Machismo en la Academia

En un contexto académico, este trance se explica, además, por la imposibilidad de conciliar el empoderamiento intelectual con la pasividad ante testimonios de injusticia y desigualdad.

Machismo en la Academia
Machismo en la academia

Veintitrés universidades chilenas se encuentran en tomas feministas y otras quince están en paro, exigiendo cambios a la actual cultura universitaria1Tomas feministas http://www.ahoranoticias.cl/noticias/nacional/224085-tomas-feministas-las-15-universidades-que-estan-movilizadas.html. En ellas se repiten exigencias como la eliminación de brechas salariales entre funcionarios y funcionarias, educación para la Igualdad de género a la comunidad universitaria, el reconocimiento formal de la identidad de género de las personas y un replanteamiento de los modelos y contenidos enseñados, que actualmente reproducen la desigualdad de género2Demandas tras las tomas feministas en Universidades. http://www.latercera.com/nacional/noticia/las-demandas-tras-las-tomas-feministas-universidades/157888/.

La participación cada vez más fuerte de mujeres en la sociedad ha empezado, desde hace unas décadas, a generar disonancias y contradicciones debido a la incompatibilidad entre los roles femeninos tradicionales y las exigencias laborales en un mundo cada vez más competitivo. En un contexto académico, este trance se explica, además, por la imposibilidad de conciliar el empoderamiento intelectual con la pasividad ante testimonios de injusticia y desigualdad.

En la cultura universitaria chilena, como en el resto de la sociedad, se encuentran ancladas prácticas, tratamientos, formas de relación que oprimen a las mujeres y a minorías. Estas prácticas han pasado inadvertidas o minimizadas en su importancia a través de los años, junto con una serie de injusticias y menoscabos, los que han sido experimentados por personas que integran los distintos estamentos de estas instituciones (estudiantes, docentes, funcionarias).

Así es como en el ámbito académico, se han observado prácticas de dominación en diversos niveles, como la práctica de seleccionar como ayudantes de cursos y asignaturas a alumnos de sexo masculino por sobre el femenino (o de origen social alto por sobre otros alumnos – ante rendimientos académicos similares). También hay registro de rechazo o menor tiempo de atención a tutorías y consultas a docentes cuando éstas son efectuadas por alumnas, y ha habido descalificaciones por parte de docentes a alumnas cuestionando su capacidad intelectual o la decisión de seguir una carrera profesional por el hecho de ser mujeres. Estas prácticas, son ejemplos de abuso de poder que están en el límite de lo evidenciable, pero son violentas y perjudiciales para el clima emocional de una institución educacional y contribuyen a perpetuar el machismo3Frases machistas en la facultad http://www.24horas.cl/nacional/alumnas-de-derecho-uc-denuncian-fuertes-frases-machistas-escuchadas-en-la-facultad-2712698.

En la carrera académica de las mujeres se observan obstáculos para el ascenso: el llamado “techo de cristal”, término que alude a las barreras invisibles, con reglas y prácticas no escritas, basadas en prejuicios, que impiden a las funcionarias avanzar profesionalmente. Este fenómeno explica cómo la trayectoria de las mujeres en el ámbito universitario tiene un límite determinado ya no por sus logros y experiencia, sino porque encuentran estos mecanismos discriminatorios. En el medio universitario aún existe la creencia de que las mujeres carecen de liderazgo, intelectualidad y verdadero interés para ir ascendiendo y adquirir mayores responsabilidades.

Las declaraciones de las protagonistas de esta movilización señalan, además, la existencia de casos de acoso y abuso sexual al interior de las universidades, muchos de los cuales no han sido sancionados debidamente, o han sido minimizados y ocultados, teniendo que en muchos casos las víctimas seguir relacionándose con la persona que cometió el abuso. Es así que las manifestantes han exigido la creación de protocolos que incluyan los casos de violencia sexual y que se efectúen las investigaciones y sanciones correspondientes, entregando una definición más precisa de plazos, considerando la severidad de los efectos que este tipo de abusos trae a las víctimas.

Esta movilización universitaria ha mostrado la naturaleza del machismo en la sociedad chilena: una vez que la protesta feminista ha salido a la luz pública, ha sido aplaudida, pero también ha conocido el rechazo, y muchas de las peticiones han sido incomprendidas y catalogadas como exageradas. Estas reacciones ilustran el caso de la violencia invisible en las prácticas machistas, que son percibidas como “situaciones normales” y que por lo tanto, no son las violencias más acusadas. Pero estas violencias que pasan inadvertidas están a la base de las violencias más evidentes, ésas que llevan al horror y a la muerte.

La respuesta de rechazo al levantamiento femenino también apunta al desconcierto de ver a las mujeres en un papel activo, muy lejos del rol esperado de pasividad y sumisión ante el poder institucional y machista. Se subraya y se desaprueba la marcha de mujeres con el pecho descubierto porque la femineidad no muestra el pecho, no camina semidesnuda en la calle, no es activa, no se moviliza. Porque esta femineidad de la que hablan ellos (y las ellas presas de machismo) ha sido definida desde el mundo masculino y es una construcción simbólica hecha por la masculinidad para su servicio. En esta lógica de dominación machista el cuerpo femenino debe estar disponible sólo para la utilidad y el placer del hombre; entonces, el que la mujer se sienta dueña de su propio cuerpo para expresarse en libertad (o en otro caso, para alimentar a un hijo) es antiestético y debería ser vergonzoso para ella.

Hoy en día las mujeres organizadas se han convertido en actores sociales y políticos relevantes, pero esta capacidad es vista en este grupo de mujeres con un nivel educativo superior y con acceso a las estructuras de poder, y que hoy se piensa a sí misma –con justa razón. La lucha por la igualdad debería ser el reto permanente desde toda organización, y desde distintos ámbitos y realidades donde se encuentre una mujer, más allá de la academia, y especialmente en los espacios donde el poder es mínimo. Es necesaria una lucha que ahonde en las causas reales y más profundas de la desigualdad, que despierte y no siga invisibilizando a la mujer indígena, a la trabajadora, y a la indigente, porque dentro del mundo social – y del mundo social femenino- también hay categorías jerárquicas en donde otros aspectos, como el origen étnico y la clase social, siguen siendo variables que definen relaciones de poder y abusos invisibles.

  • Anteriores posts
mm
Autora

Lic. en Psicología. Master en Psicología Individuo, Grupo, Organización y Cultura por la Universidad del País Vasco.

Ha desarrollado trabajo comunitario en el área de salud y en contextos de ruralidad . Docente en el área de las ciencias sociales. Activista social

Notas   [ + ]