Nunca se hace tan bien el mal como cuando se hace con buena voluntad

Lo que pretendemos mostrar es la importancia que tienen los sistemas educativos en el establecimiento de los marcos teóricos con los que pensamos.

sistema educativo establece la base epistemológica
sistema educativo establece la base epistemológica

El último número de Iberoamérica Social Revista-red de Estudios Sociales, publicado hace unos días atrás, está dedicado a pensar la educación en Iberoamérica. En la carta de presentación titulad Breve análisis de la importancia de la educación en la sociedad, José María Barroso Tristán, editor de la revista, nos lanza la siguiente advertencia: “el sistema educativo establece la base epistemológica de la sociedad” (p. 5). Esta afirmación es de suma importancia para empezar a tomar conciencia de las consecuencias que tiene el no tomar en serio la educación en  nuestros países. ¿Por qué? A continuación nos proponemos reflexionar sobre ello.

Julián Baginni –en su libro titulado Cómo piensa el mundo– nos muestra  que todas la culturas poseen una epistemología popular implícita o teoría del conocimiento. Aunque otros pensadores prefieren llamarlo “saberes implícitos” (Marina y Marina, 2013). Y algunos neurocientíficos, patrones cerebrales, a través de los cuales experimentamos el mundo (Goldberg, 2019), nos relacionamos con los demás y con la naturaleza. En suma, se podría decir que percibimos, comprendemos el mundo y orientamos nuestras acciones en él, condicionados por  una determinada epistemología.

¿Qué quiere decir todo esto? Que, seamos consciente o no, la epistemología ya sea popular o no, formal o informal, sustenta nuestra práxis. Es decir, vemos la realidad y actuamos en ella de acuerdo a las lentes teóricas conceptuales y categoriales que llevamos puesto. Y, quienes nos (im)ponen oficialmente esas lentes, son los sistemas educativos. No cualquier epistemología, sin duda. Sino aquella que sea pertinente al  modelo ideal de vida que se persigue.

Todo lo anterior, algunos pensadores lo tuvieron muy claro. En Europa, Bertrand Russell (1998), decía:

La educación que deseamos para nuestros hijos depende de nuestras ideales acerca del carácter humano y de nuestras esperanzas respecto a su incorporación a la humanidad (p. 20).

Y, concluía diciendo que las ideas educativas de un comunista no pueden coincidir con las de un individualista. En América Latina, José Martí (2016) denunciaba:

Se está cometiendo en el sistema de educación en la América Latina un error gravísimo: en pueblos que viven casi por completo de los productos del campo, se educa exclusivamente a los hombres para la vida urbana, y no se les prepara para la vida campesina (p. 111).

Lo que pretendemos hacer notar es que las ideas educativas afectan la percepción de la realidad y en consecuencia el modo de vida. Por ejemplo, la educación que desea un capitalista no es compatible con la educación que desean los pueblos indígenas, los campesinos, los comunistas.  No obstante, el modelo ideal de vida que se da por supuesto actualmente, es el del individuo capitalista: el burgués. Por eso el sistema educativo actual, promueve, auspicia y propugna una epistemología conducente a producir una subjetividad pertinente a dicho ideal. Esto es, personas que con su modo de vida de producción y consumo  hagan posible empírica y fácticamente el ideal de vida del capitalismo.

sistema educativo establece la base epistemológica

¿Qué queremos decir con esto? Que la  epistemología que ha establecido el sistema educativo dominante tiene como objetivo hacer aparecer todo tipo de relación humana y forma de vida no pertinente al capitalismo como inviable e irracional. Por eso, por ejemplo,  las relaciones comunitarias y de pertenencia a la naturaleza que tienen nuestros pueblos originarios y los campesinos, aparecen desde la perspectiva de la política y el derecho vigente, como inferior e ilegal.

Al respecto, el filósofo Juan José Bautista Segales (2014) nos muestra argumentativamente que  la modernidad –que es el horizonte cultural del capitalismo–  para poder desarrollarse necesitó  constituir al ser humano como individuo  y a la tierra como objeto. Sin estas dos condiciones, nos dice, es imposible el desarrollo del capitalismo y el liberalismo, que vendrían a ser el momento económico y político de la modernidad, respectivamente.

Así pues, pensamos y actuamos presuponiendo que el ser humano es ontológicamente individual y la naturaleza, objeto. Desde esta subjetividad la naturaleza nos aparece como independiente del ser humano o más bien como desligada del mismo. De aquí que algunos investigadores que en sus reflexiones parten de marcos teóricos o epistemológicos modernos, al parecer sin cuestionarlos, lleguen a proponer una educación basada en una “moral y ética ambiental con los seres humanos y con el naturaleza, desde una visión no antropocéntrica” (Valderrama Hernández, 2019, p. 12), como si la vida humana estuviera desligada de la tierra o se pudiera vivir al margen de la misma.

Para que exista vida humana primero tiene que existir la naturaleza. ¡Es irrefutable! Hoy más que nunca necesitamos una epistemología antropocéntrica que sustente nuestra práxis. Franz Hinkelammert (2018) lo denomina humanismo de la praxis, que significa que “el ser humano es el ser supremo para el ser humano”. Esto es así porque la naturaleza no necesita que el ser humano la cuide, el que necesita cuidado es el ser humano. Y ello presupone no destruir la naturaleza, porque es condición de posibilidad de nuestra vida. Al destruirla nos destruimos a nosotros mismos. Nuestra vida está ligada a la naturaleza. Nuestro destino corre la suerte del destino de la naturaleza.

Greta Thunberg (2019) en el foro de Davos ha expresado: “Quiero que actúen como si nuestra casa estuviera ardiendo”. La analogía de la tierra como la casa ardiendo es muy ilustrativa. Sin embargo, las consecuencias de pensar la tierra como si fuera nuestra casa podrían ser las que no deseamos. Sin casa –y esto lo experimentan a diario millones de personas en América Latina– se puede subsistir. Sin naturaleza, no. Si la casa se incendia, se puede elegir no apagarla y luego construir o comprar otra. A un rico de los que estuvieron presentes en Davos le costaría muy poco perder su casa. Podría elegir no actuar y dejar que arda. La tierra no es como nuestra casa. La vida no es posible sin ella. Y además, no podemos construir ni comprar otra tierra. De manera que no es una cuestión de elección, es una necesidad.

Lo que pretendemos mostrar es la importancia que tienen los sistemas educativos en el establecimiento de los marcos teóricos con los que pensamos. Por lo que conviene tener en cuenta la sabia recomendación del psicólogo Kurt Lewin: Nada es más práctico que una buena teoría. Si queremos prácticas pertinentes al cuidado de la vida humana toda, lo cual incluye la naturaleza, como condición de posibilidad de la vida; nuestros sistemas educativos tienen que establecer epistemologías pertinentes a producir una subjetividad humana que sea capaz de hacer posible empíricamente dicho modo de vida.

Esto presupone, finalmente, producir y promover a través de los sistemas educativos, epistemologías que sean pertinentes para pensar, comprender y actuar en vista del ideal de vida que deseamos. Porque, como hemos visto: la epistemología sustenta la práxis. Con lentes teóricas rosa, toda la realidad nos aparecerá rosa, nos perderemos el arcoíris de la vida. Esto es así porque no vemos la realidad con los ojos, sino con  marcos teóricos, con saberes implícitos o con patrones establecidos en el cerebro, que los sistemas educativos son los principales encargados de proveerlos.

Referencias bibliográficas

Bautista Segales (2014). ¿Qué significa pensar desde América Latina. Hacia una racionalidad transmoderna y postoccidental. Madrid: Akal.

Barroso Tristán, José María (2019). “Breve análisis de la importancia de la educación en la sociedad”. Educación en Iberoamérica. Iberoamérica Social: Revista-red de estudios sociales XIII. Disponible en https://iberoamericasocial.com/breve-analisis-de-la-importancia-de-la-educacion-en-la-sociedad/.

Goldberg, Elkhonnon (2019). Creatividad. El cerebro en la era de la innovación. Barcelona: Crítica.

Hinkelammert, Franz (2018). Totalitarismo del mercado. El mercado capitalista como ser supremo. México: Akal.

Marina, José Antonio y Marina, Eva (2013). El aprendizaje de la creatividad. Barcelona: Ariel.

Martí, José (2016). “La próxima Exposición de New Orleans a los gobiernos, municipios, escuelas de agricultura y hacendados de la América Latina”. En  Obras Completas. Edición crítica. Tomo 19. La Habana, Buenos Aires: CLACSO. Disponible en https://www.clacso.org.ar/coleccion_jose_marti/detalle.php?id_libro=1147

Russell, Bertrand (1998). Sobre educación. Madrid:  Espasa-Calpe.

Thunberg, Greta; et al. (2019). Nuestra casa está ardiendo. Una familia y un planeta en crisis. Barcelona: Lumen.

Valderrama Hernández, Rocío (2019). “¿Puede la educación ambiental transformar la concepción del cuidado como orden superior? Reflexiones sobre la idea de cuidado y la división del género”. Educación en Iberoamérica. Iberoamérica Social: Revista-red de estudios sociales XIII. Disponible en https://iberoamericasocial.com/puede-la-educacion-ambiental-transformar-la-concepcion-del-cuidado-como-orden-superior/.

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Egresado de la maestría en Derecho Constitucional y Derechos Humanos (UNMSM-Perú). Abogado. Bachiller en Filosofía.

Director del Centro de Estudios Disenso.

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