Paciencia Malvinas… ya volverán a ser argentinas

Lo que ocurrió en el conflicto del año 1982 fue un claro error de cálculo geopolítico y de relaciones exteriores por parte del gobierno de facto de la Argentina.

Malvinas
Malvinas

En estos días se conmemora en Argentina un nuevo aniversario del Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de las Malvinas que tuvo lugar en el año 1982. Históricamente las guerras han servido a los gobiernos para lograr la unificación nacional y aunar esfuerzos en pos del patriotismo que nos envuelve a todos para defender una causa nacional. Esta circunstancia fue aprovechada tanto por el gobierno británico durante el mandato de Margaret Thatcher que en ese momento atravesaba una profunda crisis económica, y por el gobierno de la junta militar argentina, que atravesaba una severa crisis de legitimidad, para intentar solucionar sendos problemas. Eso sin tener en cuenta que hacer una guerra no es una cuestión de legitimidades. No se puede derramar sangre por el solo capricho de un gobierno de perpetuarse en el poder.

Si hoy, como ayer, se tuviera que hacer un balance interno o una evaluación comparativa y decidir si se está en condiciones de entrar en un conflicto armado el resultado sería desfavorable en todos los aspectos a Argentina, menos en el geopolítico y en diplomático, que son los dos factores que la Argentina debe explotar positivamente para lograr frutos en el largo plazo. Lo que ocurrió en el conflicto del año 1982 fue un claro error de cálculo geopolítico y de relaciones exteriores por parte del gobierno de facto de la Argentina. Por un lado, se pensaba que los británicos verían como “inviable geopolíticamente” la recuperación (no tuvieron en cuenta que son amplios dominadores del influjo marítimo y una de las mayores fuerzas navales del mundo). Se menciona esto porque Argentina no ha hecho inversión en materia militar ni armamentista, por el contrario durante muchas décadas las Fuerzas Armadas fueron sometidos un proceso de desguazamiento y contracción del presupuesto entre otros tantos descuidos y desatenciones al sector. Mientras que Inglaterra no ha parado de intervenir en cuanto conflicto armado se ha producido a lo largo y ancho del globo terráqueo, es una fuerza armada permanentemente entrenada en el mismísimo campo de batalla, con crecimiento en equipamiento y sofisticación que, a la Argentina, le tomaría años o mucho dinero equiparar. El mayor problema es que “jugamos de visitantes aun siendo locales”, la soberanía argentina se extiende hasta las islas Malvinas. En tal sentido, los dictadores de entonces pensaron que Estados Unidos mantendría una neutralidad paternalista con “los niños mimados de la Guerra Fría” (las dictaduras militares latinoamericanas).

El de Inglaterra es un colonialismo bastante particular el implantaron en las islas, pues los isleños no se consideran invadidos por una fuerza exterior, ni tampoco son nativos de las islas que defienden sus territorios, son ingleses colonizados por los propios ingleses (vaya peculiaridad de esta colonización)

La estrategia tiene que ser la de generar un descontento, un malhumor a nivel internacional sobre la situación de colonialismo que se mantiene sobre las islas, tiene que generarse un desgaste, vía crítica internacional (si es que los ingleses tienen vergüenza de algo), que haga insostenible la situación de un dominio que pertenece a otros siglos y no a la actualidad de un imperio con prácticas rapaces de otros tiempos que nadie quiere volver a vivir.

mm

Lic. en Ciencia Politica por la Universidad Nacional de La Rioja (UNLaR), Argentina.

Investigador de la Universidad Nacional de Cordoba (UNC), Argentina.

¿Qué te ha parecido?

(0 votos - Media: 0)