Pensar la diversidad: el #Orgullo de resistir y disfrutar

No es posible asumir que existe una receta para lograr una victoria en cuanto a las demandas, porque el contexto es tan importante que el camino puede variar tanto en sus formas como en sus resultados.

Pensar la diversidad
Pensar la diversidad

Junio es el mes en que muchos países de América Latina y el mundo presencian con mayor visibilidad el activismo de la comunidad LGBT+. Y esto no es sorpresa porque el inicio de las movilizaciones comenzó en este mes con el famoso acontecimiento en 1969, en Stonewall (Martel, 2013).

De la marginación, estigmatización y persecución que recibían las personas cuya preferencia sexual e identidad de género no encajaba en la lógica heterosexual producida, surgió un movimiento que ante el hartazgo de la discriminación cotidiana se abrieron paso en la sociedad, marcando un hito para que este movimiento se replicara poco a poco en diferentes países.

Es por ello que pensar este #MesDelOrgullo desde la diversidad implica reconocer cuáles han sido los logros alcanzados, las demandas pendientes y los nuevos retos que se presentan para hacer de este mundo uno más incluyente a la diversidad.

¿Por qué luchar?

Todo movimiento social está constituido por un carácter racional, pero también una base emocional que sustenta su indignación y a la vez su utopía. Más allá de los recursos y de los objetivos, estos elementos se fundamentan en la necesidad de cambiar o eliminar un agravio, en este caso, la permanente hostilidad de la sociedad hacia las personas que no compartían los estándares de amor y autoidentificación establecidos.

Vivir la discriminación pueden ser de forma directa o indirecta. De forma directa es cuando la persona recibe claros ataques físicos, verbales y psicológicos a partir de su propia identidad diversa, sobre todo cuando se autorreconoce y expresa esta identidad más allá de su esfera íntima, es decir, cuando se presenta y representa en el espacio público o con sus grupos de desarrollo (familia, amigos, trabajo, por ejemplo). Por otro lado, la discriminación también tiene un lado soft que a pesar de ser más sutil no reduce ni elimina sus efectos; esta forma de vivir la discriminación se muestra cuando los grupos en donde nos desarrollamos expresan de manera constante chistes, estereotipos o juicios de valor que fortalecen la idea que la diversidad es errónea, fuente de vergüenza o condición mínima para ser acusado o discriminado por ‘atentar con las buenas costumbres’.

En cualquier de sus formas, esa experiencia y vivencia permanente afecta a la propia comunidad; de allí que la lucha y la movilización surjan como una respuesta a esta discriminación. Vivir de forma activa o pasiva estos estigmas reducen la calidad de vida de las personas, limitan su desarrollo pleno, profundizan la desigualdad y encausan a las sociedades a sistemas culturales y legislativos que someten identidades emergentes.

Por ello, la movilización no solo atiende un carácter de respuesta, sino también de reivindicación y lucha por la dignidad; una dignidad que se sitúa en la identidad, en la capacidad y libertad de cada individuo de ser quien es, de asumir que la diversidad es normal y que #NoHayNadaQueCurar. De hecho, las luchas alrededor del movimiento LGBT+ a nivel mundial iniciaron con una demanda específica: visibilidad y reconocimiento; de allí pasaron paulatinamente a exigir derechos culturales (Touraine, 2005) que, después de tomar el espacio público, se dieron cuenta que existía una serie de prácticas que limitaba su derecho ante el Estado… conforme los movimientos avanzan, amplían sus demandas, pero también reconocen sus logros y los nuevos retos que se presentan en cada espacio de la vida pública.

Existen diferentes formas de luchar y diferentes campos de batalla; se lucha mediante las organizaciones sociales que promueven cambios mediante sus acciones de incidencia, se lucha a través de los cambios legislativos para reconocer los derechos que toda persona adquiere ante el Estado, y también se lucha mediante la visibilidad y la fiesta porque las sonrisas y la alegría se vuelven una forma de revitalizar la utopía.

Un ejemplo de esta última forma de luchar se manifiesta en las marchas del orgullo, donde colores y cuerpos materializan la comunidad LGBT+. La fiesta es subversiva no solo por su manifestación, sino porque dota de festividad a la revolución que se lleva a cabo.

¿Qué se ha ganado?

Los avances varían de acuerdo con el país, el contexto cultural y el activismo que se desarrolla y articula en esos lugares. No es posible asumir que existe una receta para lograr una victoria en cuanto a las demandas, porque el contexto es tan importante que el camino puede variar tanto en sus formas como en sus resultados.

Un ejemplo de ello es el matrimonio igualitario en la región. Aunque se comparten elementos culturales, también se comparten retos y discursos de odio que se materializan en organizaciones que luchan contra la revolución sexual. El movimiento LGBT+ ha demostrado que los conservadores también marchan. El siguiente mapa muestra cuál es el avance en la legislación sobre el matrimonio igualitario en América Latina.

Matrimonio igualitario en América Latina
Fuente: Olmedo Neri, 2020: 9

De esta manera se observa que la lucha no ha acabado y que falta mucho por hacer. Las demandas casi siempre coinciden porque la opresión y discriminación se sustentan en los mismos fundamentos, la gran mayoría de carácter religioso y moral.

El derecho al matrimonio igualitario, al cambio de identidad, a la posibilidad de adopción, el acceso a derechos en el ámbito de salud que poseen las parejas heterosexuales, su visibilidad dentro de los censos de población, la representación en cargos públicos, la generación de políticas públicas para el sector, la legislación en contra de las terapías de conversión, la penalización ante los discursos de odio, entre otros, dan tan solo una idea de que a más de 50 años de la primera lucha por el reconocimiento, el camino se ha ampliado y con ello la lucha de sus derechos.

¿Cómo pensar la diversidad ahora?

Tal vez, la mejor forma de pensar este movimiento es mediante la idea de red. Es decir, un conjunto de personas, organizaciones, instituciones y miembros que participan de manera autónoma para contribuir al cambio. Dicha autonomía permite que se formen alianzas y organizaciones específicas de acuerdo con los momentos de coyuntura, por lo que la red crea nuevos vínculos de acuerdo con los objetivos y el contexto.

Hoy, la comunidad LGBT+, particularmente las juventudes LGBT+ tienen recursos que utilizan a su favor no solo para pensarse, sino también para reafirmar su identidad. Internet, por ejemplo, ha contribuido a la descentralización de la información, pero también ha permitido que las juventudes LGBT+ puedan trascender las limitantes territoriales y sociales para conocer sobre la comunidad, sobre la identidad e identificar a sus iguales.

Las plataformas sociodigitales como Facebook, Twitter, Instagram, TikTok, por ejemplo, no solo funcionan como lugares para el ocio, sino también para construir comunidades y redes de apoyo, conocer potenciales amigos, identificar medios que ofrecen información a la comunidad LGBT+, reconocer organizaciones que trabajan por la comunidad y que en conjunto todos estos elementos permiten construir un discurso alternativo a la articulación de la discriminación que se vive en espacios como la familia, la escuela o el trabajo.

Existe una mayor apertura institucional; el reconocimiento que se ha obtenido con el activismo permite entrever que la sociedad está cambiando sus discursos y está aceptando la diversidad. Este cambio no solo se debe al activismo de las asociaciones y las personas activistas, sino también a quien día a día lucha y resiste mediante su identidad, su expresión y su defensa en el espacio público.

Hoy más que nunca, existe una enorme posibilidad de resistir y existir en una sociedad que ha cambiado paulatinamente su percepción sobre esta comunidad. Esto es solo el principio, falta mucho por hacer y es labor de todas las personas integrantes o simpatizantes de la comunidad LGBT+ contribuir a esta apertura para que pronto más que una vivencia se vuelva parte del pasado como una amarga experiencia.

Así, pensar en la diversidad implica reconocer inexorablemente un Orgullo no solo por lo que se tiene o lo que se ha conseguido, sino por lo que se es. Que este movimiento siga avanzando depende tanto de sus integrantes como de las personas e instituciones que reconocen que nadie es libre hasta que todos seamos libres, una de las primeras consignas del movimiento LGBT+ mexicano.

Bibliografía

Olmedo Neri, Raul Anthony (2021) La comunicación emergente en México (2009-2016): las organizaciones civiles en la lucha por el matrimonio igualitario (Tesis de Maestría). México: UNAM. Disponible en: https://bit.ly/3fVz2qi

Touraine, Alain (2005) Un nuevo paradigma para entender el mundo de hoy. Barcelona: Paidós.

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Profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de México (UNAM)

Formado en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) e Ingeniería Agrónoma, Especialización en Sociología Rural en la Universidad Autónoma Chapingo (UACh).

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