Pensar la Constitución política del Perú

Si toda ley remite en última instancia a la Constitución, esto es decir, se funda en la Constitución, ¿qué hacer cuando invocando la Constitución se asesina, se roba y se explota a gran escala?

Pensar la Constitución política del Perú
Constitución del Perú

“El pienso luego existo” es la causa del crimen contra el vivo luego pienso.

En nuestra última entrada titulada “Desfetichizar el pensar”, sostuvimos apoyados en el filósofo de la liberación, Enrique Dussel, que es urgente restituir el pensar al servicio del desarrollo, producción y reproducción de la vida comunitaria, puesto que ha sido puesto al servicio del desarrollo del aumento de la tasa de ganancia a costa de la vida humana, y también habrá que agregar de la tierra, nuestra casa común.

La hipótesis antes expuesta la podemos corroborar con intelectuales que hacen del dinero la medida de su pensar y de su pluma. Para ellos no todo asesinato, no todo robo, no toda violación de la libertad son delitos. Si son llevados a cabo para reproducir el aumento del capital, es el justo precio que se debe pagar para desarrollarnos como país.

Se escandalizan cuando se viola un contrato minero perjudicial para una población. Pero enmudecen y hasta celebran cuando ese mismo contrato es suscrito, incluso si para tal fin es necesario asesinar a unos cuantos opositores. Como se ha hecho y se sigue haciendo en gran parte de nuestros países latinoamericanos, que por cierto es la región con más líderes defensores del ambiente y los derechos de los pueblos originarios, asesinados.

Pero ¿cómo hacen para que el asesinato, el robo y la explotación laboral a gran escala por los dueños del capital y las finanzas sean vistos como condición necesaria para el progreso de un país sin que sean considerados delitos? Es cierto que se nos podrán ocurrir muchas sospechas, pero quisiera ensayar una, al que la llamaremos a falta de un mejor nombre, “el misterio del Derecho”.

Es sabido que los juristas en general han sido condescendientes con la injusticia legalizada. En su momento el genio de Marx diagnosticó que la relación económica capitalista era vista a través del espejo del Derecho. Ciento cincuenta años después no solamente las relaciones económicas son vistas a través de ese espejo, sino que las relaciones humanas y nuestra relación con la naturaleza son vistas a través de ese mismo espejo. Aquí reside el misterio del derecho moderno, en que juridifica relaciones criminales, de tal manera que la víctima aparezca como victimaria y el victimario como víctima.

Constitución del Perú
Fuente: http://www.pajinaslibres.pe/cgi-sys/suspendedpage.cgi?publicacion=27

Esta misteriosa transformación se puede resumir parafraseando a Hegel en el siguiente enunciado: “todo lo que es legal es justo y todo lo que es justo es legal”. Sin embargo, alguien cultivado en derecho podrá decir que hoy el principio de legalidad ya no es suficiente puesto que ha sido avasallado por el principio de constitucionalidad. En efecto, el paradigma del constitucionalismo ha superado al del legalismo. En los estados de derecho constitucional para que la decisión de una autoridad sea válida, aunque no legítima1La legitimidad se alcanza cuando la decisión cuenta con el consenso del pueblo., debe ser conforme a la constitución. La legalidad está subordinada a la constitucionalidad.

Si esto es así, entonces, el enunciado sería reformulado de este modo: “todo lo constitucional es justo y todo lo que es justo es constitucional”. Constitucional significa que una porción de la realidad política ha sido encuadrada jurídicamente, vale decir, ha sido revestido de juridicidad. Por tanto la realidad política ya no nos aparece directamente, sino a través del cristal del derecho. Así cuando la víctima intenta rebelarse contra una relación política perjudicial, automáticamente aparece como delincuente, incluso como terrorista, porque infringe no una decisión política, sino un dispositivo legal.

Por eso no es de extrañar que con el auge del paradigma constitucional, a principios de la década del 90 del siglo pasado muchos países latinoamericanos acomodaran el contenido de sus constituciones a los criterios del Consenso de Washington, entre ellos el Perú, con la sanción de la Constitución política de 1993. Si la legalidad se fundaba en la constitucionalidad, los señores del capital tuvieron que elaborar una constitución pertinente a sus intereses.

Si toda ley remite en última instancia a la Constitución, esto es decir, se funda en la Constitución, ¿qué hacer cuando invocando la Constitución se asesina, se roba y se explota a gran escala? Una respuesta inmediata sería reformarla, como en efecto, algunos juristas sostienen. Pero si reparamos un momento en la respuesta, la siguiente pregunta sería, ¿es suficiente reformarla? Y si fuera así, ¿qué deberíamos reformar de la constitución? Y si fuéramos más impertinentes, ¿por qué deberíamos reformar la constitución?

Estas son algunas de las interrogantes que referencialmente nos hemos propuesta pensar en lo que queda del año 2018. Porque consideramos que son de suma necesidad para los peruanos. Una Constitución por usar una analogía de Bautista Alberdi, es una Carta de navegación que guía los destinos de un país. Y tal como podrá constatar cualquier conciudadano, no es que los peruanos hayamos perdido la visión de país o de comunidad política, como algunos juristas y politólogos sostienen. Tengo alta sospechas de que nunca lo hemos tenido. De manera que no se puede perder lo que no se tiene.

Por eso, finalmente, si queremos un país donde todos quepamos, donde se puede vivir con los otros y no a costa de la vida, del trabajo y la libertad de los otros, es de vital importancia pensar nuestra Constitución política, para ver si merece ser reafirmada, reformada o transformada desde su raíz.

Notas   [ + ]

1.La legitimidad se alcanza cuando la decisión cuenta con el consenso del pueblo.