Lula y un respiro para la Amazonía

El pueblo de Brasil tendrá la última palabra el próximo 30 de octubre, día de la segunda vuelta presidencial y día en que todo el mundo debiera estar pendiente de lo que pase, ya que lo que está en juego en mucho más que los destinos de un país, sino también de un planeta que necesita desesperadamente un giro en cómo nos relacionamos entre nosotros y con el resto de los seres vivos, luego de siglos de sentirnos por encima de la Naturaleza

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La estrecha victoria de Lula Da Silva a Jair Bolsonaro en la primera vuelta presidencial de Brasil, si bien no era el resultado esperado, dada la alta votación del candidato de ultraderecha, nos da cierta esperanza para el futuro de la región y para quienes vemos en el negacionismo climático como una de las principales amenazas políticas de nuestros tiempos.

De ahí que no haya que subestimar este discurso de ultraderecha, que ante la crisis de la democracia representativa en el mundo y de las instituciones que la sostienen, personajes como Jair Bolsonaro, Donald Trump, Javier Milei o José Antonio Kast, son voceros de una corriente política muy peligrosa, ferozmente anticomunista, fundamentalista cristiana y nacional libertaria, que no tiene complejos en negar abiertamente el patriarcado, el colonialismo y también la crisis ambiental imperante.

Es esta última negación, la ambiental, que se vuelve de vida o muerte que Bolsonaro no siga siendo el presidente de Brasil, luego de su desmantelamiento de la política ambiental en el país, en donde su reducción del presupuesto para su conservación bajó en un 71% y aumentó en un 56,6% la deforestación entre el 2019 y el 2021 1, poniendo en peligro la vida en todo el planeta.

No hay que olvidar que de los 8.129.057 Km2 de la Amazonía, el 67% se encuentra en Brasil, por lo que debiera ser un territorio de vida protegido internacionalmente y por Naciones Unidas, más allá de que Bolsonaro diga que es de su país, de manera tan torpe y siendo incapaz de ver que el planeta está interconectado sistémicamente.

Asimismo, que Bolsonaro gane en la segunda vuelta presidencial, solo generará más muertes a todas aquellas personas que han defendido lo ambiental, lo que en el caso de Brasil es dramático, siendo el país en el mundo con más asesinatos (342), en estos últimos 10 años, como han señalado los informes de Global Witness 2.

Frente a esto, que Lula Da Silva sea nuevamente el presidente de Brasil, si bien no nos asegura que ponga en el centro la defensa de la vida y que genere políticas sostenibles de verdad, que frenen al extractivismo imperante en la región, la Amazonía tendrá un respiro y una nueva oportunidad.

Por supuesto que no nos olvidamos que Lula mientras fue presidente, al igual que el resto de los llamados gobiernos progresistas de la región, no fueron capaces de plantear una integración regional ecológica y transiciones postextractivistas, profundizando así su dependencia con los llamados recursos naturales, pero al menos hay una preocupación de su parte del daño generado.

Me refiero a lo propuesto por Lula para ser presidente, en lo que refiere a combatir los delitos ambientales, prohibir la minería en tierras indígenas y fortalecer el Sistema Nacional Ambiental y la Fundación Nacional del Indio.

Es verdad, se hace muy poco lo que propone, para un país con tan enorme responsabilidad con la Amazonía, la cual representa el 40% del bosque tropical del mundo y el 25% de toda la biodiversidad planetaria, siendo clave en un contexto de calentamiento global y peligro de acabar con las condiciones mínimas de reproducción de la vida.

No obstante, al frente de él, tenemos a un personaje que solo ve a la Amazonía como una fuente ilimitada de recursos para explotar, llegando al delirio de decir que quienes están queriendo protegerla, son parte de un complot de izquierda, impulsado por la ONU, para entrometerse en su soberanía.

Por lo mismo, como bien dijo en una entrevista el ecoteólogo brasileño Leonardo Boff, Jair Bolsonaro tiene las características de un anticristo, al ser un enemigo de la vida, ya que usa el nombre de Mesías para engañar a su pueblo y trata a los indígenas como seres inferiores 3, por lo que debiera hacer reflexionar a quienes lo apoyan y creen en las mentiras que señala.

En consecuencia, el pueblo de Brasil tendrá la última palabra el próximo 30 de octubre, día de la segunda vuelta presidencial y día en que todo el mundo debiera estar pendiente de lo que pase, ya que lo que está en juego en mucho más que los destinos de un país, sino también de un planeta que necesita desesperadamente un giro en cómo nos relacionamos entre nosotros y con el resto de los seres vivos, luego de siglos de sentirnos por encima de la Naturaleza.

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Sociólogo, Diplomado en Educación para el Desarrollo Sustentable, Magister en Comunicación y Cultura Contemporánea y con cursos de Doctorado en Estudios Sociales de América Latina.

Editor del Observatorio Plurinacional de Aguas.

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