En Perú no hay justicia sin ilegalidad

¿Acaso está prohibido que las mascotas del ministro tengan mejor alimentación, mejor salud y hasta mejor educación que los hijos de otro peruano?

justicia ilegal

¡Cómo, hermanos humanos,
no deciros que ya no puedo y
ya no puedo con tanto cajón,
tanto minuto, tanta
lagartija y tanta
inversión, tanto lejos y tanta sed de sed!1Verso tomado del poema Los nueve monstruos, de César Vallejo.

Vivimos en un país en el que se presume la culpabilidad de la gente honesta y la inocencia de los ladrones.  En el que el principio jurídico del in dubio pro reo 2La duda favorece al reo. se cumple solamente si es in dubio pro reo-rico. En el que la regla se ha vuelto excepción y la excepción regla. En el que los medios son tenidos como fines y los fines como medios. En el que se educa para competir no para compartir. En el que la libertad de expresión se confunde con la libertad de impresión. En el que la justicia para unos cuantos precisa de la injusticia para muchos. En el que lo legal se confunde con lo justo.

En otras palabras, vivimos en un país en el que no podemos darnos el lujo de apelar sin más a la ley o a la moral vigente, porque el crimen, y me refiero al crimen a gran escala, se comete cumpliendo la ley y la moral. Sino cómo es posible que un funcionario público, ministro o congresista, por ejemplo, se ocupe de luchar contra la desigualdad, la injusticia, el crimen, si su modo de vivir no es posible sin la desigualdad, la injusticia y el crimen. Y lo peor es que lo hacen de buena voluntad. Con razón decía, creo que Pascal, “nunca se hace tan bien el mal como cuando se hace con buena voluntad”.

En efecto, nuestras autoridades lo hacen de muy buena voluntad. Lo que quiero decir es que no es posible, a menos que uno sea un sinvergüenza, querer luchar contra la desigualdad y la injusticia social en nuestro país, si uno mismo encarna una desigualdad salarial de 30 a 1. Y por si fuera poco, el salario del que más recibe no está sujeto a retenciones tributarias, pero del que menos ganas sí. Un ministro peruano cualquiera, pero pongamos el de (in) justicia o el de educación gana más de 30 veces el sueldo legal mínimo de un ciudadano, incluso si este último tiene formación profesional. Y lo mismo ocurre con los que administran justicia, sobre todo con los jueces y fiscales de la Corte Suprema y el Tribunal Constitucional, sus relaciones salariales están ligadas a la administración de injustica.

¡Cuidado! No les estamos acusando a nuestras autoridades de ser ilegales o inmorales. De ninguna manera. Todos ellos son respetuoso de la ley y de las buenas costumbres. ¿Acaso está prohibido legalmente asignarse un sueldo 30 veces superior al sueldo legal de un conciudadano? ¿Acaso está prohibido moralmente diferenciarse salarialmente de la mayoría? ¿Acaso está prohibido que las mascotas del ministro tengan mejor alimentación, mejor salud y hasta mejor educación que los hijos de otro peruano? No está prohibido. Y como reza el principio jurídico moderno: “todo lo que no está prohibido está permitido”. No hay injusticia sin legalidad y no hay justicia sin ilegalidad.

De manera que sigan haciendo lo legal. De lo ilegal nos ocupamos nosotros. Lo que queremos hacer notar es que, si queremos igualdad y justicia social. Si queremos y ansiamos un país, una sociedad donde todos seamos tratados como fines y no como mediaciones para el lucro de unos cuantos, es decir, seamos tratados con igualdad y dignidad, tenemos que instaurar un nuevo orden legal y moral, donde el desarrollo de la vida de todos los peruanos sea el fin del Estado. Llevar a cabo esta tarea supone empezar por poner en cuestión la legalidad y moralidad de nuestras autoridades, pero también de cada uno de nosotros, porque nuestra forma de vivir hace posible la forma de vivir de ellos.

Finalmente, debemos advertir que esta es una tarea riesgosa. Lo sabemos porque la historia nos muestra que los derechos sociales no cayeron del cielo, fueron producto de arduas luchas, en la que corrió no chorros de tinta, sino de sudor y sangre. Valga como ejemplo la lucha por el aumento salarial llevada a cabo por nuestros maestros hace unos días. Al principio fueron tildados de ilegales, luego se les señaló de terroristas, hasta que su persistencia hizo que su reclamo fuera tomado en cuenta. Lo paradójico de esto es que hoy el gobierno lo está tomando como un mérito suyo. Es como si alguien llevara años robándole a la persona que debe proteger, pero al verse descubierto, promete devolverle en pequeñas cuotas todo lo que robó. Y por este acto le diéramos el premio a la honradez.

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Autor

Abogado y Filósofo. Universidad Nacional de San Agustín.

Director del Centro de estudios Disenso.

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Notas   [ + ]

1.Verso tomado del poema Los nueve monstruos, de César Vallejo.
2.La duda favorece al reo.