Notas sobre economía, ecología y política (II): la muerte de la naturaleza

‘Naturaleza’ y ‘sociedad’, contrario a los supuestos mecanicistas, no están ontológicamente separadas.

muerte de la naturaleza
muerte de la naturaleza

La sobre simplificación analítica de la economía mundial sobre la materialidad de la “riqueza” y las raíces de la “pobreza” se fundamenta en un doble ocultamiento1Esta es la segunda parte de una serie de tres entregas. Se puede acceder a la primera parte a través del siguiente enlace: https://iberoamericasocial.com/notas-sobre-economia-ecologia-y-politica-i-tres-falacias-de-la-economia-mundial/.. Para el capitalismo, en tanto economía de la modernidad, el trabajo vivo y la naturaleza serían cuantificables4Bautista, Juan José (2015[2014]). “El desarrollo de la Ética de la liberación. Hacia la fundamentación de un pensamiento crítico transmoderno”. En: ¿Qué significa pensar desde América Latina? (pp. 19-52). Caracas: Ministerio del Poder Popular para la Cultura.. Por tanto, el salario aparentemente representaría una justa compensación por la venta de nuestra fuerza de trabajo. A su vez, calcular un valor para el conjunto de los llamados servicios ecosistémicos se traduciría en una supuesta sensibilidad ambiental. Sin embargo, contrario a las apariencias “justas” y “eco-friendly” que asaltan nuestros imaginarios, el resultado de este encubrimiento cuantitativo, es la sistemática precarización y el socavamiento de las condiciones que hacen posible la vida.

El tejido de la vida es mucho más que la ciencia de los datos. Con esta afirmación estoy lejos de sugerir siquiera la inutilidad de herramientas heurísticas como los modelos estadísticos. En ocasiones ofrecen información reveladora que incomoda a poderes fácticos y a veces son manipulados ex profeso.  Lo que quiero resaltar es que no podemos confiar únicamente en los números, sobre todo cuando desconocemos los presupuestos que han permitido la proyección de escenarios. Tal vez exista un mundo inocuo donde las formalizaciones matemáticas abstractas pululan cándidamente, pero los mundos donde se aplican están estructurados de forma asimétrica.

Por ejemplo, a mediados de los 90 una investigación trató de calcular los beneficios de evitar el incremento de enfermedades como consecuencia del cambio climático2El hecho es comentado en Davidson, Eric (2000). “The Price is Wrong. Advantages and Dangers of Cost-Benefit Analysis”. En: You Can’t Eat GNP. Economics as if Ecology Mattered (pp. 37-59). Cambridge: Perseus Publishing. La fuente que cita el autor es Masood, Ehsan y Ochert, Ayala (1995). UN climate change report turns up the heat. Nature 378 (6553), pp. 119.. El estudio estimó el número de vidas que se salvarían y les asignó un valor basado en el potencial de ingresos de una persona. La vida de una persona estadounidense fue ubicada en 1.500.000 dólares, mientras que la vida de las personas en los países “del tercer mundo” se estimó en 100.000 dólares. Una devaluación existencial por un factor de quince. Ofenderse sería poco.

En un registro distinto, para 1997 un grupo de economistas ecológicos(as) calculó el valor del capital natural mundial y los servicios ecosistémicos3Costanza, Robert et al. (1997). The value of the world’s ecosystem services and natural capital. Nature 387, pp. 253-260.. Para ese momento, el valor se estimó en 33 trillones de dólares, una cifra mucho más grande que el PIB mundial a mediados de esa década (18 trillones). En 2014 se publicó una actualización que ubica el valor global de los eco-services entre 125 y 145 trillones de dólares anuales5Costanza, Robert et al. (2014). Changes in the global value of ecosystem services. Global Environmental Change 26, pp. 152-158.. Cabe agregar que el dato es calculado para 2011, cuando el PIB mundial era poco más de la mitad de ese monto. Las y los autores resaltan que valorizar los servicios ecosistémicos no es lo mismo que su mercantilización y privatización. Estimar una unidad monetaria, afirman, es útil para mostrar la magnitud relativa de estos servicios, pero no es este el espacio para ahondar en ello. Por ahora, basta con decir que, aunque parezcan sinónimos, economía ambiental y economía ecológica son campos ligeramente distintos más allá del uso común de algunos términos6Aguilera Klink, Federico y Alcántara, Vicent (comps.) (1994). De la economía ambiental a la economía ecológica. Barcelona: Icaria Editorial..

En este segundo caso, todas estas estimaciones son bastante inciertas. Si realmente fuera posible aprehender el valor de la naturaleza en un número, la cifra sería muchísimo más alta. Hay que tener presente que cuando las operaciones de cuantificación no pueden hacer mediable algo, es porque ese “algo” es no valorizable. Al menos, no en el lenguaje de valoración con el que opera el capitalismo7Como un dato curiosamente patético, la Federación Nacional de Minoristas de Estados Unidos (NRF por sus siglas en inglés) estimó que para el día “del amor y la amistad” se registrarían ventas por un total de 27.4 billones de dólares. El capitalismo no tiene como “cuantificar” que el amor es un acto de cuidado, que uno honra sus redes de afectos todos los días de diferentes maneras. Muchas de ellas no pasan por el cedazo del mercado. ¿Será posible, además de sobrevivir, ser feliz en el siglo XXI?.

La valoración cuantitativista que fundamenta la economía mundial tiene raíces cognitivas mucho más profundas. Desde hace poco más de tres siglos, el capitalismo es la expresión económica de una ciencia mecanicista que ve a la naturaleza que nos sostiene como muerta e inerte, manipulable y explotable con fines crematísticos8El resto del artículo se basa en Merchant, Carolyn (1992). «Science and Worldviews». En Radical Ecology: The Search of a Livable World (pp. 41-60). New York: Routledge. Una breve nota sobre el capítulo introductorio de este libro puede leerse en: https://iberoamericasocial.com/una-breve-nota-sobre-ecologia-radical-la-busqueda-de-un-mundo-habitable/. Durante la revolución científica, ocurrió un cambió en las imágenes y formas descriptivas de la naturaleza. El siglo XVII significó el reemplazo (no necesariamente la eliminación total) de una visión integrativa que plantea la unidad orgánica del cosmos y la sociedad, por una ciencia experimental que no ve al mundo como un organismo, sino como una máquina.

Uno de los exponentes más influyentes de esa ontología mecanicista fue el filósofo inglés Francis Bacon. Para él, el nuevo hombre de ciencia dispone de una libertad absoluta para interrogar a la naturaleza. El “útero” de la naturaleza, decía Bacon, alberga secretos que pueden serle arrebatados a través de la tecnología para el mejoramiento de las condiciones de vida humana. La ciencia y la tecnología penetrarían la tierra y la moldearían a voluntad. El propósito de la naturaleza sería servir a los seres humanos.

Las metáforas sexuales de Bacon delinearon las principales características del método experimental moderno. Constreñir la naturaleza al laboratorio para su disección mental y manualmente, penetrando sus secretos. Expresiones como hechos o datos ‘duros’, una mente ‘penetrante’ o argumentos ‘seminales’ continúan reproduciendo ese imaginario. Si el capitalismo es la expresión económica de la ciencia mecanicista, ésta última sería la base cognitiva de la cultura de la violación que está en el núcleo del patriarcado. Me parece que esta relación está en el trasfondo del sistema de conocimiento de la modernidad, pero no es el objetivo de este escrito desarrollar ese argumento.

Sin olvidar esa consideración ético-política ecofeminista, mencionaré los presupuestos que informan la revolución científica del siglo XVII:

  • La materia está compuesta de partículas (supuesto ontológico).
  • El universo es un orden natural (principio de identidad).
  • El conocimiento y la información pueden ser abstraídos del mundo natural (independencia del contexto).
  • Los problemas pueden ser analizados en partes que pueden ser manipuladas por las matemáticas (supuesto metodológico).
  • Los datos sensoriales son discretos (supuesto epistemológico).

Groso modo, esta sería la visión de mundo en la que se basan las falacias del capitalismo. El tipo de sociedad que crea esta ontología también puede sintetizarse en cinco puntos:

  1. Así como la ciencia mecanicista establece que la materia está hecha de partes individuales, siendo los átomos los componentes reales de la naturaleza, los individuos humanos son los componentes reales (partes) de la sociedad.
  2. El todo es igual a la suma de sus partes. La ley de la identidad en la lógica, que establece que una “cosa” es igual a sí misma (a=a), es la base de la descripción matemática de la naturaleza. De igual forma, la sociedad es la suma de todos sus agentes racionales individuales. El poder soberano, como en la formulación hobbesiana, sería la suma de las cuotas de soberanía de cada individuo ha cedido al ‘portador de la espada’ que garantizaría el orden en el universo social.
  3. El presupuesto de la independencia del contexto de la ciencia mecanicista significa, en términos societales, que las reglas y leyes son obedecidas por una población compuesta de individuos iguales despojados de toda particularidad y diferencia.
  4. En el mundo-máquina de la ciencia mecanicista, los cambios ocurren por un acomodo o reacomodo ingenieril de las partes. Del mismo modo, los individuos en una sociedad se agrupan o desagrupan en distintas formas organizativas (partes).
  5. Por último, la ciencia mecanicista es constitutivamente dualista y jerárquica. La mente está separada del cuerpo y es superior a éste, así como la cultura humana está separada y es superior a la naturaleza. Las sociedades “democráticas” son como un reloj de péndulo que requiere un equilibrio de poderes. Los gobiernos operarían las bien aceitadas ruedas y engranajes del mundo-máquina controlado por la razón humana.

Como puede apreciarse, cualquier parecido con la teoría social liberal no es pura coincidencia, sino una profunda consistencia. La primacía de las partes que constituyen el todo corpóreo y la primacía de los individuos que constituyen el todo social son caras de una misma moneda. El liberalismo sería la expresión filosófico-política de la ciencia mecanicista.

El triunfalismo científico-tecnológico obvia estás coherencias estructurales. Lo dramático de esto es que omite igualmente que el efecto de largo alcance que tuvo la revolución científica fue la muerte de la naturaleza9En alusión al libro The Death of Nature. Women, Ecology and the Scientific Revolution (1990) de Carolyn Merchant. El texto referenciado en la nota anterior es una síntesis apretada de algunos planteamientos fundamentales de este libro.. Y esa muerte es también la necrosis del tejido social. ‘Naturaleza’ y ‘sociedad’, contrario a los supuestos mecanicistas, no están ontológicamente separadas. Necesitamos, pues, recrear nuestros entendimientos de la política, recuperando otras visiones de mundo.

Notas   [ + ]

1.Esta es la segunda parte de una serie de tres entregas. Se puede acceder a la primera parte a través del siguiente enlace: https://iberoamericasocial.com/notas-sobre-economia-ecologia-y-politica-i-tres-falacias-de-la-economia-mundial/.
2.El hecho es comentado en Davidson, Eric (2000). “The Price is Wrong. Advantages and Dangers of Cost-Benefit Analysis”. En: You Can’t Eat GNP. Economics as if Ecology Mattered (pp. 37-59). Cambridge: Perseus Publishing. La fuente que cita el autor es Masood, Ehsan y Ochert, Ayala (1995). UN climate change report turns up the heat. Nature 378 (6553), pp. 119.
3.Costanza, Robert et al. (1997). The value of the world’s ecosystem services and natural capital. Nature 387, pp. 253-260.
4.Bautista, Juan José (2015[2014]). “El desarrollo de la Ética de la liberación. Hacia la fundamentación de un pensamiento crítico transmoderno”. En: ¿Qué significa pensar desde América Latina? (pp. 19-52). Caracas: Ministerio del Poder Popular para la Cultura.
5.Costanza, Robert et al. (2014). Changes in the global value of ecosystem services. Global Environmental Change 26, pp. 152-158.
6.Aguilera Klink, Federico y Alcántara, Vicent (comps.) (1994). De la economía ambiental a la economía ecológica. Barcelona: Icaria Editorial.
7.Como un dato curiosamente patético, la Federación Nacional de Minoristas de Estados Unidos (NRF por sus siglas en inglés) estimó que para el día “del amor y la amistad” se registrarían ventas por un total de 27.4 billones de dólares. El capitalismo no tiene como “cuantificar” que el amor es un acto de cuidado, que uno honra sus redes de afectos todos los días de diferentes maneras. Muchas de ellas no pasan por el cedazo del mercado. ¿Será posible, además de sobrevivir, ser feliz en el siglo XXI?
8.El resto del artículo se basa en Merchant, Carolyn (1992). «Science and Worldviews». En Radical Ecology: The Search of a Livable World (pp. 41-60). New York: Routledge. Una breve nota sobre el capítulo introductorio de este libro puede leerse en: https://iberoamericasocial.com/una-breve-nota-sobre-ecologia-radical-la-busqueda-de-un-mundo-habitable/
9.En alusión al libro The Death of Nature. Women, Ecology and the Scientific Revolution (1990) de Carolyn Merchant. El texto referenciado en la nota anterior es una síntesis apretada de algunos planteamientos fundamentales de este libro.
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Sociólogo, Msc. Estudios Sociales de la Ciencia (IVIC).

Áreas de investigación: ecología política, modernidad/colonialidad, alternativas al desarrollo, ontología política, capitalismo cognitivo, transiciones hacia la sustentabilidad.

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