Maldigo la filosofía concebida como un lujo cultural

¿De qué sirve un razonamiento que respetando los principios de la lógica encumbra o justifique la explotación laboral, la exclusión y las desigualdades sociales? Bueno, a unos cuantos sí que les sirve.

Maldigo la filosofía concebida como un lujo cultural
Filosofia como lujo cultural

“La filosofía no piensa la filosofía, piensa la realidad”.
Enrique Dussel

Hace más de dos mil años condenaron a muerte a un hombre por hacer demasiadas preguntas; el tábano lo apodaban. Medio siglo después, cuando parecía que se tenía las respuestas a todo, a una mujer se le ocurrió cuestionar aquellas certezas, razón por la que fue asesinada a pedradas y luego descuartizada; Hipatia la llamaban. Nuestra América no fue ajena al riesgo de filosofar. En 1989 el filósofo Ignacio Ellacuría fue asesinado por un pelotón de las fuerzas armadas de El Salvador, por pensar los problemas de su realidad y denunciarlo. Dieciséis años antes, en la Argentina, otro filósofo había sido víctima de un atentado de bomba, por cuestionar el orden político de su tiempo. Afortunadamente sobrevivió para contarlo. Hoy es considerado uno de los filósofos más importantes del mundo; su nombre es Enrique Dussel.

¿Cuál fue la causa del ensañamiento contra estos filósofos/as? Pensar por cuenta propia y evidenciar problemas allí donde la mayoría veía normalidades, advertir alternativas, allí donde muchos proponían resignación; es decir, haber cuestionado y agrietado las certezas del orden cultural, científico, político y social de su tiempo. Todos dudaron de lo que en su tiempo se daba por supuesto, y todos ejercieron la facultad de pensar y de decir lo que pensaban: filosofaron. Porque la filosofía es ante todo ejercicio del logos. Expresión griega que significa razón y palabra.

Decía Octavio Paz que “aprender a dudar es aprender a pensar”. Y citando a Don Simón Rodríguez, el sentipensante Eduardo Galeano, nos indicaba que “nuestros países no son libres, aunque tengan himno y bandera, porque libres son quienes piensan, no quienes obedecen”. Y concluía: “enseñar, es enseñar a dudar”1Galeano, Eduardo (2012). Los hijos de los días. Buenos Aires: Siglo XXI, P. 340. Porque solamente quien duda piensa, mejor dicho, filosofa. Pero hoy, ¿quién enseña a dudar? ¿Quién se propone enseñar a pensar? El filósofo Robert Swartz nos advierte que entre un 90 y un 95% de la población mundial no sabe pensar, debido a que en las escuelas enseñan a memorizar los contenidos que el mercado laboral capitalista demanda2ABC Ciencia (26/06/2015). “Un 90% de la población mundial no sabe pensar”. Disponible en: https://www.abc.es/ciencia/20150626/abci-gente-piensa-descubren-201506261119.html. Consultado el 30 de julio de 2018..

En efecto, para el capitalismo pensar es considerado un estorbo, por no ser económicamente rentable. Incluso, considera a algunas profesiones, la filosofía concretamente hablando, como un saber inútil para el modo de vida actual. Y tiene razón, como dijo alguien, “se puede vivir sin pensar”; es decir, se puede aceptar las cosas tales como está y no cuestionarlas nunca. Además, es cómodo y hasta exitoso hacerlo, si por éxito se entiende, como se entiende hoy, el reducir la vida al círculo del consumo de mercancías y la ganancia de dinero. Pues es más fácil habituarse repetir el pensamiento pertinente a legitimar el orden vigente, para no desentonar, que detenerse por un momento y pensar por cuenta propia. Sin embargo, cabe preguntarnos ¿a costa de qué se puede vivir sin pensar?

Pensar no es fácil. Trae aparejado sus peligros, entre ellos, la muerte. Porque es una labor que requiere esfuerzo y disposición a no dar nada por supuesto. Un navegar en contracorriente. Porque la duda no es mera vacilación, sino interpelación, llamada de atención e instigación a cuestionar todo aquello que no contribuya a afirmar la vida humana. Esa es precisamente una de las labores – tal vez la más urgente hoy- de la filosofía, o, mejor dicho, del filosofar: agrietar los límites que se le impone a la vida. Porque se entiende que sin dudar no podemos pensar la vida para mejorarla. La vida es el modo de estar en el mundo, por eso se piensa para intentar vivir un poco mejor.

La filosofía no es una doctrina, sino ejercicio de pensamiento. Y, todo pensamiento, tal como lo entendemos, es mediación para el desarrollo de la vida. Por eso, es acción no pasividad, acusación no adoración, desacuerdo no conformidad. Que nace de la realidad y vuelve hacia ella para comprenderla y transformarla. ¿Cómo? Por un lado, depurando el conjunto de nuestras creencias, costumbres, prejuicios que nos impiden ver los problemas reales que ocurren en nuestras narices, y, por otro lado, incitándonos a indignarnos y rebelarnos contra toda forma de relación social que se funde en la denigración del ser humano.

Por eso, la filosofía se ejerce cuestionando, agitando las conciencias, poniendo en movimiento el pensamiento para provocar otros modos de comprensión de la realidad. En tal sentido, un pensamiento que paraliza, que conforma y que no se ponga al servicio de la vida de los seres humanos, por más coherente o lógico que sea, no merece la pena ser llevado a cabo. Por ejemplo, ¿de qué sirve un razonamiento que respetando los principios de la lógica encumbra o justifique la explotación laboral, la exclusión y las desigualdades sociales? Bueno, a unos cuantos sí que les sirve.

Si la filosofía ha subsistido ha sido a través de un ataque constante a la bajeza de pensamiento, al conformismo, al mimetismo intelectual respecto de los problemas de la realidad. Tuvo su origen en las dudas y críticas a las ideas y prácticas existentes en su tiempo de aparición, y permanecerá viva y saludable sólo si no renuncia a ello. Por eso, sin la labor crítica, la filosofía muere y con ella la imagen del filósofo, del hombre y mujer impertinentes, que interpelan al saber y a la realidad problemática con el propósito provocarla, de abrir grietas allí donde muchos se resignan a la normalidad de la vida cotidiana.

La filosofía nos estimula a no renunciar jamás a pensar, y no de cualquier manera, sino de forma crítica y mordaz. La ironía es el aguijón indomable que nos vacía de nuestras certezas y nos arrebata la coraza de la normalidad, los valores y las pautas de conducta que nos conforman y moldean. A través de cuestionamientos, la filosofía nos alecciona para sospechar. Nos moviliza, como decía Eugenio Trías, a “averiguar sobre aquello que verdaderamente nos interesa, nos aturde y nos indigna en la vida”3Trias, Eugenio. “Pienso luego existo”. [Entrevista]. Disponible en: http://www.rtve.es/alacarta/videos/pienso-luego-existo/pienso-luego-existo-eugenio-trias/1236912/. Consultado el 15 de marzo de 2018.; a fin de no dar por supuesto nada, de no resignarnos nunca a aquello que nos limita a pensar mejor para encontrar la posibilidad de vivir mejor. Y qué más definición de vida que la que nos proporciona Michel Onfray, citando a François Bichat: “conjunto de fuerzas que se resisten a la muerte”4Onfray Michel (2011). Política del rebelde. Tratado de resistencia e insumisión. Barcelona: Anagrama, p. 48..

Concebida así la filosofía, el oficio del filósofo consiste en ser un permanente agitador del pensamiento, un subversivo de las ideas y prácticas únicas, con la intención de generar las condiciones para iluminar los ámbitos estrechos y oscuros del saber y el hacer. Ensanchar las fronteras del conocimiento para ponerlo al servicio de la vida humana y de los escenarios que la posibiliten sin restricciones. Cuestionando e inconformando respecto de los supuestos órdenes establecidos como únicos. Lo cual, le convierte en un tipo incómodo y peligroso. Porque no acepta nada por el mero hecho de que haya sido transmitido por la tradición, establecido por la autoridad, o se haya hecho familiar a través de la costumbre o la pereza de pensamiento.

Por esta razón, el filosofar es un oficio desagradable para los perezosos de pensamiento, los consumidores de modas, los mezquinos de imaginación. Pero, sobre todo, para los opresores y verdugos del pueblo. Porque les perturba y contraria. Les provoca terror. Por eso, el filosofar, en el Perú, como en otros países, donde la gente muere por causas del hambre y del frío, no puede ejercerse honestamente sin abrazar una causa y sin cargar con sus riesgos y agravios: no se puede amar la libertad sin odiar al opresor, querer la justicia sin abominar al tirano, luchar por la vida sin aborrecer al asesino, aspirar a la inteligencia sin detestar la estupidez. De aquí que Gilles Deleuze haya dicho que “la filosofía sirve para detestar la estupidez, hacer de ella una cosa vergonzosa”5Deleuze, Gilles (1971). Nietzsche y la filosofía. Barcelona: Anagrama, P. 150.. Si el filósofo francés tiene razón, nuestros parlamentarios y magistrados necesitan, como decía Ernesto Sábato, “con la urgencia que nos ha de dar los pocos metros que nos separan de la catástrofe” política y judicial, un poco de filosofía, porque han perdido toda vergüenza por las estupideces que dicen y hacen.

Si bien, los filósofos no pueden hacer que las calamidades vigentes desaparezcan. Sin embargo, es una obligación impedir que se justifiquen y desarrollen en nombre la razón, de la verdad, de la justicia, etc., ¿Cómo? Cuestionado, informando e inconformando al pueblo para que tomemos conciencia de nuestra situación, nos indignemos y movilicemos a luchar por aquello que en verdad importa. Porque como sugería el autor de la Biblia de la clase obrera, “es preciso enseñar al pueblo a asustarse de sí mismo, para darle coraje”. De mostrarle, como decía Don Manuel Gonzáles Prada, “el horror de su envilecimiento y de su miseria”, para que nos veamos compelidos a ejercer nuestro derecho al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión, consagrado en el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

En fin, “filosofar siempre ha sido un acto subversivo”6BBC (23/01/2018). “Marina Garcés: filosofar siempre ha sido un acto subversivo”. [ Entrevistada por Irene Hernández Velasco]. Disponible en: https://www.bbc.com/mundo/noticias-42735951. Consultado el 15 de octubre de 2018., afirma Marina Garcés. Si no, se pregunta Giorgio Colli, ¿por qué en la antigua Grecia se les llamaba terribles a los filósofos? Porque cuestionaban el supuesto orden de la ciudad y del mundo, aquello que se daba por natural, por normal, por quienes se beneficiaban de tal orden injusto. Si en la antigua Grecia se les llamaba terribles, no es de extrañar que, en el Perú, a veces, se le llame terrorista al que ejerce el pensamiento y la palabra para cuestionar el orden vigente. Si hay algo que caracteriza al filósofo es su insubordinación al orden vigente. Pero como advertía Giorgio Colli, salvo excepciones, hoy “los filósofos son corderos”7Colli, Giorgio (2004). Filosofía de la expresión. 2da. Ed. Madrid: Siruela, p. 269. Por eso, me despido interviniendo un verso del gran poeta español Gabriel Celaya, cambiando poesía por filosofía

“Maldigo la filosofía concebida como un lujo cultural por los neutrales, que lavándose las manos se desentienden y evaden. Maldigo la filosofía de quien no toma partido, partido hasta mancharse”8Gabriel Celaya. La poesía es un arma cargada de futuro..

Notas   [ + ]

1.Galeano, Eduardo (2012). Los hijos de los días. Buenos Aires: Siglo XXI, P. 340
2.ABC Ciencia (26/06/2015). “Un 90% de la población mundial no sabe pensar”. Disponible en: https://www.abc.es/ciencia/20150626/abci-gente-piensa-descubren-201506261119.html. Consultado el 30 de julio de 2018.
3.Trias, Eugenio. “Pienso luego existo”. [Entrevista]. Disponible en: http://www.rtve.es/alacarta/videos/pienso-luego-existo/pienso-luego-existo-eugenio-trias/1236912/. Consultado el 15 de marzo de 2018.
4.Onfray Michel (2011). Política del rebelde. Tratado de resistencia e insumisión. Barcelona: Anagrama, p. 48.
5.Deleuze, Gilles (1971). Nietzsche y la filosofía. Barcelona: Anagrama, P. 150.
6.BBC (23/01/2018). “Marina Garcés: filosofar siempre ha sido un acto subversivo”. [ Entrevistada por Irene Hernández Velasco]. Disponible en: https://www.bbc.com/mundo/noticias-42735951. Consultado el 15 de octubre de 2018.
7.Colli, Giorgio (2004). Filosofía de la expresión. 2da. Ed. Madrid: Siruela, p. 269
8.Gabriel Celaya. La poesía es un arma cargada de futuro.