El nuevo deja vu: 19 de septiembre de 2017 La gente de a pie comenzó a organizarse para poder apoyar en el rescate de personas dentro de los derrumbes.

Terremoto Ciudad de México
Ciudad de México. 19 de septiembre de 2017.

Hace 32 años, el 19 de septiembre de 1985, se vivió en México uno de los temblores más fuertes dentro de la historia nacional. De allí que se vio la solidaridad mexicana por apoyar y rescatar a las personas que habían quedado atrapadas entre los escombros consecuentes del sismo de 8.1.

Me encontraba con un dolor en los hombros, consecuencia de estrés laboral que sufría por un trabajo a presentar en un evento del gobierno federal; decidí bajar desde el octavo piso al primero para acudir a la unidad médica. Me atendieron y después de ello opté por salir del edificio para comer algo. Compré unos tacos y mientras terminaba con el primero, la señora que vendía dulces al lado empezó a gritar: ¡Está temblando! ¡Está temblando! sin embargo hice caso omiso, debido a que la intensidad del sismo no era tan fuerte como el que se había sufrido en semanas pasadas durante la noche.

Nunca olvidaré ese crujir del edificio donde me encontraba, un sonido tan espeluznante como aquel que se escucha en las películas de terror al caminar por un piso de madera a media noche…

Dejé mis tacos y miré hacia arriba; los vidrios del edificio comenzaban a crujir cada vez más, y aunque no cayeron, se cuartearon. La gente comenzaba a correr para alejarse de la infraestructura que podría ser un daño para las personas, para resguardarse en zonas seguras y libres de edificios peligrosos, que en la Ciudad de México se reducen a zonas muy específicas; el simulacro realizado en la mañana como conmemoración al evento de 1985 sirvió de algo.

Sin embargo, el problema comenzó a partir de la saturación y clausura de los servicios de transporte público, los semáforos inoperantes, la falta de reacción del gobierno federal y capitalino, así como el colapso en las líneas telefónicas que sólo pudieron verse apoyadas por el funcionamiento de las redes sociales. La paranoia conquistó a los ciudadanos por un par de minutos. Minutos que fueron eternos.

La incomunicación se volvió un factor más para la esquizofrenia social.

Caminé más de una hora para llegar al lugar donde rento. Mientras caminaba, trataba de ver los estragos del terremoto, cuya magnitud se calculaba entre 6.8 y 7.2, aunque confirmaron que no fue un sismo, sino que fueron dos consecuentes.

Un compañero caminaba conmigo, mientras deambulábamos por las calles del sur de la Ciudad de México me enseñaba los videos que circulaban en las redes sociales: edificios derrumbados, carreteras agrietadas, gente herida y mascotas en busca de ayuda.

La organización social siempre está presente y actúa en relación en coordinación con los diferentes grupos sociales y hoy no fue la excepción. La gente de a pie comenzó a organizarse para poder apoyar en el rescate de personas dentro de los derrumbes. Sea como sea, la realidad es que hoy, la capital del país está ante un nuevo reto. El Deja vu viene a la memoria de los que vivieron hace 32 años el sismo y que hoy piensan una y otra vez si el evento de hoy es comparable o no al aquel registrado como el “parteaguas de México”

Queda en cada uno de nosotros el apoyar a la gente que más lo necesite y poder levantar esta ciudad que ha demostrado salir adelante ante las crisis y desastres. Hoy sólo nos queda apoyar y salir avantes.

#CDMX #DeJaVu