Pensar en tiempos de juridificación del crimen (III)

El Estado, que es el que debiera defender al pueblo, fundamento y razón de ser de su existencia, ha terminado volviéndose contra él.

“¡El pensar se debe volver más profundo y más crítico cuando la gravedad de la historia de sufrimiento de nuestros pueblos nos interpela!”.

Enrique Dussel

democracia

“Si me arrancan los medios con que vivo, me quitan la vida entera”1Shakespeare, William (2001). El mercader de Venecia. Bogotá: Carvajal Educación S.A.S, p. 125., decía Shylock, el personaje de El Mercader de Venecia. Hace unos días, una mujer campesina decía, “al contaminar nuestras tierras nos están matando”, al referirse a la contaminación generada por la minería que opera en su región. En efecto, si se nos contamina la tierra, se nos mata. La tierra es la que produce la comida, el agua que nos alimenta, el algodón y la lana que nos viste y abriga. Nuestra vida está ligada a la tierra, ella es la que nos proporciona los medios de vida. Por eso es madre tierra, “pacha mama”.

Sin embargo, los señores de las finanzas y sus cómplices no entienden o no quieren entender esto. A toda costa quieren llevar a cabo el principio de la ciencia de la naturaleza moderna inaugurada por Bacon: “torturar a la naturaleza para que suelte sus secretos”2Citado por Hinkelammert, Franz (2001). El nihilismo al desnudo. Los tiempos de la globalización. Santiago: LOM Ediciones, p. 161.. No se dan cuenta que al torturarla, torturan también al ser humano hasta matarlo. No es casual que la modernidad haya nacido y desarrollado a través de la tortura. Del mismo modo, que su otra cara, el capitalismo, como diagnosticó Marx, haya nacido “chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies a la cabeza”3Marx, Karl (1956). El capital. Crítica de la economía política. Tomo I. Buenos Aires: Cartago, p. 609.. Se podría decir de la modernidad lo mismo que del capitalismo: en el principio fue el crimen.

Si el fundamento es el crimen, su supervivencia depende de esté. La modernidad y el capitalismo necesitan del crimen, como el vampiro necesita de la sangre para seguir viviendo. Para esconder esta realidad y aparecer como justo y bueno, utiliza el Estado de Derecho. Se reviste de legalidad y sus intereses lo vuelve exigencia de Estado. Así, nuestras instituciones en general, en nuestro país, como en muchos, no están diseñados para combatir la injusticia, sino para asegurarla: producirla y reproducirla. Los intereses de las grandes corporaciones transnacionales que gobiernan nuestros países a través de los representantes políticos, elegidos por el pueblo, han convertido sus intereses en demandas de Estado.

El Estado, que es el que debiera defender al pueblo, fundamento y razón de ser de su existencia, ha terminado volviéndose contra él. El crimen se ha convertido en la forma de gobierno normal en nuestros días. Pero este hecho no se ve en nuestras relaciones sociales como tal, porque ha sido juridificado. Más bien, los que luchan por la justicia, los que reclaman el acceso a los medios de vida: agua, salud, trabajo digno, entre otros, son vistos como delincuentes, incluso, como terroristas, para el Estado de Derecho conforme al crimen juridificado.

Finalmente, luchar contra el crimen juridificado requiere previamente que como pueblo tomemos conciencia de ello, lo cual es una ardua tarea, porque, como decía Mark Twain, “es más fácil engañar a la gente que convencerlos de que han sido engañados”. Llevamos varios siglos sometidos al engaño, la farsa y la dominación. Es tiempo de sacudirnos de sus telarañas y apelar al legítimo derecho de rebelión contra la tiranía y la opresión, consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

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Autor

Abogado y Filósofo. Universidad Nacional de San Agustín.

Director del Centro de estudios Disenso.

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Notas   [ + ]

1.Shakespeare, William (2001). El mercader de Venecia. Bogotá: Carvajal Educación S.A.S, p. 125.
2.Citado por Hinkelammert, Franz (2001). El nihilismo al desnudo. Los tiempos de la globalización. Santiago: LOM Ediciones, p. 161.
3.Marx, Karl (1956). El capital. Crítica de la economía política. Tomo I. Buenos Aires: Cartago, p. 609.