Los tiempos… ¡Pueden cambiar!

Tercera edadEn el presente documento nos acercamos a un tema bastante delicado. Una realidad presente que la vivimos todos los días y en todos los espacios de nuestra sociedad. Una realidad que se muestra dura ante nuestras miradas. Estamos hablando de la situación en la que se encuentran nuestros adultos mayores, la tercera edad, nuestros ancianos, nuestros viejos, nuestros abuelos. Estas personas que por ciclo natural y biológico han entrado y están en el ocaso de sus vidas. Cada una de estas vidas tiene sus propias características, su propia historia, pero también todas ellas comparten experiencias extrañas que no tienen espacio ni frontera delimitada, al verse muchos de ellas y ellos sumidos en una forma de abandono que se manifiesta de muchas formas, al punto de entenderse esta como algo que de lo más normal.

 

Una experiencia de vida

Hace un tiempo atrás mientras caminaba por una de las muchas calles de esta ciudad, casi llegando a una de esas esquinas, me topé con un letrero que decía: “Se venden refranes, rimas y poesías”, un poco más abajo se acotaba: “Se ayuda a resolver tareas de matemáticas y física”. Me pareció algo colorido el letrero y dije: “Los precios son relativamente módicos y que buena manera de aportar a las letras y a la ciencia”. Pero tras detenerme un par de minutos en mi aturdida lectura, vi que en la acera de aquel negocio, en plena puerta y sentado en una silla hecha de una madera notoriamente desgastada, seguramente por el uso y por las muchas faenas recibidas, se encontraba Don Serapio[1], un anciano que fácilmente estaría bordeando los setenta años y que se dedicaba a ese digno oficio y servicio. Pase por el lugar creo que un par de veces más y para sorpresa de mi ignorante comprensión, di cuenta que era al medio día la hora en la que Don Serapio tenía mayor clientela, ya que en el lugar se reunían una respetable cantidad de estudiantes que entre risas y bullicio regateaban los precios de los servicios que eran ofertados en el lugar.

La última vez me fui del lugar alegre, por lo visto y vivido, pero también lleno de una extraña tristeza al darme cuenta que existen muchísimos ancianos como Don Serapio que a pesar de tener sus años encima todavía tienen las suficiente fuerza y entusiasmo para poder seguir ganándose el pan del día con sus propios recursos.

En esos momentos uno se pregunta: ¿por qué suceden estas cosas? ¿Por qué los ancianos terminan así? ¿Por qué siempre son los débiles los que pagan los platos rotos, a pesar de que vivimos en un mundo de avances tecnológicos y de abundancias económicas? Por qué aquel ser estaba terminando sus días de esa manera? Y así, toda una serie de preguntas más que tampoco en ese momento tuvieron su réplica.

Haciendo una pequeña revisión documental sobre el asunto, logramos percatarnos de que en muchos de ellos se habla de datos estadísticos, cantidad de población joven y adulta o mayor, esperanza de vida de las personas adultas. Se habla de políticas de gobierno, de cambios en la estructura poblacional, porcentajes de distribución poblacional y toda una serie de datos que seguramente sirven para planificar las políticas de los estados y que seguramente también tienen su grano de aporte a la hora de asegurar un poco más la situación y mejora de nuestros ancianos.

Pero en realidad las soluciones no van por allí. Si bien es cierto que las políticas de gobierno y la acertada distribución de recursos para sectores vulnerables –en este caso los ancianos–, son importantes, estas de poco o nada sirven si no se tiene una sociedad preparada para aceptar y convivir con esas políticas.

Los estados distribuyen los recursos y al parecer creen que con eso es suficiente y que ya cumplieron con su responsabilidad. Nadie dice que los estados sean beneficencia, pero la distribución de recursos solo hace a una política de mayor equidad, que en el fondo tiene sus beneficios, pero que en el mediano y largo plazo también tocará fondo y lo que es peor, las cantidades de necesitados de la tercera edad continuara.

Los datos estadísticos sirven para mostrarnos solo una parte de nuestra realidad, pero nunca nos dirán que existe detrás de esa realidad. Aunque quizás esa no sea su función, pero a veces las estratégicas económicas y estadísticas solo sirven para maquillar una parte de la verdad. Por detrás existen muchos ancianos que han aportado mucho a la construcción de nuestras sociedades, ya sea trabajando, pagando impuestos, comerciando y de muchas otras maneras más,  al punto incluso de no tener en cuenta el gran aporte que hicieron. Muchos de ellos no miden la magnitud de lo que sus esfuerzos lograron y lo que es peor los que venimos por detrás, los que somos los viejos de mañana, tampoco valoramos lo que hicieron todos aquellos que hoy se debaten entre encrucijadas de distintos matices.

Los invisibles

Acaso no los vemos en todas partes, caminando por nuestras calles, algunos alegres  otros tristes, encorvados, cansados, sentados en nuestra plazas, con frío, con la mirada un tanto perdida como recordando aquellos tiempos mozos, que es de seguro saben que ya no volverán. Y acaso también no es cierto que a estos que son nuestros pares, los volvemos invisibles cuando los vemos mendigando por ejemplo, o cuando requieren de una mínima ayuda de nuestra parte. Desde el punto de vista utilitario que tienen gran parte de los habitantes de nuestra ciudades, estos individuos ya no están dentro de lo aceptable por el ciudadano modelo, solo por causa de su edad. Como diciendo que aquellos que ya no generan recursos económicos, pues ya no son dignos de ser considerados como personas con sus derechos y privilegios.   Es cierto, existen leyes para las personas de la tercera edad –y eso tampoco está mal–, pero porque son diferentes ellos de nosotros, porqué ellos necesitan leyes especiales. No será que más  bien los que necesitamos esas leyes especiales somos justamente los que todavía no entendemos lo que es ser una persona de la tercera edad.

Justamente porque no entendemos esta situación seguimos maltratando a nuestros ancianos, abandonándolos en asilos, quitándoles lo poco que tienen, apoderándonos de sus viviendas bajo la excusa de la falsa herencia, sin saber que la mejor herencia que se puede tener son las experiencias y vivencias de nuestros viejos. Todavía seguimos creyendo que por ser ellos viejos ya no son útiles en nuestra sociedad, y esa es la peor de las falacias, porque cuando se piensa así, los sujetos se convierten en cargas difíciles de llevar, y de las que seguramente uno se tiene que deshacer.  Por eso los volvemos invisibles, porque siempre es mejor hacer como si no pasara nada. Por eso a veces esperamos que terminen sus días como si así nos quitáramos un lastre de la espalda. Pero ellos en realidad existen y están más latentes en la vida de nuestra sociedad, darles paliativos momentáneos muestra solo que las familias, las sociedades y los gobiernos en el fondo quieren tener menos remordimientos a nivel de conciencia.

Los del campo y los de la ciudad

Las investigaciones y los datos estadísticos hacen diferencias entre los ancianos del campo y los de la ciudad, y demuestran con cifras increíbles como el uno o  el otro la pasa peor dentro su situación económica y familiar, pero estas explicaciones rayan en la caricatura porque el anciano es anciano aquí y en cualquier parte del mundo. Manejarse en la dicotomía campo ciudad es solo engañar a los lectores de periódicos y a los gestores de políticas gubernamentales, que muchas veces se basan solo en los datos estadísticos para para programar el cómo será cortada la torta de los recursos económicos de cualquier estado.

Convertir a las personas en números solo muestra la poca importancia que se les da, es devaluar su existencia dentro de cualquier sociedad. Con una salvedad de doble filo e hipócrita: los que estamos dentro de lo que se entiende como la población económicamente activa (PEA), no exigimos una mejor situación de posibilidades, aun sabiendo que más temprano que tarde estaremos en situación de ancianidad, y  los que se encuentran en situación de tercera edad, de muchas formas están excluidos de los espacios y las instancias en donde pudieran exigir alguna posibilidad, y todo porque simplemente ya no están considerados como población económicamente activa. Esta historia se va repitiendo de forma cíclica y al parecer son muy pocos los que la toman en cuenta.

La herencia fatal

En tanto que los gobiernos sigan creyendo que su función es simplemente hacer leyes de protección o de fomento, y no se trabaje en cambios estructurales dentro la visión de las sociedades, mientras los sistemas educativos no se reconformen bajo un lógica de convivencia y fraternidad, mientras las instituciones de los estados no trabajen en la construcción y reconstrucción de valores, y no se entienda el valor y la importancia de la familia en todos los tiempos, la situación de los sectores vulnerables seguirá latente y cualquier intento de mejora que se haga solo será un mero parche de corte clásico y refutable en el tiempo.

Las sociedades no cambian por las políticas y las leyes que al final siempre fueron y son hechas por personas. En realidad las sociedades cambian porque las personas lo deciden así. Quizás aquí toma importancia esta vieja noción de la mayoría, pero mientras la supuesta mayoría solo vele por los intereses de pequeños sectores y no considere aquello que se conoce como bien común, pocos cambios se verán.

Los ancianos de mi país no son solo de aquí, ellos son los ancianos de todos nosotros, son los ancianos del mundo en realidad y eso no se debe de olvidar, porque lo mismo sufre el de allá que el de aquí. Ser de la tercera edad no es un delito, es simple naturaleza y bilogía, por ende este no debe de ser proscrito, ni debe de ser aislado en las casas, entre cuatro muros, entre leyes, o entre formas de pensar.

Los esfuerzos de sectores de la sociedad civil, nunca están demás, pero se tornan mínimos a la hora de poner en la balanza, y es que tampoco sus esfuerzos pueden dar más. Por eso se debe de apuntar a los cambios macro en la sociedad, donde pesen los criterios de igualdad , no por credo, por raza o por nacionalidad, sino bajo un criterio de responsabilidad en donde se entienda que se tiene una deuda pendiente con  aquellos que dieron toda su vida para aportar a nuestra familias y a nuestra sociedad. No como un favor desde esas visiones paternalistas, sino con un criterio de reciprocidad, simplemente entendiendo que lo que hoy les pasa a ellos, mañana también nos pasará[2].

Documentos de referencia

  • Informe desarrollo humano 2013. Argentina en un mundo incierto: Asegurar el desarrollo humano en el siglo XXI
  • Personas adultas mayores: Desiguales y diversas. Políticas públicas y envejecimiento en Bolivia. PNUD 2011.
  • Informe sobre desarrollo humano 2011. Sostenibilidad y equidad. Un mejor futuro para todos. PNUD.
  • Resumen informe sobre desarrollo humano 2014. Sostener el progreso humano. Reducir vulnerabilidades y construir resiliencia.
  • http://www.lapatriaenlinea.com/?t=de-cada-100-adultos-mayores-30-son-victimas-de-maltratos&nota=142751
  • [email protected]
  • La Razón (COM)
  • http://www.fmbolivia.tv/cada-dia-denuncian-en-la-paz-10-casos-de-maltrato-a-ancianos/

Poema de la fecha

Existen distintos términos para explicar la forma en la que las personas salen adelante frente a cualquier adversidad. Esa gran fuerza que poseen no la reciben de las cosas materiales o económicas, esta fuerza por lo general la tienen los seres con capacidades indescriptibles, un ejemplo de estas es la compasión. Lástima que muchas veces estas grandes hazañas solo se la nota en los peores momentos.

Les dejo el poema “No te rindas” del poeta Mario Benedetti, quien es uno de los grandes referentes en el mundo de las letras, un autor que a pesar de habernos abandonado hace solo algunos años, pues no deja seguir vigente a la hora de tratar de encontrar las mejores evidencias de que el hombre todavía tiene alguna esperanza.

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.

[1] Nombre ficticio

[2] Hace un par de meses pase por la misma calle, por la misma acera, y me detuve a un par de metros de la misma puerta. Era otro medio día y cosa extraña, ya no había el letrero de aquella ocasión. Las personas caminaban con absoluta tranquilidad. Sin saber que en el mismo lugar en otra oportunidad había una persona que vendía poemas y sabía de física y matemáticas.