la mayoría de los países de la región, es indiscutible. La cooperación internacional está relacionada con el PIB de los países. Básicamente el desarrollo de un país se mide con el PIB: más altos son los ingresos, más alto es el nivel de desarrollo. En 2012 la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) elaboró el documento “Los países de renta media: nuevo enfoque basado en brechas estructurales”, donde se evidencian los motivos por los cuales esta lógica es parcial e incoherente. Según ellos afectar de manera sustancial (o hasta eliminar de todo) los flujos de AOD podría comprometer el camino hacia el desarrollo emprendido por América Latina, y es por esto que los países de renta media siguen necesitando de la cooperación. Desde los años 70 la ayuda oficial al desarrollo hacía América Latina ha disminuido fuertemente pasando desde un 14% de la AOD total en 1970 a un 8% en 2012 (CEPAL, 2012).

Si consideramos que los países de renta media representan más del 70% de la población mundial y también más del 70% del total global de pobres, nos damos cuenta de cuánto es necesario trabajar para mejorar las condiciones políticas, económicas y sociales de la población en estos países.

Los problemas están relacionados con varias brechas estructurales: ingreso per cápita, inversión y ahorro, pobreza, desigualdad, productividad e innovación, infraestructura, educación, salud, fiscalidad, género y medioambiente. Según este enfoque, además del PIB se deberían considerar los factores antes mencionados (que se encuentran en perfecta línea con los ODM) evaluando las necesidades reales de un país. Por otro lado, no podemos olvidarnos de la especificidad de cada país: no es correcto poner en la misma canasta todos los países de renta media. Los desafíos de estos países están más relacionados con la lucha contra la desigualdad social, la búsqueda de un crecimiento sostenible y el acceso a los servicios básicos, que a un crecimiento del PIB.

En el análisis de la CEPAL cada brecha tiene un indicador que sirve de variable representativa – proxy – (por ejemplo para la desigualdad se usa el índice de Gini). Analizando la clasificación de los países basados en estas brechas, notamos como la clasificación con base en el PIB no coincide con las otras.

Usaré como ejemplo el caso de Colombia, en cuanto caso más emblemático. Mirando la clasificación por brechas de desigualdad, se encuentra, desafortunadamente, entre los países más desiguales. Lo mismo pasa si analizamos la clasificación por índices de pobreza (tercero después de Honduras y Nicaragua) y con la clasificación por brecha de capital físico y humano. Sin embargo, mirando la clasificación por brechas de fiscalidad, Colombia resulta entre los países con una menor brecha, siendo considerado un país de renta medio-alta (CEPAL, 2012, p. 26). El caso colombiano muestra claramente que tener un alto índice de ingresos per cápita no significa necesariamente tener altos niveles de desarrollo. El desarrollo de un país se mide también a partir del acceso que la población tiene a los servicios básicos, de los índices de desigualdad y de pobreza.

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el 2005, reconoce que “las brechas en materia de desarrollo humano al interior de los países son tan amplias como aquellas entre países y reflejan una gran desigualdad de oportunidades: personas cuyo desarrollo se ve limitado debido al género, la identidad de grupo, la riqueza o la ubicación geográfica.” Negarle a la mitad de la población acceso a oportunidades de educación no sólo constituye una violación de los derechos humanos, sino que también es dañino para el crecimiento.

Con desigualdad no me refiero solo a las diferencias de ingresos sino, abarcando el pensamiento de Sen[ii], a las oportunidades de poder trasformar esto en bienestar y libertades. Efectivamente, el continente latinoamericano sufre de una gran brecha de ingresos entre la población, y sin embargo es igual de preocupante la fuerte diferencia en la posibilidad de acceso a los bienes básicos. Podemos reconducir este concepto a las “capacidades” que según Sen reflejan “la libertad para buscar” los elementos constitutivos del bienestar, y para poder tener la posibilidad de realizarse de la forma más idónea, y tener cada uno las mismas oportunidades. Por esto, cada caso es diferente y “en la evaluación de la desigualdad hay que tener en cuenta tanto la pluralidad de ámbitos en los que se puede considerar la desigualdad, como la diversidad de individuos”. Una persona que vive en un área aislada sin dudas tienes necesidades diferentes que un habitante de un barrio pobre de una capital latinoamericana.

Como no podemos hablar de desigualdad solo en términos de PIB, lo mismo pasa con el concepto de pobreza que no puede ser entendido solo en términos de bajos ingresos. Por ejemplo, el índice de pobreza no tiene en cuenta las características de las circunstancias personales de cada individuo: 1$ tiene un valor diferente en una gran capital que en una zona de campo o para una persona enferma y una persona sana. El enfoque de la pobreza “multidimensional” basado en el trabajo de Sen, entiende la pobreza como “el fracaso de las capacidades básicas para alcanzar determinados niveles mínimamente aceptables”.

Se puede así afirmar que unos de los problemas de la región latinoamericana consiste en la distribución desigual de la riqueza entre la población, y en la falta de oportunidades para salir de esta condición. Se habla de “trampas de la pobreza”, concepto que alude a grupos con baja movilidad socioeconómica que se encuentran así en un círculo vicioso de la pobreza causado por un cambio estructural demasiado lento, manteniendo la pobreza a través de las generaciones. Una de estas trampas es la que viene llamada “efecto de vecindario”, “que no le permite a las zonas rezagadas avanzar hacia una senda de desarrollo económico sostenido” (Galvis & Roca, 2010, p. 3).

Muchas veces estas desigualdades regionales se mantienen en el tiempo y en el espacio. Un ejemplo es el caso del Nordeste brasileño que secularmente ha sido una de las zonas más pobres y olvidadas de Brasil. Las desigualdades se repercuten a nivel mundial, estatales, regionales y locales y los edificios fortalezas de Lauro de Freitas donde se encierran los ricos para no ver el mar de favelas que los rodean, nos los demuestran cada día.


 

[i] Traducción personal: ¿Sabes que es la estadística? Es una cosa que sirve para hacer el recuento general de los que nacen, de los que están mal, de los que mueren, de los que van a la cárcel y de lo que se casan. Pero para mí la estadística curiosa es cuando entra la porcentual, porque allá el promedio es siempre igual, también con las personas necesitadas. Me explico: con las cuentas que se hacen según las estadísticas de ahora resulta que te toca un pollo por año: y aún cuando tú nunca hayas visto este pollo, entras en las estadísticas igualmente porque hay alguien que se habrá comido dos pollos.

[ii] Sen, Amartya K. (1992). Nuevo examen de desigualdad. Alianza, España

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Autora

Laurea Specialistica en Cooperación al Desarrollo por la Universidad de Bologna.

Especialista en Cooperación Internacional y gestión de proyectos.