Migración y racismo: una crisis europea

Entrevista a Alessandro Forina

Migración y racismo: una crisis europea
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En los últimos años estamos asistiendo a la incapacidad de la Unión Europea y de los Estados Nacionales en la gestión de la migración en el viejo continente. Sin hablar de la total falta de interés por parte del dicho primer mundo en solucionar y resolver las causas de este importante fenómeno, podemos decir que asistimos a dos tipologías de problemas: por un lado, un reglamento interno europeo que ha creado en los años una disparidad en los números de los acogidos entre Estados, y por el otro la falta de un modelo de integración que elimine da desigualdades sociales entre ciudadanos. Todo esto ha causado una ola de intolerancia y racismo por parte de los gobernantes y de los ciudadanos.

Vamos a conversar con Alessandro Forina, antropólogo de la Universidad Complutense de Madrid y activista del colectivo ciudadano Red Solidaria de Acogida, además de miembro del Observatorio del Racismo Institucional (RAIN), para intentar ver la situación desde un punto de vista más crítico, abierto y “para leer el mundo poniéndonos las gafas de género, feministas, antiracistas y anticapitalistas”.

Iberoamérica Social: Por primero te quería preguntar cuáles piensas sean los errores en el sistema de regulación de acogida de los migrantes y cuáles pueden ser las soluciones a la Convención de Dublín.

Alessandro Forina: Bueno, primero más que hablar de errores, hablaría de mala gestión política de la Unión Europea y, en particular de España, que tiene un sistema de acogida de personas migrantes y refugiadas pésimo. Hay dos sistemas de acogida distintos para solicitantes de asilo y personas migrantes que llegan a las costas del sur de España en pateras. Ambos sistemas de acogida son mal gestionados por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social (MEYSS) (ahora, el nuevo Gobierno lo ha cambiado en Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, que ya en el nombre lleva sus problemáticas). En el año 2017 se formalizaron 31.120 solicitudes, duplicando las 15.755 de 2016 y acentuando la tendencia creciente de los últimos años. Se trata de la cifra más elevada jamás alcanzada en un año.

No obstante, el Ministerio no ha ampliado y aumentado en numero las plazas de acogida. A muchas de las personas solicitantes de asilo que tienen derecho a acogida en el sistema de asilo se les ha asignado plaza en los recursos de acogida para personas migrantes, es decir en el Programa de Atención Humanitaria. Lo que está pasando es que las personas que llegan en patera se quedan en situación de calle porque los recursos de Atención Humanitaria están saturados. Lo mismo está pasando con las personas solicitantes de asilo que han sido devueltas de otros países europeos como Alemania, Suecia, Dinamarca, Bélgica, etc. aplicándoles el Reglamento de Dublín, que regula la responsabilidad del procedimiento de la solicitud de asilo al primer país de entrada en la Unión Europea. Eso significa que la mayoría de las solicitudes de asilo de las personas que han llegado a Europa es responsabilidad de los países fronterizos y de mayor llegada como Grecia, Italia y España. Al ser devueltas a España estas personas no tiene derecho a ser reintegradas en el sistema de acogida porque se supone, según el Ministerio, que han rechazado la acogida, así que nos encontramos, sobre todo en Madrid, con muchos solicitantes de asilo en situación de calle y si consiguen un recurso de noche es un centro de campaña de frio en el que se encuentran muchos perfiles distintos de difícil convivencia -toxicodependientes, alcohólicos, refugiados, etc. Recursos precarios que hacen de una vida ya de por sí precaria aun más vulnerable.

Las soluciones para al Reglamento de Dublín es permitir a las personas decidir adonde quieren ir a formalizar su solicitud de asilo. Muchas familias han sido separadas por esta frontera llamada Reglamento de Dublín III. Sin embargo, la solución no puede ser solo modificando o eliminando este reglamento, más bien habría que revisar profundamente todas las políticas europeas en temas de migración y asilo, y revisar los pilares de la Unión Europea, pilares que se están desmoronando.

IS: ¿Por qué el sistema de integración en algunos estados ha fallado? Hablando de España, ¿ha existido en los últimos años un plan de integración para migrantes/refugiados? ¿Cuál es el rol de los movimientos sociales en esto?

A.F.: El sistema de integración no es que ha fallado, no puede fallar algo que no existe. La prioridad para la Unión Europea y sus estados miembros no es integrar, sino controlar, expulsar y desintegrar. Luego, si se delega la integración a entidades privadas, asociaciones y ONG, la integración se convierte en otro interés económico más con el que generar dinero y nada más. Muchos de los problemas del sistema de integración vienen a partir de la metodología con la que se presentan los resultados de los proyectos. Es decir, las ONG evalúan el impacto del proyecto de integración en términos cuantitativos, de esta manera podemos saber a cuantas personas han llegado los recursos previstos, pero no podemos saber si han funcionado. Por ejemplo, en un proyecto de integración lingüística para personas migrantes no hispanohablantes, podemos saber que se han ofrecido cien horas de clases en un mes, pero no podemos saber si estas personas realmente han aprendido el idioma. Frente a este desastre sistémico, algunos actores han intentado y siguen intentando, dar una respuesta a este sistema de desintegración, entre ellos los movimientos sociales. A partir del día 3 de septiembre de 2015 (el día después de la aparición en todos los medios de comunicación de la imagen de Aylan Kurdi) en buena parte de la Unión Europea se van creando colectivos autoorganizados cuyo objetivo inicial era apoyar de manera urgente y asistencial a las personas refugiadas en tránsito. Solo en Madrid, por poner un ejemplo, entre los meses de septiembre y diciembre de 2015, el colectivo Red Solidaria de Acogida (RSA) atendió en la estación sur de autobuses Méndez Álvaro, a mas de 3000 personas. En estos años los movimientos sociales han sido fundamentales para la acogida de las personas que se han encontrado escupidas por el sistema y obligadas a vivir situaciones dramáticas, y a la vez en la labor de denuncia política contra este sistema malvado y tanatopolítico en los que se están constituyendo los nuevos pilares de la Unión Europea. Hay que recordar que para la Unión Europea salvar vidas es un delito, y hay que juzgar y criminalizar a las personas que salvan vidas. Un claro ejemplo es el caso de la investigadora y activista Helena Maleno acusada de trafico de seres humanos y de favorecer la inmigración irregular. Es una buena noticia de estos días que el Constitucional francés considera legal ayudar a sin papeles a permanecer en el país. Espero que sea un ejemplo para todos los estados.

IS: Lo que parece más preocupante es la ola de racismo que está alcanzando cualquier faja de la sociedad. ¿Cómo es posible haber llegado a este nivel de intolerancia?

A.F.: Para empezar, creo que cuando hablamos de racismo no podemos desligarlo del machismo y del capitalismo, porque nos quedaríamos en la superficie del problema. Estas tres categorías van de la mano, son como una figura mitológica con tres cabezas y el mismo cuerpo. Se produce racismo al ver manteros vendiendo en las calles con algunos argumentos del tipo “por culpa de ellos las tiendas pierden dinero”, a la vez que se dice “vienen a violar a nuestras mujeres” (recordamos el caso inventado de la noche vieja del 2015), o como el caso más recién de las violaciones sufridas por las 300 jornaleras marroquí.

Racismo, patriarcado y capital tienen múltiples caras, son polimorfos y se transforman rápidamente, por eso es muy difícil reconocerlos rápidamente.

Una sociedad racista alimenta tanto al patriarcado como al capital, y esto para el poder es la mejor panacea.

Para luchar contra estos enemigos muy potentes se necesita cada vez más unión y crear alianzas entre todos los colectivos, los movimientos sociales y políticos, feministas, antirracistas, ecologistas, etc., para poder incidir a niveles políticos y mediáticos. La lucha entre pobres es una de las herramientas más útiles y sencillas de este sistema.

En todo esto, los medios de comunicación tienen una responsabilidad fundamental. A través de la mala información se crea un enemigo, un Otro contra el que increpar y culpabilizar. Difundir e infundir informaciones sesgadas, si no, muchas veces falsas, como por ejemplo la sensación de avalancha que se está creando una vez más es no solo peligrosa, sino descaradamente falsa.

Así que deberíamos trabajar para leer el mundo poniéndonos las gafas de género, feministas, antiracistas y anticapitalistas para poder enfrentar a Cerbero y tender a su corazón y no a una de las tres cabezas.

IS: Volviendo a los acontecimientos de este último mes, después del cierre de los puertos y la criminalización de las ONG por parte del Ministro del Interior italiano Salvini, ciudades españolas como Valencia y Barcelona y el mismo nuevo Presidente español Sánchez, se han declarado disponibles a acoger el barco Hasta hace poco se veían las fuertes imágenes de las fronteras españolas con Marruecos, con altas vallas y militares: ¿piensas que la política nacional española está cambiando de rumbo o estamos solo frente a una política puramente emotiva dictada de este caso específico?

A.F.: Creo que estamos asistiendo a un caso más de oportunismo político y humanitario.

La violencia del neo ministro del Interior italiano Matteo Salvini no tiene nombre. Como decía anteriormente, se criminaliza salvar vidas y se normaliza la violencia institucional y la tanatopolítica. El Ministro Salvini debería dimitir y debería dejar la política para siempre. Pero, hay que recordar también, que el anterior ministro de Interior, Marco Minniti, miembro importante del Partido Democratico, ha sido reconocido como uno de los mejores ministros de interior que haya tenido la Republica Italiana. Su valor fue el de reducir las llegadas de migrantes y posibles solicitantes de asilo a las costas italianas, y esto a través de acuerdos enlazados con Libia, un país que está asesinando, violando, esclavizando seres humanos.

En este escenario me viene complicado hacer valoraciones positivas de los gobiernos italianos.

Ahora bien, frente a la violencia de Salvini España contestó. El primer ministro español Pedro Sánchez ofreció el puerto de Valencia para acoger a las 630 personas del Aquarius. Fantástico. Pero hay un problema. ¿Porque estas 630 personas sí y los otros miles de personas que llegan a las costas del sur de España en patera no? ¿Porque a las 630 personas del Aquarius se les reconoce, justamente, algunos derechos básicos y a las casi mil personas que llegaron la misma semana a Andalucía se las relegó en un polideportivo lejos de las cámaras y de los muchos voluntarios que acogieron el Aquiarius en Valencia?

¿Porque el ayuntamiento de Madrid dijo que ya tenían disponible 20 viviendas para acoger a 100 personas del Aquarius, mientras deja en la calle a otras tantas?

Estos elementos me hacen pensar que realmente lo que cuenta no son los derechos humanos, los derechos básicos que España ha firmado en todos los tratados internacionales, lo que importa es la estética política de lo aparente. Importa más poner una pancarta en la fachada del ayuntamiento que ponga “Welcome Refugees”, que acoger realmente a las personas refugiadas.

Como podemos ver, el racismo no está solo en la sociedad, si no son las mismas instituciones que reproducen estas políticas a todos los niveles.

Hay que seguir en la lucha, hay que buscar unión, alianzas y solidaridad entre todas. Dividir y separar sería lo peor, sería diabólico. Y hay que exigir a los gobiernos. Los gobiernos están incumpliendo las leyes y así como cuando un ciudadano incumple la ley el Estado le juzga, así la ciudadanía toda, con o sin papeles, debería de juzgar a los Estados cuando incumplen sus mismas leyes.

Un agradecimiento especial a Antonio Famiglietti.

Viñetas: El Roto

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Autora

Laurea Specialistica en Cooperación al Desarrollo por la Universidad de Bologna.

Especialista en Cooperación Internacional y gestión de proyectos.