Los straussianos: una logia de neoconservadores estadounidenses amenaza la humanidad (Parte I)

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Prof. Carlos A. San Vicente R.1
Escuela de Sociología
Facultad de Ciencias Económicas y Sociales
Universidad Central de Venezuela
sanvicentec@gmail.com

Los straussianos, esta desconocida logia de hombres de negocios, políticos, banqueros y actores muy influyentes de la política norteamericana, son los discípulos del filósofo de origen judío y político germano-estadounidense, ‎Leo David Strauss (1899-1973), quien se refugió en los Estados Unidos en pleno auge del nazismo. Su pensamiento se define como, “esotérico, elitista y belicista”, respondiendo a la tesis de “La Noble Mentira” alineada en la tradición de Nicolás Maquiavelo y continuando con Friedrich Nietzsche, Max Weber y Carl Schmitt.

El pensamiento conservador de Leo David Strauss está marcado por el tiempo histórico que media entre la II Guerra Mundial y la posterior confrontación bipolar Este-Oeste. Desde esa escena sostiene que Occidente vive bajo la amenaza del utopismo así como del mesianismo, producto de la enfermedad comunista y orientalista que vulnera su confianza, “en su propósito y en su superioridad”; en consecuencia, se requiere una democracia “liberal, moderada y elitista como muro de contención frente al aventurerismo de estas ideologías irracionales” para continuar “su transmutación hacia un sistema aún menos participativo, aún menos plural e, inversamente, cada vez más jerárquico”2.

Ese axioma distópico, como línea de “fuerza y debilidad”, es el que predomina hoy en la Política Exterior de la Casa Blanca, bajo los designios de esta logia de judíos estadounidenses, neoconservadores y exclusivistas, encabezados hoy en día por Antony Blinken, Secretario de Estado, Victoria Nuland, Subsecretaria de Política Exterior y Jake Sullivan, Consejero de Seguridad Nacional. Sus orígenes se remontan a 1972, cuando esta corriente venía trabajando como miembros del equipo del senador demócrata Henry “Scoop” Jackson. Dentro de ese equipo también destacan ‎Elliott Abrams, Richard Perle y Paul Wolfowitz. Todos ellos operando en estrecho vínculo con un grupo de ‎periodistas trotskistas judíos que se habían conocido en el City College of New York, ‎editando una revista denominada Commentary. Estos últimos eran conocidos como «los intelectuales neoyorquinos»3.

Su plan de ubicarse en posiciones estratégicas en el Estado Corporativo de norteamericano obedecía a la necesidad de incidir sobre las decisiones de la Política Exterior como requisito para evitar una “resurrección contra-hegemónica”. Ello pasa por ocupar el establishment (think tank exclusive) confeccionado desde finales de la II Guerra Mundial e integrado por una élite académica conceptuada como Homus-Estado y seleccionada rigurosamente desde premisas macartistas por un triunvirato conformado por senadores de los partidos demócrata y republicano, así como oficiales del Pentágono, agrupados en el Consejo de Relaciones Exteriores de Nueva York para garantizar la continuidad de la Política Exterior de Estados Unidos.

Por allí desfilaron figuras de la talla de George Kennan (el mayor referente estadounidense de la Geopolítica en el periodo de la Guerra Fría, con la tesis de “la Contención”), Dean Acheson, James Forrestal, Averell Harriman, Robert Lovett, Jhon McCloy, Charles Bohlen, Paul Nitze, entre otros. Esa nomenklatura fue disuelta producto de la derrota en la guerra de Vietnam (por el VIETCONG) en abril de 1975, acusados de ser los responsable de semejante descalabro.4

Ese espacio en blanco fue cubierto desde los lobbys judíos, armamentista y petrolero, los cuales fueron colocando fichas de una logia de auto-predestinados, aglutinados en lo que se conocería posteriormente como la plataforma: Project for the New American Century (PNAC), lanzada en 1997 e integrada por los discípulos de Leo Strauss. Estos personajes se formaron en un periodo de tres décadas, doctorando cuatro cohortes, desde su cátedra de filosofía política en la Universidad de Chicago, visualizándose a sí mismos como los encargados de una “segunda creación”, según, William Kristol y Robert Kagan, dos de sus más insignes ponentes, quienes penetraron la gestión de George Herbert Bush (1989-1993), y pasan a dirigir el Despacho Oval en materia de Política Exterior, con el gobierno de George Walker Bush (2001-2009). No es un dato menor que Robert Kagan es el esposo de la actual subsecretaria de política exterior de EEUU Victoria Nuland.

Desde el sedicente pensamiento realista de los llamados neoconservadores judíos norteamericanos, es decir los Straussianos, en la línea general de la “noble mentira”, debemos señalar a Abram Shulsky, director de la Oficina del Pentágono para Planes Especiales, y a Paul Wolfowitz, Vice-secretario de Defensa a las órdenes de Donald Rumsfeld y una de las autoridades más influyentes en la declaración de la guerra contra Iraq. Este último fue el hombre elegido por Wolfowitz tras el 11 de septiembre de 2001 para crear falsas pruebas de la existencia en Iraq de un inmenso arsenal de armas químicas, y hasta nucleares, además de pruebas de la conexión entre Saddam Hussein y Al Qaeda5.

Mientras tanto, los «Intelectuales neoyorquinos» que pasaron entonces a denominarse ‎‎«neoconservadores», crearon el «Fondo Nacional para la Democracia» (la National Endowment ‎for Democracy, más conocida bajo las siglas NED) y el US Institute of Peace, dispositivo que ‎organizó numerosas «revoluciones de colores», comenzando por China, con el intento de golpe ‎de Estado del primer ministro Zhao Ziyang, que condujo a los hechos de la Plaza Tiananmén en 1989 y que se ha tratado de recrear como ícono de la libertad contra el “dictatorial sistema comunista chino”. ‎

Vale acotar que, al final del mandato presidencial de George Bush padre, Paul Wolfowitz, fue quien elaboró un documento cuya ‎idea central era que, a raíz de la desaparición de la Unión Soviética, Estados Unidos tenía que concentrarse ‎en evitar la aparición de nuevos rivales, comenzando por la Unión Europea. ‎Al respecto concluía aconsejando la realización de acciones unilaterales, o sea poner fin a la ‎concertación en el seno de la Organización de Naciones Unidas. Wolfowitz es, sin dudas, quien ideó la llamada operación «Tormenta del ‎Desierto», evento militar que concluyó con la destrucción de Irak y permitió a Estados Unidos cambiar las reglas ‎del juego e imponer un Mundo Unilateral. Fue en esa época cuando los straussianos implantaron ‎los conceptos de «cambio de régimen» y de «promoción de la democracia»6.

Fue Victoria Nuland, responsable de la política exterior estadounidense en el segundo periodo presidencial de Barack Obama (2013-2017), posición que le permitió protagonizar en primera línea la agitación conducente a la continuidad de la Revolución de Colores en Ucrania que estalla en febrero de 2014 con el denominado Euromaidán, promocionando el cambio de régimen en Kiev, respaldando los Neonazis de Pravy Sektor (Sector Derecho) y monitoreando, a su vez, las acciones violentas del comando israelí “Delta”, quienes incendian la plaza Maidan en Kiev. En medio de esos acontecimientos es que se filtra la famosa conversación telefónica, cuando Victoria Nuland, refiriéndose a la Unión Europea exclamó: “Fuck The EU”.

Por tanto, lo que ocurre hoy en Ucrania, forma parte de un caos programado por la logia de los straussianos, urgidos de frenar toda posibilidad de autonomía geoeconómica de Europa, vale decir, eliminar la presencia rusa (eslava) en occidente, apuntalado por el gas, petróleo, fertilizantes, cereales y granos, así como, su interconexión comercial con la Nueva Ruta de la Seda (One Belt, One Road, en inglés) que desde 2013 desarrolla China aliada con Rusia. Ello explica, el ultimátum de Victoria Nuland contra Moscú ‎cuando viajo a esta capital en octubre de 2021 y amenazó con aplastar la economía de Rusia si ese país no se sometía. Ese es el punto de partida de la actual crisis ucraniana.‎

El mayor emblema que exhibe Kiev en su confrontación con Moscú es el regimiento Azov-Prikartier, izando banderas con tres símbolos nazistas:

i. Un uniforme militar mostrando un parche con un león y tres coronas similares al de la 14 División perteneciente a la Waffen-SS, creada en 1943 por las SS e integrada por voluntarios ucranianos para luchar contra la Unión Soviética.
ii. La insignia colocada en una de las banderas, el sol negro, que llegó a ser uno de los logos más importantes de las creencias conocidas como el ocultismo nazi.
iii. A su vez, esas banderas muestran dos íconos wolfsange estilizados, que fueron utilizados en la Alemania nazi por unidades de la 4ta y 2da División SS Das Reich7.

Los straussianos, que dirigen actualmente la política exterior norteamericana, fueron diseñando desde hace medio siglo una agenda cuyo objetivo vital es la “Contención” de la emergencia euroasiática en la geografía económica internacional, expresada en instancias que vienen desplazando los formatos de inversión y créditos del binomio occidental BM-FMI tales como la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), la Unión Económica Euroasiática (UEE), los BRICS, ASEAN+China y la Asociación Económica Integral Regional (RCEP). Todas estas organizaciones vienen debilitando el predominio del dólar como moneda en los intercambios comerciales, al tiempo que avanzan en la construcción de una nueva arquitectura financiera que apunta a la edificación de un Mundo Multicéntrico como contra parte al Orden Neoliberal y Unilateral anglosajón, liderado desde 1991 por Estados Unidos ante la caída del bloque soviético.

El cisma en puerta se desata, en medio de la senilidad y pérdida de control psíquico del Jefe de Estado de la primera potencia mundial, Joe Biden y la abúlica Vice-presidenta, Kamala Harris, carente de todo sentido comunicacional. Sobre esas falencias se viene desarrollando con absoluta libertad la estrategia de los straussistas, desde una OTAN apalancada por su Secretario General, Jens Stoltenberg, e imponiendo la doctrina Rumsfeld-Cebrowski que sostiene que la normalidad del planeta sólo es posible si se extermina a una parte de la población mundial gobernada por Estados no-globales que controlan enormes riquezas naturales y que representan resistencias para su explotación por transnacionales estadounidenses. El straussismo neoconservador expone el más acabado y renovado nazismo en el siglo XXI.

Notas

Notas
1Sociólogo, con Especialización en Política y Comercio Petrolero Internacional y Maestría en Economía y Administración de los Hidrocarburos. Candidato a doctor en Ciencias Sociales por la Universidad Central de Venezuela (UCV). Profesor de la Escuela de Sociología de la UCV, donde imparte la cátedra «Sistemas y Procesos Históricos Contemporáneos», así como electivas y talleres de investigación sobre geopolítica de la energía y crisis sistémica del capitalismo.
2Morresi, Daniel Sergio (2011). Leo Strauss y la redención clásica del mundo moderno. Politeia, Vol. 34, Nº 47, pp. 171-200.
3, 6Thierry Meyssan (5 de marzo de 2022). Vladimir Putin en guerra contra los straussistas. Red Voltaire. https://www.voltairenet.org/article215869.html.
4Toro Hardy, Alfredo (2007). Hegemonía e Imperio. Editores Villegas (ver página 101).
5Catalán, Miguel (2004). Genealogía de la noble mentira. Amnis [en línea], 4. https://journals.openedition.org/amnis/399
7RT (30 de abril de 2022). Die Welt ilustra un artículo que niega los lazos entre el batallón Azov y el neonazismo con una imagen llena de símbolos nazis. https://actualidad.rt.com/actualidad/428510-die-welt-ilustrar-articulo-azov-simbolos-nazis.

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