Paul K. Feyerabend, Anarquismo Epistemológico y Educación.

La idea de un método que incluya principios científicos, inalterables y absolutamente obligatorios que rijan los asuntos científicos entra en dificultades al ser confrontada con los resultados de las investigaciones históricas. En ese momento nos encontramos con que no hay una sola regla, por plausible que sea, ni por firmemente basada en la epistemología de la que venga, que no sea infringida en una ocasión u otra. Llega a ser evidente que tales infracciones no suceden accidentalmente, que no son el resultado de un conocimiento insuficiente o por falta de atención que se podrían haber evitado. Por el contrario, vemos que son necesarias para el progreso.

(Paul K. Feyerabend. Contra el Método)

Paul Karl Feyerabend
Paul Karl Feyerabend

Paul Karl Feyerabend, filósofo de la ciencia austriaco del Siglo XX, concibió el anarquismo epistemológico mediante su propuesta de que los procesos científicos debían estar libres de cualquier dogmatismo científico, epistemológico o metodológico. Feyerabend plantea que se realicen mediante un ejercicio total de la libertad del científico, es decir, aplicando todos sus conocimientos, poniendo en juego las diferentes metodologías para construir teorías según convenga, colocando elementos contraracionales (que podrán llegar a ser racionales), estableciendo hipótesis ad hoc (que validen particularidades), en definitiva, estableciendo la máxima libertad en los procesos de investigación ya que la verdad científica ni está completa ni es generalizable, sino que es un proceso histórico-dialéctico en el que se van descubriendo nuevas verdades que podrán ser definitivas hasta que sean derrumbadas en pos de otras verdades. Nada es concluyente ni inmutable.

Esta breve lectura de las bases del anarquismo epistemológico de Paul Feyerabend le valió para ganarse el apodo de “Enemigo de la Ciencia” por parte de los científicos de la época. El dogmatismo imperante en cada uno de los campos epistemológicos no toleró la osadía de Feyerabend de considerar la Ciencia como algo abierto y libre que no debe estar sometido a la rigidez de los métodos ya que estos capan la libertad de descubrimiento y crecimiento que deben caracterizar a la Ciencia. Feyerabend hace un acertado análisis sobre como grandes científicos de la historia tuvieron que luchar contra esos dogmas llegando a estar en riesgo grandes avances, como la teoría heliocéntrica de Copérnico, que fue fuertemente criticada por los científicos de la época al ir en contra de los dogmas establecidos como irrechazables hasta el momento.

La denominación de anarquismo en la epistemología de Feyerabend no es casual. Su concepción de la Ciencia como un proceso humano en el que la máxima expresión de libertad individual va íntimamente ligada al desarrollo colectivo de la humanidad es uno de los principios básicos del anarquismo. El individuo anarquista construye su “verdad” basado en la interrelación cognitiva entre el conocimiento adquirido a lo largo de su vida, las lecturas realizadas, los conocimientos adquiridos, las experiencias vividas y, sobre todo, en el encuentro con sus semejantes, donde ofrece su punto de vista en un diálogo horizontal donde conoce otras “verdades” que son discutidas democráticamente enriqueciendo el conocimiento colectivo (y el individual) para, mediante el proceso dialéctico conjunto, construir procesos de actuación frente a la situación tratada.

Esto representa que la teoría es validada mediante el proceso colectivo, llevando esto implícito que lo correcto es definido en base a las características y posibilidades que ofrece el objeto de la investigación. Esto significa que el investigador no debería llegar con una idea absoluta y cerrada sobre la metodología que empleará, sino por el contrario, tendrá que construirla de forma conjunta (eliminando la separación de sujeto-objeto), adaptando las técnicas que utilizará al contexto en el que se encuentra sumergido. De esta forma, el investigador, pasa de encontrarse en una relación vertical sujeto-objeto a una relación horizontal donde se funde con el objeto de estudio para colocar el avance científico por encima de sus propias convicciones epistemológicas. El desarrollo científico se impone a cualquier tipo de restricción metodológica proveniente de los diferentes dogmas científicos.

En el plano educativo considero que en el anarquismo epistemológico postulado por Feyerabend se encuentra la clave para establecer procesos de enseñanza-aprendizaje humanos dentro de las instituciones educativas. La educación tecnicista (con el libro de texto como baluarte de ella) impera hoy día en la mayoría de las aulas. En ella se aplica un material, que lleva implícita un dogma metodológico (el mecanicista), sobre la población estudiantil sin tener en cuenta sus características socio-culturales, económicas, históricas o de aprendizaje. Es decir, ignora que cada grupo humano es único y que, por tanto, precisa de estrategias singulares que se adapten a sus particularidades. Existe un material, el profesor lo ejecuta y el alumnado lo recibe. Ambos, profesor y alumnado son seres pasivos en la creación del proceso de enseñanza-aprendizaje dentro de la educación tecnicista. La actual tónica educativa es la antítesis del anarquismo epistemológico.

Mediante el anarquismo epistemológico, tanto estudiantes como docentes se convierten en sujetos activos del proceso educativo. El docente pone a disposición del alumnado todo su conocimiento sobre metodologías, técnicas, estrategias y elementos que favorecen un aprendizaje significativo en el alumnado. Los estudiantes participan en la construcción de su aprendizaje a través del proceso dialéctico permanente con el docente en el que expondrán sus preferencias para el desarrollo de las aulas así como sus inquietudes e intereses en la vida. Esta interrelación constante entre docente y estudiantes establecerá el espacio escolar como un lugar donde se desarrolla la democracia más radical, un lugar donde exponer las ideas de cada uno, establecer diálogos y llegar a acuerdos comunes en pos del desarrollo colectivo del aula y, por extensión, de la escuela y la sociedad. Otorgando el protagonismo de la construcción didáctica a docentes y estudiantes no solo lograremos un desarrollo más adecuado a las características del grupo con el que trabajamos, sino que aportaremos habilidades tan esenciales para una sociedad democrática como son la libertad de pensamiento y expresión, la reflexión sobre lo más positivo para cada circunstancia, el diálogo en pos del beneficio común o el poder de decisión.

Las habilidades sociales se aprenden ejerciéndolas, sin embargo dentro del sistema educativo están en decadencia, colocando tanto a docentes como a estudiantes en la sumisión a lo dado, alienando sus capacidades humanas de libertad, diálogo, reflexión y decisión. En nuestras manos tenemos la posibilidad de revertir esta situación para comenzar a introducir en las aulas los elementos democráticos que tanto demandamos para nuestra sociedad pero que se encuentran ausentes en ella. ¿Queremos ciudadanos activos, democráticos y con libertad de expresión y pensamiento? Empecemos entonces permitiendo esas características a nuestro alumnado para que puedan interiorizarlas y desarrollarlas.

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Autor

Licenciado en Pedagogía por la Universidad de Sevilla.

Doctorando en Difusión de Conocimiento por la Universidad Federal de Bahía, Brasil.