Pensar la crisis ambiental más allá del desarrollo sustentable

Un análisis del papel del desarrollo sustentable como discurso capitalista para mantener la relación depredadora del capital hacia la sociedad y naturaleza.

Capitalismo ambiental
Capitalismo ambiental

El problema de la crisis ambiental y civilizatoria (Torres, 2003) se ha vuelto moda; se exacerba en los discursos, se reproduce en las redes sociodigitales; en todas las políticas públicas se coloca al menos en un buen párrafo la vinculación (casi obligada) entre el ambiente y el recurso que se le otorgará a diferentes sectores de la población o la funcionalidad que tendrá la obra a la que se le está destinando una buena cantidad del erario público.

Meme ambiental
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En todo caso, esa saturación del problema, el cual es real, conlleva a diluir las responsabilidades a nivel global, cuando gran parte de esta situación se debe a un conjunto de empresas y empresarios que a través de la lógica capitalista mantienen una depredación hacia la naturaleza, y que, atenúan su responsabilidad a través del discurso (que se vuelve ideología) del desarrollo sustentable.

Es por ello que en la presente entrada se hace un análisis del papel del desarrollo sustentable como discurso capitalista para mantener la relación depredadora del capital hacia la sociedad y naturaleza.

Del problema ambiental

El cambio climático y con ello la crisis civilizatoria se deben entender como un problema complejo que en principio no puede resolverse con medidas de mitigación o compromisos multilaterales entre los Estados-Nación, ya que esto excluye (de manera consciente o inconsciente) tanto a la industria privada, como a la sociedad en general. Son estos tres elementos los responsables de la situación en la que nos encontramos, sin embargo, aún en esa corresponsabilidad existe una diferenciación en el nivel de contribución sobre el problema. No es que la sociedad en general contamine más por un principio de cantidad, sino que son las empresas en sus procesos de producción lo que ha llevado a un incremento de las emisiones de dióxido de carbono (CO2).

Particularmente las empresas de manufactura, textiles, agropecuarias y tecnológicas son aquellas que consumen no sólo una mayor cantidad de recursos (renovables y no renovables) sino que contaminan en mayor medida por sus propios procesos de producción, así como la falta de una producción planificada. Ellas no producen con base en la calidad, sino en la cantidad… amén al libre mercado y su autorregulación.

Estas empresas se desarrollan con una lógica capitalista donde la acumulación es un imperativo categórico. Por ello, poseen una ansiedad en acelerar cada vez más los ciclos del capital (mercantil, dinerario y productivo) a costa de los ciclos naturales que son más lentos.

Por ejemplo, mientras que el tiempo necesario para que un cedro tenga el tamaño suficientemente rentable para ser cortado puede oscilar entre 30 y 50 años, la industria inmobiliaria no puede esperar ese tiempo para poder transformarlo en un bello mueble o un piso ‘natural’.

Por lo anterior, más que un problema de especie es un problema del sistema en el que nos desarrollamos. Allí reside en primera instancia esta complejidad.

Del desarrollo sustentable: apuntes para una crítica

El desarrollo sustentable es parte de la evolución conceptual que intenta dar un cambio en la forma de ser/estar en sociedad; su antecedente inmediato es el desarrollo sostenible. En ambos casos, la idea del desarrollo sustentable es en última instancia instaurar una especie de ‘capitalismo verde’ que sea amigable con la naturaleza (Husson, 20113; Olmedo, 2017).

Sin embargo, lo que realmente entraña es el proceso de modificación de la forma de explotación y no su esencia; es decir, lo que se postula con el desarrollo sustentable es hacer una mejor administración y uso de los diferentes recursos naturales. Esto conlleva un uso más eficaz y eficiente de esos recursos, lo cual más que ayudar, incrementa el proceso de explotación de los ciclos naturales.

Capitalismo ambiental

La lógica del desarrollo sustentable se basa en generar medidas de mitigación, las cuales revisten un principio básico que puede ser postulado de la siguiente manera: no podemos cambiar el sistema capitalista en el que nos encontramos, ni la forma de explotación desmedida hacia la naturaleza, por lo que la humanidad debe ceñirse a la adaptación y resiliencia.

Esta es la forma oculta en la que el discurso del desarrollo sustentable se mueve y reproduce: la humanidad debe aceptar las consecuencias lógicas del capitalismo, ya que esa resiliencia y adaptación implica el consumo de productos y servicios que cada vez más incrementan su demanda y por tanto precio.

Otra de los diferentes postulados emanados del desarrollo sustentable es la idea de ‘interiorizar las externalidades’ bajo el principio de ‘quien contamina, paga’, sin embargo, esa sentencia no se aplica de la misma manera en todos los países, por lo que el capital puede moverse a aquellas zonas donde, en su afán de atraer Inversión Extranjera Directa (IED) minimizan las sanciones.

Después de ver desde esta perspectiva el desarrollo sustentable, parece ser que la crisis que hoy se nos presente como impensable, realmente es una consecuencia lógica del proceso capitalista que ha sido provocado por empresas y gobiernos que tiene nombre y apellido. Ellos, sin embargo, se revisten de combatientes al cambio climático sembrando miles de árboles en un año, cuando esa es una medida a largo plazo, se necesitan acciones en el presente (contra quienes contaminan más).

Cómo pensar la relación sociedad-naturaleza

Si hacemos una revisión práctica de las políticas públicas que se han desarrollado para mitigar el cambio climático, éstas se han desarrollado desde el Estado y la Industria Privada, dejando de lado las prácticas ancestrales de grupos culturalmente diversos y disidentes a la lógica capitalista. Se les desestima porque ‘son obsoletos’, pero en realidad sus prácticas son resistentes al embate del capital.

Ya sea con el Sumak Kawsay (Olmedo, 2014), o la propuesta de desarrollo compatible (Torres, 2012), estas prácticas sociales y culturales han sido parte de una forma de controlar, regular y perpetuar el recurso ambiental para dar paso a su garantía para las futuras generaciones.

Casos de éxito son presentados por Elinor Ostrom (2011) donde la organización social a lo largo del tiempo ha permitido no sólo crear sistemas de control, sino refinarlos y modernizarlos de acuerdo con la situación actual de la crisis. En cualquier caso, se requiere tomar su visión, considerarla para dar cuenta que otra forma de establecer relación con la Tierra (como un conjunto y como sujeto, más que un sujeto) es posible

Consideraciones finales

El problema está a la vuelta de la esquina, las sociedades en los diferentes continentes están viviendo de manera distinta los efectos del cambio climático. Y más allá de pensar en discursos que hagan más eficientes el sistema, se debe pensar que es ese sistema el que ha contribuido en gran medida el problema al que nos deberemos enfrentar más allá de la resignación, la adaptación y la resiliencia.

Bibliografía

Husson, M. (2013). El capitalismo en 10 lecciones. Madrid: La oveja roja.

Olmedo Neri, R. A. (2014). Sustentabilidad o desarrollo compatible. Las implicaciones en la relación campo-ciudad. Asuntos, 97-106.

Olmedo Neri, R. A. (9 de Diciembre de 2015). Del imperio de la sustentabilidad a la sustentabilidad del imperio. Obtenido de Desde la Trinchera Sociológica: https://iberoamericasocial.com/del-imperio-de-la-sustentabilidad-a-la-sustentabilidad-del-imperio/

Ostrom, E. (2011). El gobierno de los bienes comunes. México: FCE-UNAM-IIS.

Torres Carral, G. (2003). Civilización, ruralidad y ambiente. México: Plaza y Valdés.

Torres Carral, G. (2006). Poscivilización: guerra y ruralidad. México: Plaza y Valdes.

Torres Carral, G. (2012). Desarrollo compatible: nueva ruralidad y nueva urbanidad. México: UACh.

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Estudiante en Maestría en Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Formado en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) e Ingeniería Agrónoma, Especialización en Sociología Rural en la Universidad Autónoma Chapingo (UACh).

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