Paisajes negros

Los paisajes negros eran aquellos en los que no se podía distinguir el color de los ladrillos con el que estaban construidos los paupérrimos edificios en los que vivían hacinados los obreros debido a la mugre proveniente del humo de las chimeneas de las fábricas.

Paisajes negros
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Dentro de lo que comúnmente entendemos por progreso industrial, y más concretamente el que comienza con la I Revolución Industrial a finales del siglo XVIII en Inglaterra, y que se extenderá a una parte del mundo durante el siglo XIX en forma de transformación de los sistemas productivos (asociados al desarrollo del capitalismo) son de destacar los conocidos como paisajes negros.

El desarrollo del mundo mecanizado llevará aparejadas las primeras consecuencias: La de-pauperización de la calidad de vida de la clase obrera (que pasa paulatinamente de ser, con el Antiguo Régimen, una clase de carácter fundamentalmente agrario, en una pirámide social en la que en el estrato inferior estaba el campesinado, y en cuya cúspide se encontraba el rey y su séquito cortesano) pasará, como digo, a conformar ese corpus social conocido por muchos y muchas como proletariado, a través de la emigración del campo a la ciudad en busca de trabajo en las fábricas, pues los crecientes avances (fruto de la conocida como revolución agraria, la cual se dio primero en algunos países de Europa) había hecho inviable sobrevivir en el ámbito rural, donde se había creado a su vez un gran excedente de mano de obra debido al crecimiento de la población asociado a tal revolución.

Con la irrupción de la revolución industrial y el capitalismo en la segunda mitad del siglo XVIII las clases más pobres seguirán siéndolo. Pero ahora, en los lugares en los que se desarrolla la industria aparecerán barrios obreros e industriales, en los que el efecto de la industrialización se dotará de todo su significado desde el punto de vista geográfico. Mantoux lo recoge así:

“Las fábricas pueden abandonar ahora los valles en los que han crecido, solitarias, a la orilla de los ríos; van a aproximarse a los mercados donde compran sus materias primas y venden sus productos, a los centros donde reclutan a su personal; van a reunirse,  a agruparse, a formar estas aglomeraciones enormes y negras por encima de las cuales la máquina de vapor hace planear eternas nubes de humo.”1Mantoux, P: La Revolución Industrial en el siglo XVIII.

Paisajes negrosLos artistas de finales del siglo XVIII y del XIX serán los extraordinarios retratantes de esta realidad. No voy a destacar nombres, pues casi cualquiera puede acudir hoy en día a las pinacotecas de internet, sin necesidad de desplazarse a ningún museo.

Los paisajes negros eran aquellos en los que no se podía distinguir el color de los ladrillos con el que estaban construidos los paupérrimos edificios en los que vivían hacinados los obreros debido a la mugre proveniente del humo de las chimeneas de las fábricas; eran los barrios obreros, cuyos niños trabajaban en las fábricas (al igual que muchas mujeres por salarios inferiores a los de los varones) para poder tener así un jornal más a sumar a la economía familiar; en los que respirar era difícil, y solo existía la cantina como único salvoconducto a la miseria (muchas bebidas alcohólicas eran fuente de energía, sin la cual resultaba imposible sobrellevar las abusivas jornadas laborales); podemos pensar igualmente en la dureza impuesta por la monotonía de trabajar seis o siete días a la semana, doce horas o más al día, para volver a los cuchitriles insalubres a descansar y recuperar fuerzas para despertar casi con las gallinas, y emprender otra nueva, inacabable e insufrible jornada laboral.

Paisajes negros de desesperanza y contaminación, de oscuridad y miseria, en los que no se sabía si se iba a trabajar al día siguiente, por si el encargado se levantaba de mala gana y te echaba a la calle, o desfallecías en el puesto de trabajo y tenías la mala suerte de que te viese siquiera cabecear el capataz de turno.

Paisajes negros de humo, de pringue, de suciedad, de ropa caduca y, sin embargo, valiosísima, porque era la única que tenías. De modo que podías darte por afortunado si el patrón te proporcionaba un uniforme de trabajo, o tendrías que destrozar las pocas prendas que poseías en el tajo.

Todavía hoy hay paisajes negros, herederos de la época del carbón, solo que ahora lo que prima es el petróleo. Los paisajes negros industriales son ahora dominio principalmente de los países del Tercer Mundo, al que acuden las grandes firmas en busca de mano de obra barata. La diferencia es que ahora contamos con derechos a nivel global que parecerían indicar que los paisajes negros y la explotación laboral asociada deberían ser prohibidos, por falta, por ejemplo, de sueldos dignos, o de las propias condiciones del trabajo, similares a las relatadas durante la primera revolución industrial.

Los paisajes negros están ahora en los perímetros de las ciudades de Asia, en China, en América latina, en África, lugares a donde en los próximos años más y más personas acudirán desde sus pueblos y aldeas, huyendo de la miseria2También siguen dándose en Europa y Norteamérica. A pesar de la evolución del trabajo, lo cierto es que muchos obreros y obreras del mundo siguen trabajando en pésimas condiciones en la era de la globalización., a las ciudades, en busca de oportunidades y de una vida mejor, guiados por el mismo progreso ciego que solo beneficia a los poderosos3Algunos paisajes negros se sitúan también en zonas de montaña desde el siglo XIX, en zonas alejadas de las ciudades, lugares ideales para la obtención barata de materias primas necesarias para la industria y el comercio. Esto es característico de la denominada “segunda fase” de la revolución industrial, caracterizada por el uso del petróleo y la electricidad como fuentes de energía esenciales (los embalses son un buen ejemplo de esto)..

Hay que tener muy en cuenta que no podemos volver atrás en el tiempo, y que el daño causado al planeta lo pagaremos todos y todas algún día no muy lejano4En realidad lo estamos pagando ya..

Estamos a tiempo de evitar que la Tierra siga siendo un paisaje negro en muchos lugares. La polución, el ruido, la explotación laboral, la desigualdad, la pobreza, la sobreproducción, etc. Debemos superar el progreso basado en los combustibles fósiles, y pasar a un mundo en el que la totalidad de la energía sea de origen renovable.

“El hombre, en nombre del progreso, está transformando el mundo en un lugar pestilente y envenenado (y esto no es simbólico). Corrompe el aire, el agua, la tierra, los animales, y a sí mismo. Está haciendo esto en un grado tal que puede que la tierra no sea habitable dentro de cien años” (Erich Fromm, en “Anatomía de la destructividad humana”, 19755Aparecido en Taberner Guasp, J. y Rojas Moreno, C: Marcuse, Fromm, Reich: El freudomarxismo. Cincel. 1985.).

Notas   [ + ]

1.Mantoux, P: La Revolución Industrial en el siglo XVIII.
2.También siguen dándose en Europa y Norteamérica. A pesar de la evolución del trabajo, lo cierto es que muchos obreros y obreras del mundo siguen trabajando en pésimas condiciones en la era de la globalización.
3.Algunos paisajes negros se sitúan también en zonas de montaña desde el siglo XIX, en zonas alejadas de las ciudades, lugares ideales para la obtención barata de materias primas necesarias para la industria y el comercio. Esto es característico de la denominada “segunda fase” de la revolución industrial, caracterizada por el uso del petróleo y la electricidad como fuentes de energía esenciales (los embalses son un buen ejemplo de esto).
4.En realidad lo estamos pagando ya.
5.Aparecido en Taberner Guasp, J. y Rojas Moreno, C: Marcuse, Fromm, Reich: El freudomarxismo. Cincel. 1985.