Pandemia y crisis de una visión del mundo

Aquel modo de relación humana que la modernidad se encargó de destruir y encubrir sistemáticamente durante cinco siglos, ahora resulta que es lo que puede salvar a la humanidad toda.

Pandemia y crisis
Pandemia y crisis

“En épocas remotas, en lo más temprano de los tiempos, cuando éramos los bichos más vulnerables de la zoología terrestre, cuando no pasábamos de la categoría de almuerzo fácil en la mesa de nuestros vecinos voraces, fuimos capaces de sobrevivir, contra toda evidencia, porque supimos defendernos juntos y porque supimos compartir la comida. Hoy en día, es más que nunca necesario recordar esas viejas lecciones del sentido común”
(Galeano, 2003).

 

Estamos experimentando una crisis y por eso somos afortunados. La crisis que vivimos mundialmente no es la sanitaria ocasionada por la pandemia COVID-19, esta es solo una de las consecuencias de la crisis principal. Al parecer lo que estamos experimentando es la crisis de un modo de pensar y de vivir llamado modernidad. Y somos afortunados porque toda crisis es un estímulo para el pensamiento crítico, el momento ideal para tomar conciencia de qué es lo que estamos haciendo mal. Y por lo tanto, una oportunidad para crear las posibilidades de un mejor estado de cosas.

Dos serán las preguntas que nos ayuden a reflexionar sobre ello: ¿Qué es la modernidad? Y ¿por qué la modernidad está en crisis?

¿Qué es la modernidad?

Definiciones sobre lo que es la modernidad hay para todos los gustos.  Para nosotros no se trata de gustos, sino de necesidad teórica. Porque son los problemas los que nos deben indicar a qué pensadores acudir y no al revés.  Teniendo en cuenta este criterio  nos apoyaremos en lo que han dicho al respecto dos pensadores latinoamericanos que tienen una perspectiva crítica sobre el mundo: José Carlos Mariátegui y Enrique Dussel.

La invasión de América, escribió Mariátegui (1988), “es el principio de la modernidad: la más grande y  fructuosa de las cruzadas. Todo el pensamiento de la modernidad está influido por este acontecimiento” (p. 163). Si bien nuestro autor no nos da una definición sobre lo que es la modernidad, nos sugiere que esta se inició en 1492 con la invasión de América. Y además,  nos advierte que todo el pensamiento de la modernidad está influido por dicho acontecimiento. Si es así, cabe preguntarnos ¿qué es  lo que motivó la invasión de América?

La respuesta nos la sugiere Cristóbal Colón cuando exclama: “¡El oro es una cosa maravillosa! Quien lo posee es amo de todo lo que desee. Por medio del oro se puede llegar a abrir a las almas las puertas del paraíso” (Marx, 1973, p. 138). La invasión de América estuvo motivado por un fin concreto: la avidez de lucro. Y como el fin es el origen y principio de todo pensamiento (Lledó, 2018), es razonable concluir  con Mariátegui, entonces, que todo el pensamiento moderno está influido por la invasión de América, cuya finalidad es la ambición de lucro.

De acuerdo con Dussel (2008) 1492 será el momento del “nacimiento” de la Modernidad como concepto, el momento concreto del “origen” de un “mito” de violencia sacrificial muy particular y, al mismo tiempo, un proceso de “en-cubrimiento” de lo no- europeo” (p. 9).  Ese mito de violencia sacrificial y de encubrimiento se ejerció contra todas las culturas que tenían modos de pensar y de vivir distintos e incluso contrarios al nuevo proyecto cultural que se inauguró con la invasión de América, al cual  luego se le denominará modernus, expresión latina  que significa reciente, actual o nuevo. ¿En qué se basaba ese modo de pensar y de vivir que la modernidad destruyó y encubrió?

Ese modo de pensar y de vivir  característico de los pueblos no modernos se fundaba principalmente en relaciones comunitarias y solidarias, no solamente entre seres humanos, sino también con la naturaleza. La modernidad  para poder desarrollarse tuvo que destruir y hacer aparecer como inferior e irracional ese tipo de relación humana. Y sustituirlas por relaciones basadas en el individualismo egoísta  y en la dominación de la naturaleza, como condiciones necesarias para la maximización de las ganancias. Sin un  modo de pensar y de vivir individualista e insolidario, y sin constituir a la naturaleza como objeto a la cual se la puede explotar y destruir, era imposible el desarrollo del proyecto moderno.

¿Qué es, entonces, la modernidad?  Es el punto de vista de un momento cultural de Europa que terminará imponiéndose –en principio por la violencia y luego a través de la educación formal–  progresivamente a la mayor parte de los pueblos de la tierra. Esta visión del mundo se basa principalmente, por un lado, en considerar que las relaciones humanas superiores y racionales son las relaciones basadas en el individualismo, de ahí que la entidad fundamental de la política y del derecho moderno sea el individuo. Y por otro lado,  en suponer que la naturaleza es objeto bajo dominación del ser humano (Ávila Santamaría, 2019), de ahí que se la pueda –como decía Bacon- torturar  para que suelte sus secretos.

¿Por qué la modernidad está en crisis?

Expresiones tales como “solo juntos saldremos de esta”, “solo la solidaridad puede salvar a la especie humana”, “es la hora de la solidaridad”. Y “detrás de la pandemia está la destrucción de la naturaleza”, “es la oportunidad de reconciliarnos con la naturaleza“, “es momento de repensar nuestra relación con la naturaleza” se escucha repetir todos los días a muchos líderes políticos en el contexto de la pandemia COVID-19 que estamos experimentando. Todo lo cual estaría demostrando empíricamente que las relaciones comunitarias y de solidaridad, y el cuidado y respeto de la naturaleza habían sido lo más superior y racional. Es decir, aquel modo de relación humana que la modernidad se encargó de destruir y encubrir sistemáticamente durante cinco siglos, ahora resulta que es lo que puede salvar a la humanidad toda.

Si lo visto hasta aquí es cierto, entonces, la principal crisis que estamos experimentando no es la sanitaria, sino la crisis de una visión del mundo, de un modo de pensar y de vivir: la modernidad. La cual en menos de 500 años ha puesto en peligro las posibilidades de la vida en la tierra. La pandemia COVID-19 es solamente una de las manifestaciones de este modo de pensar y de vivir. Sin embargo, señalar que la modernidad está en crisis  no quiere decir que se pueda desechar todo lo logrado por ella, por ejemplo, en ciencia y tecnología. ¡No! De lo que se trata, como sostiene Bautista Segales (2019) es de dejar de creer en su forma de vida basado en el individualismo y en la dominación de la naturaleza. Porque intentar realizar su proyecto está conduciendo a la humanidad al suicidio.

En la primera clase del curso Estética Latinoamericana de la Liberación, el maestro Enrique Dussel (2020) decía refiriéndose a la relación del ser humano con la naturaleza, que “en el reino animal la única especie suicida es la especie humana”. Lo cual es indiscutible, pero en parte. Porque hay pueblos en la tierra, como por ejemplo los pueblos originarios andinos y amazónicos en América Latina, que no han sido alcanzados por la modernidad, que su relación con la naturaleza está basada en el cuidado y respeto. Al parecer,  la única especie suicida es la especie humana moderna.  Es la única visión del mundo que, en nombre de la racionalidad y el progreso económico, en poco tiempo está destruyendo las posibilidades de la vida humana en la tierra. Es un modo de pensar y de vivir  suicida.

¿Por qué, entonces, la modernidad está en crisis? Porque su modo de pensar y de vivir basado en el individualismo y en la dominación de la naturaleza, que son los dos pilares en los que se sostiene, se está demostrando inviable. Mejor dicho: suicida.

Conclusión

Las invocaciones de solidaridad y el interés por el cuidado de la naturaleza que hemos visto en estos días  –incluso de algunos Bancos– son epidérmicas.  Permanecerá mientras dure la pandemia.  De lo que se trata es que se vuelva un modo de pensar y de vivir. Y eso no es posible si no empezamos a cuestionar el modelo ideal de vida presupuesto en el pensamiento moderno: el afán de lucro. El cual se sostiene en el individualismo y en la dominación de la naturaleza.

Finalmente, el reto que tenemos por delante es casi imposible, pero inevitable. Es casi imposible porque como nos lo recuerda Mark Twain: “Es más fácil engañar a la gente que convencerlos de que han sido engañados”. Y llevamos cinco siglos viviendo en el engaño.  Y es inevitable porque nuestra vida está ligada a la vida de los otros y al de la naturaleza. De manera que, si no queremos perecer necesitamos superar la modernidad, como escribió Ernesto Sabato: con la urgencia que nos ha de dar los pocos metros que nos separan de la catástrofe.

Referencias bibliográfica

Ávila Santamaría, Ramiro (2019). La utopía del oprimido. Los derechos de la naturaleza y el buen vivir en el pensamiento crítico, el derecho y la literatura. México: Akal.

Bautista Segales, Juan José (2018). Dialéctica del fetichismo de la modernidad. Hacia una teoría crítica del fetichismo de la racionalidad moderna. La Paz: yo soy si Tú eres ediciones.

Dussel, Enrique (2020). “Estética de la liberación”. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=ewNYP9py2rE&feature=youtu.be. Consultado el 8 de mayo de 2020.

Dussel, Enrique (2008 a). 1492 El encubrimiento del otro. Hacia el origen del “Mito de la modernidad”. La Paz: Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia.

Galeano, Eduardo (29/01/2003). “Los valores sin precio”. Disponible en https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/16042-6312-2003-01-29.html. Consultado el 10 de mayo de 2020.

Lledó, Emilio (2018). Sobre la educación. La necesidad de la literatura y la vigencia de la filosofía. Barcelona: Taurus.

Mariátegui, José Carlos (1988). La novela y la vida. Tomo IV. Lima: Biblioteca Amauta.

Marx, Carlos (1973). El capital. Crítica de la economía política. Tomo I. Buenos Aires: Cartago.

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Egresado de la maestría en Derecho Constitucional y Derechos Humanos (UNMSM-Perú). Abogado. Bachiller en Filosofía.

Director del Centro de Estudios Disenso.

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