Notas sobre economía, ecología y política (III): vida y ética

Dar cuenta de las diferencias incrustadas en la sustentabilidad como interés (in)común nos ubica en una situación de frontera.

economía, ecología y política
economía, ecología y política

El siguiente artículo es la tercera y última parte de una serie de textos en los que abordé previamente algunas de las falacias de la economía mundial y la ‘muerte de la naturaleza’. Inicialmente, concebí las tres partes para ser presentadas cada una semanalmente. No obstante, la razón de la demora entre las dos primeras partes y esta entrega final se debe, entre otras cosas, a una pausa motivada por todo lo que viene ocurriendo recientemente en un mundo ya de por sí convulsionado por sus asimetrías estructurales. Me refiero, principalmente, a dos cuestiones medulares: la pandemia y las heridas coloniales de una modernidad que se erigió a través del encubrimiento de múltiples otrxs1Sobre la idea del encubrimiento del otro como constitutiva de la modernidad, véase Dussel (1992). Para un entendimiento de la noción de herencia colonial, así como de otros conceptos centrales a la colectividad de argumentación conocida como inflexión/giro y/o pensamiento decolonial, véase Restrepo y Rojas (2010)., esto último a propósito del asesinato de George Floyd en Estados Unidos y la oleada de protestas antirracistas no sólo en ese país, sino en distintas ciudades del planeta. Ambas cuestiones traen de relieve, una vez más, la necesidad imperiosa de desarrollar una crítica-ética de todos y cada uno de los ámbitos de nuestras existencias. Por tanto, este hiato involuntario me lleva a querer ensayar, en esta última parte, ese marco analítico para abordar la relación entre economía, ecología y política.

En la primera parte, me apoyé en el primer capítulo del libro de Eric Davidson, You Can’t Eat GNP, para subrayar que las miradas economicistas, la creencia en el technological fix y su corolario, la falsa complacencia, dan forma a un entendimiento de la ‘vida buena’ que se abstrae de todo aquello que material, afectiva y sensitivamente produce y reproduce el flujo de la vida socio-natural. Pensemos en la distinción entre economía ambiental y economía ecológica. La primera constituye una especialización de la economía neoclásica que yuxtapone conceptos económicos y ambientales, como ‘capital natural’, mientras que la segunda se basa en un enfoque ecointegrador cuyo fundamento (la perspectiva termodinámica del proceso productivo) socava las fronteras que otorgan a la economía su estatuto disciplinar, convirtiéndola indefectiblemente en un campo transdisciplinario2Se puede consultar más al respecto en Aguilera Klink y Alcántara (1994); y Naredo (1994).. Esa transdisciplinaridad es la que le permitiría a la economía ecológica nutrirse de la economía feminista para incorporar en sus análisis una crítica ampliada del sistema socioeconómico, abordando la reproducción de la vida en términos biofísicos y socioculturales3En tal sentido, véase el diálogo que propone Gartor (2015)..

En la segunda parte, encontré en Carolyn Merchant un apoyo inestimable. El capítulo “Science and Worldviews”, de su libro Radical Ecology, me permitió ubicar las raíces cognitivas de las falacias de la economía mundial en una provocadora tesis: la connivencia entre mecanicismo y liberalismo. Pensemos ahora en el trágico dilema de la ‘tragedia de los bienes comunes’, descrito por Garret Hardin, esto es, toda situación paradojal en la que individuos movidos por sus intereses personales y que actúan de forma “racional” e “independiente”, terminan agotando un recurso compartido (una “racionalidad” irracional). Por trágico me refiero a la confección de un dilema que debe su razón de ser a una creencia incuestionable en el individuo4Esta creencia forma parte de un default setting más amplio. Me refiero al conjunto individuo-real-ciencia-economía. Para más detalles al respecto, se puede consultar Escobar (2016; cáp. 3)., creencia que a su vez está anidada a otra funesta dicotomía: libertad o solidaridad5Una funesta y falsa dicotomía que Teresa Forcades analiza lúcidamente en su crítica ética al capitalismo. Véase su conferencia a través del siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=8P7xNxFfyHc.. Parafraseando el subtítulo del libro de Davidson (Economics as if Ecology Mattered), pienso en la ‘muerte de la naturaleza’ de Merchant como una invitación a pensar la ciencia y la política como si la vida importara.

Este breve repaso da el contexto necesario para desarrollar la idea que quiero ensayar en estas líneas. Después de todo, con la afirmación de la vida emerge una ética6Esta es la idea-fuerza del libro de Hinkelammert y Mora Jiménez (2016).. Para ilustrar el despliegue de una crítica-ética de la economía, la ecología y la política, tomaremos la idea de ‘desarrollo sustentable’ y sus vertientes como ejemplo. La razón estriba en que esta idea posee un adjetivo desprovisto de significado (un significante vacío), lo que permite plantear cualquier iniciativa en su nombre, como si todas y todos partimos de un interés común. El problema es que, precisamente, ese interés común no es el mismo interés para diferentes actores humanos y no-humanos7El axioma ‘un interés común que no es el mismo interés’ es planteado inicialmente, y en otro contexto, por Marisol de la Cadena (2015). Véase también su conferencia magistral, ‘Cuando la naturaleza no es común o…protestas desde la incomún’, en https://www.youtube.com/watch?v=4Ine4srh8sY.. Un marco crítico-ético permitiría evidenciar los desacuerdos entre diferentes ‘sustentabilidades’.

Para esbozar ese marco me apoyo en el filósofo boliviano Juan José Bautista. Su laureado texto, ¿Qué significa pensar desde América Latina?, viene acompañando mis reflexiones desde hace poco más de tres años y ha estado resonando en mí últimamente, dadas las dos cuestiones medulares que mencionaba al inicio de estas líneas. Lo que él llama la función crítica de la crítica hace de la ética un imperativo político que, para el caso que nos atañe, hace posible dilucidar el grado de antropocentrismo o biocentrismo que subyace al significante ‘desarrollo sustentable’. Por su parte, Eduardo Gudynas, en su artículo Desarrollo sostenible: posturas contemporáneas y desafíos en la construcción del espacio urbano, da a esos gradientes tres nombres: sustentabilidad débil, fuerte y super-fuerte. A continuación, voy a hilar ambos autores para ofrecer una imagen esquemática que ayude a situar transiciones socioecológicas en planos ónticos (parciales), ontológicos (sistémicos) o transontológicos (anti-sistémicos).

La sustentabilidad débil sería una crítica óntica o parcial, a nivel de los entes. Por ejemplo, la modificación de aspectos técnicos en los procesos productivos, con miras a reducir el impacto ambiental, considerando al mismo tiempo que las políticas conservacionistas son necesarias y además compatibles con el crecimiento económico. La sustentabilidad fuerte es una crítica ontológica como crítica -no siempre explícita- del sistema económico realmente existente (el capitalismo), más no del mundo que dicho sistema presupone (el capitalismo como economía de la modernidad). En otras palabras, se cuestiona que no toda naturaleza deba reducirse a capital natural pero no se atacan las bases fundantes del proceso de sobre-economización de la naturaleza, ni sus dualismos constitutivos. Por último, la sustentabilidad súper fuerte supone una crítica transontológica como crítica del trasfondo de la civilización euroccidental8Tomo prestado el término ‘euroccidental’ de Contreras (2010) para señalar explícitamente que dicho significante concierne tanto a Europa como a Estados Unidos, representantes de lo que se ha convenido en llamar comúnmente como Occidente., es decir, un renacer de la naturaleza como sujeto de derechos y no como objeto a ser dominado y explotado.

A riesgo de ser reiterativo, agregaría unas reflexiones adicionales. En el primer caso, el problema no es el crecimiento económico en sí, sino el cómo crecer sin destruir las bases ecológicas del desarrollo, aceptando distintas formas de mercantilización de la naturaleza (vía economía ambiental) y aplicando innovaciones científico-técnicas (como las nuevas biotecnologías, por ejemplo). En el segundo caso, una concepción fuerte la sustentabilidad, aunque no rompe del todo con el ingreso de la naturaleza al mercado, profundiza los cuestionamientos al desarrollo al plantear como una necesidad el asegurar componentes críticos de los ecosistemas, sacándolos del interés crematístico anclado en la noción de servicios ecosistémicos. Y, en el tercer caso, hay un entrecruzamiento de posturas que no se restringen al valor económico, reconociendo además las limitaciones de la ciencia y la tecnología moderna, así como la importancia del principio de precaución, propiciando simultáneamente transformaciones radicales ante la idea misma del desarrollo.

En estos tres planos, el prisma de la crítica-ética revela las diferentes características que presentan las interacciones entre economía, ecología y política. El plano óntico muestra una fractura entre economía y ecología, con una política que es funcional a la expansión de las procesos de acumulación y concentración de capitales (algo que el marxismo ecológico ha venido denunciando y analizando con la tesis de la segunda contradicción del capitalismo9Desarrollada inicialmente por O’Connor (1991). ). En el plano ontológico, la política interviene para equilibrar la economía y la ecología a través de reformas institucionales (¿un Green New Deal?), más no de cambios socio-naturales profundos. Finalmente, el plano transontológico es el más estremecedor, toda vez que los entendimientos modernos sobre economía, ecología y política resultan insuficientes para abordar lo que se presenta aquí como la crisis de un modelo civilizatorio (la pandemia está haciendo evidente esto para todas y todos). De hecho, no hay tal escisión entre unas y otras disciplinas o ámbitos de la vida social. Tal relacionalidad radical va configurando toda una gramática para pensar políticas y economías otras en mundos habitados por muchos mundos10Este vocabulario para el pluriverso encuentra una importante contribución colectiva en el libro editado por Kothari et al (2019).. Esa pluriversalidad tiene sus raíces en una noción ampliada y politizada de la ecología, sea en términos de una ‘ecología de saberes, (Boaventura de Sousa Santos) o una ‘eco-justicia multi-especies’ (Donna Haraway), por nombrar tan sólo dos de las propuestas político-acadeḿicas en curso en el Sur Global y en el Norte Global11Me refiero a The End of the Cognitive Empire (Santos, 2018) y a Staying with the Trouble (Haraway, 2016)..

Sucintamente, cada plano enmarca los debates entre desarrollos alternativos y alternativas al desarrollo. Este abanico de discusiones es, tal vez, la arena donde se dirimen buena parte de las problemáticas y vicisitudes de Nuestra América, ya que esta agenda programática (el desarrollo y sus adjetivos) transformó la región en un taller experimental para el diseño experto de los planificadores del desarrollo, a costa, muchas veces, del ocultamiento, cuando no anulación, del diseño difuso de grupos y comunidades territorializadas que impulsan proyectos de vida y éticas políticas frontalmente opuestas a la formación ontológica y epistemológica del patriarcado, el capitalismo y la modernidad12Entendamos por ‘diseño’ un particular estilo de creación de mundos. Sobre la distinción entre diseño experto y diseño difuso, así como los proyectos de vida y éticas políticas que emergen en la diversidad de transiciones civilizatorias, véase Escobar (2016; cáp. 5)..

Dar cuenta de las diferencias incrustadas en la sustentabilidad como interés (in)común nos ubica en una situación de frontera. Si bien somos proclives a asumir posturas formalmente biocéntricas, como en el caso de las necesarias transiciones al postextractivismo, nuestra política sigue estando sustantivamente restringida al ámbito de lo humano, ahora en tanto representantes de lo no-humano. Los planos ónticos y ontológicos de la crítica-ética nos permiten movernos con relativa tranquilidad en estos terrenos agonísticos. Lo estremecedor, como mencionaba líneas arriba, es cuando la crítica-ética transontológica da cuenta de los límites de la ontología constitutiva de la política moderna y lo insuficientes que resultan nuestras respuestas a la crisis. ¿Qué pasa, entonces, con la política de la economía y la ecología política? No es que ‘no hay política’, es que no podemos comprender políticas-otras con nuestros marcos categoriales modernos. Por tal motivo, las traducciones contextualizadas ontológicamente devienen vitales para sortear los avatares de las múltiples crisis en las que nos encontramos.

En síntesis, un marco crítico-ético nos permite comprometernos activamente con la creación colectiva de espacios para una biocracia. El cómo es algo que se encuentra constantemente en disputa. En estas comunidades ampliadas de vida, actores humanos y no-humanos enactúan diferentes formas de sentir, ser y vivir. Esto no quiere decir que tales formas sean mutuamente excluyentes, aunque su inteligibilidad recíproca pueda no ser sencilla. Para lograrlo, debemos juntas y juntos, en una heterogeneidad de redes colaborativas y colaboraciones inesperadas, generar parentescos más-que-humanos para sentir el dolor del mundo, el dolor de sus víctimas humanas y no-humanas, el dolor que causan nuestros privilegios, y honrar todos esos dolores, convirtiéndolos en un compostaje para la transformación política, para el florecimiento de una esperanza activa, para la emergencia de la inter-existencia, para vivir y morir con dignidad.

Referencias bibliográficas

Aguilera Klink, Federico y Alcántara, Vicent (comps.) (1994). De la economía ambiental a la economía ecológica. Barcelona: Icaria Editorial.

Bautista, Juan José (2014). ¿Qué significa pensar desde América Latina? Madrid: Akal.

Contreras, Miguel Ángel (2010). Sobre el inconsciente cultural del Euroccidentalismo. Crisis, modernidad y utopía. Actualidades, N°21: 19-61.

Davidson, Eric (2000). «Whence Comes Wealth? Three Fallacies About Economics Versus the Environment». En You Can’t Eat GNP. Economics as if Ecology Mattered (pp. 1-14). Cambridge: Perseus Publishing.

De la Cadena, Marisol (2015). Earth Beings: Ecologies of Practice across Andean Worlds. Durham: Duke University Press.

Dussel, Enrique (1994). 1492. El encubrimiento del otro: hacia el origen del mito de la modernidad. La Paz: Plural Editores.

Escobar, Arturo (2016). Autonomía y Diseño. La realización de lo comunal. Popayán: Editorial Universidad del Cauca.

Gartor, Miriam (2015). Apuntes para un diálogo entre economía ecológica y economía feminista. Ecología Política, N° 50, pp. 39-44.

Gudynas, Eduardo (2009). Desarrollo sostenible: posturas contemporáneas y desafíos en la construcción del espacio urbano. Vivienda Popular, núm. 18, pp. 12-19.

Haraway, Donna (2016). Staying with the Trouble: Making Kin in the Chthulucene. Durham: Duke University Press.

Hinkelammert, Franz y Mora Jiménez, Henry (2016). Hacia una economía para la vida. Preludio a una segunda crítica de la economía política. La Paz: Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia.

Kothari, Ashish et al (coords.) (2019). Pluriverso. Un diccionario del posdesarrollo. Barcelona: Icaria Editorial.

Merchant, Carolyn (1992). «Science and Worldviews». En Radical Ecology: The Search of a Livable World (pp. 41-60). New York: Routledge.

Naredo, José Manuel (1994). Fundamentos de la economía ecológica, en: Aguilera Klink, Federico y Alcántara, Vicent (comps.), De la economía ambiental a la economía ecológica. Barcelona: Icaria Editorial.

O’Connor, James (1991). Las condiciones de producción. Por un marxismo ecológico, una introducción teórica. Ecología Política, N°1, pp. 113-130.

Restrepo, Eduardo y Rojas, Axel (2010). Inflexión decolonial: fuentes, conceptos y cuestionamientos. Popayán: Editorial Universidad del Cauca.

Santos, Boaventura (2018). The End of the Cognitive Empire: The Coming of Age of Epistemologies of the South. Durham: Duke University Press.

Notas   [ + ]

1.Sobre la idea del encubrimiento del otro como constitutiva de la modernidad, véase Dussel (1992). Para un entendimiento de la noción de herencia colonial, así como de otros conceptos centrales a la colectividad de argumentación conocida como inflexión/giro y/o pensamiento decolonial, véase Restrepo y Rojas (2010).
2.Se puede consultar más al respecto en Aguilera Klink y Alcántara (1994); y Naredo (1994).
3.En tal sentido, véase el diálogo que propone Gartor (2015).
4.Esta creencia forma parte de un default setting más amplio. Me refiero al conjunto individuo-real-ciencia-economía. Para más detalles al respecto, se puede consultar Escobar (2016; cáp. 3).
5.Una funesta y falsa dicotomía que Teresa Forcades analiza lúcidamente en su crítica ética al capitalismo. Véase su conferencia a través del siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=8P7xNxFfyHc.
6.Esta es la idea-fuerza del libro de Hinkelammert y Mora Jiménez (2016).
7.El axioma ‘un interés común que no es el mismo interés’ es planteado inicialmente, y en otro contexto, por Marisol de la Cadena (2015). Véase también su conferencia magistral, ‘Cuando la naturaleza no es común o…protestas desde la incomún’, en https://www.youtube.com/watch?v=4Ine4srh8sY.
8.Tomo prestado el término ‘euroccidental’ de Contreras (2010) para señalar explícitamente que dicho significante concierne tanto a Europa como a Estados Unidos, representantes de lo que se ha convenido en llamar comúnmente como Occidente.
9.Desarrollada inicialmente por O’Connor (1991).
10.Este vocabulario para el pluriverso encuentra una importante contribución colectiva en el libro editado por Kothari et al (2019).
11.Me refiero a The End of the Cognitive Empire (Santos, 2018) y a Staying with the Trouble (Haraway, 2016).
12.Entendamos por ‘diseño’ un particular estilo de creación de mundos. Sobre la distinción entre diseño experto y diseño difuso, así como los proyectos de vida y éticas políticas que emergen en la diversidad de transiciones civilizatorias, véase Escobar (2016; cáp. 5).
mm

Sociólogo, Msc. Estudios Sociales de la Ciencia (IVIC).

Áreas de investigación: ecología política, modernidad/colonialidad, alternativas al desarrollo, ontología política, capitalismo cognitivo, transiciones hacia la sustentabilidad.

¿Qué te ha parecido?

(6 votos - Media: 5)